Y a muchos niños también. En este cuento de José Gregorio Bello Porras te enterarás de lo que le ocurrió a un niño que disfrutaba mucho observando las nubes. ¿Nos acompañas a leerlo?

Francisco mira formas en las nubes.
Cuando va al parque o al campo, como ahora, le gusta echarse en la grama, colocar las manos detrás de su cabeza y ver las nubes pasar como una película.
Una gorda nube se adelanta y Francisco la imagina con sonoros pasos. Parece un elefante blanco.
Para transformarse, poco a poco, el elefante de nubes parece quitarse un gran abrigo y convertirse en oso gris. Por poco tiempo. ¡Porque ahora es un oso blanco!
Un oso polar…está rodeado de nieve, hielo y frío. Todo blanco nube. Cuando imagina esas heladas y altas nubes, Francisco tirita a pesar del tibio sol de la tarde.
Un poco después, detrás del oso, pasa un pingüino. Y otros veinte más se le unen en un coro parlanchín.
Los pingüinos se enlazan bailando y forman ahora una regordeta nube que parece una ballena blanca que, lentamente, se mueve en el azul del cielo, como la estela de espuma de un barco.
Con el viento se transforma en carroza de carnaval.Unos payasos parece que se bajaran, a la carrera de la carroza. Pues de pronto es una torta que se desmorona.
Los payasos hacen gracias con pelotas y globos blancos.
Y se lanzan trozos de la torta de nube deshecha en sus blancas caras.
Una ola blanca, barre los destrozos de ese cúmulo desordenado. Mientras la música de circo suena ya lejos.
En la blanca ola, convertida en caballo brioso, monta ahora un conejo que sólo pensaba surfear sobre una tabla.
Pero disfruta el viaje porque después de bajarse del caballo mira complacido el sol del atardecer.
Lo observa atentamente.
El sol le hace ver las orejas más peludas, brillantes y grandes. El sol de esa hora hace que el blanco conejo se vuelva dorado.
Y Francisco queda encandilado con tanta luz.
El conejo que miraba al sol no se va. Se voltea, se mueve con más gracia que ningún otro ser de nubes que haya pasado por allí esa tarde.
Está contento.
Gira su cara, entonces, graciosamente sorprendido, hacia donde está Francisco. Allá abajo, en la grama del campo.
Ambos se miran fijamente. Francisco boquiabierto aguanta la respiración.
El conejo, entonces, le brinda a Francisco una amplia sonrisa, mostrándole sus dos grandes dientes.
Francisco abre los ojos enormemente.
Lanza un suspiro de asombro y queda helado. Casi, como el oso, como el pingüino, como la ballena.
Entonces, se dice a sí mismo: no es posible…
Y la nube, enfadada, desaparece con rapidez, llevada por el aire.
La imaginación se va a otro lugar, donde haya un niño que la crea posible.

JOSE GREGORIO BELLO PORRAS es escritor de cuentos para adultos y para niños. ¡Tiene muchos libros publicados! ¿Te gustó la historia de Francisco y las nubes? Pronto te traeremos más cuentos este autor.



2 comentarios:
Me encanto el cuento! Y amo las nubes... Le pedi a mis papas que me regalen la camara digital porque me molestaba mucho tirarme en el pasto a ver el hermoso cielo y no poder sacarle ninguna foto!
Saludos,
¡Hermoso cuento de la nubes!¿Quién no ha percibido su magia? yo al menos lo disfruté mucho cuando niña, y ahora que lo sigo siendo pero bien grande, de vez en cuando lanzo mi mirada hasta el azul y veo tambien la película de esas protagonistas mágicas. Felicidades Mercedes por tu amabilidad de compartir estas letras fabulosas y la belleza de tu oficio. Gladys Urbina.
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