<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191</id><updated>2012-01-30T19:33:24.709-08:00</updated><category term='Robinson'/><category term='niños escolares'/><category term='Taller Literatura Infantil'/><category term='José Gregorio Belñlo Porras. Literatura infantil. Narrativa para niños'/><category term='Cuentos De aparecidos. La Luna de los muertos'/><category term='Simon Rodríguez'/><category term='Armando Sequuera'/><category term='Aquiles Nazoa. Felipe García. Literatura venezolana. Artistas plásticos.'/><category term='Marian.'/><category term='Armando Sequera- Literatura Infantil. Cuentos venezolanos para niños.'/><category term='Aquiles Nazoa. Navidad campesina'/><category term='Iniciación literaria. Literatura infantil. Morita Carrillo'/><category term='La Piedra del Duende'/><category term='Chiristine Nostlinger. Literatura Infantil'/><category term='Hladys Urbina. AProa. Animales. Protección a la fauna'/><category term='Cesar Augusto Montenegro. Literatura Infantil. La Luna. El Mar.'/><category term='Brujas'/><category term='Navidad. Los Reyes Magos. Ruben Darío. Literatura latinoamericana'/><category term='Mercedes Franco'/><category term='Unefa'/><category term='Mercedes Franco Valeria Radomile'/><category term='Christine Nostlinger. Literatura Infantil. Konrad'/><category term='Edo Falcón'/><category term='Alfabetizar el espíritu.'/><category term='Tío Tigre y Tío Conejo. Antonio Arráiz. Rafael Rivero Oramas. Literatura inantil venezolana.'/><category term='María Gabriela Ramos'/><category term='Oralidad latinoamericana. Antonio Trujillo'/><category term='Hans Christian Andersen. Literatura Infantil. Cuentos para niños'/><category term='La Piedra del Duende.'/><category term='Niños'/><category term='Armando Sequera.'/><category term='María Elena Walsh'/><category term='Año Viejo. Año Nuevo. Narrativa Infantil. Navidad.'/><category term='AQUILES NAZOA'/><category term='Festival de Duendes'/><category term='Dirección de Cultura de la Unefa'/><category term='Talleres para niños. Talleres de Literatura. Unefa. Literatura Infantil. Direcciòn de Cultura.'/><category term='Festival Mundial de Duendes'/><category term='Criaturas fantásticas. Literatura infantil'/><category term='Aquiles Nazoa. Ratoncita presumida. Literatura Infantil'/><category term='Mercedes Franco. Literatura Infantil Misterios de Venezuela'/><category term='Olivia Villoria. Talleres. Monte Avila. Literatura Infantil'/><category term='Navidad. Año Nuevo. Mercedes Franco. Literatura infantil'/><category term='Talleres para niños. Lecto-escritura. Literatura infantil'/><category term='taller de iniciacion literaria-UNEFA- dirección de literatura'/><category term='Teresa'/><category term='Olga Cortez Barbera. Literatura infantil. Talleres de literatura. Monte Avila.'/><category term='Dirección de Cultura Unefa. Mercedes Franco'/><category term='Cabure'/><category term='Andrés Castillo'/><category term='Literatura Infantil. Iniciación Literaria. Unefa. Monte Avila'/><category term='Cuentos escritos por niños'/><category term='Hadas'/><category term='Canciones'/><category term='Orian Radomile'/><category term='Ceretones'/><title type='text'>La Piedra del Duende</title><subtitle type='html'>Página dedicada a los niños</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>39</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-7910798840310779294</id><published>2010-11-12T12:54:00.000-08:00</published><updated>2010-11-12T16:18:40.745-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Navidad. Año Nuevo. Mercedes Franco. Literatura infantil'/><title type='text'>CAMBIO DE AÑO</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2tUNetK9I/AAAAAAAAD7U/rDP_QbHD7-w/s1600/navidadQ.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538773679463017426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 185px; CURSOR: hand; HEIGHT: 144px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2tUNetK9I/AAAAAAAAD7U/rDP_QbHD7-w/s200/navidadQ.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;A veces crees que Dios no existe, porque parece que no te escuchara. O por lo menos crees que no te escucha. Mi prima Carmen también cree que Dios no la escucha, porque le pide a veces cosas y no se las concede.&lt;br /&gt;Yo creo que hay mucha gente pidiendo cosas, y hay una larga lista de espera. ¿Cómo puede uno exigir que lo atiendan primero si hay una cola de gente esperando?&lt;br /&gt;Carmen se rió mucho de mí cuando se lo dije. Ella cree que eso lo pienso porque sólo estoy en segundo grado, que cuando llegue a tercero, como ella, veré que no es así.&lt;br /&gt;-¿Acaso te crees que el cielo es un megarmercado?”- me dijo. Y se echó a reír como se ríe ella a veces, con todos sus dientotes grandototes. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538773517750975490" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 126px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2tKzDjPAI/AAAAAAAAD7M/Yucsbd_wUDQ/s200/negritacarmen.bmp" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pero yo le he ido pidiendo cosas a Dios y me las ha ido dando poco a poco. Cuando estaba en Preparatorio le pedí un perro . Y lo conseguí, aunque fue después de un año, cuando ya estaba en primero. Sobre todo me encanta que Dios me haya escuchado en eso, porque mi perro es un amigo de verdad. Es casi como si tuviera un hermano.&lt;br /&gt;A veces creo que Dios prefiere conceder peticiones que se refieran al alma. El alma, según dice la maestra, es eso que llevamos por dentro, entre el cerebro y el corazón, una chispita que Dios nos da cuando nacemos.&lt;br /&gt;Si en vez de pedirle un perro, yo le hubiese pedido ser más feliz, o algo así, tal vez no habría tenido que esperar tanto.&lt;br /&gt;Así me pasó con lo del Año Viejo. No tuve que esperar mucho para que se me espantara la tristeza del alma.&lt;br /&gt;Carmen se burlaba de mi porque me daba lástima el Año Viejo. Es que cuando llega diciembre, casi todas las canciones hablan de que si “muere un año”, “un año se nos va”, “qué te pasa viejo año”. Me imaginaba al Año Viejo como un viejecito mendigo, encorvado, pesaroso, que se encaminaba arrastrando los pies hacia su propia destrucción, cada 31 de diciembre. Hasta me daba rabia con el año joven y feliz que viene después.&lt;br /&gt;En eso también me ayudó Dios. Toda mi pena desapareciò cuando supe lo del cambio de año. ¿Quieres saber de qué se trata?&lt;br /&gt;¡Espera! Antes déjame contarte cómo fue que me enteré de eso. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538772923320729778" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 134px; CURSOR: hand; HEIGHT: 160px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2soMoVgLI/AAAAAAAAD60/_MOhPTwR5qM/s200/globos.jpg" border="0" /&gt;Resulta que mi amigo Carlos cumple años precisamente el 31 de diciembre, y en la tarde le hicieron una fiesta grande con piñata y todo. Ya sé, parece que no tuviera mucho que ver, pero es que todo ocurrió justamente por eso, por un globo de cumpleaños. Al final de la fiesta rifaron los globos, que eran enormes y estaban pegados cada uno a una varillita de plástico. Yo me gané el más grande de todos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Era rojo y brillante. Pero cuando me lo dieron, como soy pequeño y flaquito, el globo se elevó conmigo....&lt;br /&gt;Y así me fui elevando con él... y seguí subiendo y subiendo.&lt;br /&gt;Claro, la gente abajo gritaba, todos estaban asustados, hasta mi prima Carmen. Yo también estaba asustado, pero a la vez… me sentía feliz. Nunca había imaginado lo agradable que era volar. El globo seguía elevándose por el cielo y yo subiendo con él, eso sí, bien agarrado de la varillita. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538773291405174866" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 160px; CURSOR: hand; HEIGHT: 120px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2s9n2gaFI/AAAAAAAAD7E/Yoin4jcM7j8/s200/tucuso.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Vi dos colibríes que peleaban en vuelo, sólo por una flor, y sus picos chocaban como dos espadas. Me entretuve observando el brillo metálico de sus plumas y de pronto, cuando pasé junto a ellos, temí que fueran a pinchar el globo. Pero nada pasó. Menos mal. Sin embargo sentía frío, cada vez más frío… y un vacío en el estómago, a medida que el globo subía más y más, hasta llegar a las nubes lejanas, indiferentes.&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538821185323715298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 128px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN3YhamgyuI/AAAAAAAAD78/nrqN_OX-Kp0/s200/nubes.bmp" border="0" /&gt;&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;De pronto, entramos en una nube distinta, más cómoda, tibia…un grato calor me llenó de una felicidad inesperada. Todo estaba cálido, todo era bueno y suave.&lt;br /&gt;El calor venía de un halo de luz, que parecía como un chorro de fuegos artificiales. Pensé que sería un cohete de los que encienden los muchachos en diciembre. Pero no. Aquella luz era más brillante aún, y sin embargo no quemaba. Al rato me di cuenta que la luz venía de una persona que subía también hacia las nubes, como yo.&lt;br /&gt;Era un hombre de pelo gris, sonriente, que me saludó con alegría. Vestía un hermoso traje: ¡un traje maravilloso! Estaba hecho de rostros, ríos, palabras, montañas, aromas, playas, recuerdos, risas, canciones, historias. Su traje estaba hecho con todas esas cosas lindas y tenía todos los colores y brillos del mundo. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538773838225364930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 121px; CURSOR: hand; HEIGHT: 160px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2tdc6mV8I/AAAAAAAAD7c/Z4ETWXC0B0U/s200/pasaso.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Aquel hombre de pelo gris subía como un cohete hacia las nubes, dejando a su alrededor un brillo resplandeciente, multicolor, como su traje. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538774209583345634" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 160px; CURSOR: hand; HEIGHT: 117px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2tzEVPb-I/AAAAAAAAD7s/pnPIFeWHPlI/s200/tierra2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En aquel momento mi globo se detuvo, quizás porque chocó con una nube más pesada, no sé. Y el hombre del traje hermoso se detuvo también. Se mantuvo derechito, en el aire.&lt;br /&gt;En eso se oyó un rumor extraño, como un tropel de alas. Allí fue cuando vimos venir desde el interior de las nubes a un niño como de mi edad. Se restregaba los ojos. Creo que estaba dormido y lo despertamos.&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538772643431079986" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 160px; CURSOR: hand; HEIGHT: 135px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2sX59cYDI/AAAAAAAAD6s/5NcVuqO4scs/s200/angelito.jpg" border="0" /&gt;Vestía también un traje hermoso y brillante, pero blanco, completamente en blanco, como la primera página de un cuaderno sin empezar.&lt;br /&gt;-¿Quién eres tú, y por que estás aquí tan alto?- me preguntó el niño.&lt;br /&gt;-Me trajo un globo de cumpleaños.-contesté.&lt;br /&gt;El hombre alegre del traje multicolor y el niño preguntón del traje blanco se miraron sorprendidos, me miraron a mí... y después se encogieron de hombros.&lt;br /&gt;Entonces se dieron la mano, muy solemnes y corteses. Después se hicieron una reverencia. Luego el hombre del traje colorido subiò aún más y desapareció entre las nubes, no sin saludarnos con la mano, mientras gritaba alegre:&lt;br /&gt;-¡Feliz Año Nueevoooo!&lt;br /&gt;-¡Feliz Año Vieeejoooo!- le respondió el niño, con igual entusiasmo.&lt;br /&gt;Como vio que yo estaba tan asombrado, me dijo:&lt;br /&gt;-Acabas de presenciar la ceremonia del cambio de año. Ya el Año Viejo cumplió su misión, ahora vengo yo. Ahora vamos a bajar. ¡Ven conmigo!&lt;br /&gt;Solté el globo y me agarré de la mano que me tendía el Año Nuevo, que aunque preguntón y todo, parecía incapaz de dejarme caer. Sobre todo porque tenía unas enormes alas de oro, y volaba con ellas sobre los campos, las casas y los ríos.&lt;/span&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538774077166748338" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 120px; CURSOR: hand; HEIGHT: 160px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2trXCqgrI/AAAAAAAAD7k/DStnxGq9b6s/s200/riodesdearriba.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mientras bajábamos, yo recordaba la expresión alegre del Año Viejo. ¡Qué tontas me parecieron aquellas canciones tristes del año que muere y todas esas cosas! ¡Sólo hay un cambio de año!&lt;br /&gt;El año Viejo no muere, sólo sube más allá de las nubes, hacia lo más alto del cielo. Me imagino cómo se pondrá Dios de contento cuando le vea ese traje de todos colores, hecho de lágrimas, lluvias, besos, sorpresas, carcajadas, cuentos, cascadas, alegrías, versos, olores y sabores de la Tierra. ¡Todo lo que pudo ver en el mundo, durante su paso por él!&lt;br /&gt;El Año Viejo sube a llevarle a Dios ese retrato del mundo estampado en su traje. Y sólo entonces, el Año Nuevo baja a la Tierra. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538774368660310162" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 160px; CURSOR: hand; HEIGHT: 135px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2t8U8JSJI/AAAAAAAAD70/xNGqjClp-Ws/s200/tierra.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Así bajé yo, con él... y llegué a tiempo de ver las luces de los cohetes y fuegos artificiales que saludan la llegada de un Año Nuevo, ¡nuevecito! con su traje blanco.... Listo para que escribamos en él sonrisas, frases, ladridos, colores, paisajes, juegos, abrazos, trinos, risas.... Todas esas cosas que él le llevará después a Dios, cuando venga .... ¡otro cambio de año!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5538773046050793714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 169px; CURSOR: hand; HEIGHT: 107px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2svV1dqPI/AAAAAAAAD68/DYsHd1FD9DI/s200/flores.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;MERCEDES FRANCO&lt;/strong&gt;. (Página curricular)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Profesora universitaria, escritora, autora de varios libros de literatura infantil, guionista radial. Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela, cursó estudios superiores de Literatura Norteamericana en la Universidad de Pennsylvania, Philadelphia. Columnista de prensa del diario “El Nacional”, con la sección de crónicas “Cantos de Sirena”, durante diez años (1980-90) Ha sido correctora de estilo de la Revista Nacional de Cultura y ha diseñado manuales para la Universidad Nacional Abierta.&lt;br /&gt;Nació En El Tejero, Edo. Monagas, pasó su infancia en Puerto La Cruz, Edo. Anzoátegui, y llega a Caracas en 1965, para entrar a la UCV pocos años después. Se dedicó durante mucho tiempo a la docencia, en liceos y en la UCV, así como en la UNA.&lt;br /&gt;Su novela histórica &lt;strong&gt;La Capa Roja&lt;/strong&gt;, tema del Postgrado de la Universidad de Carabobo, le valió en 1993 la Mención de Honor de Narrativa del &lt;strong&gt;Premio Municipal&lt;/strong&gt;. Su libro infantil Vuelven los Fantasmas, premio IBBY, es texto obligado en varios colegios de Venezuela.&lt;br /&gt;Alterna su trabajo literario con artículos de prensa en diarios y revistas. Produce los programas “Cosas de Venezuela”, y “Enigmas del poder” en la Radio Nacional. Ha representado a Venezuela en la Feria del Libro de Santo Domingo, en mayo de 2007 y en la Feria de La Habana, febrero de 2009. Ha sido postulada por el &lt;strong&gt;Banco del Libro&lt;/strong&gt; al &lt;strong&gt;Premio de literatura Infantil Astrid Lindgren&lt;/strong&gt; Actualmente dicta talleres en &lt;strong&gt;La Casa de las Letras Andrés Bello&lt;/strong&gt; y en &lt;strong&gt;Monte Avila Editores&lt;/strong&gt; , los cuales alterna con su trabajo literario y el de proomoción cultural a través de su blog "KALAFIA".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Publicaciones:&lt;br /&gt;La capa roja&lt;/strong&gt;. (Novela). Editorial Planeta. 1992. Mención Honorífica del Premio Municipal ISBN: 980-271-172-1&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¡Vuelven los Fantasmas!,&lt;/strong&gt; Monte Avila Edit. 1996. Lista de honor del IBBY. ISBN:980010879-3&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Piedra del Duende,&lt;/strong&gt; Alfaguara, Caracas, 2000..Edit. Santillana.&lt;br /&gt;ISBN: 980-275-422-6&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cuentos para Gatos.&lt;/strong&gt; Playco editores. Caracas 2001-ISBN 980-6437-23-3&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Diccionario de Fantasmas, Misterios y Leyendas de Venezuela&lt;/strong&gt;. Editora “El Nacional” 2000&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El Arreo y otros cuentos&lt;/strong&gt;. Cuento Ganador del Premio UNELLEZ 2000&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cuentos de la Noche:.&lt;/strong&gt; II Premio de Narrativa Salvador Garmendia. 2002&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Criaturas Fantásticas de América.&lt;/strong&gt; Playco 2004. ISBN 980-6437-57-8&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Simón coleccionaba tortugas.&lt;/strong&gt; Monte Avila Editores. 2005. Colección Pequeños Héroes.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Crónica Caribana.&lt;/strong&gt; (Novela) Edit. Alfaguara. 2006 &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Fantasmas de la noche&lt;/strong&gt;. Editorial Cadena Capriles.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Antonio José y las Sirenas.&lt;/strong&gt; Monte Avila Editores. 2006&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Coleción Wepia: Monagas y Cojedes&lt;/strong&gt;. Alfaguara 2007&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Josefa peleaba con los Cardones.&lt;/strong&gt;Monte Avila Editores 2007&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Mi amiga Juanita.&lt;/strong&gt; Monte Avila Editores 2007&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Así Somos.&lt;/strong&gt; Ediciones "B" Caracas 2008&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La luna de Churuguara y otras Leyendas de Venezuela. &lt;/strong&gt;Editorial Gente Nueva, La Habana 2009&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Cambio de año&lt;/strong&gt;. Fondo Editorial del Caribe. Puerto La Cruz 2009&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La guerra de Venezuela.&lt;/strong&gt; El Perro y la Rana Editores. Caracas 2009 &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Una marcha de Fantasmas.&lt;/strong&gt; Alfaguara. Caracas 2010&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Monstruos que nadan.&lt;/strong&gt; Alfaguara Caracas 2010&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;Dirección: Edif.. Brasil. Ap.105. Bulevar Brasil. La Pastora, Caracas.&lt;br /&gt;Tlf. 8608541- 0424-1558400&lt;br /&gt;E-mail: &lt;/em&gt;&lt;a href="mailto:mercedesfranco@cantv.net"&gt;&lt;em&gt;mercedesfranco@cantv.net&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;mercedesfrancoster@gmail.com &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-7910798840310779294?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/7910798840310779294/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=7910798840310779294&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/7910798840310779294'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/7910798840310779294'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2010/11/cambio-de-ano.html' title='CAMBIO DE AÑO'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TN2tUNetK9I/AAAAAAAAD7U/rDP_QbHD7-w/s72-c/navidadQ.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8906934584868571463</id><published>2010-10-31T14:30:00.000-07:00</published><updated>2010-10-31T14:46:48.538-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cuentos De aparecidos. La Luna de los muertos'/><title type='text'>LA LUNA DE LOS MUERTOS</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TM3jY9UogBI/AAAAAAAAD4k/4bBUj994xhk/s1600/LUNAF.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5534329535025676306" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 194px; CURSOR: hand; HEIGHT: 147px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TM3jY9UogBI/AAAAAAAAD4k/4bBUj994xhk/s200/LUNAF.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;La Condenada&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Dicen que la luna de noviembre, es la luna de los muertos, grande y harinosa como un gran rostro fantasmal. Bajo el influjo de su luz ultraterrena, salen de sus tumbas miles de fantasmas que buscan divertirse un rato en su mes, aterrando a los humanos. Uno de los fantasmas más típicos de este mes es la Condenada, que vaga por las calles de Dolores y Libertad, dos pueblos de Barinas,. En noches claras de se pasea por las orillas de la laguna de Dolores y deja oir su risa que quiere ser coqueta, pero es siniestra, para atraer a los hombres trasnochadores, a quienes embruja y les quita la razón.&lt;br /&gt;Cuentan que esta aparición data de principios de siglo, cuando Carmen Camacho, dueña de una gran hacienda en Barinas, mató a dos esclavos que dejaron escapar uno de sus caballos favoritos. Por su crimen, su alma no encuentra paz y anda erante con su malévola risa, por las noches de Barinas, durante la luna espectral. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5534329157807578498" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 136px; CURSOR: hand; HEIGHT: 159px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TM3jDAE1HYI/AAAAAAAAD4U/EvYpvoN_6Mk/s200/FANTASMASF.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El entierro de Bergantín.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En Bergantín, fresco pueblo anzoatiguense, los vecinos aseguran que en algunas noches oscuras se ve pasar por las calles un entierro fantasmal. Adelante va un sacerdote, atrás el féretro cargado por seis hombres trajeados de negro y más atrás un grupo de casi cincuenta personas, todas de negro, rezando y llorando. El entierro recorre algunas calles y luego desaparece junto a una ceiba grande que está a la salida del pueblo.&lt;br /&gt;Todos al ver esta aparición se persignan y rezan un Credo, para después cerrar fuertemente puertas y ventanas. Pero un día, llegó un hombre aventurero y descreído llamado Arturo Salazar, que venía medio borracho de una fiesta. Cuando vio el entierro pasar a lo lejos se fue en la comitiva, riendo, ya que se burlaba siempre de los cuentos del más allá. Medio en broma medio en serio, preguntó quién iba en aquella urna negra,&lt;br /&gt;" Arturo Salazar"..-fue la respuesta de una dama, cubierto el rostro por un velo negro.&lt;br /&gt;¡Pero si Arturo Salazar soy yo! Imposible..¿Qué broma es esta?-tronó el hombre.-A menos que el muerto se llame como yo.&lt;br /&gt;Seguidamente Arturo se abrió paso entre el cortejo fúnebre y desenfundó su pistola. Ordenó con furia que abrieran inmediatamente el ataúd.&lt;br /&gt;Casi se muere de espanto al ver su propio cuerpo en aquella urna.&lt;br /&gt;Salió corriendo despavorido y unas calles más arriba se topó con el mismo entierro, esta vez de frente. Arturo cayó de rodillas implorando misericordia a la Virgen. El entierro pasó sobre él ingrávido, flotante, sin tocarlo siquiera, y se deshizo en el aire frío de la noche.&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5534329351122058866" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 120px; CURSOR: hand; HEIGHT: 153px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TM3jOQOl_nI/AAAAAAAAD4c/3RYs-mRQab4/s200/CORTEJOV.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-8906934584868571463?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/8906934584868571463/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=8906934584868571463&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8906934584868571463'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8906934584868571463'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2010/10/la-luna-de-los-muertos.html' title='LA LUNA DE LOS MUERTOS'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TM3jY9UogBI/AAAAAAAAD4k/4bBUj994xhk/s72-c/LUNAF.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-6886228080531913222</id><published>2010-09-16T14:22:00.000-07:00</published><updated>2010-09-16T16:32:05.817-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Talleres para niños. Lecto-escritura. Literatura infantil'/><title type='text'>UN TALLER INFINITO</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKdwzDiTgI/AAAAAAAADzA/E1SLsGYJCog/s1600/gnomo-david.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517645955146599938" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 165px; CURSOR: hand; HEIGHT: 111px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKdwzDiTgI/AAAAAAAADzA/E1SLsGYJCog/s200/gnomo-david.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Infinito es el recuerdo que crece con el tiempo, como esperamos que crezca la semilla plantada en esos días en que los hijos de los trabajadores de la UNEFA asistieron a un Taller de Iniciación literaria para Niños, y dejaron sus hermosas producciones en narrativa y poesía. &lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Infortunadamente, y a espaldas de las autoridades de la UNEFA que tenían la mejor voluntad para auspiciar este trabajo, nos topamos con un muro de incomprensión y envidia. Como si fuesen duendes de la amargura, brotaron pequeños espíritus de las cuevas de Curimagua, pero en vez de luz, llenos de resentimiento y dolor, nos impidieron seguir desarrollando esta hermosa labor de estimulación de la lecto-escritura y de siembra de valores. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pero algo quedó, estoy segura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Desde el tiempo el afecto, la fantasía, las ganas de hacer patria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Un saludo entrañable y muchas felicitaciones por su talento a los jóvenes de este taller de Literatura Infantil.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Todos tan maravillosos, plenos de fantasía y creatividad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Durante 15 tardes en el 2007 y en el 2008 compartieron afinidades, crearon cuentos y poemas y encontraron esa vena de escritores que todos llevamos dentro. Ellos son:&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Mariana Coromoto Valderrama.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;Eduardo Andrés Valderrama&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Jhonn Arturo Arguinzones.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;Jhois Ayrtón Arguinzones.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Roberth Ernesto Angel&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Grecia Villanueva&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;Leudys Rodríguez&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;Britani Angelivette Ibarra&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Miguelangel Adrián Torrealba Díaz&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33ff33;"&gt;Angel Emilio González&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Ana María Rodríguez Coronil&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;María Fernanda Torrealba,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Anderson Zambrano.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Karen Zambrano&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;Ninoska Salazar.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;Dubravska Gonzalez&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Audrey Gonzalez&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;Ramón Roa.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;Maria Laura Curcho&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Yaicely Salazar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Leudys Rodríguez.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;A continuación, algunas de las más bellos trabajos literarios de estos inteligentes niños y niñas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517648139939135394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKfv-Cqv6I/AAAAAAAADzw/FNBqJXyqIZU/s200/TINCO_Y_MESITAS__29___06__2006__21__web.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;UNA FLOR&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Ayer corté una flor y vi hacia el cielo.&lt;br /&gt;Pensé que era Dios quien esa rosa me dio&lt;br /&gt;No me di cuenta de que una estrella me sonrió&lt;br /&gt;Y apenas la vi cantó una canción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al escuchar cantar al océano,&lt;br /&gt;Su voz quise imitar&lt;br /&gt;Mas no puedo imitar una voz tan celestial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después fui corriendo en mi corcel,&lt;br /&gt;Para poder ver el milagro de&lt;br /&gt;Ver otra flor crecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;María Laura Curcho.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517650973709842434" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 111px; CURSOR: hand; HEIGHT: 140px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKiU6qQOAI/AAAAAAAAD0A/dUJrDGDocss/s200/aldolechuza.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Los Fantasmas de las Batallas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Un día que llegamos de vacaciones a la finca de mi tío nos fuimos a un río y cuando llegamos sonaban los trotes de muchos caballos y soldados. Entonces nos fuimos de ese lugar, y nos bañamos en otro pozo del río. Cuando llegamos a la finca todo estaba muy oscuro y a los lados parecía que pasaban caballos y esclavos fantasmas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y de golpe llegó la luz.&lt;br /&gt;Entramos a la casa y se escucharon pasos y ruidos extraños. Cuando fuimos a los corrales había cadenas oxidadas con sangre y vimos en los árboles soldados sin cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Grecia Villanueva&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517645695679092130" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 140px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKdhsdqVaI/AAAAAAAADy4/vEUPWwjvuPU/s200/anillo2.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;Las Hadas luminosas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Un día la reina de las hadas vio que el día estaba nublado, las nubes tapaban el sol y su precioso bosque estaba muy oscuro.&lt;br /&gt;Se puso a llorar, en ese momento su Pegaso la acercó y la abrigó con sus alas en una especie de abrazo.&lt;br /&gt;Luego la reina tuvo una idea. Subió al Pegaso y recorrió todo el mundo en busca de hadas que hicieran algo para que su bosque estuviera iluminado.&lt;br /&gt;Después de muchos días de volar encontró a cinco hadas-luciérnagas que le prometieron ayudarla.&lt;br /&gt;La reina las llamó hadas luminosas. Luego muy contenta las llevó a su bosque y ellas lo iluminaron todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;María Laura Curcho. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517647664524134290" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 151px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKfUS-5h5I/AAAAAAAADzo/gyxr0ZIqyk8/s200/Dios.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;La vida&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La vida es el sol&lt;br /&gt;La vida es la luna&lt;br /&gt;Y si todos cantáramos&lt;br /&gt;Todos los días muy alegres&lt;br /&gt;La vida sería&lt;br /&gt;Más segura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;María Laura Curcho&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517645484180508626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 125px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKdVYkeD9I/AAAAAAAADyw/zTJsTGwHJCE/s200/anifaepond.gif" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;La estrellita&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Había una vez una estrellita que era muy chiquitica. Cuando veía a las demás estrellas decía :&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Por qué Dios me hizo tan chiquitica?&lt;br /&gt;Y entonces un día le pidió a Dios:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Señor, hazme más grande y te prometo que seré feliz. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Desde entonces fue la estrella más grande y más feliz del cielo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Karen Zambrano&lt;/em&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517646896914457282" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKennafYsI/AAAAAAAADzY/_AwoyYxeW2k/s200/pumas.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;Los hermanos Tigres&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff9900;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Había una vez una familia de tigres que vivían en el bosque. En total eran cuatro, los padres, tigre y tigrito. Un día unos cazadores mataron a sus padres, y ellos lograron escapar pero tenían que seguir solos.&lt;br /&gt;Tenían mucha hambre y vieron un filete en medio del bosque . Pero cuando fueron a comer los atrapó una red, eran cazadores. Los pequeños tigres trataron de escapar pero no podían, pasaron días y los separaron Tigre fue a las peleas de tigres y Tigrito fue al circo.&lt;br /&gt;Pasaron diez años. Un día había un concurso de peleas de tigres. Tigre iba a participar y el dueño del circo estaba orgulloso.&lt;br /&gt;Ya estaba todo listo para las batallas, la primera entre Tigre y Tigrito.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y cuando los dos se vieron a los ojos rompieron la jaula de los tigres&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La gente corría asustada. Pero ellos escaparon y vivieron felices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Jhois Arguinzones.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517650824870124546" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 147px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKiMQMGXAI/AAAAAAAADz4/wFW1I3KPXFw/s200/barcopapel.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;El barco hechizado.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/span&gt;Una vez en el mar había un capitán pirata demasiado malo, que robaba barcos a los demás capitanes. Una noche en el mar ocurrió una tormenta y el barco de los piratas se hundió. Entonces el capitán bravo, decidió vengarse de la naturaleza.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Donde él navegaba pasaban muchos barcos y todos iban desapareciendo en una neblina oscura. Aparecían después los barcos en una isla perdida, llena de fantasmas, y también estaban las almas de los piratas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un día el espíritu del pirata decidió robar otra vez, pero un padre de la isla de Margarita fue hasta la isla donde se veía a veces el pirata y le arrojó agua bendita a las olas, bendiciendo el mar. Entonces el capitán malvado descansó en paz y regresaron todos los barcos que habían desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Roberth Angel.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517643874428359826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 122px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKb3rxplJI/AAAAAAAADyQ/qyPD6X2Z0zw/s200/3528906pinta.gif" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;El Angel que pintaba estrellas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Erase una vez un angelito que se llamaba Gabriel. A él le gustaba pintar estrellas porque quería que los niños creyeran en él, qué mejor manera que pintando estrellas. Un día Dios le encargó una misión: que pintara a estrella más brillante, grande y más bonita que se pudiera ver en todo el universo y sobre todo que le gustara a los niños&lt;br /&gt;El ángel Gabriel empezó con su misión: hizo una estrella grande, bonita, pero sin luz. El Señor le dijo:&lt;br /&gt;-Gabriel, te mandé que hicieras un estrella grande, bonita y brillante, esta estrella es bonita, grande, pero no tiene nada brillante, así que vuelve a intentarlo.&lt;br /&gt;Gabriel se puso triste, con el corazón en mil pedazos agarró sus pinceles y sus pinturas y comenzó a pintar estrellas de todos los tamaños y en su mente decía:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Mmmm....pero....algo me falta en esta estrella.&lt;br /&gt;En ese momento pasó una luz tan brillante como la escarcha, la luz le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Gabriel, úsame para que hagas la estrella perfecta.&lt;br /&gt;El inmediatamente hizo lo que la luz le ordenó, pintó la estrella más grande, más hermosa y que alumbrara todo el cielo.&lt;br /&gt;-He aquí tu estrella, Señor.&lt;br /&gt;Dios se sorprendió y le dijo con una gran sonrisa:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Ahora sí pusiste empeño y corazón, te felicito.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El ángel al escuchar esto se alegró mucho y le dijo:&lt;br /&gt;-Ahora todos los niños podrán ver mi creación y creerán en mí.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Britany Ibarra y&lt;br /&gt;Mariana Valderrama.&lt;/em&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517651203164895490" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 183px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKiiRcmeQI/AAAAAAAAD0I/leDrm5gbjyc/s200/luna2.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;strong&gt;La niña de la luna&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una vez una luna que se sentía ignorada porque sus amigos no podían estar con ella.&lt;br /&gt;Un ángel le apareció y le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¿Tienes un deseo, luna?&lt;br /&gt;Ella pidió que pudiera hablar con una persona. El angel se lo concedió. Le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Hablarás con una niña de nombre Estrella.&lt;br /&gt;La niña escuchó una voz. Era la luna. Estrella se asutó pero la luna le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- No te asustes soy yo, la luna, que quiero conversar contigo.&lt;br /&gt;La niña creció y después de muchos años murió y su espíritu ahora permanece dentro de la luna. Y por eso se dice que en las noches, se ve en las manchas que tiene la luna ,el rostro de la niña que todavía permanece allí, hablando con la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ana María Rodríguez Coronil&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;El Conejito mentiroso&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una vez un conejo que era muy mentiroso y un día le dijo a su mamá que quería ir al campo. Se fue a una granja donde había zanahorias y robaba 5 zanahorias y le dijo a su mamá que las encontró por ahí.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Otro día el conejo se fue al bosque, se metió en una siembra de lechugas y dos amigos del conejo lo escucharon decir:&lt;br /&gt;-Le diré a mi mamá que le conseguí estas lechugas.&lt;br /&gt;Y los amigos se fueron a la casa del conejo y le dijeron a su mamá que el conejito estaba robando&lt;br /&gt;Cuando llegó su mamá lo regañó. Después le pidió al conejito que no volviera a robar más. Le explicó que a las personas les cuesta conseguir sus alimentos y sus cosas y sufren mucho cuando alguien se las roba.&lt;br /&gt;Y él comprendió, entonces no volvió a robar más.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Jhonn Arturo Arguinzones&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517646271164055682" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 127px; CURSOR: hand; HEIGHT: 78px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKeDMT-AII/AAAAAAAADzI/tflqeRx0Yn4/s200/tortuga.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;La tortuguita que buscaba el mar.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Un día una tortuguita acababa de nacer y buscaba el mar, pero se confundió y se adentró en el bosque. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y pasando el tiempo la tortuguita fue creciendo, ella no sabía si tenía familia, se sentía muy sola. Se preguntaba dónde estaría el mar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pasaron muchos días hasta que encontró una amiga, era una hermosa pajarita, ella acompañó a la tortuguita, en su búsqueda del mar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La tortuguita hablaba y hablaba con la pajarita, le decía que no sabía si tenía familia, ella, muy optimista le decía que seguramente la tenía.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Seguían buscando el mar y después de tanto tiempo lo encontraron. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Era hermoso, azul y tranquilo. Allí la tortuguita se despidió de su amiga y se sumergió en el mar donde encontró a su familia y vivieron mucho tiempo felices y unidos. Pero siempre salía a saludar a su amiga la pajarita.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ramón Francisco Roa Camacho. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517643655182144386" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 165px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKbq7BR04I/AAAAAAAADyI/MKiwezXqB4k/s200/2053-rosa_amarilla_50p.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;La rosa pretenciosa&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;Erase una vez en un rosal una rosa llamada Rosángela. Ella era muy pretenciosa. Todos los días pasaba por la fuente y decía:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Qué bella soy.&lt;br /&gt;Todo el tiempo coqueteaba en las narices de las rosas y les decía.&lt;br /&gt;-Miren ustedes son todas unas descoloridas son todas unas feas, y lo peor de todo es que tienen espinas, en cambio yo, soy de varios colores tengo ojos azules y no tengo espinas. Bueno me voy, porque debo ir a la peluquería. A arreglarme para verme más bella aún.Así que diós, rosas, feas.&lt;br /&gt;Rosángela eguía criticando y coqueteando.&lt;br /&gt;Un día fue a la fuente como lo hacía cada día y cuando fue a ver su reflejo un hombre la agarró justo por el tallo. Rosángela trató de escaparse, pero no pudo, el hombre la apretaba demasiado fuerte, ella gritaba:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-¡Auxilio, auxilio! &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y nadie la ayudó en su tragedia. Luego pensó: "Yo criticaba a las otras rosas por su belleza común y sus espinas. Si hubiese tenido espinas lo habría pinchado, y si no hubiera sido tan linda no me habrían capturado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Anderson Zambrano.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517644155601926914" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 134px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKcIDOpuwI/AAAAAAAADyY/UmAcBzjoT4I/s200/arbol_voidx.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;El árbol que hablaba.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;Había una vez un árbol viejo que hablaba, pero tenía mucho miedo que una persona lo descubriera porque lo podrían talar. Entonces un niño lo escuchó hablar, y el árbol le pidió que no le contara a nadie, para que no lo fueran a cortar. El niño le dijo:&lt;br /&gt;-No te preocupes porque mi sueño era encontrarte.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Y el árbol le dijo:&lt;br /&gt;-¿Para qué me buscabas?&lt;br /&gt;El niño contestó.&lt;br /&gt;-Porque yo sabía que existe un árbol que habla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El árbol dijo:&lt;br /&gt;-¿Me guardas mi secreto?&lt;br /&gt;El niño respondió:&lt;br /&gt;-Claro, amigo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El niño guardó el secreto del árbol y fueron grandes amigos.&lt;br /&gt;Un día, otros amigos del niño lo vieron hablando con el árbol. El niño les dijo: &lt;/div&gt;&lt;div&gt;-No tengan miedo, recuerden que ustedes también soñaban con encontrar este árbol. Y los niños también guardaron el secreto. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un mes después el árbol se estaba secando y los niños le dieron más de 40 cubetazos de agua. El arbol les contó que en poco tiempo moriría, pero su espíritu volvería más joven, en sus retoños, y serían amigos por mucho tiempo más.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Angel.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517646577796062514" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 156px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKeVCmvHTI/AAAAAAAADzQ/Rrf3CSSi1aM/s200/unicorn6.gif" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;El unicornio y la sirena.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;Miguelangel Torrealba&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Había una vez un unicornio llamado Félix, sus padres eran los reyes de ese gran bosque de unicornios. El pequeño príncipe Felix vivía feliz porque tenía todo lo que quería. Un día, cuando Felix estaba jugando, sus padres le dijeron que tenían que dejar el reino y evacuar la ciudad.&lt;br /&gt;¿Por qué?- dijo Felix.&lt;br /&gt;La mamá le respondió que era porque los humanos los estaban buscando para atraparlos o matarlos y por eso todos se tenían que ir.&lt;br /&gt;-¡Yo no me quiero ir!- dijo Felix. Yo me quiero quedar.&lt;br /&gt;-Si te quedas te van a matar, pequeño.&lt;br /&gt;-Entonces déjame buscar mis juguetes.&lt;br /&gt;-No, Félix, el tiempo se agota, vamos, en el camino te sigo, explicando.&lt;br /&gt;-Corre, Félix, corre, apresúrate, te van a atrapar si no corres. Ya tu papá se adelantó con todos los demás unicornios. Tenemos que alcanzarlos.&lt;br /&gt;-Mamá no puedo más, deja que me atrapen.&lt;br /&gt;-No, tienes que seguir, ya vamos a llegar a nuestro escondite, allí podrás descansar, pero apúrate, estamos cerca.&lt;br /&gt;Al fin llegaron a una cueva llenade flores y ramas en el corazón del bosque.&lt;br /&gt;-Pequeño Felix, aquí podrás descansar pero sólo una hora. Porque cuando los soldados humanos escuchen el ruido que hacen nuestras patas al correr se darán cuenta y buscarán hasta debajo de las piedras y si nos encuentran aquí nos llevarán ante el rey humano y todos moriremos enjaulados.Así que descansa, nadie te va a molestar, duerme, pequeño Félix.&lt;br /&gt;Atardecía cuando la reina madre despertó a su hijo:&lt;br /&gt;-Levántate Félix, ya pasó la hora y todos los unicornios están afuera esperándonos.&lt;br /&gt;Cuando salieron todos los unicornios se habían ido, sólo quedaba uno, tan joven como Félix, y cuando ese unicornio vio a la reina salir de esa cueva quedó impresionado pensó que todos se habían ido pero la reina y el príncipe estaban allí. La reina le preguntó&lt;br /&gt;-¿Porque aún estás aquí?.&lt;br /&gt;-Bueno, majestad, me dijeron que me quedara para recoger algunas frutas para comer y que me esperaban en lo alto de la montaña.&lt;br /&gt;-Podemos ir con él, ¿verdad mamá?&lt;br /&gt;-No hijo, es peligroso.&lt;br /&gt;-Mamá , desde que salimos del reino sólo hemos sufrido y ahora si no nos vamos con él perderemos a nuestra familia y amigos.&lt;br /&gt;-No hijo si vamos con él corremos el riesgo de perder nuestras vidas. Bien. Tú te quedarás aquí con él y yo llevaré la comida a los demás unicornios, a lo alto de la montaña.&lt;br /&gt;-Pero entonces tú corres peligro mamá. Mejor vamos todos juntos a esa montaña.&lt;br /&gt;-Bien. Pero…Eso sí, tenemos que ir muy rápido.&lt;br /&gt;-Está bien mamá, correré lo más rápido posible.&lt;br /&gt;Los cascos de Félix eran aún pequeños, por más que corría no avanzaba muy rápido.&lt;br /&gt;-Estamos llegando, mamá.&lt;br /&gt;-Sí hijo, estamos llegando.&lt;br /&gt;La mamá había escuchado unos pasos y le dijo a Félix que se escondiera con el otro unicornio. Cuando los pequeños se escondieron vino un humano y mató a la reina. En ese momento Félix quería salir pero el otro unicornio no lo dejó le dijo que si salía lo iban a matar.&lt;br /&gt;Félix empezó a llorar y su nuevo amigo le dijo que tenía que calmarse. Cuando llegaron a lo alto de la montaña no había ni un solo unicornio.&lt;br /&gt;Se pusieron muy tristes.&lt;br /&gt;El otro unicornio le dijo al príncipe Félix que corriera lo más fuerte que pudiese y se escondiera en el bosque. El pequeño unicornio se escondió por muchos años.&lt;br /&gt;Al tiempo, Félix fue creciendo, creciendo, hasta ser un gran unicornio, como su padre el rey. Un día cuando fue al río a tomar un poco de agua se encontró a una sirena muy hermosa, cuando la vio se enamoró de ella. El único problema era que el unicornio no hablaba el idioma de las sirenas.&lt;br /&gt;Recordó que todos los unicornios tienen un hada madrina. Pasó una semana tratando de recordar cómo llamarla, y al fin lo logró.&lt;br /&gt;-¿Qué deseo pides, hijo.?&lt;br /&gt;-Quiero hablar con la sirena.&lt;br /&gt;El deseo fue concedido y el unicornio y la sirena se hicieron amigos, jugaban en el río y se contaron sus vidas. Un día Félix le dijo a la sirena que si quería ser su esposa.&lt;br /&gt;-Pero estás loco, tú eres un unicornio.&lt;br /&gt;En el fondo la sirena estaba muy feliz pero ¿cómo se iba a casar con un unicornio?.&lt;br /&gt;Félix estaba muy triste. Llamó al hada para pedirle otro deseo.&lt;br /&gt;Fue al bosque y el hada apareció de inmediato, diciéndole que le concedería el deseo.&lt;br /&gt;-Madrina, el problema es que ella es una sirena.&lt;br /&gt;-No puedo salir del agua-dijo ella.&lt;br /&gt;-No importa. ¿Para qué son las varitas mágicas.? Vamos, manos a la obra. Y en un abrir y cerrar de ojos la sirena se convirtió en una bella unicornia. Félix estaba muy feliz. Se reinició con ellos el linaje real de los unicornios del bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ZR2KkA1JlFs?fs=1&amp;amp;hl=en_US"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/ZR2KkA1JlFs?fs=1&amp;amp;hl=en_US" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-6886228080531913222?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/6886228080531913222/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=6886228080531913222&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/6886228080531913222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/6886228080531913222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2010/09/un-taller-infinito.html' title='UN TALLER INFINITO'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/TJKdwzDiTgI/AAAAAAAADzA/E1SLsGYJCog/s72-c/gnomo-david.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-2961303337368416669</id><published>2010-04-08T12:03:00.000-07:00</published><updated>2010-04-08T12:28:27.178-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mercedes Franco. Literatura Infantil Misterios de Venezuela'/><title type='text'>La Poza de “El Paují”.</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74qOSnFYSI/AAAAAAAADfY/QtVA2WMA0bg/s1600/211.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457846223421923618" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 278px; CURSOR: hand; HEIGHT: 208px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74qOSnFYSI/AAAAAAAADfY/QtVA2WMA0bg/s200/211.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;En la antigua hacienda “El Paují”, junto al bullicio caraqueño, sólo dos viejos campesinos permanecen aún, desafíando al tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Lo que queda de la vieja hacienda apenas se ve, en medio de la urbanización caraqueña de Los Naranjos. Hoy, ávidos comerciantes se disputan el valioso terreno. Pero aún defienden su tierra ancestral Justino y Otilio, los últimos descendientes del venerable patriarca Modesto Reyes, de origen canario, fundador del hato, quien se instalara allí a fines del siglo diecinueve, con su familia y su ganado. Los abundantes paujíes de aquellos montes le dieron el nombre a la finca, desde el siglo dieciséis, cuando poblaran la zona los españoles. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457847449717138130" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74rVq6pYtI/AAAAAAAADf4/V2Sk0eVsZC8/s200/Pauji_de_Copete1.JPG" border="0" /&gt;Aunque algunos trataban de ahuyentar los paujíes, por creer que su canto anunciaba desgracias, en tiempos de don Modesto los indígenas del lugar los protegían, teniéndolos por emisarios de un mundo mágico, celeste, que está más allá de nuestra comprensión.&lt;br /&gt;Había allí muchos peones criollos e indígenas que laboraban en el próspero fundo agrícola y Don Modesto poseía grandes sembradíos de frutas y verduras, que se vendían muy bien en los mercados de Caracas y en los pueblos aledaños de Petare, Baruta y Antímano. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457847300452363154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74rM-3Jq5I/AAAAAAAADfw/jPTEbJhE1KE/s200/pozo-tobogan-2.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Cruzaba las tierras del fundo “El Paují” un torrentoso río, de aguas aromadas. La impetuosa corriente se arremansaba en hondas pozas, donde bebían los pájaros, los paujíes y guacharacas, y se bañaban los hijos de los campesinos.&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457845949645414290" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 194px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74p-WtrX5I/AAAAAAAADfQ/MPNL5gmakA0/s200/106.gif" border="0" /&gt; Pero una de esas pozas, la que quedaba junto al gran flamboyán, estaba prohibida: se decía que un raro hechizo se cernía sobre ella. Quienes se bañaban allí, desaparecían para siempre.&lt;br /&gt;Corría el 1901, cuando llegó al fundo “El Paují”, junto con su esposa , suegra e hijos, Felipe Bellorín, un joven y osado visitante. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457846737252382882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 155px; CURSOR: hand; HEIGHT: 155px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74qsMxz-KI/AAAAAAAADfg/drwrQxgGEfk/s200/burroW.jpg" border="0" /&gt;Le hablaron de la poza embrujada y le advirtieron que no se bañara en ella. Pero el muchacho era audaz y deseoso de aventuras: no soportó la curiosidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Cuando nadie lo esperaba, se puso su morral a la espalda y de un salto se lanzó a las aguas.&lt;br /&gt;Cantó el paují con su silbido fino y prolongado. Don Modesto y sus hijos se hicieron la señal de la cruz.&lt;br /&gt;Felipe tardaba en salir. Ya todos lo daban por perdido. Anocheció y después de rezar un rosario en memoria del difunto, todos en la hacienda se fueron a dormir. Pensaban llamar a las autoridades, apenas amaneciera.&lt;br /&gt;En realidad ocurrió que al sumergirse, el joven Felipe sintió que era arrastrado hacia lo más profundo. Luego de unos minutos, salió a la superficie y pudo respirar. Sin embargo, se dio cuenta de que aquel era un lugar distinto, extraño y fabuloso. Extrañado, Felipe miró a todas partes.&lt;br /&gt;Nadó hasta la orilla de aquella región de ensueño. Se encontró en un paraje ideal, con suaves senderos llenos de alegres flores, y pudo divisar a lo lejos altos pinares y grandes prados. de un verde intenso. Junto a él, una fuente inmensa señalaba el camino a un castillo de pétreos muros. En los amplios patios jugaban decenas de niños.&lt;br /&gt;Entró al castillo, y lo encontró lleno de gente, varias parejas danzaban en un salón, entusiastas músicos tocaban melodías nunca oídas y en el inmenso comedor, elegantes invitados cenaban gratísimos manjares. &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457847784115921602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 138px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74rpIph4sI/AAAAAAAADgA/rGi2hcnwNyo/s200/kari%C3%B1a.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;El que parecía ser el anfitrión alzó su copa de vino y brindó por el recién llegado. Todos lo imitaron y le preguntaron sobre su procedencia.&lt;br /&gt;-Vengo de El Paují, aunque yo soy en realidad del pueblo de Cabudare.&lt;br /&gt;Mientras saboreaba aquellas exquisitas preparaciones, Felipe fue a su vez preguntando:&lt;br /&gt;-¿Cuál es su nombre, amigo?&lt;br /&gt;-Mi nombre es Ramón Pérez de la Huerta, llegué también del Paují pero en 1522, en el siglo dieciséis. Vengo prófugo de Andalucía y ya ve usted, aquí tengo mis propias tierras.&lt;br /&gt;-Yo llegué de la Toscana hace muchos años, y vine como invitada al Paují, me arrojé a la poza por un desencanto amoroso. -sonreía una simpática italiana.- Aquí me casé con un buen caballero y tengo ya varios hijos.&lt;br /&gt;-Yo en cambio siempre fui peón de la finca –dijo un indígena- y hace más de cien años, cuando El Paují no era de don Modesto sino de Rafael Calcagno, un italiano de muy mal carácter. Huyendo precisamente de su látigo me zambullí y ahora vivo feliz aquí con mi nueva familia.&lt;br /&gt;-Amigo don Felipe -dijo el anfitrión- aquí tenemos nuestro propio tiempo, mucho más largo y denso que el suyo. Un día nuestro son cincuenta años de ustedes. Usted es libre de marcharse, pero casi nadie lo hace. Le aseguro que si se queda, no se arrepentirá.&lt;br /&gt;El joven se dedicó a pensarlo, mientras paladeaba un delicioso licor. La verdad es que su esposa a veces lo molestaba, instigada por su suegra. Pero ¿Cómo dejar a sus hijos?&lt;br /&gt;Luego recorrió las amplias y lujosas habitaciones, donde admiró deslumbrantes tesoros. ¿Cómo sería quedarse, permanecer allí? Seguramente maravilloso. Sobre todo por algunas bellas damiselas que lo miraban con simpatía. Lo meditó por varias horas. Al fin tomó una decisión. Regresaría al mundo real, con sus niños.&lt;br /&gt;Todos lo comprendieron y lo invitaron a volver alguna vez con su gente. Asombrado vio como le llenaron el morral que llevaba a la espalda de piedras preciosas y monedas de oro. Luego de despedirse y de contemplar una vez más aquel mundo perfecto, el fiel Felipe se zambulló de nuevo en la poza y volvió a salir al fundo “El Paují”, para sorpresa de todos.&lt;br /&gt;Amanecía en la finca y asombradísimos lo recibieron con un aplauso y lo abrazaron emocionados.&lt;br /&gt;-¡Amigo, te creímos ahogado! ¿dónde estuviste?-dijo don Modesto sacando su &lt;em&gt;chimó &lt;/em&gt;del bolsillo.&lt;br /&gt;¡Felipe era el primero que había salido vivo de la poza!&lt;br /&gt;Un paují lejano dejó escuchar su canto y otro le respondió desde el monte cercano.&lt;br /&gt;El muchacho regaló a Don Modesto y a su familia varias monedas de oro y refirió a todos la increíble travesía, las maravillas que había visto.&lt;br /&gt;-No es que se ahogan, Don Modesto, ¡es que se quedan allá! ¡Es un mundo encantador, fabuloso!&lt;br /&gt;La familia de Felipe se negó a lanzarse con él a la Poza del Paují, por más que intentó convencerlos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Al poco tiempo se fueron de nuevo a Antímano, donde compraron una excelente finca, al vender el montón de oro obtenido de la Poza&lt;br /&gt;Han pasado muchos años. Ya no cantan en Caracas los paujíes. Pero nadie, en muchos años, ha logrado repetir la hazaña de asomarse a aquel mundo alterno, a través de las aguas de la “Poza del Paují”.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457847117254211074" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 152px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74rCUZTtgI/AAAAAAAADfo/lCDF21Ok0Ts/s200/elemeforest.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pozas&lt;/strong&gt;: Pozos profundos y grandes que forma el río cuando se arremansa en algún lugar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Paují:&lt;/strong&gt; Ave gallinácea, grande y de plumaje negro azulado. Su canto es fuerte y prolongado y ostenta una hermosa cresta fina y negra. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Chimó:&lt;/strong&gt; Mezcla de tabaco que muchos ancianos campesinos mastican.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Nota:&lt;/strong&gt; Antes, la ciudad de Caracas era sólo el centro, alrededor de la Plaza Bolívar. Las Mercedes, Altamira y todo el este eran haciendas. Petare y Antímano eran pueblos distantes. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-2961303337368416669?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/2961303337368416669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=2961303337368416669&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/2961303337368416669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/2961303337368416669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2010/04/la-poza-de-el-pauji.html' title='La Poza de “El Paují”.'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/S74qOSnFYSI/AAAAAAAADfY/QtVA2WMA0bg/s72-c/211.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-4027224139402262900</id><published>2010-04-07T18:23:00.000-07:00</published><updated>2010-04-07T18:33:02.130-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-4027224139402262900?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/4027224139402262900/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=4027224139402262900&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/4027224139402262900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/4027224139402262900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2010/04/blog-post.html' title=''/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8961941219878669004</id><published>2009-05-12T17:03:00.000-07:00</published><updated>2009-05-12T18:08:10.079-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hladys Urbina. AProa. Animales. Protección a la fauna'/><title type='text'>SERE LA GATA BAJO LA LLUVIA...</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoYCWbCYcI/AAAAAAAADEg/OuBqyVerVCM/s1600-h/mail.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335103137231561154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 271px; CURSOR: hand; HEIGHT: 190px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoYCWbCYcI/AAAAAAAADEg/OuBqyVerVCM/s200/mail.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Si hay algún animal con el que nos identificamos las niñas, las adolescentes y las&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mujeres en general, son los gatos. Nos gusta que nos traten con delicadeza, que nos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;hablen con suavidad. Y si no sentimos protección ni afecto, sencillamente..nos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;vamos a otro lado donde lo podamos encontrar. Pero este no es el caso de GLAKE la&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;gatita que soñaba con ser modelo...¡o actriz!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Una historia de pasarela&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335095884651254994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 238px; CURSOR: hand; HEIGHT: 178px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoRcMdJVNI/AAAAAAAADDw/2QvfBl6ixTc/s200/hlake.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Glake era hermosa, de habado pelaje a franjas. Parecía una tigresita. Todos los gatos&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;la piropeaban cuando andaba por los tejados. Pero ella no quería casarse, desde muy &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;pequeñita soñaba con ser modelo de comida para gatos, de tiendas de mascotas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Modelo o actriz. Ese era su sueño. Y como tal dormía horas enteras soñándolo.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335096126722355746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 244px; CURSOR: hand; HEIGHT: 181px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoRqSPZMiI/AAAAAAAADEA/swGY4n4fwgQ/s200/mailduerme.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Un día, sin permiso de su dueña la poeta Gladys, que la quería mucho y jasta le había&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;compuesto canciones, resolvió irse sola a Hollywood, y probar suerte como modelo, &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;como extra o como actriz...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se encontró con que había llegado el invierno, y con ese frío tuvo que comprarse una &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;bufanda. Bueno, eso le daba un aire a lo Greta Garbo..&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335096466295163474" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 165px; CURSOR: hand; HEIGHT: 199px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoR-DP3ClI/AAAAAAAADEY/132RqOUBXOU/s200/mailglake+posa.jpg" border="0" /&gt;Despues de muchos castings, y horas de maquillaje, logró un papelito en una película,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;un remake de "la gata sobre el tejado caliente", reemplazando a Liz Taylor que estaba&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;muy viejita.&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335096029225815634" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 156px; CURSOR: hand; HEIGHT: 190px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoRknCaDlI/AAAAAAAADD4/57Ff2ASKt_c/s200/mailcon+bufanda.jpg" border="0" /&gt;Y cuando fue a cobrar, nada. Nada de dólares. Potque era acriz novata solo Le &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;pagaron en sardinas. Que ofensa,,,&lt;/span&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335096265826075650" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoRyYcThAI/AAAAAAAADEI/wsSR6zKw2M0/s200/mailduerme.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt; &lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Decepcionada del ,mundo de la actuación,&lt;/span&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335096369888395794" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoR4cGsghI/AAAAAAAADEQ/FfEJGOdNdlk/s200/mail.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;decidió volver al regazo de Gladys y dijo como Dorothy en el mago de OZ "No hay &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;lugar como el hogar"&lt;/span&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335095768323637714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 242px; CURSOR: hand; HEIGHT: 172px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoRVbGewdI/AAAAAAAADDo/JWLf5fDsa10/s200/casa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-8961941219878669004?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/8961941219878669004/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=8961941219878669004&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8961941219878669004'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8961941219878669004'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2009/05/sere-la-gata-bajo-la-lluvia.html' title='SERE LA GATA BAJO LA LLUVIA...'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SgoYCWbCYcI/AAAAAAAADEg/OuBqyVerVCM/s72-c/mail.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-219222949729054707</id><published>2009-03-09T13:21:00.000-07:00</published><updated>2009-03-09T18:41:17.186-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oralidad latinoamericana. Antonio Trujillo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Criaturas fantásticas. Literatura infantil'/><title type='text'>CATALOGO FANTASTICO</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SbW-D52dkiI/AAAAAAAAC6E/gRpDOFe2xCw/s1600-h/pajaro.jpeg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 267px; height: 278px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SbW-D52dkiI/AAAAAAAAC6E/gRpDOFe2xCw/s200/pajaro.jpeg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5311360309831504418" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;FURUFUJUÉ&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Esta historia ocurriò en el aire"&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; Antonio Trujillo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En los altos páramos de la Cordillera Andina, al sur de nuestro continente, se halla el altiplano boliviano, lo que antes se llamaba el Alto Perú. En esas alturas  hay interminables &lt;span style="font-style: italic;"&gt;punas&lt;/span&gt;, llanuras casi desiertas donde solo el &lt;em&gt;waira&lt;/em&gt;, el helado viento de las llamas y vicuñas, conversa con la mínima hierba gris.&lt;br /&gt;En estas desoladas altiplanicies dicen que habita Furufujué, el ave fiera e inasible con rostro de mujer, que tiene por morada el cielo. Sus plumas  estàn hechas de viento lluvioso, su cola de largas nubes. Vuela por sobre los viajeros que recorren esos caminos antiguos y con sus alas translúcidas golpea amenazante sus cuerpos, tratando de ahuyentarlos.&lt;br /&gt;Furufujuè ama la soledad, protege con amor a los còndores, Antes  solìa tener amigos  humanos, los divertìa con historias de estrellas fugaces, les cantaba las canciones del aire y la lluvia. Pero   intentaron darle caza, Primero con una jaula de plata y luego con una red. Ahora detesta la compañía de la gente. Por eso no se le puede ver sino cuando se coloca contra el sol, entonces aparece en toda su extraña majestad alada y humana.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Una vez un hombre que venía del Norte se internó por aquellas soledades, en compañía de su amigo, un &lt;em&gt;colla&lt;/em&gt; o indígena de la región, que le servía de guía. El ambicioso aventurero se proponía buscar el oro de los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;aimara&lt;/span&gt;, sin saber que era una empresa inútil, se sabe que el bello metal huye del hombre blanco, buscando siempre el centro de la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Al rebasar un picacho salió a su encuentro  Furufujué. Sólo sintieron una ràfaga imponente, un viento punzante y extraño, Desde el aire, alas invisibles los acosaban llevándolos hasta un inmenso precipicio.&lt;br /&gt;Al colocarse contra el sol, por escasos segundos, el hombre pudo ver al ave y cayò en el amor màs desgarrador que  se haya visto. Tratò de atraer al leve ser aèreo con las màs bellas canciones, le ofreciò lucientes monedas y despuès devoción  eterna.&lt;br /&gt;Pero Furufujué leyò en su corazón y pudo ver la ambición que lo llevaba por aquellas tierras altas. Desde allì lo despeñó de un aletazo, lanzándolo al vacìo .&lt;br /&gt;Sólo quedaron el guìa y las dos llamas que llevaban. Permanecieron allí impávidos, los tres, contemplando  por largas horas el abismo con  ojos indolentes, antes de buscar su guarida en las montañas.&lt;br /&gt;A sus espaldas el viento contaba la historia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-219222949729054707?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/219222949729054707/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=219222949729054707&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/219222949729054707'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/219222949729054707'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2009/03/catalogo-fantastico.html' title='CATALOGO FANTASTICO'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SbW-D52dkiI/AAAAAAAAC6E/gRpDOFe2xCw/s72-c/pajaro.jpeg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-1484190536962082402</id><published>2009-03-07T06:20:00.000-08:00</published><updated>2009-03-07T06:22:43.133-08:00</updated><title type='text'>DOS ALEGRES AMIGOS</title><content type='html'>&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-1484190536962082402?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/1484190536962082402/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=1484190536962082402&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/1484190536962082402'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/1484190536962082402'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2009/03/catalogo-de-seres-magicos.html' title='DOS ALEGRES AMIGOS'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8283725248547747111</id><published>2009-02-02T17:11:00.000-08:00</published><updated>2009-02-02T18:21:27.895-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tío Tigre y Tío Conejo. Antonio Arráiz. Rafael Rivero Oramas. Literatura inantil venezolana.'/><title type='text'>EL PATILLAR DE TIO TIGRE</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SYenjkC0mdI/AAAAAAAAC28/G4Ke2Q0EMiE/s1600-h/tio+conejo.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5298387716037450194" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 201px; CURSOR: hand; HEIGHT: 283px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SYenjkC0mdI/AAAAAAAAC28/G4Ke2Q0EMiE/s200/tio+conejo.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Un día, Tío Conejo vio que Tío Tigre arrojaba semillas de patilla por un campo grande.&lt;br /&gt;-¡Qué tigre tan tonto! -pensó.&lt;br /&gt;Pero en menos de tres meses Tío Tigre tenía todo un patillar. Las patillas eran verdes, brillantes ¡enormes! Seguramente estarían jugosas y dulces por denro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El Conejo se acercó relamiéndose, mientras el Tigre regaba su siembra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Esteee...¡Buenos días, don Tío Tigre! ¿Me regalaría una patillita de las suyas?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-No he soñado.- fue la cortante respuesta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Pero ¿tal vez un pedacito, una tajadita?-insistió.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-No he pensado.-contestó el felino.- Es más, voy a cercar mi patillar, porque todas mis patillas las voy a vender. Habráse visto conejo más pedigüeño.. No he soñado compartir nada contigo ¡Fuera de aquí!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-¡Qué pichirre!-rezongó el Conejo y se fue con las ganas de se una patilla dulcita.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5298387968228259346" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 241px; CURSOR: hand; HEIGHT: 206px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SYenyPhy9hI/AAAAAAAAC3E/07hTLgzl9Oo/s200/cunaguaro.bmp" border="0" /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Al otro día cuando Tío Conejo pasó por allí , vio una gran cerca de alambre de púas rodeando el patillar y un letrero que decía:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;PATILLAR DE TIO TIGRE.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;PROHIBIDO EL PASO.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;SOBRE TODO A TIO CONEJO&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Eso no es problema-se rió el travieso roedor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y cavando, cavando, que en eso son excelentes los conejos, hizo un túnel y fue a parar al centro del hermoso patillar. Sintió que una de las patillas más grande que las demás, le picaba el ojo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-¡Esta es!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Se frotó las manos, castañeteó sus enormes incisivos y...dientes. qué digo, manos a la obra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5298387553592934178" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SYenaG5B_yI/AAAAAAAAC20/oD3YRolvJVA/s200/patilla.bmp" border="0" /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Tío Conejo abrió un rectangulo como una puertecita en la patilla. Al lado quedó u cuadrado de concha verde y lustrosa. Por la puertecita en la patilla empezó a comer la pulpa rosada y jugosa, dulcísima, y disparaba las semillas, tras, tras, tras. De pronto hasta estuvo dentro, come que te come, se comió la patilla enterita, y estaba tan fresco allí dentro que se quedó dormidito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En eso apareció Tío Tigre. Venía a inspeccionar sus patillas, para ver cuáles estaban ya para vender. Se fijó en una patilla con una puerta, y vio al conejo dormido adentro. .¡Qué animal tan ladrón y descarado!-se dijo-Me las pagará.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Muerto de la risa, Tío Tigre colocó el rectángulo de cáscara de patilla a manera de tapón y el conejito quedó atrapado. Ni cuenta se hubiese dado, porque estaba tan dormido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Sin embargo lo despertó la risa de Tío Tigre que decía:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Allí lo voy a dejar. Esta noche montaré la patilla en la carretilla y lo botaré al basurero municipal. ¡Ja, Ja, Ja!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Tío Conejó se inquietó. En verdad era difícil salir de allí, el tapón estaba bien puesto. Empujó y empujó con sus patas traseras y nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Hasta que se le ocurrió una idea: Rodar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Hizo fuerza y corrió como un hamster, hasta que la patilla empezó a rodar. Rodó y rodó hasta que golpeó la cerca y al fin la puertecilla se abrió. El Conejo salió, aliviado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Anes de irse, vio un avispero bien grande en una mata de jobo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-¡Tía Avispa, Tía Avispa, venga ya!-llamó&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-¿Qué fue, mijito? -salió la señora Avispa afanada, secándose las manos con el delantal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-No , pues, nada. Nada más que le conseguí un avispero nuevo, mire, tan grande como una casa. ¿Qué tal?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y le mostró la patilla con el hueco abierto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La tía Avispa se quedó admirada. Qué gentil era el Conejo. La familia toda salió, todas las hijas, nietas y sobrinas entraron entusiasmadas a su nuevo hogar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Y cuánto es el alquiler de este apartamento? -dijo Tía Avispa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Nada, es completamente gratis.-respondió Tío Conejo colocando con fuerza el tapón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Las avispas se quedaron allí, bravísimas. Aquel lugar no tenía ventilación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Empezaron a aparecer en el cielo las estrellitas más atrevidas y traviesas, que son las que primero se asoman, antes que nadie. Tío Conejo se escondió a ver qué pasaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Enseguida vino Tío Tigre, con su carretilla, cantando un golpe tuyero:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;¡Adiós Conejo del alma, oye del alma, cuando te volveré a ver!&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Agarró la patilla y la cargó pero cuando la montó en la carretilla se le resbaló, y el golpe quitó el tapón. Entonces salió todo aquel ejército de avispas furiosas, persiguiendo a Tío Tigre que tuvo que lanzarse al río, a él que no le gustaba para nada bañarse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El Conejo escondido se reía de lo lindo. Después le dio un poco de lástima con Tío Tigre. Pero ¿quién lo mandaba a ser tan tacaño?&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5298386449344461602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 111px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SYemZ1PreyI/AAAAAAAAC2s/xTuUkNmPimo/s200/cone.bmp" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;ANTONIO ARRÄIZ y RAFAEL RIVERO ORAMAS son los dos escritoes que sacaron de los campos y montarascales de Venezuela a Tío Tigre y Tío Conejo y los llevaron a los libros, para que los niños lo conocieran. A ellos rendimos homenaje con esta versión de "El Patillar de Tío Tigre".&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-8283725248547747111?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/8283725248547747111/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=8283725248547747111&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8283725248547747111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8283725248547747111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2009/02/el-patillar-de-tio-tigre.html' title='EL PATILLAR DE TIO TIGRE'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SYenjkC0mdI/AAAAAAAAC28/G4Ke2Q0EMiE/s72-c/tio+conejo.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-6940059908966862042</id><published>2008-12-05T09:49:00.000-08:00</published><updated>2008-12-05T10:23:20.180-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Navidad. Los Reyes Magos. Ruben Darío. Literatura latinoamericana'/><title type='text'>LOS TRES REYES MAGOS</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En otros países, los niños esperan juguetes de los Reyes Magos. Para nuestros lectores pequeños un saludo de Navidad con este poema a los Reyes Magos del autor de "Azul", el gran poeta nicaraguense Rubén Darío.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/STltLsly7WI/AAAAAAAACvE/la2W_hucnz8/s1600-h/NavidadTresReyes-.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5276368486156922210" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 162px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/STltLsly7WI/AAAAAAAACvE/la2W_hucnz8/s200/NavidadTresReyes-.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;LOS TRES REYES MAGOS&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;(Rubén Darío, poeta de Nicaragua&lt;/em&gt;)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;––Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.&lt;br /&gt;Vengo a decir: La vida es pura y bella.&lt;br /&gt;Existe Dios. El amor es inmenso.&lt;br /&gt;¡Todo lo sé por la divina Estrella!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5276368786613600018" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 100px; CURSOR: hand; HEIGHT: 139px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/STltdL4P_xI/AAAAAAAACvM/ExGMQ_GDhS0/s200/reyes+melchor.jpg" border="0" /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;––Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.&lt;br /&gt;Existe Dios. El es la luz del día.&lt;br /&gt;¡La blanca flor tiene sus pies en lodo&lt;br /&gt;y en el placer hay la melancolía!&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5276369899300785954" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 108px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/STlud89jDyI/AAAAAAAACvc/1CBujZF7wVI/s200/baltasar.jpg" border="0" /&gt;–&lt;span style="font-size:130%;"&gt;–Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro&lt;br /&gt;que existe Dios. El es el grande y fuerte.&lt;br /&gt;Todo lo sé por el lucero puro&lt;br /&gt;que brilla en la diadema de la Muerte.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5276369004180725106" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 125px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/STltp2YS3XI/AAAAAAAACvU/0061X6OuX6Q/s200/reyes_magos_gaspar.png" border="0" /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;––Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.&lt;br /&gt;Triunfa el amor, ya su fiesta os convida.&lt;br /&gt;¡Cristo resurge, hace la luz del caos&lt;br /&gt;y tiene la corona de la Vida!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-6940059908966862042?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/6940059908966862042/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=6940059908966862042&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/6940059908966862042'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/6940059908966862042'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/12/los-tres-reyes-magos.html' title='LOS TRES REYES MAGOS'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/STltLsly7WI/AAAAAAAACvE/la2W_hucnz8/s72-c/NavidadTresReyes-.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8474378641120764863</id><published>2008-08-01T06:33:00.000-07:00</published><updated>2008-08-02T16:52:37.776-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Talleres para niños. Talleres de Literatura. Unefa. Literatura Infantil. Direcciòn de Cultura.'/><title type='text'>II TALLER DE LITERATURA INFANTIL "UNEFA"</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;DIRECCIÓN DE CULTURA DE LA UNEFA&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#3333ff;"&gt;&lt;strong&gt;Iniciando a los niños en el arte literario&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRWz4YrFGI/AAAAAAAABu4/oYz6quLk_lU/s1600-h/nino%2520escribiendo.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229900516593177698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRWz4YrFGI/AAAAAAAABu4/oYz6quLk_lU/s320/nino%2520escribiendo.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Culminó con éxito el II Taller de Literatura Infantil de la Unefa, auspiciado por la Direcciòn de Cultura de esta Universidad.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Un saludo y muchas felicitaciones a los niños, miñas y jóvenes que culminaron con éxito nuestro II Taller de Literatura Infantil de la Dirección de Cultura de la Unefa. Todos son talentosos, plenos de fantasía y creatividad, nos asombraron con el brillo imaginativo de sus jóvenes mentes, con su alegre presencia llenaron un espacio importante en nuestro hacer cultural y dieron sus primeros pasos en el arte narrtivo y poético.&lt;br /&gt;En el Taller compartieron afinidades, crearon cuentos y poemas y encontraron esa vena de escritores que todos llevamos dentro. Ellos son:&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Mariana Coromoto Valderrama.&lt;br /&gt;Eduardo Andrés Valderrama&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Jhonn Arturo Arguinzones.&lt;br /&gt;Jhois Ayrtón Arguinzones&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;Roberth Ernesto Angel&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#cc33cc;"&gt;Grecia Villanueva&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;Leudys Rodríguez&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Britani Angelivette Ibarra&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Miguelangel Adrián Torrealba Díaz&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#993300;"&gt;Angel Emilio González&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#33cc00;"&gt;Ana María Rodríguez Coronil&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;María Fernanda Torrealba,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff6600;"&gt;Anderson Zambrano.&lt;br /&gt;Karen Zambrano&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;Ninoska Salazar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Dubravska Gonzalez&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Audrey Gonzalez&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Ramón Roa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#cc33cc;"&gt;Maria Laura Curcho&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Yaicely Salazar&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;Leudys Rodríguez.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;¿Cómo olvidar la gracia juvenil de Ana María y María Fernanda, la dulzura de Karen y Yaicely, la gran inteligencia de Miguel Angel, las travesuras patinadoras de Angel y Audrey, la chispa inteligente de María Laura, la tómida simpatía de Mariana, de Dubravska y de los aplicados hermanos Arguinzones?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Imposible no recordar la seriedad de Roberth y de Eduardo, y el ingenio de Ramón, que escondido tras su cachucha deportiva escribía excelentes cuentos. Recordamos con afecto la sonrisa angelical de Britany, narradora y poeta, de Grecia, y el talento asombroso de Anderson. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Queremos agradecer el apoyo brindado cada día a nuestros niños, con los refrigerios, la asistencia de protocolo y la excelente promoción del equipo de la Dirección de Cultura.&lt;br /&gt;A continuación, algunas de las más bellas producciones literarias de estos inteligentes niños, niñas y jóvenes, que nos acompañaron en la aventura de acercarnos a la literatura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;EL UNICORNIO Y LA SIRENA&lt;/strong&gt;&lt;em&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230071697605683394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJTyf7WcaMI/AAAAAAAABwI/EPJDzldeipg/s320/sirena+y+unic.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Miguelangel Torrealba&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una vez un unicornio llamado Félix, sus padres eran los reyes de un gran bosque de unicornios. El pequeño príncipe Felix vivía feliz porque tenía todo lo que quería. Un día, cuando Felix estaba jugando, sus padres le dijeron que tenían que dejar el reino y evacuar la ciudad.&lt;br /&gt;¿Por qué?- dijo Felix.&lt;br /&gt;La mamá le respondió que era porque los humanos los estaban buscando para atraparlos o matarlos y por eso todos se tenían que ir.&lt;br /&gt;-¡Yo no me quiero ir!- dijo Felix. Yo me quiero quedar.&lt;br /&gt;-Si te quedas te van a matar, pequeño.&lt;br /&gt;-Entonces déjame buscar mis juguetes.&lt;br /&gt;-No, Félix, el tiempo se agota, vamos, en el camino te sigo, explicando.&lt;br /&gt;-Corre, Félix, corre, apresúrate, te van a atrapar si no corres. Ya tu papá se adelantó con todos los demás unicornios. Tenemos que alcanzarlos.&lt;br /&gt;-Mamá no puedo más, deja que me atrapen.&lt;br /&gt;-No, tienes que seguir, ya vamos a llegar a nuestro escondite, allí podrás descansar, pero apúrate, estamos cerca.&lt;br /&gt;Al fin llegaron a una cueva llenade flores y ramas en el corazón del bosque.&lt;br /&gt;-Pequeño Felix, aquí podrás descansar pero sólo una hora. Porque cuando los soldados humanos escuchen el ruido que hacen nuestras patas al correr se darán cuenta y buscarán hasta debajo de las piedras y si nos encuentran aquí nos llevarán ante el rey humano y todos moriremos enjaulados.Así que descansa, nadie te va a molestar, duerme, pequeño Félix.&lt;br /&gt;Atardecía cuando la reina madre despertó a su hijo:&lt;br /&gt;-Levántate Félix, ya pasó la hora y todos los unicornios están afuera esperándonos.&lt;br /&gt;Cuando salieron todos los unicornios se habían ido, sólo quedaba uno, tan joven como Félix, y cuando ese unicornio vio a la reina salir de esa cueva quedó impresionado pensó que todos se habían ido pero la reina y el príncipe estaban allí. La reina le preguntó&lt;br /&gt;-¿Porque aún estás aquí?.&lt;br /&gt;-Bueno, majestad, me dijeron que me quedara para recoger algunas frutas para comer y que me esperaban en lo alto de la montaña.&lt;br /&gt;-Podemos ir con él, ¿verdad mamá?&lt;br /&gt;-No hijo, es peligroso.&lt;br /&gt;-Mamá , desde que salimos del reino sólo hemos sufrido y ahora si no nos vamos con él perderemos a nuestra familia y amigos.&lt;br /&gt;-No hijo si vamos con él corremos el riesgo de perder nuestras vidas. Bien. Tú te quedarás aquí con él y yo llevaré la comida a los demás unicornios, a lo alto de la montaña.&lt;br /&gt;-Pero entonces tú corres peligro mamá. Mejor vamos todos juntos a esa montaña.&lt;br /&gt;-Bien. Pero…Eso sí, tenemos que ir muy rápido.&lt;br /&gt;-Está bien mamá, correré lo más rápido posible.&lt;br /&gt;Los cascos de Félix eran aún pequeños, por más que corría no avanzaba muy rápido.&lt;br /&gt;-Estamos llegando, mamá.&lt;br /&gt;-Sí hijo, estamos llegando.&lt;br /&gt;La mamá había escuchado unos pasos y le dijo a Félix que se escondiera con el otro unicornio. Cuando los pequeños se escondieron vino un humano y mató a la reina. En ese momento Félix quería salir pero el otro unicornio no lo dejó le dijo que si salía lo iban a matar.&lt;br /&gt;Félix empezó a llorar y su nuevo amigo le dijo que tenía que calmarse. Cuando llegaron a lo alto de la montaña no había ni un solo unicornio.&lt;br /&gt;Se pusieron muy tristes.&lt;br /&gt;El otro unicornio le dijo al príncipe Félix que corriera lo más fuerte que pudiese y se escondiera en el bosque. El pequeño unicornio se escondió por muchos años.&lt;br /&gt;Al tiempo, Félix fue creciendo, creciendo, hasta ser un gran unicornio, como su padre el rey. Un día cuando fue al río a tomar un poco de agua se encontró a una sirena muy hermosa, cuando la vio se enamoró de ella. El único problema era que el unicornio no hablaba el idioma de las sirenas.&lt;br /&gt;Recordó que todos los unicornios tienen un hada madrina. Pasó una semana tratando de recordar cómo llamarla, y al fin lo logró.&lt;br /&gt;-¿Qué deseo pides, hijo.?&lt;br /&gt;-Quiero hablar con la sirena.&lt;br /&gt;El deseo fue concedido y el unicornio y la sirena se hicieron amigos, jugaban en el río y se contaron sus vidas. Un día Félix le dijo a la sirena que si quería ser su esposa.&lt;br /&gt;-Pero estás loco, tú eres un unicornio.&lt;br /&gt;En el fondo la sirena estaba muy feliz pero ¿cómo se iba a casar con un unicornio?.&lt;br /&gt;Félix estaba muy triste. Llamó al hada para pedirle otro deseo.&lt;br /&gt;Fue al bosque y el hada apareció de inmediato, diciéndole que le concedería el deseo.&lt;br /&gt;-Madrina, el problema es que ella es una sirena.&lt;br /&gt;-No puedo salir del agua-dijo ella.&lt;br /&gt;-No importa. ¿Para qué son las varitas mágicas.? Vamos, manos a la obra. Y en un abrir y cerrar de ojos la sirena se convirtió en una bella unicornia. Félix estaba muy feliz. Se reinició con ellos el linaje real de los unicornios del bosque. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;LOS SUEÑOS PLANTADOS&lt;/strong&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229898471864181778" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 157px; CURSOR: hand; HEIGHT: 154px; TEXT-ALIGN: center" height="240" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRU83LSpBI/AAAAAAAABuQ/DhxlT3ZXl-k/s320/azulrosa.jpg" width="220" border="0" /&gt; &lt;em&gt;&lt;strong&gt;María Laura Curcho&lt;/strong&gt;.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Ayer corté una flor y vi hacia el cielo.&lt;br /&gt;Pensé que era Dios quien esa rosa me dio&lt;br /&gt;No me di cuenta de que una estrella me sonrió&lt;br /&gt;Y apenas la vi cantó una canción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al escuchar cantar al océano,&lt;br /&gt;Su voz quise imitar&lt;br /&gt;Mas no puedo mitar una voz tan celestial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después fui corriendo en mi corcel,&lt;br /&gt;Para poder ver el milagro de&lt;br /&gt;Ver otra flor crecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los Fantasmas de las Batallas&lt;/strong&gt;. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230065253414426018" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJTso03hVaI/AAAAAAAABvo/93ezD2iZReY/s320/hada%2520agua.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Grecia Villanueva&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Un día que llegamos de vacaciones a la finca de mi tío nos fuimos a un río y cuando llegamos sonaban los trotes de muchos caballos y soldados. Entonces nos fuimos de ese lugar, nos bañamos en otro lugar.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a la finca todo estaba muy oscuro y a los lados parecía que pasaban caballos y esclavos fantasmas y de golpe llegó la luz.&lt;br /&gt;Entramos a la casa y se escucharon pasos y ruidos extraños y cuando fuimos a los corrales había cadenas oxidadas con sangre y vimos en los árboles soldados sin cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LAS HADAS LUMINOSAS&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230068142716722002" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJTvRAW3m1I/AAAAAAAABwA/MpTDo_zg624/s320/HadasNoche.jpg" border="0" /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;María Laura Curcho&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Un día la reina de las hadas vio que el día estaba nublado, las nubes tapaban el sol y su precioso bosque estaba muy oscuro.&lt;br /&gt;Se puso a llorar, en ese momento su Pegaso la acercó y la abrigó con sus alas ( en una especie de abrazo)&lt;br /&gt;Luego la reina tuvo una idea, así que se subió al Pegaso y se recorrió todo el mundo en busca de hadas que hicieron algo para que su bosque estuviera iluminado.&lt;br /&gt;Después de muchos días de volar encontró a cinco hadas-luciérnagas.&lt;br /&gt;La reina las llamó hadas luminosas, luego las llevó a su bosque y lo iluminaron todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA VIDA &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230064588150860898" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 140px; CURSOR: hand; HEIGHT: 222px; TEXT-ALIGN: center" height="320" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJTsCGkU7GI/AAAAAAAABvg/1BcmV2LoCbs/s320/domi2.jpg" width="140" border="0" /&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Leudys Rodríguez&lt;/em&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La vida es el sol&lt;br /&gt;La vida es la luna&lt;br /&gt;Y si todos cantáramos&lt;br /&gt;Todos los días muy alegres&lt;br /&gt;La vida sería&lt;br /&gt;Más segura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;LA ESTRELLITA. &lt;/strong&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Karen Zambrano &lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229899687449482898" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRWDnlaVpI/AAAAAAAABuo/u_qLOZsYPio/s320/estrella.gif" border="0" /&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/em&gt;Había una vez una estrellita que era muy chiquitica y ella cuando veía a las demás estrellas decía triste: ¿por qué Dios me hizo tan chiquitica?&lt;br /&gt;Y entonces un día le pidió a Dios. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¡Señor hazme más grande y yo seré feliz.! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Desde entonces fue la estrella más grande y más feliz del cielo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Los hermanos Tigres....&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230066938208922866" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJTuK5N1LPI/AAAAAAAABv4/W3jGyqZVv-E/s320/tigre.jpg" border="0" /&gt;&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Jhois Arguinzones.&lt;/strong&gt; &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Había una vez una familia de tigres que vivían en el bosque, ellos en total eran cuatro, los padres, y además los dos hujos Tigre y Tigrito. Un día unos cazadores mataron a sus padres, ellos lograron escapar pero tenían que seguir solos.&lt;br /&gt;Un día tenían mucha hambre y vieron un filete, cuando fueron a comer los atrapó una red, eran cazadores- Los tigres trataron de escapar pero no podían, pasaron días y los separaron. Tigre fue a las peleas de Tigre y Tigrito al circo.&lt;br /&gt;Pasaron diez años . &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Había un concurso de peleas de tigres Tigre iba a participar, y también el dueño del circo.&lt;br /&gt;Ya estaba todo listo para las batallas, la primera sería entre Tigre y Tigrito. Al salir a la luz la gente aplaudía, pero ellos dos se vieron a los ojos y al reconocerse, se alegraron mucho. Con toda su fuerza rompieron la jaula de los tigres. La gente corría, ellos escaparon y vivieron felices juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;EL BARCO HECHIZADO&lt;/strong&gt; ....&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Roberth Angel.&lt;/strong&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229898715917440802" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRVLEWH1yI/AAAAAAAABuY/RkSmMXt3msc/s320/barco.gif" border="0" /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Una vez en el mar había un capitán demasiado malo que robaba barcos a los demás capitanes. Un día en el mar ocurrió una tormenta y el barco de los piratas se hundió. El murió, pero su espiritu muy bravo, decidió vengarse de la naturaleza, y ocurrió que donde él antes navegaba pasaban muchos barcos y todos iban desapareciendo en una neblina oscura . Realmente parecía que los barcos se quedaban en una isla perdida llena de fantasmas, y también estaban allí las almas de los piratas. Un día el espíritu del pirata decidió robar otra vez, pero un padre de la isla de Margarita fue hasta la isla donde se veía a veces el fantasma del pirata, lo bendijo y entonces aquel capitán malvado descansó en paz y regresaron todos los barcos que habían desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229905733759561650" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRbjj2Eb7I/AAAAAAAABvQ/PWyq7-Xd05U/s320/angelitos6na.gif" border="0" /&gt;El Angel que pintaba estrellas...&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Britany Ibarra &lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Erase una vez un angelito que se llamaba Gabriel a él le gustaba pintar estrellas porque él quería que los niños creyeran en él, qué mejor manera que pintando estrellas., cada una de un color radiante y distinto.Un día Dios le encargó una misión: que pintara a estrella más brillante, grande y más bonita que se pudiera ver en todo el universo y sobre todo que le gustara a los niños&lt;br /&gt;El ángel Gabriel empezó con su misión hizo una estrella grande, bonita, pero sin luz. El Señor le dijo.&lt;br /&gt;-Gabriel, te mandé que hicieras un estrella grande, bonita y brillante, esta estrella es bonita, grande, pero no tiene nada brillante, así que vuelve a intentarlo.&lt;br /&gt;Gabriel se puso triste... con el corazón en mil pedazos agarró sus pinceles y sus pinturas y comenzó a pintar estrellas de todos los tamaños y en su mente pero algo me falta en esta estrella.&lt;br /&gt;En ese momento pasó una luz tan brillante como la escarcha, la luz le dijo, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Gabriel, úsame para que hagas la estrella perfecta.&lt;br /&gt;El inmediatamente hizo lo que la luz le ordenó, pintó la estrella más grande, más hermosa y que alumbrara todo el cielo.&lt;br /&gt;-He aquí tu estrella, Señor.&lt;br /&gt;Dios se sorprenió y le dijo con una gran sonrisa &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Angelito, ahora sí pusiste empeño y corazón, te felicito, &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y el ángel al escuchar esto se alegró mucho y Dios le dijo.&lt;br /&gt;-Ahora todos los niños podrán ver mejor mi creación y creerán más en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La niña de la luna &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5230065559610369586" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 225px; CURSOR: hand; HEIGHT: 199px; TEXT-ALIGN: center" height="308" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJTs6piUpjI/AAAAAAAABvw/PFL2I9J0dv0/s320/luna+naranja.JPG" width="225" border="0" /&gt; &lt;em&gt;Ana María Rodríguez Coronil&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Había una vez una luna que se sentía ignorada y solitaria, porque sus amigos no podían estar con ella.&lt;br /&gt;Un ángel le apareció y le dijo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Tienes un deseo, luna,&lt;br /&gt;Ella pidió que pudiera hablar con una persona. El angel se lo concedió. Le dijo. -Hablarás con una niña de nombre Estrella.&lt;br /&gt;La niña escuchó una voz. Era la luna. Estrella se asustó pero la luna le dijo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-No te asustes soy yo, la luna, que quiero conversar contigo.&lt;br /&gt;La niña creció y después de muchos años murió y su espíritu ahora permanece dentro de la luna. Y por eso se dice que en las noches, se ve en las manchas que tiene la luna el rostro de la niña, que todavía permanece allí, hablando con la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El Conejito mentiroso&lt;/strong&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229899194304390322" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 178px; CURSOR: hand; HEIGHT: 210px; TEXT-ALIGN: center" height="320" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRVm6edZLI/AAAAAAAABug/ouswDwbOv10/s320/conejo_comun.jpg" width="178" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Jhonn Arturo Arguinzones&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;Había una vez un conejo que era mentiroso y un día le dijo a su mamá que quería ir al campo y fue a una granja que había zanahorias y robaba 5 zanahorias y le dijo a su mamá que las encontró por ahí . Otro día el conejo se fue al bosque y se robò dos lechugas de un conuco, en eso dos amigos del conejo lo escucharon decir:&lt;br /&gt;-Le diré a mi mamá que le conseguí estas lechugas.&lt;br /&gt;Y los amigos se fueron a la casa del conejo y le contaron a su mamá.&lt;br /&gt;Cuando llegó su mamá lo regañó y le pidió al conejito que no volveria a robar más.&lt;br /&gt;Y no volvió a robar más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA TORTUGUITA QUE BUSCABA EL MAR&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Ramón Francisco Roa Camacho.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229901806835200082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRX--6V8FI/AAAAAAAABvI/g0NDpPsH7R4/s320/tortu2.jpg" border="0" /&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Un día una tortuguita acababa de nacer y buscaba el mar, pero se confundió y se adentró en el bosque, fue pasando el tiempo y la tortuguita fue creciendo, ella no sabía si tenía familia, se sentía muy sola.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Luego encontró una amiga, era una hermosa pajarita, ella acompañó a la tortuguita, en su búsqueda del mar, la tortuguita hablaba y hablaba con la pajarita, le decía a la pajaritaque no sabía si tenía familia, ella muy optimista le decía que seguramente la tenía. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Ellas seguían buscando el mar y después de tanto tiempo lo encontraron. Era hermoso, azul y tranquilo. La tortuguita se despidió de su amiga y se sumergió en el mar donde encontró a su familia y vivieron mucho tiempo felices y unidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA ROSA PRETENCIOSA&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229901129747642402" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRXXkkFuCI/AAAAAAAABvA/5N_5ICwMNSc/s320/rosa%2520roja~0.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Anderson Zambrano.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Erase una vez en un rosal una rosa llamada Rosángela. Ella era una especie rara, producto de un injerto. No tenía espinas y su color era blanco jaspeado de rojo. Era una rosa rara y bella, pero muy pretenciosa. Todos los días pasaba por la fuente y decía. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¡Qué bella soy.!&lt;br /&gt;Todo el tiempo presumía en las narices de las rosas y les decía.&lt;br /&gt;-Miren ustedes son todas unas descoloridas, son todas unas feas, y lo peor de todo es que tienen espinas, en cambio yo, soy de varios colores tengo ojos azules y no tengo espinas. Bueno me voy, porque debo ir a la peluquería. A arreglarme para verme más bella aún. Así que adiós, rosas, feas.&lt;br /&gt;Rosángela seguía criticando y presumiendo.&lt;br /&gt;Un día fue a la fuente como lo hacía cada día y cuando fue a ver su reflejo, un hombre la agarró justo por el tallo. Rosángela trató de escaparse, pero no pudo el hombre la apretaba demasiado fuerte, ella gritaba, ¡Auxilio, auxilio! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y nadie la ayudó en su tragedia, cuando la cortaron. Ya en un jarróncito con agua, pensaba triste:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Yo criticaba a las otras rosas, las despreciaba por su belleza común y sus espinas. Pero si hubiese tenido espinas lo habría pinchado, y si no hubiera sido tan linda no me habrían capturado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229898135202817074" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRUpRA95DI/AAAAAAAABuI/0Nfj-yjJLvc/s320/arbol1.jpg" border="0" /&gt;El árbol que hablaba. &lt;em&gt;Angel Cham Gonzalez&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Había una vez un árbol viejo que hablaba, pero tenía mucho miedo que una persona lo descubriera porque lo podrían serruchar. Entonces un niño lo escuchó hablar, y el árbol le pidió que no le contara a nadie, para que no lo fueran a cortar. El niño le dijo&lt;br /&gt;-No te preocupes, porque mi sueño era encontrarte. Y el árbol le dijo&lt;br /&gt;-¿Para qué me buscabas ?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El niño contestó.&lt;br /&gt;Porque yo sabía que existe un árbol que habla y el ábol dijo&lt;br /&gt;-¿Me guardas mi secreto?&lt;br /&gt;El niño respondió:&lt;br /&gt;-Claro, amigo. El niño guardó el secreto del árbol y fueron grandes amigos.&lt;br /&gt;Un día, otros amigos del niño lo vieron hablando con el árbol. El niño les dijo:.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-No tengan miedo, recuerden que ustedes también su sueño era encontrar este árbol. Y los niños también guardaron el secreto. Unos meses después el árbol se estaba secando y los niño le dieron más de 40 cubetazos de agua. El árbol les contó que en poco tiempo moriría, pero su espíritu volvería más joven, en sus retoños, y serían amigos por mucho tiempo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-8474378641120764863?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/8474378641120764863/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=8474378641120764863&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8474378641120764863'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8474378641120764863'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/08/ii-taller-de-literatura-infantil-unefa.html' title='II TALLER DE LITERATURA INFANTIL &quot;UNEFA&quot;'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SJRWz4YrFGI/AAAAAAAABu4/oYz6quLk_lU/s72-c/nino%2520escribiendo.gif' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-4008691937992411406</id><published>2008-06-04T21:07:00.000-07:00</published><updated>2008-06-04T21:20:20.054-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Aquiles Nazoa. Felipe García. Literatura venezolana. Artistas plásticos.'/><title type='text'>HISTORIA DE UN CABALLO QUE ERA BIEN BONITO</title><content type='html'>&lt;strong&gt;AQUILES NAZOA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ilustraciones: FELIPE GARCÍA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SEdm5cdLwGI/AAAAAAAABhI/Qof7f2GZLS0/s1600-h/caballo+felipe.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208244631154442338" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 419px; CURSOR: hand; HEIGHT: 316px; TEXT-ALIGN: center" height="272" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SEdm5cdLwGI/AAAAAAAABhI/Qof7f2GZLS0/s320/caballo+felipe.jpg" width="375" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines.&lt;br /&gt;Todos estábamos muy contentos con esa costumbre del caballo; y el caballo también porque como se alimentaba de jardines, cuando uno le miraba los ojos las cosas se veían de todos los colores en los ojos del caballo.&lt;br /&gt;Al caballo también le gustaba mirarlo a uno con sus ojos de colores, y lo mejor del asunto es que con los ojos de ese caballo que comía jardines se veían todas las cosas que el caballo veía, pero claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años. Yo a veces esperaba que el caballo estuviera viendo para donde estaba mi escuela. El entendía la cosa y miraba para allá, y entonces mi hermana Elba y yo nos íbamos para la escuela a través de los ojos del caballo.&lt;br /&gt;¡Qué caballo tan agradable!&lt;br /&gt;A nosotros cuando más nos gustaba verlo era aquellos domingos por la mañana que estaban tocando la retreta y ese caballo de colores llegaba por ahi vistiéndose de alfombra por todas partes que pasaba.&lt;br /&gt;Yo creo que ese caballo era muy cariñoso. Ese caballo tenía cara de que le hubiera gustado darle un paseíto a uno, pero quien se iba a montar en aquel pueblo en un caballo como ese, pues a la gente de ahí le daba pena; ahí nadie tenía ropa aparente.&lt;br /&gt;Como sería de bonito ese caballo que con ese caballo se alzó Miranda contra el gobierno porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos.&lt;br /&gt;Ese caballo si se veía bonito cuando estaban tocando ahí esa retreta y el Señor Presidente de la Sociedad de Jardineros lo traía para que se desayunara en la plaza pública.&lt;br /&gt;Que caballo tan considerado. Ese caballo podía estar muy hambriento, pero cuando los jardineros lo traían para que se comiera la plaza, el sabia que en el pueblo había mucha gente necesitada de todo lo que alli le servían, y no se comía sino a los músicos.&lt;br /&gt;Y los músicos encantados. Como el caballo estaba lleno de flores por dentro, ellos ahí se sentían inspirados y se la pasaban tocando música dentro del caballo. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208245060651171954" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SEdnScdLwHI/AAAAAAAABhQ/pLtLTOsXwgk/s320/DSC07599p.jpg" border="0" /&gt;Bueno, y como el caballo se alimentaba de jardines y tenía todos los colores de las flores que se comía, la gente que pasaba por ahí y lo veía esperando que los jardineros le echaran su comida decían: míreme ese caballo tan bonito que está ahí espantándose las mariposas con el rabo.&lt;br /&gt;Y el caballo sabía que decían todo eso, y se quedaba ahí quietecito sin moverse para que también dijeran que aquel caballo era demasiado bonito para vivir en un pueblo tan feo, y unos doctores que pasaron lo que dijeron es que lo que parecía ese caballo es que estaba pintado en el pueblo.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208245228154896514" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SEdncMdLwII/AAAAAAAABhY/oxfF8EEXhuk/s320/DSC08399.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;¡Así era de bonito ese caballo!&lt;br /&gt;Todo el mundo era muy cariñoso con ese caballo tan bonito, y más las señoras y señoritas del pueblo, que estaban muy contentas con aquel caballo que se alimentaba de jardines. ¿No ve que como consecuencia de aquella alimentación lo que el caballo echaba por el culito eran rosas?&lt;br /&gt;Así, cuando las damas querían adornar su casa o poner un matrimonio, no tenían más que salir al medio de la calle y recoger algunas de las magníficas rosas con que el caballo le devolvía sus jardines al pueblo.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208245597522083986" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SEdnxsdLwJI/AAAAAAAABhg/joJaFHCAhlQ/s320/flor.jpg" border="0" /&gt;Una vez en ese pueblo se declaró la guerra mundial, y viendo un general el hermoso caballo que comía jardines, se montó en él y se lo llevó para esa guerra mundial que había ahí, diciéndole: mira caballo, déjate de jardines y de maricadas de esas y ponte al servicio de tal y cual cosa, que yo voy a defender los principios y tal, y las instituciones y tal, y el legado de yo no se quien, y bueno, caballo, todas esas lavativas que tu sabes que uno defiende.&lt;br /&gt;Apenas llegaron ahí a la guerra mundial, otro general que defendía el patrimonio y otras cosas así, le tiró un tiro al general que estaba de este lado de la alcabala, y al que mató fue al caballo que se alimentaba de jardines, que cayo a tierra echando una gran cantidad de pájaros por la herida porque el general lo había herido en el corazón.&lt;br /&gt;La guerra por fin tuvo que terminarse porque si no hubiera quedado a quien venderle el campo de batalla.&lt;br /&gt;Después que terminó la guerra, en ese punto que cayó muerto el caballo que comía jardines, la tierra se cubrió de flores.&lt;br /&gt;Una vez venía de regreso para su pueblo uno que no tenía nombre y estaba muy solo y había ido a recorrer mundo buscando novia porque se sentía bastante triste, ¿no ve que le mataron hasta el perro con eso de la defensa de los principios y tal?, y no había encontrado novia alguna porque era muy pobre y no tenia ninguna gracia.&lt;br /&gt;Al ver ese reguero de flores que había ahí donde había muerto el caballo que comía jardines, el hombre cogió una de su gusto y se la puso en el pecho. Cuando llegó al pueblo encontró a su paso una muchacha que al verlo con su flor en el pecho, dijo para ella misma: que joven tan delicado que se pone en el pecho esa flor tan bonita. Hay cosas bonitas que son tristes también, como esa flor que se puso en el pecho ese joven que viene ahí. Ese debe ser una persona muy decente y a lo mejor es un poeta.&lt;br /&gt;Lo que ella estaba diciendo dentro de ella con ese asunto, el hombre no lo escuchó con el oído, sino como lo oyó fue con esa flor que tenía en el pecho.&lt;br /&gt;Eso no es gracia; cualquiera pude oír cosas por medio de una flor que se ha puesto en el pecho. La cuestión es que uno sea un hombre bueno y que reconozca que no hay mayores diferencias entre una flor colocada en el pecho de un hombre y la herida de que se muere inocentemente en el campo un pobre caballo.&lt;br /&gt;Qué iba a hacer, le regaló a aquella bonita muchacha la única cosa que había tenido en su vida, le regaló a la muchacha aquella flor que le servía a uno para oír cosas: ¿quién con un regalo tan bueno no enamora inmediatamente a una muchacha?&lt;br /&gt;El día que se casaron, como el papá de ella era un señor muy rico porque tenía una venta de raspado, le regaló como veinticinco tablas viejas, dos ruedas de carreta y una moneda de oro.&lt;br /&gt;Con las veinticinco tablas el hombre de la flor se fabricó una carreta y a la carreta le pintó un caballo, y con la moneda de oro compro una cesta de flores y se las dio de comer al caballo que pinto en la carreta, y ese fue el origen de un cuento que creo haber contado yo alguna vez y que empezaba: "Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines". &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-4008691937992411406?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/4008691937992411406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=4008691937992411406&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/4008691937992411406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/4008691937992411406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/06/historia-de-un-caballo-que-era-bien.html' title='HISTORIA DE UN CABALLO QUE ERA BIEN BONITO'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SEdm5cdLwGI/AAAAAAAABhI/Qof7f2GZLS0/s72-c/caballo+felipe.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-5489151164277900534</id><published>2008-04-24T07:14:00.000-07:00</published><updated>2008-04-24T08:14:40.174-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cesar Augusto Montenegro. Literatura Infantil. La Luna. El Mar.'/><title type='text'>TALLER DE INICIACION LITERARIA II</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt; &lt;strong&gt;EL ENIGMA DE LA LUZ DE LA LUNA&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCegZ8--aI/AAAAAAAABXA/SL9zMdvIONM/s1600-h/Luna.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192824649917856162" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCegZ8--aI/AAAAAAAABXA/SL9zMdvIONM/s320/Luna.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;En esta oportunidad vamos a trabajar un texto NARRATIVO, es decir que relata o narra sucesos. Esta vez analizaremos un cuento de un joven escritor venezolano, Cesar Augusto Montenegro. Veremos como al tener un buen personaje, en este caso el "intrépido navegante" que era un soñador y un aventurero, pero un poco despistado, casi tenemos toda la historia. Un personaje es una historia, eso hay que recordarlo.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;Cuando tengamos ese buen personaje y lo hayamos "construido", es decir saber su modo de ser, su conducta, más que todo, podemos inventar una aventura para él. ¡Y ese será el cuento!&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Recuerda, amigo, amiga, que debe haber mucha acción en esa aventura y el final será ¡el que tú quieras! ¿Te animas ya a escribir un cuento? ¡Bien! ¿Aún no? Leamos entonces esta maravillosa historia de Cesar Augusto Montenegro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;EL ENIGMA DE LA LUZ DE LA LUNA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;César Augusto Montenegro&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una vez un navegante, de esos que le gusta zarpar en busca de los misterios del mar, que quería descubrir el enigma de la luz de la luna en el medio del océano. Le habían dicho otros navegantes ya experimentados que si lograba descubrir ese misterio, el por qué la luna ama tanto reflejarse en el mar, como si fuese un espejo, la Diosa de la Luna se posaría en su timón en forma de gaviota y lo conduciría a una isla secreta donde podría vivir eternamente. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192824993515239858" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCe0Z8--bI/AAAAAAAABXI/lMcXfRt2yso/s320/mar%2520e%2520lua.jpg" border="0" /&gt;Un día, estando a solas en su habitación -que quedaba muy cerca del puerto- tomó la decisión de aventurarse a la búsqueda del enigma de la luz de la luna…¿por qué sería que la luna amaba tanto al mar? Así que sin hacer ni una maleta se fue hacia su embarcación y emprendió su viaje hacia el medio del océano. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192823833874069890" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCdw58--YI/AAAAAAAABWw/DFhYME5uJJ0/s320/hada.jpg" border="0" /&gt; Lo que él no sabia, es que ese día, inexplicablemente y oculta entre viejas cajas estaba descansando una gaviota muy hermosa, ¡tan brillante! Las estrellas se preguntaban por qué una gaviota con las alas plateadas como la luna había descendido a a la embarcación del intrépido viajero.&lt;br /&gt;Pasadas algunas horas en el océano, el navegante aventurero decidió tomar una siesta. Mientras esto sucedía,  el barco iba a donde quería, las corrientes lo llevaban cada vez más al norte. Las estrellas observaban como la gaviota se despertaba y al sacudir sus alas plateadas llenaba de escarcha todo el cuerpo del navegante.&lt;br /&gt;Las estrellas no contuvieron las ganas de comentar entre ellas lo que veían, y entre ese cuchicheo, solo se escuchó a las más chiquitica que casi gritaba:: ¡Esa es la Diosa de la Luna!!!!!!!!!!!&lt;br /&gt;Ante tanto alboroto en el cielo, el navegante se despertó y sorprendido exclamó: &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192825229738441154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCfCJ8--cI/AAAAAAAABXQ/tE-S58_F6Q0/s320/Bird-03-june.gif" border="0" /&gt; -¡Qué frío! ¿Y esta escarcha de dónde salió?, ¿Quién está aquí?... ¡Sal de donde estés, intruso!...&lt;br /&gt;Hizo tan, pero tan duro estas preguntas, que el mar se puso turbulento y por poco se hunde con su nave. Sin embargo, no pasó mucho tiempo cuando todo volvió a la calma, se quedó nuevamente dormido siguiendo así su travesía sin saber que la escarcha lo conduciría a donde el quisiera…y en especial al medio del océano, siempre al norte, para descubrir el enigma de la luz de la luna.&lt;br /&gt;A los pocos segundos la gaviota se acercó con mucho cuidado a donde él estaba …y aleteó tanto con sus alas que en forma de espiral la escarcha se fue retirando del cuerpo del navegante . Y subió rumbo al cielo.&lt;br /&gt;Las estrellas se quedaron mudas con tanto esplendor porque la escarcha a todas las vistió de gala. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192821875368982850" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCb-58--UI/AAAAAAAABWQ/ckFBbWm6qhU/s320/anitar+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;El navegante ni se percataba de lo que pasaba…Pero de repente, al despertarse, y creyendo que lo de la escarcha solo había sido un sueño, vio como una gaviota se posaba en el timón de su embarcación.&lt;br /&gt;- ¿Será qué esa gaviota es… la Diosa de la Luna? Se preguntó el navegante.&lt;br /&gt;Decidió salir de su camarote, y  cuando estaba pensándolo contempló como del cielo caía la escarcha, convertida en polvo de estrellas y la gaviota… se iba transformando en una bellísima mujer.&lt;br /&gt;¡Sus ojos no lo querían creer!&lt;br /&gt;- Hola navegante. ¿Sabes quién soy? No me respondas… ya tus ojos saben quien soy. ¡Si, navegante! Soy la Diosa de la Luna.- dijo la hermosa mujer. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192822704297670994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCcvJ8--VI/AAAAAAAABWY/iZWJ-yH03ow/s320/ELFOS.jpg" border="0" /&gt; El navegante casi hipnotizado ante tanto fulgor de la Diosa de la Luna, se inclina en un gesto de respeto…y exclama:&lt;br /&gt;- ¡Oh Diosa de la Luna! He venido en busca del enigma de la luz de la luna. No se si estoy ya en medio del océano, porque me quedé dormido…&lt;br /&gt;- ¡Tranquilo, navegante! -dijo con tanta dulzura la Diosa de la Luna, que en el cielo la más chiquita de las estrellas lloró de ternura haciendo de sus lágrimas una llovizna inesperada. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192823292708190562" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCdRZ8--WI/AAAAAAAABWg/gBr5A6lMhc0/s320/estrellas.bmp" border="0" /&gt;Y así entre la llovizna, y los rayitos de luna que se escapan de la nube donde la luna esta escondida, el navegante recordó como de niño, un día le pedía a las estrellas ser el navegante más importante del mundo.&lt;br /&gt; La Diosa de la Luna leyó su pensamiento y con esa ternura tan suya, le dice:&lt;br /&gt;- ¡Si, navegante! Tú serás el navegante más importante del mundo y vivirás por siempre. ¡No en una isla como dicen en el puerto sino en el cielo, junto a las estrellas!&lt;br /&gt;- ¿Junto a la estrellas? Pregunta el viajero.&lt;br /&gt;- ¡Si, navegante! ¡Desde este instante todas las estrellas serán tus hijas consentidas! ¡Y tú la estrella mayor que guiará a muchos navegantes dispuestos también a descubrir los misterios del mar y el cielo! &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192824181766420882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCeFJ8--ZI/AAAAAAAABW4/9mtTxWx-0wg/s320/hadita.gif" border="0" /&gt; Fue así como el navegante conoció a la Diosa de la Luna y descubrió el enigma de la luz de luna en el medio del océano. Y él también amó mirarse en el mar cada noche.&lt;br /&gt;¡Hoy en día todos los navegantes del mundo lo veneran en cada una de sus travesías como a la Estrella Polar!...&lt;br /&gt;... Y dicen aún los amantes de esta historia que los más afortunados al quedarse dormidos bajo esta estrella inmensa, amanecen bañados en escarcha, y todas las estrellas junto a los rayitos de luna iluminan sus sueños. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192823563291130226" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCdhJ8--XI/AAAAAAAABWo/3OxVM12jN1k/s320/estrellas2.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Caraqueño de pura cepa, nacido en Santa Rosalía, Cesar Augusto Montenegro, es un joven escritor en ciernes, apasionado de la literatura infantil.&lt;br /&gt;Es facilitador de los Talleres de la  FUNDACIÓN CINEMATECA NACIONAL&lt;br /&gt;“Introducción al Lenguaje Audiovisual”&lt;br /&gt;“Aproximación a la Lectura Crítica Cinematográfica”&lt;br /&gt;También se ha desempeñado como&lt;br /&gt;ANIMADOR-GUÍA DE LA FUNDACIÓN MUSEO DE CIENCIAS.&lt;br /&gt;Ha sido CO-ANIMADOR Y ASISTENTE A LA PRODUCCIÓN DEL PROGRAMA DE RADIO SOBRE SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA: “UN POCO MÁS DE LO QUE NADIE HABLA”&lt;br /&gt;Cuando no está trabajando por la cultura entra al mundo mágico y misterioso de las hadas y aquí les va una muestra de su diáfana escritura&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192827123819018706" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCgwZ8--dI/AAAAAAAABXY/8kQ1_qgFIrY/s320/cesar+augusto.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-5489151164277900534?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/5489151164277900534/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=5489151164277900534&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/5489151164277900534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/5489151164277900534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/04/taller-de-iniciacion-literaria-ii.html' title='TALLER DE INICIACION LITERARIA II'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SBCegZ8--aI/AAAAAAAABXA/SL9zMdvIONM/s72-c/Luna.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8478080863375561433</id><published>2008-04-13T13:02:00.000-07:00</published><updated>2008-04-13T14:32:49.945-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iniciación literaria. Literatura infantil. Morita Carrillo'/><title type='text'>TALLER DE INICIACION LITERARIA PARA NIÑOS</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;PARTE I&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJ2IKYjpLI/AAAAAAAABS0/65FrT-n-Wqw/s1600-h/ni%C3%B1o+escritor.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188839603282617522" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJ2IKYjpLI/AAAAAAAABS0/65FrT-n-Wqw/s320/ni%C3%B1o+escritor.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;¿Te gustaría escribir poemas y cuentos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Vamos a comenzar nuestra aproximación a la poesía con una autora injustamente olvidada: la ilustre escritora venezolana MORITA CARRILLO, poeta, maestra y madre.&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJtUKYjpGI/AAAAAAAABSM/Q19lmix0toc/s1600-h/arcoiris.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188829913836397666" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 223px; CURSOR: hand; HEIGHT: 161px" height="240" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJtUKYjpGI/AAAAAAAABSM/Q19lmix0toc/s320/arcoiris.jpg" width="253" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Ella nació en Nirgua, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;en esa tierra mágica &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y montañosa que es &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;el Edo.Yaracuy, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;al occidente de Venezuela. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Nació el 21 de Febrero de 1921&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y desde niña cantaba y miraba con asombro las rosas, los lirios y todas las luciérnagas que recorrían de noche los campos de Nirgua. &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJ1UKYjpJI/AAAAAAAABSk/j7HN3zi9tiY/s1600-h/agua10.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188838709929419922" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 78px; CURSOR: hand; HEIGHT: 75px" height="300" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJ1UKYjpJI/AAAAAAAABSk/j7HN3zi9tiY/s320/agua10.jpg" width="207" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Al crecer vino a la capital y descubrió su vocación por enseñar y por escribir. Se casó, tuvo hijos y ya viejecita murió en Caracas, el 1º de octubre de 1998. Pero nunca perdió su alegría y su espíritu de niña.&lt;br /&gt;Fue extraordinaria docente y amó la literatura con pasión, también a los niños. Por eso escribía para ellos hermosos poemas como este:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188839014872097954" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 173px; CURSOR: hand; HEIGHT: 95px" height="247" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJ1l6YjpKI/AAAAAAAABSs/GLkPSHI7O3g/s320/a%C3%B1o+viejo3.jpg" width="270" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;ARCO IRIS&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#3333ff;"&gt;La mamá del arco iris&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#3333ff;"&gt;es una gota de agua.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#3333ff;"&gt;El papá del arco iris&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#3333ff;"&gt;es un rayito de sol.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#3333ff;"&gt;El es un pajarito siete-colores&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;que ha colgado su nido &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;cerca de Dios&lt;/span&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Vamos a analizar nosotros este poema. El primer verso, (que es la primera frase, porque en los poemas cada frase es un verso) dice que la mamá del arcoiris es una gota de agua. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y en el segundo verso, a ver...¿lo encontraste? dice que el papá es un rayito de sol. En el fondo esto es verdad. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188831146492011650" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJub6YjpII/AAAAAAAABSc/DoLQqiB4T7s/s320/lARCO%2520IRIS%2520FULL%2520IMPACT.jpg" border="0" /&gt;El arco iris se forma cuando la luz del sol toca el agua de la lluvia. Entonces la luz se refracta, es decir, se rompe y se descompone en los siete colores del espectro solar. Morita nos habla de una verdad científica. Pero también nos presenta una verdad poética: el arcoiris es un ser vivo, con su papá y su mamá. Y al finalizar, en los dos últimos versos, nos regala una &lt;strong&gt;metáfora&lt;/strong&gt;: "él es un pajarito siete colores que ha colgado su nido cerca de Dios". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Sabes que es una metáfora? Es una frase que encierra una verdad alterna, una realidad alterna, fantástica y poética. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;En una película muy bella llamada "El Cartero" un humilde cartero italiano le preguntaba al poeta Neruda qué era una metáfora. Este respondió con un ejemplo:&lt;br /&gt;-"Si te digo: El cielo está llorando, ¿qué significa?&lt;br /&gt;-¡Qué está lloviendo!-contestó entusiasmado el cartero. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Ya había descubierto cómo crear una metáfora, base del poema. ¿Aprendiste tú también? Bien, observa todo lo que te rodea y crea tus propias metáforas. Y las que vayas creando escríbelas, luego haz con ellas un poema. Si quieres envía tus poemas para que se sean publicados aquí. Este es nuestro sitio de encuentro.&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188830193009271922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 251px; CURSOR: hand; HEIGHT: 362px; TEXT-ALIGN: center" height="320" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJtkaYjpHI/AAAAAAAABSU/6yIZjXbFis8/s320/arco-iris-14736.jpg" width="251" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Vamos a terminar la clase de hoy con otro poema de MORITA CARRILLO pero...tendrás que adivinar la palabra que va en la rayita. ¿Una pista? Lo usas todos los días para hacer la tarea.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Mi _____ nuevo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usa ropa de madera&lt;br /&gt;cuello fuerte de latón&lt;br /&gt;y sombrerito de goma&lt;br /&gt;mi _____ con borrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lleva bajo su vestido&lt;br /&gt;la punta negra de un pie&lt;br /&gt;cuando yo dibujo rápido&lt;br /&gt;mi _____ baila muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si hago las letras muy feas&lt;br /&gt;él cambia de posición:&lt;br /&gt;baila entonces de cabeza&lt;br /&gt;mi _____ con borrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;RECUERDA QUE DEBES LEER. SI QUIERES LLEGAR A SER UN BUEN POETA, TIENES QUE LEER MUCHA POESÍA: LEE LOS VERSOS DE MORITA CARRILLO, AQUILES NAZOA, MANUEL FELIPE RUGELES. PIDE A TU MAESTRA QUE LOS LEA EN CLASE, DILE A TU MAMÁ QUE TE LOS BUSQUE!&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;NOTA: A la amiga que me comentó "La Bicicleta Cromada" de Armando Sequera, preguntando si doy talleres o presentaciones en  escuelas o liceos, te diré que sí, puedes contactarme por el TLF. 0414.1163846&lt;/div&gt;&lt;div&gt;o por el mail &lt;a href="mailto:mercedesfrancoster@gmail.com"&gt;mercedesfrancoster@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-8478080863375561433?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/8478080863375561433/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=8478080863375561433&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8478080863375561433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8478080863375561433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/04/taller-de-iniciacion-literaria-para.html' title='TALLER DE INICIACION LITERARIA PARA NIÑOS'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/SAJ2IKYjpLI/AAAAAAAABS0/65FrT-n-Wqw/s72-c/ni%C3%B1o+escritor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8468654928146133633</id><published>2008-04-02T17:27:00.000-07:00</published><updated>2008-04-02T18:26:26.074-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hans Christian Andersen. Literatura Infantil. Cuentos para niños'/><title type='text'>EL PATITO FEO</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R_QwxKnNr-I/AAAAAAAABPM/QsUZfDKXf1A/s1600-h/andersen2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5184822692230836194" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R_QwxKnNr-I/AAAAAAAABPM/QsUZfDKXf1A/s320/andersen2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Este 2 de abril fue el cumpleaños de &lt;strong&gt;Hans Christian Andersen,&lt;/strong&gt; escritor danés, autor de "El Patito Feo". El era también  feo, y a veces fue rechazado por todos, pero al fin, escribiendo sus cuentos, logró volar con las alas de su alma. Hoy es considerado el padre de la literatura infantil.¿Quieres recordar una de sus historias?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;EL PATITO FEO&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En las cercanías de una granja escondido entre los altos juncos que crecían en el borde de la laguna, había un nido lleno de huevos. Mamá Pata estaba suavemente sentada sobre ellos, para darles calor. Esperaba el nacimiento de sus patitos.&lt;br /&gt;¡Cric! ¡Crac! Uno tras otro comenzaron a abrirse los huevos, y los patitos asomaban por ellos sus cabecitas. Pero... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿que será extraña ave gris que aparecía entre sus hijos? Mamá Pata no salía de su asombro. "¡Ninguno de mis otros patitos es como este!"&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Algunos días despuésfue caminando hasta la laguna seguida de sus patitos. Plafff! Se lanzó al agua... y uno tras otro saltaron ellos detrás. Nadaban espléndidamente. Y hasta el patito feo nadó junto a ellos.&lt;br /&gt;Pero después fueron al corral de los otros patos, que los miraron con impertinencia y dijeron: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;"¡Miren, aquí viene otra cría, como si ya no fuéramos bastantes! ¡Pero qué feo es ese patito! ¡Sáquenlo de este corral! ¡No lo queremos!".&lt;br /&gt;Uno por uno, los patos se lanzaron sobre el patito feo y lo picotearon en el cuello, y lo empujaron de un lado a otro. Vinieron después algunos pollitos y ellos también lo picotearon .&lt;br /&gt;Mamá Pata trató de proteger al patito feo. "Déjenlo tranquilo", pidió a las malignas aves, "él no hace daño a nadie". Pero de nada sirvió. Hasta sus propios hermanitos empezaron a tratarlo mal.&lt;br /&gt;Todos los días era lo mismo. El patito feo no podía escapar al maltrato y a la soledad. "Creo que será mejor que me vaya lejos, muy lejos",&lt;/span&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R_Qvs6nNr9I/AAAAAAAABPE/jOcFBpkjQS0/s1600-h/patito_feo_34.jpg"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5184821519704764370" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 188px; CURSOR: hand; HEIGHT: 177px" height="243" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R_Qvs6nNr9I/AAAAAAAABPE/jOcFBpkjQS0/s320/patito_feo_34.jpg" width="228" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; se dijo por fin. Así es que, saltando el cerco, salió tan rápido como pudo.&lt;br /&gt;Se dedicó a viajar por el mundo, pero en todas partes lo rechazaban. Se escondió en una cuevita y sólo comía yerbas y frutas del monte. Pasaron muchos, muchos días. Llegó el otoño. Las hojas vistieron de oro, se tornaron amarillentas y rojizas en el bosque. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Una tarde, a la puesta del sol, aparecieron unos cisnes por entre los arbustos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;"¡Ah! ¡Qué lindo sería ser un animal tan hermoso como ellos!", suspiró el patito feo.&lt;br /&gt;Vino después el invierno. Los días eran cada vez más fríos y el pobre patito feo tuvo que nadar en el agua helada que empezaba a congelarse a su alrededor. Nadie le traía alimentos y apenas tenía qué comer. Todo era muy triste!.&lt;br /&gt;En la primavera, cuando el sol volvió a calentar la tierra y las plantas a florecer, el patito feo notó que sus alas se habían agrandado y eran muy fuertes. Las batió contra su cuerpo, una y dos veces, hasta que por fin se elevó en el aire. Voló sobre la granja y la casa. Voló muy, muy alto. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5184820793855291330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R_QvCqnNr8I/AAAAAAAABO8/mE6A_EHgtOo/s320/andersen3.jpg" border="0" /&gt; No pasó mucho tiempo antes de que se encontrara en un gran jardín. Tres hermosos cisnes nadaban en un estanque. "Me gustaría ir con ellos", se dijo el patito. Quizá ni siquiera me hagan caso, por ser tan feo. Pero, sin embargo, no importa, lo intentaré".&lt;br /&gt;Bajó hasta el agua y nadó rápidamente hacia ellos. Pero cuando miró hacia abajo y vio su propio reflejo en el agua clara, ¡que sorpresa! Ya no era un ave oscura y fea, como le había parecido siempre. Él también era ahora un hermoso cisne blanco.&lt;br /&gt;Unos niños entraron al jardín, gritando: ¡Un cisne nuevo! ¡Mírenlo, aquí!" Y después añadieron: "¡Es el más lindo de todos los cisnes!".&lt;br /&gt;El cisne nuevo volvió tímidamente la cabeza. Se sentía tan feliz. Aleteó, curvó el grácil cuello y dijo: "Jamás soñé con tanta dicha cuando era el patito feo".&lt;/span&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5184820256984379298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R_QujanNr6I/AAAAAAAABOs/Rxup2X7H1Y8/s320/_cisne.jpg" border="0" /&gt; &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;INVESTIGA EN TU SALÓN DE CLASES LA BIOGRAFIA DE&lt;br /&gt;HANS CHRISTIAN ANDERSEN&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-8468654928146133633?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/8468654928146133633/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=8468654928146133633&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8468654928146133633'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8468654928146133633'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/04/el-patito-feo.html' title='EL PATITO FEO'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R_QwxKnNr-I/AAAAAAAABPM/QsUZfDKXf1A/s72-c/andersen2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8432748101533370219</id><published>2008-03-20T06:20:00.000-07:00</published><updated>2008-03-20T06:32:14.346-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Armando Sequera- Literatura Infantil. Cuentos venezolanos para niños.'/><title type='text'>LA BICICLETA CROMADA</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R-JlSKnNraI/AAAAAAAABKs/CjYTkSrAxEM/s1600-h/bicicleta.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5179813884190371234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R-JlSKnNraI/AAAAAAAABKs/CjYTkSrAxEM/s320/bicicleta.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Armando Sequera&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Minutos después de haber recibido como regalo de Navidad la bicicleta cromada que no le habíamos podido comprar para su cumpleaños, Ulises, nuestro hijo, montó en ella y salió a recorrer el pueblo donde vivimos.&lt;br /&gt;Antes de salir, nos dio un beso a cada uno, a su madre y a mí, y desapareció de nuestra vista por las próximas tres horas.&lt;br /&gt;Nos mudamos a este pueblo por lo mismo que tanta gente ha abandonado las ciudades: porque aquí se puede extender la mirada hasta que los ojos se cansan de tanto alejarse, porque respiramos un aire invisible, como deberían ser todos los aires, y porque no hay en él esa violencia que la gente ha llegado a creer inevitable en las ciudades. En la que antes residíamos, todo se resuelve con prisas, palabras gruesas e impaciencias. A veces, también con atropellos y agresiones o, lo que es peor, con malagradecimientos e indiferencias.&lt;br /&gt;Ahora sólo vamos a la ciudad ocasionalmente, cuando mi esposa o yo publicamos algún libro u ofrecemos un curso o una conferencia.&lt;br /&gt;A media mañana de ese día de Navidad recibimos a unos vecinos que pasaron a obsequiarnos un dulce de lechosa y que se marcharon poco antes del almuerzo. Esa es otra: sabemos cómo se llaman nuestros vecinos y dejamos de ser rostros anónimos que se saludan en un ascensor o en la entrada o el estacionamiento de un edificio.&lt;br /&gt;Ulises regresó a la una y diez minutos. Lo sé porque estaba pendiente del reloj, para hacer una llamada telefónica.&lt;br /&gt;-¿Qué tal la bicicleta? -le pregunté.&lt;br /&gt;-Fenomenal -contestó y fue al baño, a lavarse las manos.&lt;br /&gt;-¿Dónde la dejaste? -quiso saber su madre.&lt;br /&gt;-La presté -dijo, desde el baño.&lt;br /&gt;-¿Cómo es eso de que la prestaste? -lo interrogué, apenas llegó a la mesa.&lt;br /&gt;Nos contó que en la plaza del pueblo había conocido a otro niño como él, que también tenía ocho años e iba acompañado de su abuelo.&lt;br /&gt;-¿Y lo conociste ahí mismo?&lt;br /&gt;-Sí -respondió, mientras tomaba un trozo de pan y se lo llevaba a la boca.&lt;br /&gt;-¿Le prestaste tu bicicleta nueva a un desconocido? -bramó mi esposa.&lt;br /&gt;-Desconocido no -protestó Ulises-, hablamos un rato.&lt;br /&gt;-Pero... -intenté decir algo y no me salió.&lt;br /&gt;-Ellos me prometieron traerla esta noche, a las siete -agregó Ulises.&lt;br /&gt;-¿Te dieron su dirección?&lt;br /&gt;-No, papá, no hace falta.&lt;br /&gt;Como lo vimos tan seguro de lo que había hecho, ni mi esposa ni yo supimos qué decirle.&lt;br /&gt;El almuerzo, sin embargo, transcurrió como si algo oscuro y pesado estuviese suspendido sobre la mesa. Ninguno de los tres dijo nada y eso que era día de Navidad.&lt;br /&gt;Un rato más tarde, cuando fregábamos y secábamos los platos, comenté que había sido afortunada la idea de venirnos al pueblo, porque nuestro hijo aún era muy inocente.&lt;br /&gt;Mi esposa añadió que, además de ser inocente, tenía una fe en la humanidad mayor que la nuestra, que ya era famosa entre nuestras familias y nuestras amistades.&lt;br /&gt;También nuestra ingenuidad era célebre. Todavía creo en los juramentos y soy de esas personas que no saben hacer negocios pues creen que vender algo a un precio mayor de lo que nos ha costado es algo próximo a un delito.&lt;br /&gt;Cuando Ulises pasó a nuestro lado rumbo a la casa de unos vecinos, se despidió hasta la hora en que vendrían a devolverle su bicicleta.&lt;br /&gt;Lo miramos con una mezcla de orgullo y lástima, a sabiendas de que su anhelada bicicleta ya había que darla por perdida.&lt;br /&gt;No quisimos reñirle porque era Día de Navidad y porque, lo acordamos, había que esperar a que él mismo se diera cuenta esa noche del engaño.&lt;br /&gt;-Imagínate que de verdad vengan a devolvérsela -dije.&lt;br /&gt;-Tú sabes que eso no va a suceder.&lt;br /&gt;-Sí -admití acongojado, no sólo porque no podría reponer la bicicleta, sino porque me dio dolor saber que en las próximas horas Ulises iba a vivir una experiencia bastante amarga.&lt;br /&gt;-Debe ser terrible -indicó mi esposa-, desconfiar del mundo a los ocho años.&lt;br /&gt;-Más terrible es confiar -dije y debo confesar que las palabras salieron pese a que las retuve en la boca hasta que casi me atragantaron.&lt;br /&gt;Esa tarde, poco antes de las siete, Ulises entró corriendo a la casa, confiado en la devolución de su bicicleta cromada.&lt;br /&gt;-Ya están por llegar -dijo y entró a su habitación, de la que salió segundos después y se sentó, sonriente, junto a la ventana que da a la calle.&lt;br /&gt;Pero pasaron las siete, las siete y cuarto, las siete y media y un cuarto para las ocho.&lt;br /&gt;Ni mi esposa ni yo le señalamos que era de esperarse lo ocurrido, porque en el fondo deseábamos estar equivocados.&lt;br /&gt;A las ocho vimos aparecer en su rostro las primeras sombras del desencanto. Pero cuando advirtió que lo observábamos, comentó:&lt;br /&gt;-Estoy seguro de que se han extraviado.&lt;br /&gt;Eso nos conmovió aún más. Mi esposa, que estaba sentada a mi lado en el sofá, fingiendo leer una revista, tomó una de mis manos y la apretó. Dejé transcurrir unos minutos antes de decir:&lt;br /&gt;-Mira, hijo, es mejor que...&lt;br /&gt;-¡Ahí están! -me interrumpió y fue corriendo hasta la puerta, en momentos en que un automóvil de color oscuro se detenía frente a ella.&lt;br /&gt;De él salió otro muchacho de estatura, corte de pelo y físico similar al de Ulises y ambos se saludaron con un apretón, seguido de un juego de manos.&lt;br /&gt;Lo acompañaba un señor mayor que, obviamente, era el abuelo del que nos había hablado nuestro hijo.&lt;br /&gt;La bicicleta venía atada al techo del carro con unas elásticas, como las que usaba mi tatarabuelo para que no se le cayeran los pantalones.&lt;br /&gt;-Nos perdimos -se excusó el amigo de Ulises, que entonces supimos que se llamaba Emilio, cuando nos fue presentado.&lt;br /&gt;-Eso nos retrasó considerablemente -añadió el abuelo.&lt;br /&gt;Mi esposa y yo intercambiamos una mirada y estoy seguro de que pensamos lo mismo: todavía hay gente honrada en el mundo.&lt;br /&gt;Saludamos al abuelo con afecto, cuando se acercó y nos tendió la mano.&lt;br /&gt;Yo sentí en ese momento que formaba parte de un mundo en el que valía la pena vivir y tuve que disimular más de una lágrima. Igual mi esposa.&lt;br /&gt;-No es fácil conseguir esta dir&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R-JldKnNrbI/AAAAAAAABK0/mxPEmrP6Qf0/s1600-h/bicimar.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5179814073168932274" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R-JldKnNrbI/AAAAAAAABK0/mxPEmrP6Qf0/s320/bicimar.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;ección -apuntó el abuelo y nosotros asentimos.&lt;br /&gt;-Es que esta calle es nueva y la urbanización también -subrayó mi esposa.&lt;br /&gt;-Todavía no figura en los mapas -agregué yo.&lt;br /&gt;Entre el abuelo y yo bajamos la bicicleta del techo del automóvil y juntos la rodamos hasta la casa.&lt;br /&gt;-Emilio quería una bicicleta cromada, como ésta, pero yo me descuidé y, cuando se la fui a comprar, no encontré ninguna en el mercado.&lt;br /&gt;-¿Usted es su abuelo por parte de...?&lt;br /&gt;-Su madre es mi hija.&lt;br /&gt;Entramos a la casa y nos dirigimos al recibo.&lt;br /&gt;Ulises se separó del grupo un momento y fue a su habitación.&lt;br /&gt;Mi esposa, entretanto, había servido unas galletas en una bandeja y unos vasos de jugo de naranja.&lt;br /&gt;El amigo de nuestro hijo y su abuelo comieron y bebieron sonrientes, aunque algo inexplicable en la postura de sus cuerpos me hizo pensar que no estaban totalmente a gusto. El abuelo, además, no sonreía, pese a que mi esposa y yo nos esforzábamos por agradecer y homenajear su honradez.&lt;br /&gt;En eso reapareció Ulises, llevando algo consigo, y del rostro y de los hombros de ambos se borró la tensión. El abuelo incluso se incorporó del asiento con una sonrisa que le nació repentinamente y extendió su mano derecha hacia nuestro hijo. -Aquí tiene su reloj -le dijo Ulises, entregándole uno costosísimo, y sólo entonces comprendimos por qué había estado tan seguro de la devolución de su bicicleta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5179815443263499714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 204px; CURSOR: hand; HEIGHT: 149px; TEXT-ALIGN: center" height="240" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R-Jms6nNrcI/AAAAAAAABK8/kxmM02sBzfs/s320/Armando.gif" width="258" border="0" /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ARMANDO SEQUERA es un escritor venezolano, autor de muchas obras para niños y para grandes también. Entre sus originales y bien escritos textos podemos encontrar TERESA, FUNERAL PARA UNA MOSCA. FABULA DE LA MAZORCA y CUANDO SE ME PASE LA MUERTE.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-8432748101533370219?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/8432748101533370219/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=8432748101533370219&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8432748101533370219'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8432748101533370219'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/03/la-bicicleta-cromada.html' title='LA BICICLETA CROMADA'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R-JlSKnNraI/AAAAAAAABKs/CjYTkSrAxEM/s72-c/bicicleta.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-6369512414572331521</id><published>2008-03-15T15:26:00.000-07:00</published><updated>2008-03-15T15:31:25.596-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Literatura Infantil. Iniciación Literaria. Unefa. Monte Avila'/><title type='text'>ATRÉVETE A SOÑAR</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;object height="355" width="425"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/FnLgjMumca0&amp;amp;hl=es"&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/FnLgjMumca0&amp;hl=es" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Atrévete a soñar, es el nombre de esta canción y este video.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Va dedicado a AMANDA , VALERIA y ORIANA , ANGEL, ANDERSON,  y a todos mis alumnos del Taller de Iniciación Literaria para niños, de la UNEFA.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;También a mis alumnas del Taller de Literatura Infantil de Monte Avila.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¡Diviértanse en la Semana Mayor! Mucha playa, mucho sol, mucha lectura. Y atrévanse a soñar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-6369512414572331521?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/6369512414572331521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=6369512414572331521&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/6369512414572331521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/6369512414572331521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/03/atrvete-soar.html' title='ATRÉVETE A SOÑAR'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-1739088156985564742</id><published>2008-03-04T17:13:00.000-08:00</published><updated>2008-03-04T17:32:05.976-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='José Gregorio Belñlo Porras. Literatura infantil. Narrativa para niños'/><title type='text'>FRANCISCO MIRA FORMAS EN LAS NUBES</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿Te gusta mirar las nubes? A mí sí. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y a muchos niños también. En este cuento de &lt;strong&gt;José Gregorio Bello Porras&lt;/strong&gt; te enterarás de lo que le ocurrió a un niño que disfrutaba mucho observando las nubes. ¿Nos acompañas a leerlo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5174062247458014834" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R832M2F-hnI/AAAAAAAABHc/RRu6FIRDgkM/s320/nube-nino.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#3333ff;"&gt;Francisco mira formas en las nubes.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;Cuando va al parque o al campo, como ahora, le gusta echarse en la grama, colocar las manos detrás de su cabeza y ver las nubes pasar como una película.&lt;br /&gt;Una gorda nube se adelanta y Francisco la imagina con sonoros pasos. Parece un elefante blanco.&lt;br /&gt;Para transformarse, poco a poco, el elefante de nubes parece quitarse un gran abrigo y convertirse en oso gris. Por poco tiempo. ¡Porque ahora es un oso blanco!&lt;br /&gt;Un oso polar…está rodeado de nieve, hielo y frío. Todo blanco nube. Cuando imagina esas heladas y altas nubes, Francisco tirita a pesar del tibio sol de la tarde.&lt;br /&gt;Un poco después, detrás del oso, pasa un pingüino. Y otros veinte más se le unen en un coro parlanchín.&lt;br /&gt;Los pingüinos se enlazan bailando y forman ahora una regordeta nube que parece una ballena blanca que, lentamente, se mueve en el azul del cielo, como la estela de espuma de un barco. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5174062861638338194" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R832wmF-hpI/AAAAAAAABHs/-183OJ-Ub2E/s320/nubes-claras.jpg" border="0" /&gt;Con el viento se transforma en carroza de carnaval.&lt;br /&gt;Unos payasos parece que se bajaran, a la carrera de la carroza. Pues de pronto es una torta que se desmorona.&lt;br /&gt;Los payasos hacen gracias con pelotas y globos blancos.&lt;br /&gt;Y se lanzan trozos de la torta de nube deshecha en sus blancas caras.&lt;br /&gt;Una ola blanca, barre los destrozos de ese cúmulo desordenado. Mientras la música de circo suena ya lejos.&lt;br /&gt;En la blanca ola, convertida en caballo brioso, monta ahora un conejo que sólo pensaba surfear sobre una tabla.&lt;br /&gt;Pero disfruta el viaje porque después de bajarse del caballo mira complacido el sol del atardecer.&lt;br /&gt;Lo observa atentamente.&lt;br /&gt;El sol le hace ver las orejas más peludas, brillantes y grandes. El sol de esa hora hace que el blanco conejo se vuelva dorado.&lt;br /&gt;Y Francisco queda encandilado con tanta luz.&lt;br /&gt;El conejo que miraba al sol no se va. Se voltea, se mueve con más gracia que ningún otro ser de nubes que haya pasado por allí esa tarde.&lt;br /&gt;Está contento.&lt;br /&gt;Gira su cara, entonces, graciosamente sorprendido, hacia donde está Francisco. Allá abajo, en la grama del campo.&lt;br /&gt;Ambos se miran fijamente. Francisco boquiabierto aguanta la respiración.&lt;br /&gt;El conejo, entonces, le brinda a Francisco una amplia sonrisa, mostrándole sus dos grandes dientes.&lt;br /&gt;Francisco abre los ojos enormemente.&lt;br /&gt;Lanza un suspiro de asombro y queda helado. Casi, como el oso, como el pingüino, como la ballena.&lt;br /&gt;Entonces, se dice a sí mismo: no es posible…&lt;br /&gt;Y la nube, enfadada, desaparece con rapidez, llevada por el aire.&lt;br /&gt;La imaginación se va a otro lugar, donde haya un niño que la crea posible. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5174062423551673986" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R832XGF-hoI/AAAAAAAABHk/n264Sg8geUQ/s320/nubes.jpg" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JOSE GREGORIO BELLO PORRAS es escritor de cuentos para adultos y para niños. ¡Tiene muchos libros publicados! ¿Te gustó la historia de Francisco y las nubes? Pronto te traeremos más cuentos este autor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-1739088156985564742?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/1739088156985564742/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=1739088156985564742&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/1739088156985564742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/1739088156985564742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/03/francisco-mira-formas-en-las-nubes.html' title='FRANCISCO MIRA FORMAS EN LAS NUBES'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R832M2F-hnI/AAAAAAAABHc/RRu6FIRDgkM/s72-c/nube-nino.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-7559613940724294338</id><published>2008-03-01T12:40:00.000-08:00</published><updated>2008-03-01T13:25:51.666-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Aquiles Nazoa. Ratoncita presumida. Literatura Infantil'/><title type='text'>LA RATONCITA PRESUMIDA</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R8nEGMtr2YI/AAAAAAAABF8/Nd6muPM1bco/s1600-h/aquilrat.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172881257782827394" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 189px; CURSOR: hand; HEIGHT: 241px; TEXT-ALIGN: center" height="320" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R8nEGMtr2YI/AAAAAAAABF8/Nd6muPM1bco/s320/aquilrat.jpg" width="189" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;Un cuento de Aquiles Nazoa&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Hace ya bastantes años, &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;doscientos años tal vez, &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;por escapar de los gatos &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y de las trampas también, &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;unos buenos ratoncitos &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;se colaron en un tren &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y a los campos se marcharon &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;para nunca más volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andando, andando y andando &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;llegaron por fin al pie &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;de una montaña llamada &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;la montaña "Yo-no-sé," &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y entonces dijo el más grande: &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;lo que debemos hacer &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;es abrir aquí una cueva &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y quedarnos de una vez &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;porque como aquí no hay gatos &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;aquí viviremos bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabaja que te trabaja &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;tras de roer y roer &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;agujereando las cuevas &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;se pasaron más de un mes &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;hasta que una hermosa cueva &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;lograron por fin hacer &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;con kioskos, jardín y gradas &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;como si fuera un chalet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había entre los ratones &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que allí nacieron después &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;una ratica más linda &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que la rosa y el clavel. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172880604947798354" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 173px; CURSOR: hand; HEIGHT: 170px; TEXT-ALIGN: center" height="96" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R8nDgMtr2VI/AAAAAAAABFk/9ieN1r4dBLA/s320/Aq.+escribe-ratoncita.gif" width="130" border="0" /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Su nombre no era ratona &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;como tal vez supondréis, &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;pues la llamaban Hortensia &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que es un nombre de mujer.&lt;br /&gt;Y era tan linda, tan linda &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que parecía más bien &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;una violeta pintada &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;por un niño japonés: &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;parecía hecha de plata &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;por el color de su piel &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y su colita una hebra &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;de lana para tejer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero era muy orgullosa &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y así ocurrió que una vez &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;se le acercó un ratoncito &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que allí vivía también &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y que alzándose en dos patas, &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;temblando como un papel, &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172881043034462578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 182px; CURSOR: hand; HEIGHT: 174px; TEXT-ALIGN: center" height="246" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R8nD5str2XI/AAAAAAAABF0/9G4lcGCKeHg/s320/Aquiles+RA.jpg" width="227" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;le pidió a la ratoncita &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que se casara con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué ratón tan parejero! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;dijo ella con altivez. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Vaya a casarse con una &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que esté a su mismo nivel, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;pues yo para novio aspiro, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;aquí donde usted me ve, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;a un personaje que sea &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;más importante que usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y saliendo a la pradera &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;le habló al Sol gritando: ¡Jeeey! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Usted que es tan importante &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;porque del mundo es el rey, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;venga a casarse conmigo &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;pues yo soy digna de ser &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;la esposa de un personaje &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;de la importancia de usted.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172880768156555618" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 212px; CURSOR: hand; HEIGHT: 164px; TEXT-ALIGN: center" height="188" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R8nDpstr2WI/AAAAAAAABFs/zf7pkCemg5g/s320/aqsolpadre.jpg" width="212" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Más importante es la nube &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- dijo el Sol con sencillez- &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;pues me tapa en el verano &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y en el invierno también. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y contestó la ratica: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Pues que le vamos a hacer... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Si es mejor que usted la nube &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;con ella me casaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más la nube al escucharla, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;habló y le dijo a su vez: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Más importante es el viento &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que al soplar me hace correr. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Entonces - dijo la rata- &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;entonces ya sé que hacer,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;si el viento es más importante &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;voy a casarme con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas la voz ronca del viento &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;se escuchó poco después &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;diciéndole a la ratona: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-Ay Hortensia, ¿sabe usted?, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;mejor que yo es la montaña &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;aquella que allí se ve- &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;porque detiene mi paso &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;lo mismo que una pared.&lt;br /&gt;-Si mejor es la montaña &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;con ella me casaré&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- contestó la ratoncita-,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y a la montaña se fue. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mas la montaña le dijo: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- ¿Yo importante? ¡Je, je,je! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mejores son los ratones &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;los que viven a mis pies, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;aquellos que entre mis rocas &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;tras de roer y roer, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;construyeron la cuevita, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;de donde ha salido usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces la ratoncita &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;volvió a su casa otra vez &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y avergonzada y llorando &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;buscó al ratoncito aquel &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;a quien un día despreciara &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;por ser tan chiquito él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Oh, perdóname, Alfredito! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;– gimió cayendo a sus pies-, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;por pequeño y por humilde &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;un día te desprecié, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;pero ahora he comprendido &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-y lo he comprendido bien- &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que en el mundo los pequeños &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;son importantes también.&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172881425286551954" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 144px; CURSOR: hand; HEIGHT: 197px; TEXT-ALIGN: center" height="253" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R8nEP8tr2ZI/AAAAAAAABGE/WESC40dkKZ4/s320/AQUra.jpg" width="286" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;AQUILES NAZOA fue uno de nuestros más grandes escritores. Produjo excelentes textos humorísticos, cuentos como éste y poemas para niños.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Busca en la red su BIOGRAFÍA!&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-7559613940724294338?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/7559613940724294338/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=7559613940724294338&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/7559613940724294338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/7559613940724294338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/03/la-ratoncita-presumida.html' title='LA RATONCITA PRESUMIDA'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R8nEGMtr2YI/AAAAAAAABF8/Nd6muPM1bco/s72-c/aquilrat.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-6875445474805577295</id><published>2008-02-16T07:00:00.000-08:00</published><updated>2008-02-16T07:21:27.136-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Olga Cortez Barbera. Literatura infantil. Talleres de literatura. Monte Avila.'/><title type='text'>LA RANA VANIDOSA</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R7b7CXXM9XI/AAAAAAAABBk/bCLb0LLfJpo/s1600-h/anitar+1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5167593640503866738" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R7b7CXXM9XI/AAAAAAAABBk/bCLb0LLfJpo/s320/anitar+1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;LA RANA VANIDOSA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;(Un cuento de &lt;strong&gt;Olga Cortez Barbera&lt;/strong&gt;)&lt;br /&gt;Lucía se miraba todos los días en la laguna y exclamaba: ¡Qué hermosa soy! Para ella no había otra criatura en el llano que fuera tan bonita. Le costaba apartarse y dejar de admirar su imagen. Sus compañeras la llamaban para saltar sobre los lirios sabaneros, pero las desdeñaba y les sacaba su larga lengua. Por ella, hubiera pasado las veinticuatro horas del día detallando cada uno de sus rasgos. Sin suficiente luz no podía hacerlo. La rana era muy joven y aun no conocía la luna llena. Por eso dedicaba las noches a croar. Pero una vez, el resplandor sobre la superficie llamó su atención: Era un maravilloso rostro redondo y nacarado. Eso fue su perdición. &lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5167594039935825298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 252px; CURSOR: hand; HEIGHT: 176px; TEXT-ALIGN: center" height="200" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R7b7ZnXM9ZI/AAAAAAAABB0/Ari2YCW1CFo/s320/anitar+2.jpg" width="320" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Su mundo era la laguna y sus alrededores, las flores acuáticas, los patos y los enjambres de deliciosos insectos. Poco tiempo antes, era la preferida entre todas. En grupo, mojaban sus ancas en el agua, y después las ejercitaban saltando por las laderas verdes de la extensa planicie. Era la cantora más afinada del orfeón anfibio. Arrullaba a la llanura con sus dulces croas. Sin embargo, seguía siendo una ranita sencilla, hasta el día en que la laguna se convirtió en su espejo.&lt;br /&gt;Por esas travesuras que hace la naturaleza, Lucía era definitivamente diferente. En vez de circulares, sus enormes ojos eran rasgados y adornados con largas pestañas. Y aunque seguía siendo calva como todas las de su género, su piel era tan sedosa y atornasolada, que casi parecía un arco iris saltón. Pero lo que más la impresionaba era su porte de princesa. Ahora sus amigas le parecían gordas y ordinarias. Se hizo tan pedante, que muy pronto andaba croando sola, mientras las ranas lo comentaban.&lt;br /&gt;-No son más que unas chismosas-les gritaba, acompañándose sólo con el orgullo de creerse bella y con su reflejo en el agua.&lt;br /&gt;Las cosas cambiaron inesperadamente. La noche en que la luna se posó sobre el manto de la laguna, la rana buscó a la dueña en el cielo. Era como una nave luminosa que seguía lentamente el curso de las nubes, una reina lejana y gigantesca. Inmediatamente quiso brillar como ella, pero no tenía ni la más minúscula noción para lograrlo. De pronto se fijó en una estrella. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5167595212461897154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R7b8d3XM9cI/AAAAAAAABCM/Z6r1D4tJjgA/s320/estrellas.bmp" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;“Con ella en mi cabeza podría tener mi propio brillo”, pensó entre quejidos. Por primera vez, el rumor nocturno viajó sin la melodía de sus croares.&lt;br /&gt;En la mañana, no se asomó al agua. Un pato desvelado que no había podido dormir por los lamentos de su vecina, le dijo:&lt;br /&gt;-Más allá de aquella loma vive mi amiga, la iguana, que vive en las alturas. Si quieres, vamos. Tal vez pueda ayudarte.&lt;br /&gt;Lucía saltando y el pato volando, llegaron a mediodía. Había un cacareo espantoso dentro del corral. Los dos se miraron preocupados, pero no era más que la iguana jugando con las gallinas. Un gallo le hizo señas y el saurio abandonó el corral para atender a la visita. Sí, la iguana vivía entre las ramas de un altísimo samán, más cerca del cielo. Pero cuando llegó la noche, Lucía montada en la copa del árbol se dio cuenta de que la estrella aún estaba muy lejos. De pronto, la iguana exclamó:&lt;br /&gt;-¡Mira! &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5167595392850523602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R7b8oXXM9dI/AAAAAAAABCU/N7xSDxmTlt0/s320/Pegaso.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué es eso que viene volando?-preguntó la rana.&lt;br /&gt;-Estás de suerte. Es Pegaso. Él sí te puede ayudar. ¡Ah, pero veo que viene acompañado!&lt;br /&gt;En efecto, venía con el hada de la alborada. La iguana les pidió que llevaran a Lucía a la montaña más alta. El hada les dijo:&lt;br /&gt;-Está bien. Todavía tenemos tiempo.&lt;br /&gt;Lucía se despidió de la iguana con un inesperado croa de soprano. El fabuloso caballo extendió sus alas de cisne e inició la travesía. Atravesaron la magia de los campos nocturnos y la brisa del llano silencioso. La luna no se les separaba, pero a Lucía poco le importaba. Estaba feliz. No hacía nada más que imaginar el momento en que tuviera la estrella sobre la cabeza. Muy pronto llegaron a la montaña.&lt;br /&gt;-Quisiéramos acompañarte un poco más-le dijo el hada-, pero debemos despertar al nuevo día. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5167594641231246754" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R7b78nXM9aI/AAAAAAAABB8/jlKiHNIFPDo/s320/hadita.gif" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Pegaso volvió a extender sus hermosas alas y se alejó, tan suave, como un suspiro de seda. Lucía sabía que quedaba poco tiempo para que las estrellas se fueran a descansar, por eso comenzó a saltar de inmediato, pero por muy altos que fueran sus saltos, las patas no se acercaban ni a las nubes. ¡Qué desilusión!&lt;br /&gt;Su tristeza era tan grande, que el murmullo del viento se lo contó a los espíritus mágicos de la montaña, pero para desventura, quién se ofreció a ayudarla fue el más travieso de todos. Con el más dulce de los susurros, le preguntó:&lt;br /&gt;-¿Qué te pasa?&lt;br /&gt;-Ay, que quiero una estrella y no puedo alcanzarla-le contestó.&lt;br /&gt;-¿Para qué la quieres?&lt;br /&gt;-Para brillar tanto o más que la luna llena.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-Quiero ser más hermosa que ella.&lt;br /&gt;-Pero, así tú eres muy linda.&lt;br /&gt;-Sí, pero la luna lo es más.&lt;br /&gt;-¡Qué rana tan envidiosa!-pensó el espíritu-Le voy a hacer una broma.&lt;br /&gt;-¡Aja!, dime cuál es la que más te gusta.&lt;br /&gt;-Aquella, la que brilla más.&lt;br /&gt;-¡Uf, hay un montón! Yo elegiría Apus, esa que parece un ave del paraíso resplandeciente, o a Corona Austral, que es tan adecuada a una princesa como tú, o a…&lt;br /&gt;Lucía, que era caprichosa y testaruda, no lo dejó terminar:&lt;br /&gt;-¡No, ya te dije que quiero esa! ¿No ves que es la mejor? Deseo que la luna desfallezca frente a mi belleza.&lt;br /&gt;El espíritu sonrió con sus delgados labios traslúcidos.&lt;br /&gt;-Está bien, te doy la magia para que puedas volar.&lt;br /&gt;La rana dio un salto y una fuerte corriente de aire la impulsó hacia el espacio sideral. Iba feliz. No sabía, porque el espíritu no quiso decírselo, que su deseo no era más que el reflejo de una estrella que había desaparecido hace millones de años.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5167593820892493186" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R7b7M3XM9YI/AAAAAAAABBs/31lnvygrYlo/s320/anitar.gif" border="0" /&gt;Escritora venezolana. Economista egresada de la &lt;a href="http://www.ucv.ve/"&gt;Universidad Central de Venezuela.&lt;/a&gt; Participó en el taller “Literatura Infantil” de &lt;a href="http://www.monteavila.com.ve/"&gt;Monte Ávila Editores&lt;/a&gt; bajo la dirección del escritor José Armando Sequera y en el de "Literatura fantástica infantil" con Mercedes Franco. Colaboradora literaria en la sección Cuentos de los sitios argentinos Basseteros.com.ar (hoy extinto) y &lt;a href="http://www.mundobasseteros.com.ar/"&gt;Mundobasseteros.com.ar.&lt;/a&gt; Textos suyos han aparecido en la publicación digital &lt;a href="http://www.hermanoschang.blogspot.com/"&gt;Los Hermanos Chang&lt;/a&gt; y en el diario &lt;a href="http://www.eud.com/"&gt;El Universal.&lt;/a&gt; Tiene publicada la serie de relatos El origen de los cuentos (Editorial Volumen, 2002). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;(Cortesía de "LETRALIA")&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-6875445474805577295?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/6875445474805577295/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=6875445474805577295&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/6875445474805577295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/6875445474805577295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/02/la-rana-vamidosa.html' title='LA RANA VANIDOSA'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R7b7CXXM9XI/AAAAAAAABBk/bCLb0LLfJpo/s72-c/anitar+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-3745211424731985247</id><published>2008-02-05T16:47:00.000-08:00</published><updated>2008-02-05T17:34:23.836-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Christine Nostlinger. Literatura Infantil. Konrad'/><title type='text'>KONRAD (Parte II)</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Kristine Nostlinger es una importante y reconocida autora austriaca. Ella es la autora de este cuento&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;KONRAD, EL NIÑO &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;QUE SALIÓ DE UNA LATA.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti contempló a Konrad. El niño necesitaba afecto, pensó. Claro, todos necesitamos afecto. Y también pensó que era un niño muy agradable.. Además, en algún momento le habré encargado. Ahora está aquí y necesita afecto.&lt;a name="ID730"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, estoy muy contenta de que hayas llegadoKonrad dijo que estaba muy cansado por la salida de la lata, que debilitaba mucho. Preguntó si podría dormir un poco, una, dos o tres horas. Esto, además, era lo programado; de lo contrario, podían producirse deterioros.&lt;a name="ID736"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti llevó a Konrad al dormitorio Despejó su cama de revistas, periódicos, novelas de amor y cajas de galletas y bombones. Sacudió las migas de galleta de las sábanas y mulló la almohada. Konrad se acostó. La señora Bartolotti lo tapó y Konrad se durmió en seguida.&lt;a name="ID739"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Antes de dormirse, aún dijo:&lt;a name="ID742"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Buenas noches, querida madre.&lt;a name="ID745"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti descubrió que realmente quería a Konrad.&lt;a name="ID748"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Bajó las persianas y salió andando de puntillas de la habitación. Cerró suavemente la puerta. Se sentó en la mecedora y sacó un grueso cigarro de la tabaquera. Necesitaba fumar. Los cigarros calmaban sus nervios. Cuando la señora Bartolotti había dado tres profundas chupadas al cigarro, desapareció por fin de sus ojos el fino velo violeta. Y cuando dio otras tres profundas chupadas, recordó que hacía bastante tiempo, en la época en que aún vivía con el señor Bartolotti, había deseado realmente un niño.&lt;a name="ID751"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero me habría dado cuenta de que encargaba un niño..., pensó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID754"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tampoco te diste cuenta de que encargabas medio quintal de chinchetas —se dijo a sí misma la señora Bartolotti y se respondió muy indignada —¡Pero las chinchetas son muy diferentes a los niños! Un pedido tan insólito no lo habría olvidado.&lt;a name="ID757"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Los molinos de oración tibetanos son aún más insólitos que los niños —se rebatió la señora Bartolotti— y también los habías olvidado.&lt;a name="ID760"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aún estuvo riñendo consigo misma durante un rato y, por fin, se puso de acuerdo consigo misma en que el señor Bartolotti, tanto tiempo ausente, habría cursado el pedido de un hijo. Probablemente para que ella tuviera una agradable sorpresa. Eso conmovió bastante a la señora Bartolotti, pues el señor Bartolotti nunca le había proporcionado sorpresas agradables.&lt;a name="ID763"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando el cigarro se consumió, la señora Bartolotti recordó que el señor Bartolotti, hacía ya muchos años, estuvo preguntando durante unas tres semanas si no había llegado un paquete para él.&lt;a name="ID766"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso es —dijo la señora Bartolotti— ¡Eso es! En aquellos días él esperaba al niño.&lt;a name="ID769"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(Pero en ésto se equivocaba radicalmente la señora Bartolotti. El señor Bartolotti esperaba en aquellos días un libro titulado La interpretación de los sueños en el antiguo Egipto, y el libro llegó finalmente).&lt;a name="ID776"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti cogió su monedero, su cartera, su bolsa de cuero y su estuche de plástico. En el monedero sólo había algunas monedas. En la cartera había mil chelines, destinados al pago del alquiler. En la bolsa de cuero había algunas monedas de plata de cincuenta y otras de veinticinco que la señora Bartolotti coleccionaba. En el estuche de plástico había cuatro billetes azules de mil chelines, que guardaba para un caso de apuro.&lt;a name="ID779"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Este es un auténtico caso de apuro, criatura —se dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID782"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se quitó la bata, corrió al cuarto de baño, cogió un pantalón vaquero y un suéter de algodón de la cuerda de tender, y se los puso.&lt;a name="ID785"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los vaqueros estaban gastados alrededor de la cremallera y, todavía bastante húmedos, en la cintura. Además, estaban sin planchar, tan rígidos y arrugados como sólo pueden estarlo unos vaqueros. El retorcido suéter también estaba sin planchar y bastante deformado.&lt;a name="ID788"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Si me pongo un abrigo encima, pensó la señora Bartolotti, nadie se dará cuenta.&lt;a name="ID791"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti sólo tenía un abrigo. Un grueso abrigo de piel de liebre, gris claro. Aunque hacía bastante calor, se embutió en el abrigo.&lt;a name="ID794"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Los abrigos de piel de liebre se llevan con gorros de piel de liebre —dijo la señora Bartolotti poniéndose el enorme gorro. &lt;a name="ID797"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Metió en su bolso los cuatro mil chelines para caso de apuro y el monedero, la cartera y la bolsa de piel, pidió un taxi por teléfono y salió de casa.&lt;a name="ID800"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti dijo al taxista que la llevara «a la ciudad». En la ciudad en la que vivía la señora Bartolotti, se decía «ir a la ciudad» a ir al «centro de la ciudad», donde suelen estar las tiendas bonitas, caras y elegantes.&lt;a name="ID803"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Estaban a primeros de octubre, y por lo tanto ya era otoño, pero hacía bastante calor. Para ser exactos, veintidós grados a la sombra. La señora Bartolotti sudaba bajo la piel de liebre, y la gente la miraba con curiosidad. Pero que la mirasen con curiosidad, era algo a lo que la señora Bartolotti ya estaba acostumbrada. La mayoría de las veces llevaba vestidos que a la gente le parecían raros. O no se adaptaban a la época del año o a la ocasión de la que se trataba. La señora Bartolotti iba a jugar al tenis con pantalón negro, llevaba vaqueros a la Opera, iba a la lechería con vestido largo de seda y al cine, con ropa de montañero.&lt;a name="ID806"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lo que tú quieres es irritar a la gente con estas cosas —aseguraba Egon, el farmacéutico.&lt;a name="ID809"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero no era así. La señora Bartolotti no quería molestar a nadie. Cogía un vestido cualquiera del armario. Un día le apetecía. ponerse algo rojo y, como los pantalones de montañero eran de ese color, se ponía los pantalones de montañero.&lt;a name="ID812"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti llevaba una hora corriendo por la ciudad y ya había gastado los cuatro mil chelines; tenía ya nueve bolsas de plástico llenas de ropas de niño. Había comprado calzoncillos y calcetines, suéteres estampados y bordados, pantalones de pana y pantalones de cuero, un cinturón y una camisa de seda india. Había comprado tres pares de zapatos de deporte color de rosa con cordones violeta. Un par del número 30, otro del 31 y otro del 32. Uno de ellos le vendrán bien, pensó. También había comprado una boina bastante estrafalaria. Era de piel azul pálido, y llevaba bordado un dibujo, dorado y plateado; encima llevaba un cascabel dorado. También había comprado una chaqueta compuesta solamente por parches de colores.&lt;a name="ID815"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Como ya había gastado tanto dinero, la señora Bartolotti se propuso ahorrar. Decidió volver andando a casa y no tomar un taxi. Los tranvías no los podía soportar. Pasó por una tienda de juguetes y pensó que los juguetes son absolutamente necesarios para un niño; de modo que sacó la cartera del bolso, cogió el dinero para el alquiler y compró una gran caja de construcciones, un osito de peluche, un libro con ilustraciones, una comba para saltar, un revólver de plástico, una muñeca que decía «mamá» y unos muñecos de guiñol.&lt;a name="ID818"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A continuación pasó la señora Bartolotti por una tienda de muebles, y de repente se dio cuenta de que Konrad necesitaba una cama. Sacó del bolso la bolsa de piel y contó las monedas de plata. Diez de cincuenta y ocho de veinticinco sumaban setecientos chelines. Entró en la tienda de muebles y eligió una cama para niño. Era roja y llevaba un colchón verde con elefantes blancos estampados. La cama roja y el colchón verde eran los más caros de la tienda.&lt;a name="ID821"&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R6kFVJc4lhI/AAAAAAAAA_s/IcIJm0Kdfzg/s1600-h/chicos_ronda.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5163664308629444114" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R6kFVJc4lhI/AAAAAAAAA_s/IcIJm0Kdfzg/s320/chicos_ronda.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti entregó sus monedas de plata como anticipo y el dependiente le prometió que la cama y el colchón le serían entregados en su casa esa misma tarde.&lt;a name="ID824"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cerca ya de su casa, la señora Bartolotti pensó que Konrad necesitaba dulces y helados. Sacó el monedero del bolso y compró en la pastelería una bolsa con trocitos de guirlache, otra bolsa de almendras tostadas, un paquete de tamaño familiar con helado de frambuesa, una docena de chicles y diez serpentinas de goma.&lt;a name="ID827"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando la señora Bartolotti llegó a casa, Konrad ya no estaba en la cama, sino junto a la ventana del cuarto de estar, envuelto en una sábana y mirando a la calle.&lt;a name="ID830"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Buenos días, madre —dijo.&lt;a name="ID833"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID885"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti soltó las once bolsas, se quitó la piel de liebre, tiró el gorro sobre la mesa y se secó el sudor de la frente.&lt;a name="ID836"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Buenos días, Konrad —contestó, y se quedó pensando si era un saludo adecuado para un niño de siete años, y si no sería mejor darle un beso o, al menos, abrazarle. Quizá darle un golpecito en el hombro. (No estaba al corriente del modo de tratar a un niño de siete años). La señora Bartolotti había visto a menudo a la anciana señora Meier levantar en brazos a Michi, su nieto, y besarle ambas mejillas. Así que la señora Bartolotti se fue hacia Konrad y le levantó del suelo, hasta que su cara estuvo delante de la de ella.&lt;a name="ID839"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad la miraba. Y, de pronto, la señora Bartolotti no estuvo segura de si Konrad quería que le besaran. Volvió a dejarle en el suelo. Konrad seguía mirando a la señora Bartolotti.&lt;a name="ID842"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué me has levantado en brazos y has vuelto a soltarme en el suelo? —preguntó.&lt;a name="ID845"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Quería darte un beso —dijo la señora Bartolotti— pero no sé si a ti te parece bien.&lt;a name="ID848"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Los padres besan a sus hijos —dijo Konrad— cuando se han portado bien.&lt;a name="ID851"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se pasó la lengua por el labio superior, frunció el entrecejo y guiñó los ojos. Se percibía que estaba meditando. Al poco rato dijo, mirando la sábana en la que se había envuelto: &lt;a name="ID854"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Estaba solo en casa y no he roto ni estropeado nada. Claro que he quitado la sábana del colchón y me he envuelto en ella, pero creo que eso no es malo. Es que tenía un poco de frío.&lt;a name="ID857"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues claro que no es malo —le tranquilizó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID860"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, yo creo que puedes darme un beso —dijo Konrad.&lt;a name="ID863"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti levantó a Konrad hasta que tuvo su cara frente a la de ella y le besó en la mejilla izquierda y, luego, en la derecha. La piel de Konrad era tibia, delicada y suave, y la señora Bartolotti encontró muy agradable besarle. Por eso, volvió a besar a Konrad en la mejilla izquierda y, luego, en la derecha, y después volvió a ponerlo en el suelo. A continuación, cogió las bolsas y desempaquetó sus compras.&lt;a name="ID866"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Te gusta esto? —preguntó, sacando de una bolsa un niky con bordados dorados.&lt;a name="ID869"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Te gusta esto? —preguntó, cogiendo un cinturón de cuero con una enorme hebilla de latón en forma de cabeza de toro.&lt;a name="ID872"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A cada objeto que la señora Bartolotti sacaba de las bolsas, Konrad asentía con la cabeza en señal de aprobación. Pero no lo hacía muy entusiasmado y, naturalmente, la señora Bartolotti se dio cuenta.&lt;a name="ID875"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Creo —dijo con tristeza— que todo esto no te gusta mucho.&lt;a name="ID878"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Oh, sí! —dijo Konrad cortésmente— claro que sí. Si a ti te gusta, yo estoy contento con ello.&lt;a name="ID881"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero es a ti a quien le debe gustar —exclamó la señora Bartolotti— Tú eres quien tiene que llevar estas ropas.&lt;a name="ID888"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad titubeó y dijo:&lt;a name="ID891"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo no sé lo que se lleva ahora. Sólo... —Konrad se calló.&lt;a name="ID894"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sólo ¿qué?&lt;a name="ID897"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sólo... —Konrad volvió a callarse.&lt;a name="ID900"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero sólo ¿qué? Dilo de una vez.&lt;a name="ID903"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Está bien, si tú quieres, lo diré —dijo Konrad—. He estado mirando un buen rato por la ventana y he visto muchos niños; entre ellos había algunos de mi edad y llevaban otras cosas muy distintas a éstas.&lt;a name="ID906"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues, ¿qué llevaban?&lt;a name="ID909"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pantalones gris claro y camisas de cuadros o de rayas y encima chaquetas azules o marrones.&lt;a name="ID912"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Porque la gente es terriblemente aburrida! —dijo la señora Bartolotti— Porque no tienen fantasía y a todos les gusta lo mismo y no se atreven a nada. &lt;a name="ID915"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se golpeó con un puño en el pecho, allí donde estaban pintados en su suéter de algodón el gran sol dorado, el ciervo rosa y el gato verde.&lt;a name="ID918"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mira aquí —le dijo—. Yo también tengo cosas chillonas, que las demás personas no llevan. El sol y el ciervo y el gato me los he pintado yo con pinturas especiales para tejidos. Nadie los lleva en el mundo, excepto yo, y estoy orgullosa de ello. Es bonito, ¿ no?&lt;a name="ID921"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo no sé —dijo Konrad.&lt;a name="ID924"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti suspiró y dijo:&lt;a name="ID927"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, bueno, ya veo que toda la gente no es como yo; y ellos, los otros, también tienen razón. Si quieres, mañana te compraré un pantalón gris, una camisa a cuadros y una chaqueta azul, ¿eh?&lt;a name="ID933"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad negó con la cabeza y explicó que eso sería un derroche de dinero y, sobre todo, no era necesario. Se puso unos calzoncillos a cuadros rojos y blancos, el niky con los bordados dorados y los pantalones de pana, de color violeta, con las rodilleras verdes en forma de corazón. Luego, se abrochó el cinturón de cuero con la enorme hebilla de latón en forma de cabeza de toro y se puso la gorra azul claro, con el cascabel dorado.&lt;a name="ID936"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tienes un aspecto fantástico, verdadera y sencillamente increíble —exclamó la señora Bartolotti, sinceramente entusiasmada. —Eres el niño más guapo que he visto en mi vida.&lt;a name="ID939"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti quiso llevar a Konrad al espejo grande del vestíbulo.&lt;a name="ID942"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ven —le dijo—, mírate al espejo y verás qué guapo eres.&lt;a name="ID945"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No, gracias —dijo Konrad—. Los niños de siete años sólo deben mirarse al espejo cuando se lavan las orejas o cuando se lavan los dientes; si no, se vuelven vanidosos y presumidos.&lt;a name="ID948"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdóname —musitó la señora Bartolotti, que, de repente, se había acordado del helado de frambuesa—. ¡Dios mío! —exclamó—, el helado se está derritiendo.&lt;a name="ID951"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sacó el helado de la bolsa, corrió a la cocina y volcó el contenido del paquete en una fuente de cristal. Sacó un bote del armario de la cocina, en el cual había barquillos largos y delgados. Clavó los barquillos en el helado. Quedaba muy bonito, parecía un erizo con púas muy largas. La señora Bartolotti le llevó a Konrad, al cuarto de estar, la fuente con el erizo de helado.&lt;a name="ID954"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mira —le dijo—, te gustará. Está muy bueno.&lt;a name="ID957"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿También, cuando no es verano, se comen helados? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID960"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Claro que sí —dijo la señora Bartolotti—. Siempre se puede comer helado. A mí me gustan especialmente en invierno. Cuando como helados con más gusto, es cuando nieva.&lt;a name="ID963"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero, ¿no se come el helado sólo de postre? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID966"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdóname, cariño —exclamó la señora Bartolotti—, olvidé por completo que debes de tener hambre. Te haré un bocadillo de jamón y un huevo pasado por agua con un pepino. ¿Te parece?&lt;a name="ID969"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No tengo hambre —explicó Konrad—. La ducha de disolución nutritiva alimenta para veintiséis horas. Só1o era que yo no estaba seguro de si se podía comer helado con el estómago vacío.&lt;a name="ID972"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Caramba!, ¿por qué preguntas continuamente qué se debe o qué no se debe hacer?&lt;a name="ID975"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Porque un chico de siete años tiene que preguntarlo —dijo Konrad.&lt;a name="ID978"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero yo no tengo ni idea de lo que un chico de siete años debe o no debe hacer —gritó, desesperada, la señora Bartolotti.&lt;a name="ID981"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces no comeré hoy helado —dijo Konrad— y mañana te enteras a qué horas se debe comer el helado, ¿te parece?&lt;a name="ID984"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti aceptó, pero no tenía la más ligera idea de a quién podría preguntar. Sobre todo, estaba bastante desconcertada y, de puro desconcierto, se comió todo el helado con los barquillos y empezó a sentir tirones en el estómago y ardores en el esófago.&lt;a name="ID987"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad permaneció durante todo el tiempo sentado frente a ella, mirándola comer. Algunas veces la señora Bartolotti se interrumpía y le ponía a Konrad una cucharada de helado o un barquillo bajo la nariz y le preguntaba si no quería, al menos, probarlo, pero Konrad sacudía la cabeza.&lt;a name="ID990"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando la señora Bartolotti terminó de comerse el helado, Konrad preguntó cómo podía él ayudar en las tareas de la casa, si lavando los platos, limpiando el polvo o sacando el cubo de la basura.&lt;a name="ID993"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Harías con gusto esas cosas? —preguntó la señora Bartolotti a Konrad.&lt;a name="ID996"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Con gusto? No lo sé —dijo Konrad—. Pero un chico de siete años es capaz de hacerlo y, además, tiene la obligación de ayudar a su madre con pequeños trabajos.&lt;a name="ID999"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, es verdad, claro, naturalmente —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1002"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero añadió que en el cubo de la basura todavía cabían muchas cosas y que la capa de polvo aún no era muy gruesa y que aún quedaban en el armario de la cocina algunos platos, cucharas, tazas y ollas limpias, por lo que sería mejor que Konrad jugara con los juguetes nuevos.&lt;a name="ID1005"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad cogió la caja grande de juego de construcciones, levantó la tapa y contempló las piezas.&lt;a name="ID1008"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Son muy bonitas las piezas de colores —dijo.&lt;a name="ID1011"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti suspiró aliviada.&lt;a name="ID1014"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Con estas piezas se pueden construir torres, una locomotora completa, un Ayuntamiento y hasta un avión —le explicó.&lt;a name="ID1017"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad volvió a cerrar la caja, se la puso bajo el brazo y preguntó:&lt;a name="ID1020"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Dónde puedo jugar?&lt;a name="ID1023"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Dónde? —la señora Bartolotti no había comprendido la pregunta.&lt;a name="ID1026"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Quiero decir que cuál es mi rincón para jugar.&lt;a name="ID1029"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti nunca había oído hablar de un rincón para jugar. Konrad le explicó que los niños tienen, o un rincón para jugar, o un cuarto de juegos. Y, como en el piso de la señora Bartolotti no había un cuarto de juegos, dijo, ella debía asignarle un rincón para jugar.&lt;a name="ID1032"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti reflexionó. Tenía un cuarto de estar, un cuarto de trabajo, un dormitorio, una cocina, un vestíbulo y un cuarto de baño, y cada habitación tenía cuatro rincones.s En total sumaban veinticuatro rincones. Ella creía que Konrad podía disponer de cualquier rincón. Pero también podía disponer de los veinticuatro rincones a la vez. Y del centro de la habitación también podía disponer, dijo ella.&lt;a name="ID1035"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Muchas gracias, pero me basta con un rincón —explicó Konrad.&lt;a name="ID1038"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, en ese caso, elige tú uno —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1041"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Dónde estorbo menos?&lt;a name="ID1044"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Estorbar? ¿A quién?&lt;a name="ID1047"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡A tí!&lt;a name="ID1050"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—A mí no me estorbas. ¡De veras que no! Por mí puedes jugar en cualquier parte.&lt;a name="ID1053"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces me quedo con éste —Konrad señaló el rincón entre la ventana y la puerta que daba al vestíbulo—. ¿Está bien? —preguntó.&lt;a name="ID1056"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti dijo que sí. Konrad colocó la caja en el suelo, levantó la tapa y miró las piezas.&lt;a name="ID1059"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—He comprado un montón de cosas más —dijo la señora Bartolotti—. Mira —reclamó su atención—. Esto es un oso y esto una muñeca y un libro con ilustraciones...&lt;a name="ID1062"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad le interrumpió :&lt;a name="ID1065"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo creo que es mejor y más razonable para un chico de siete años, jugar durante algún tiempo con una sola cosa, concentrándose por completo en ella. Si no, con tantas cosas, se puede uno poner muy nervioso.&lt;a name="ID1068"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdona, no lo había pensado —balbuceó la señora Bartolotti, y dejó todos los juguetes que había comprado en el rincón de al lado de la puerta del vestíbulo. También, naturalmente, la muñeca que decía mamá.&lt;a name="ID1071"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad miró a la muñeca.&lt;a name="ID1074"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Es eso para mí? —preguntó, y, cuando la señora Bartolotti contestó que sí, dijo—: ¡Pero yo soy un chico de siete años!&lt;a name="ID1077"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y no es apropiada para un chico una muñeca que dice mamá? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1080"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Las muñecas son para las niñas —explcó Konrad.&lt;a name="ID1083"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti cogió la muñeca del suelo. —¡Qué lástima! —musitó—. Es tan bonita.&lt;a name="ID1086"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti le arregló el flequillo a la muñeca, le hizo cosquillas en la barriga y decidió regalársela a la niña que vivía en el piso de abajo. La niña se llamaba Kitti.&lt;a name="ID1089"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad, montando pieza sobre pieza, construía una torre alta y delgada.&lt;a name="ID1092"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Oye, Konrad —dijo la señora Bartolotti y empezó a explicarle que tenía que ponerse a trabajar un poco—. Por lo menos, tres centímetros de alfombra —y preguntó a Konrad, si quería quedarse solo en el cuarto de estar, o irse con ella al cuarto de trabajo—. Así no estarás tan solo —le dijo.&lt;a name="ID1095"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad estaba construyendo una segunda torre delgada y alta.&lt;a name="ID1098"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No, gracias —contestó—, me quedo aquí. Yo ya había contado con que tú fueras una mujer con una profesión. Nos han dicho que, actualmente, la mayoría de las madres trabajan. Y hay niños que viven con la abuela, y niños que están en guarderías, y luego están los que llaman niños llave.&lt;a name="ID1101"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Santo cielo! —murmuró en voz baja la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1104"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ya estaba otra vez desconcertada. Se fue al cuarto de trabajo, se sentó ante el telar y empezó a anudar hilos de color rojo brillante, noble violeta y verde venenoso en la alfombra, y así pudo dejar de pensar en el extraño niño que se hallaba agachado en un rincón de su cuarto de estar. Cuando trabajaba en sus alfombras, la señora Bartolotti sólo pensaba en las alfombras, y absolutamente en nada más. Quizá por eso aquellas alfombras resultaban especialmente hermosas.&lt;a name="ID1107"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Como la señora Bartolotti sólo pensaba en la alfombra, no se dio cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo. De pronto, Konrad apareció a su lado. La señora Bartolotti miró a Kontad primero y luego al reloj, y vio que era muy tarde.&lt;a name="ID1110"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Dios mío! Seguro que ahora ya tienes hambre —exclamó sobresaltada.&lt;a name="ID1113"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Un poco, apenas nada —contestó Konrad. Dijo también que, en realidad había venido por otro motivo.&lt;a name="ID1116"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El quería cantar algo. Pero no tenía la menor idea de lo que cantan los niños de siete años. Para eso no le habían preparado. O le habían preparado y él no había puesto mucha atención.&lt;a name="ID1119"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Dime —la señora Bartolotti quería enterarse y se le puso cara de curiosidad—, ¿cómo te han preparado? ¿Cómo fue? Y, ¿quién te ha preparado?&lt;a name="ID1122"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad callaba.&lt;a name="ID1125"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tuviste allí profesores? ¿O eran los operarios? Y, ¿estabas todo el tiempo tan arrugado? Perdóname, quiero decir tan, tan..., tan seco como antes de la disolución nutritiva.&lt;a name="ID1128"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad siguió callado.&lt;a name="ID1131"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿No puedes hablar de todo eso?&lt;a name="ID1134"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad dijo:&lt;a name="ID1137"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sólo en caso de necesidad. ¿Es éste un caso de necesidad?&lt;a name="ID1140"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No —dijo la señora Bartolotti—, ¡claro que no es un caso de necesidad!&lt;a name="ID1143"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y se puso a pensar en qué era lo que cantaba ella de niña.&lt;a name="ID1146"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Primero recordó:&lt;a name="ID1149"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿Quién ha llevado rodandoel queso hasta la estación?&lt;a name="ID1159"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero ya no se sabía más de la letra. Luego se acordó de:&lt;a name="ID1162"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Lorito real, lorito realqué tiene mi lorito, lorito real..&lt;a name="ID1172"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y tampoco se sabía ya más. Entonces recordó:&lt;a name="ID1175"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Lucila vá,de pies a cabeza color lilá,y todo lo que lleva es violetá.&lt;a name="ID1190"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero se dio cuenta de que no eran canciones infantiles, sino canciones de moda que los mayores cantaban cuando ella era niña. Y, por fin, le vinieron a la memoria auténticas canciones infantiles:&lt;a name="ID1193"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al pasar por el puente de Santa Clará,se me cayó el anillo dentro del aguá&lt;a name="ID1203"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y también:&lt;a name="ID1206"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando la suegra se puso a cantar,ni el mismo Diablo la hizo callar.&lt;a name="ID1216"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y además:&lt;a name="ID1219"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Chocolate, molinillo,corre, corre, que te pillo.A estirar, a estirar,que el demonio va a pasar.&lt;a name="ID1239"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti cantó una canción tras otra y cada vez estaba más alegre. Cantó también:&lt;a name="ID1242"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Un soldado en un cuartelen la cama se meóy quedó tan inundadaque allí un barco naufragó.&lt;a name="ID1262"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mientras la señora Bartolotti cantaba «Al señor Paco su tía» y justo cuando estaba en «El señor Paco volvía, a casa en la oscuridad», se dio cuenta de que Konrad se iba poniendo pálido. Pero se dijo que la siguiente estrofa, al ser especialmente divertida, le gustaría. Y cantó:&lt;a name="ID1265"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Paco veníavolando sobre un barrily los franceses creíanque aquello era un zepelín.Dispararon con trabajosus pesados mosquetonesde modo que al señor Pacole dieron en los calzones.&lt;a name="ID1289"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad había ido palideciendo y estaba ya blanco como una sábana. La señora Bartolotti se dio cuenta y, para animarle, cantó:&lt;a name="ID1292"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿Qué es aquéllo que reluceen lo alto del castillo?Es el culo de Mahomaque le están sacando brillo.&lt;a name="ID1312"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento, Konrad empezó a llorar.&lt;a name="ID1315"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, ¿qué te pasa?&lt;a name="ID1318"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se levantó en seguida, sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón y le secó las lágrimas. Konrad sollozó:&lt;a name="ID1321"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lloro porque no sé qué es lo que debo hacer. Los niños deben escuchar con atención cuando las madres hablan, o cuentan algo, o cantan. Pero deben dejar de escuchar cuando se dice, o se cuenta, o se canta algo indecoroso.&lt;a name="ID1324"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Es que he cantado yo algo indecoroso?&lt;a name="ID1327"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad asintió. La señora Bartolotti estaba sinceramente asustada y prometió solemnemente a Konrad no cantar o decir nunca más algo indecoroso. Konrad dejó de sollozar.&lt;a name="ID1330"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y entonces sonó el timbre de la puerta. No como sonaba al llamar el cartero que traía los giros, o como sonaba la llamada de los bomberos, sino suavemente tres veces seguidas; como sólo el farmacéutico Egon llamaba. Esto quería decir que era sábado y, por consiguiente, día de familiaridad.&lt;a name="ID1333"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya, si es Egon! Casi lo había olvidado —exclamó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1336"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando corría hacia la puerta, se dio un golpe en el codo con el armario del vestíbulo y quiso lanzar una maldición, pero se contuvo para que Konrad no volviera a llorar.&lt;a name="ID1339"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon se había puesto el traje negro y la corbata de color gris claro, y traía en la mano un ramillete de violetas.&lt;a name="ID1342"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tengo dos estupendas entradas para la ópera —dijo.&lt;a name="ID1345"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y yo tengo un estupendo niño —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1348"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Segunda fila, principal, centro —dijo el señor Egon, pero se detuvo de repente, se quedó mirando a la señora Bartolotti y preguntó— ¿Cómo? ¿Qué?&lt;a name="ID1351"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En ese momento apareció Konrad en el vestíbulo. Se dirigió al señor Egon, le hizo una reverencia, le dio la mano y dijo:&lt;a name="ID1354"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Buenas tardes, señor.&lt;a name="ID1357"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Es mi hijo —dijo la señora Bartolotti—. Tiene siete años y se llama Konrad.&lt;a name="ID1360"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon se puso pálido. Mucho más pálido que Konrad con las canciones indecorosas. La señora Bartolotti comprendió que debía una explicación al señor Egon. Pero no quería explicar el asunto delante de Konrad, por lo que le dijo:&lt;a name="ID1363"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, cariño, creo que ahora hay un programa infantil en la televisión.&lt;a name="ID1366"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bien —dijo Konrad y se fue muy formal al cuarto de estar.&lt;a name="ID1369"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se volvió a decirle:&lt;a name="ID1372"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Primero hay que sacar el botón de arriba, luego apretar el tercero de abajo y después...&lt;a name="ID1375"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, ya lo sé —contestó Konrad desde el cuarto de estar—, nos han enseñado a manejar la televisión.&lt;a name="ID1378"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se llevó al señor Egon a la cocina, le dio un cigarro, cogió otro para ella, puso agua para hacer café y le contó todo al señor Egon. Cuando el agua empezó a hervir, ella había terminado la narración, y cuando había pasado toda el agua por el filtro del café, el señor Egon seguía sin creerse la historia. Sólo se convenció cuando la señora Bartolotti le enseñó la lata vacía y la bolsa de la disolución nutritiva, también vacía, y los documentos y la carta.&lt;a name="ID1381"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Incómodo —dijo el señor Egon—, sumamente incómodo.&lt;a name="ID1384"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti hizo un gesto afirmativo con la cabeza. El señor Egon observaba atentamente las puntas de sus zapatos de charol, negros y brillantes.&lt;a name="ID1387"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Estáis todos ahí? —gritaban las voces de los muñecos de la televisión en el cuarto de estar.&lt;a name="ID1390"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡ Sííí...! —decía suavemente la voz de Konrad, y por lo menos cien niños en los estudios de la televisión vociferaban— ¡Sííí... !&lt;a name="ID1393"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon seguía contemplando las puntas de sus zapatos de charol.&lt;a name="ID1396"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Vamos, Egoncito, di algo —rogó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1399"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Devuélvelo —dijo el señor Egon en voz baja&lt;a name="ID1402"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué vergüenza! —dijo la señora Bartolotti, aún más bajo.&lt;a name="ID1405"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Entonces, agarró al señor Egon de la mano, le hizo levantarse de la silla y fue tirando de él por la cocina y el vestíbulo, hasta el cuarto de estar.&lt;a name="ID1408"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Míralo —susurró la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1411"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon miró y vio en la pantalla un cocodrilo de plástico con escamas verdes y una cola violeta y unos ojos hechos con dos botones rojos, que se arrastraban lentamente hacia un muñeco con un gorro rojo. El muñeco, que tenía la cabeza de madera, se mostraba tranquilo y confiado.&lt;a name="ID1414"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon vio a Konrad sentado ante el televisor. Konrad tenía puesta la gorra azul claro con el cascabel dorado. Tenía los ojos tan abiertos como la boca, y el dedo índice de la mano derecha en la punta de la nariz. Las orejas se le habían puesto rojas, y los cabellos rubios que asomaban bajo la gorra estaban revueltos. El aspecto de Konrad era el de un niño muy guapo, digno de ser amado y necesitado de protección. &lt;a name="ID1417"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? —preguntó en voz baja la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1420"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No —murmuró el señor Egon lleno de compasión—, no se puede devolver al pequeño.&lt;a name="ID1423"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Claro que no! —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1426"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la pantalla, el de la cabeza de madera con gorro rojo, que no era en absoluto confiado, acababa de matar a palos al cocodrilo de plástico y los cien niños del estudio chillaban como monos. Konrad apartó el dedo de la nariz, se puso en pie diciendo «Pobre cocodrilo, pobrecito », se acercó al aparato y apretó el botón. Antes de que el cocodrilo estirase sus cuatro patas, la imagen había desaparecido.&lt;a name="ID1429"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿No te gusta el teatro de marionetas? —preguntó el señor Egon.&lt;a name="ID1432"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(El señor Egon, de niño, no podía soportar el teatro de marionetas).&lt;a name="ID1435"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hay que tener compasión de los animales —dijo Konrad.&lt;a name="ID1438"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero Konrad, ¡éste era un cocodrilo! —exclamó la señora Bartolotti—. Un cocodrilo es un animal peligroso, devora a los hombres vivos. &lt;a name="ID1441"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ese cocodrilo —explicó Konrad— sólo quería dormir. El del gorro rojo le ha despertado al gritar tan alto y de un modo tan grosero.&lt;a name="ID1444"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero el cocodrilo venía acechándole por detrás —gritó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1447"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;(A ella, de niña, le había gustado mucho el teatro de marionetas).&lt;a name="ID1450"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo creo —opinó Konrad— que los animales no saben que venir por detrás es acechar.&lt;a name="ID1453"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, pero... —tartamudeó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1456"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—El. hombre del gorro rojo debería ir en un coche cerrado, por las zonas en las que viven animales feroces —dijo Konrad—. Eso es mucho más seguro, tanto para el cocodrilo, como para él.&lt;a name="ID1459"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, pero... —volvió a tartamudear la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1462"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Nada de pero! —gritó el señor Egon con una voz que sonó muy satisfecha—. ¡Nada de pero en absoluto! ¡El chico tiene razón! Y, para su edad este chico es de una inteligencia poco común.&lt;a name="ID1465"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon observaba a Konrad con particular agrado. El señor Egon, en general, nunca observaba a los niños con particular agrado; ni siquiera con un agrado normal.&lt;a name="ID1468"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El agrado del señor Egon se convirtió en auténtico entusiasmo, cuando Konrad preguntó:&lt;a name="ID1471"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Por favor, ¿es hora ya de irse a la cama?&lt;a name="ID1474"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tienes sueño ya? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1477"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso no importa —dijo Konrad—. La mayoría de los niños, a la hora de irse a dormir, todavía no tienen sueño.&lt;a name="ID1480"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti tenía tan poca idea de la hora de irse a la cama como de la de comer helados. Sólo podía recordar que con frecuencia, de niña, berreaba como un demonio cuando la mandaban a la cama y que algunas veces, después de acostada, seguía berreando un rato más. De modo que dijo a Konrad:&lt;a name="ID1483"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Quédate todo el tiempo que quieras. Tú mismo notarás cuándo quieres irte a la cama —y al decir ésto se dio cuenta de que la cama no había llegado aún. Así que explicó—: El asunto está claro. Te irás a dormir cuando nos traigan la cama. &lt;a name="ID1486"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad estaba de acuerdo.&lt;a name="ID1489"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Además, Konrad seguía sin tener mucha hambre.&lt;a name="ID1492"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Te apetece, quizá, un bombón? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1495"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Comer golosinas por la noche, antes de acostarse, puede hacer daño —dijo Konrad.&lt;a name="ID1498"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, la señora Bartolotti le puso delante de la boca un bombón de chocolate, relleno de frambuesa y con una almendra encima. Sostuvo el bombón delante de la boca de Konrad, hasta que por fin la abrió y ella se lo introdujo rápidamente.&lt;a name="ID1501"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bertita, no lo has comprendido —le regañó el señor Egon—. El niño es más sensato que tú. Ya puedes estar contenta de tener un hijo que se da cuenta de lo malo que es el azúcar para los dientes.&lt;a name="ID1504"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti murmuró algo como «pamplinas» y observó atentamente la cara de Konrad. Quería ver cómo se le iluminaba de felicidad al comer un bombón tan bueno. Pero la cara de Konrad no se llenó de felicidad. Por el contrario, Konrad parecía triste. Se tragó el bombón y luego dijo:&lt;a name="ID1507"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, estaba muy bueno, pero me oprime.&lt;a name="ID1510"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Vamos, Konrad —dijo riendo la señora Bartolotti—, un bombón no puede oprimirte el estómago, para eso tendrías que haberte comido toda una bolsa.&lt;a name="ID1513"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad sacudió la cabeza y explicó que el bombón no le oprimía el estómago, sino la conciencia, porque comer bombones antes de irse a la cama era algo prohibido. A él le causaba opresión todo lo que estaba prohibido. Se lo habían inculcado. También dijo muy triste que hasta ese momento, él se había sentido orgulloso del sentimiento opresor que le producían las cosas prohibidas, pues había sido la materia de enseñanza más importante que habían tenido en la «Sección de puesta a punto». Konrad aclaró:&lt;a name="ID1516"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Se llamaba clase de sentimiento de culpabilidad, y los niños-instantáneos que no la dominaban a la perfección, no podían salir de la fábrica. —Pero, de pronto, Konrad se calló asustado porque no podía hablar de la fábrica; salvo en caso necesario.&lt;a name="ID1519"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Aterrador —murmuró la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1522"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero el señor Egon clamó:&lt;a name="ID1525"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Es el muchacho más estupendo que he visto nunca! Si todos los chicos fueran así, ya hace tiempo que yo tendría uno. ¡Un chico de siete años tan bien educado, tan complaciente, comedido y formal, es un consuelo!&lt;a name="ID1528"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Egoncito, eres un cretino —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1531"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero el señor Egon no lo oyó porque seguía hablando de Konrad con enorme entusiasmo. Y siguió aún largo rato, sin dejarse interrumpir, ni siquiera cuando llegaron, por fin, a entregar la cama. Habló mientras la señora Bartolotti metía en una funda un almohadón del sofá, habló mientras ella extendía las sábanas sobre el colchón y habló mientras ponía una funda al más mullido y bello edredón que poseía. Y continuó hablando de que un niño tan bien educado, delicado y formal como Konrad era poco frecuente, y que un niño así necesitaba una protección mayor de la que la señora Bartolotti podía ofrecerle.&lt;a name="ID1534"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti asintió —en realidad porque no había prestado mucha atención— y acabó de ordenar con unos golpecitos la almohada y el edredón. Pero, como a lo largo del discurso del señor Egon había oído tres veces en poco tiempo la palabra «padre», dejó de asentir con la cabeza. Empujó la cama hasta meterla en el dormitorio, gritó «Un momento, Egoncito», volvió, se sentó en la mecedora frente al señor Egon, y preguntó:&lt;a name="ID1537"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Dime, ¿qué hablabas antes de un padre?&lt;a name="ID1540"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Necesita urgentemente uno —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID1543"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya lo tiene! —gritó la señora Bartolotti—. Lo pone en su partida de bautismo. Konrad August Bartolotti. ¡Ese es su padre!&lt;a name="ID1546"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Sí ese es su padre —gritó el señor Egon, mientras en su frente se formaban cuatro profundas arrugas de preocupación—, deberá volver y ocuparse de la formación de este niño encantador! Porque ése es su deber.&lt;a name="ID1549"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se puso furiosa al oír aquello. Gritó que no necesitaba para nada a Konrad August. Hacía tiempo que le había dicho a Konrad August que se fuera al diablo o al quinto pino, y al parecer allí estaba ahora, y allí podía seguir.&lt;a name="ID1552"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, alguien tiene que hacerse cargo del puesto del padre, y yo... —empezó a decir el señor Egon.&lt;a name="ID1555"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No pudo seguir hablando porque Konrad se presentó descalzo en el cuarto de estar y preguntó dónde, por favor, se podía lavar y si había en la casa un cepillo de dientes para él.&lt;a name="ID1558"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No había en la casa un cepillo de dientes para Konrad. Pero la señora Bartolotti, suspirando, se decidió al menos por sacar del lavabo el jersey y los vaqueros, para que Konrad pudiera lavarse.&lt;a name="ID1561"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Espera un momento —dijo a Konrad—, en seguida limpió el cuarto de baño.&lt;a name="ID1564"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Suspiró tres veces más y se sintió bastante digna de compasión, porque limpiar era para la señora Bartolotti el trabajo más espantoso del mundo.&lt;a name="ID1567"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresó al cuarto de estar, el señor Egon y Konrad estaban sentados uno junto a otro y sonreían.&lt;a name="ID1570"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ahora soy yo su padre —dijo el señor Egon— Konrad está de acuerdo.&lt;a name="ID1573"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad asintió. La señora Bartolotti miró a Egon, miró a Konrad, suspiró y dijo:&lt;a name="ID1576"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, pues tendré yo que estar de acuerdo también.&lt;a name="ID1579"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero, en realidad, ella no estaba de acuerdo. En primer lugar, no creía que un chico de siete años tuviera tanta necesidad de un padre. Y en segundo lugar, de necesitar un padre, ¿por qué uno tan aburrido, tan tontaina como Egon? Egon, pensaba, vale como amigo dos veces por semana para mí, pero no como padre.&lt;a name="ID1582"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, como Konrad sonreía tan contento, repitió:&lt;a name="ID1585"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, pues también yo estoy de acuerdo.&lt;a name="ID1588"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya hacía rato que Konrad se había acostado y dormía —según Egon «como un angelito»— el señor Egon y la señora Bartolotti seguían sentados en el cuarto de estar. El señor Egon se estaba tomando un whisky con mucha soda y la señora Bartolotti, vodka con una guinda.&lt;a name="ID1591"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mañana tienes que llevar a Konrad a la escuela y matricularle —dijo— el señor Egon.&lt;a name="ID1594"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mañana es domingo —contestó la señora Bartolotti—, día de descanso en las escuelas.&lt;a name="ID1597"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues entonces pasado mañana —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID1600"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Continuó hablando de cómo disfrutaría sus futuros placeres de padre, cuando Konrad empezara a traer a casa un sobresaliente tras otro. La señora Bartolotti no sentía por adelantado los placeres de madre por las futuras notas de Konrad. Ella quería ver la película policíaca de la televisión, pero lo impidió el señor Egon.&lt;a name="ID1603"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Deja esa estupidez, que tengo que hacerte una observación importante.&lt;a name="ID1606"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se puso a escucharle en vez de apretar el botón del televisor. Pero no le hizo una observación importante, sino cien mil observaciones importantes, y cuando por fin terminó, era más de medianoche. La señora Bartolotti bostezó, dijo «Adios, Egoncito», dio al señor Egon la llave de la casa y se fue a la cama de puntillas, para no despertar a Konrad. Aunque tenía mucho sueño, no podía dormirse. Las importantes observaciones del señor Egon le rondaban en la cabeza.&lt;a name="ID1609"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID1631"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Tienes que cambiar radicalmente y ser más ordenada, más maternal y más formal!&lt;a name="ID1612"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tienes que ser seria y no andar más por ahí vestida de un modo tan extravagante.&lt;a name="ID1615"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tienes, de ahora en adelante, que hacer la limpieza, preparar la comida con regularidad y cuidarte de decir sólo cosas que sean buenas y útiles para un muchacho de siete años.&lt;a name="ID1618"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tienes que, tienes que, tienes que...&lt;a name="ID1621"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Esta letanía le había dado dos mil vueltas en la cabeza y se le habían revuelto las cien mil observaciones de Egon. Se durmió, pero aún en el sueño más profundo, la señora Bartolotti lanzaba gemidos y murmuraba:&lt;a name="ID1624"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tienes que, tienes que...&lt;a name="ID1627"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, la señora Bartolotti se despertó mucho más temprano que de costumbre. Se restregó los ojos y miró la cama de Konrad. La cama estaba vacía. La señora Bartolotti se asustó. Saltó de la cama —durante un momento creyó que Konrad había sido simplemente un sueño— y corrió al cuarto de estar. Vio a Konrad sentado en su rincón de juegos. Estaba lavado y peinado. Colocaba las piezas del juego de construcciones, una tras otra. Al mismo tiempo, decía:&lt;a name="ID1634"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Éstas son las unidades, éstas son las decenas y éstas son las centenas.&lt;a name="ID1637"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, ¿qué estás haciendo?&lt;a name="ID1640"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hago ejercicios de aritmética —contestó Konrad—. Tendré que ir mañana a la escuela, y conviene que esté preparando como es debido.&lt;a name="ID1643"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Como es debido, como es debido —murmuró la señora Bartolotti camino de la cocina, y añadió, cuando estuvo segura de que Konrad ya no podía oírlo—, no soporto esas palabras. Son tan desagradables como serio, metódico, formal. ¡Demonio, qué asco!&lt;a name="ID1646"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti tenía una lista completa de palabras que no le gustaban. Además de como es debido, formal, serio y metódico, no le gustaban propósito, razonable, cotidiano, instructivo, decoroso, comedimiento, costumbre, ama de casa, apropiado y pertinente.&lt;a name="ID1649"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti preparó café y huevos pasados por agua, hizo una tortilla de frambuesa especialmente para Konrad, y entre tanto pensaba en las desagradables y repugnantes palabras. También pensó en las cien mil observaciones de Egon, mientras despejaba la mesa de la cocina. Extendió sobre la mesa un mantel verde floreado y sacó del armario del cuarto de estar el servicio de plástico para veinticuatro personas (claro que sólo una doceava parte). Como no tenía flores en casa, colocó en el centro de la mesa un jarrito con un ramillete de puerros y perejil. Contempló la masa del desayuno y pensó: hasta Egon me elogiaría en estos momentos. Nadie podría preparar una mesa para el desayuno de un modo más conveniente y maternal.&lt;a name="ID1652"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se tomó el café, la tortilla, el pan con mantequilla y el sandwich de jamón.&lt;a name="ID1655"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues estás hambriento —observó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1658"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Oh, no! —dijo Konrad— estoy llenísimo, casi no puedo más.&lt;a name="ID1661"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Bueno, pues déjalo ya.&lt;a name="ID1664"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdona; hay que comerse todo lo que hay en la mesa y, sobre todo, lo que hay en el plato —explicó Konrad.&lt;a name="ID1667"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti retiró rápidamente los tres últimos panecillos, el jamón y el queso y lo puso sobre el aparador de la cocina. Ya no quedaba nada comestible sobre la mesa. Konrad respiró tranquilo.&lt;a name="ID1670"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Generalmente, la señora. Bartolotti trabajaba los domingos. Pero pensó que a un muchacho de siete años le apetecería ir al campo el domingo. A pasear o a jugar a la pelota. Quizá quisiera ir Konrad al parque de atracciones o al zoológico.&lt;a name="ID1673"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad no quería ir. Ni al zoológico, ni al parque de atracciones, ni al campo. Konrad dijo:&lt;a name="ID1676"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hoy quiero prepararme para la escuela. Sé hacer cuentas y escribir y leer. Tuvimos un buen curso preescolar. Pero lo que no sé es hasta dónde han llegado los niños de mi edad en el colegio.&lt;a name="ID1679"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y entonces Konrad preguntó a la señora Bartolotti si sería tan amable de ir a casa de un niño de siete años y pedirle prestados los libros de clase para que él pudiera echarles un vistazo.&lt;a name="ID1682"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces ¿no quieres ir a la primera clase? —preguntó la señora Bartolotti—. En la primera clase no habrán avanzado mucho, sólo hace un mes que empezó el colegio. En esa clase no se estudia demasiado.&lt;a name="ID1685"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad sacudió la cabeza. Dijo que él no pensaba ir a la primera clase. No sólo era un niño-instantáneo, sino también un niño-selecto. Él era infinitamente más inteligente que el término medio de los niños, por lo que sería una vergüenza que no utilizara adecuadamente su capacidad intelectual. De manera que iría, por lo menos, a la segunda clase.&lt;a name="ID1688"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti volvió a suspirar y salió. Bajó corriendo al primer piso —ella vivía en el segundo— y tocó el timbre de la puerta que había exactamente debajo de la suya. Allí vivía la familia Rusika, y Kitti Rusika tenía siete años e iba a la segunda clase. El señor Rusika abrió la puerta. Detrás del señor Rusika asomó Kitti y la miró con curiosidad. Detrás de Kitti, asomó la señora Rusika y la miró con más curiosidad. La señora Bartolotti nunca había hablado con los Rusika, aunque había unos cinco años que los Rusika vivían en la casa. Por lo general, la señora Bartolotti no hablaba mucho con las personas que vivían en la casa, porque esas personas no querían hablar mucho con ella. Las personas de la casa consideraban «rara» a la señora Bartolotti por sus curiosos vestidos, por los múltiples colores de su cara y porque, a veces, hablaba consigo misma por la escalera.&lt;a name="ID1691"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti no tenía la menor idea de que la consideraban una «persona rara», pero como los tres Rusika la estaban mirando llenos de curiosidad, tuvo la sensación de que el favor que iba a pedir tenía que sonar bastante extraño. ¿Qué persona adulta pide prestados libros escolares?&lt;a name="ID1694"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué desea usted? —preguntó el señor Rusika .&lt;a name="ID1697"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la cabeza de la señora Bartolotti las ideas giraban en todas direcciones tratando de hallar una buena mentira. Se le ocurrió, por ejemplo: mi sobrino ha venido a verme y quiere leer algo. O también: tengo que tejer una alfombra en la que debo poner algo de un libro de texto, y en la página 23 del libro de aritmética hay un bonito dibujo.&lt;a name="ID1700"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué desea usted? —volvió a preguntar el señor Rusika.&lt;a name="ID1703"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A la señora Bartolotti le parecieron tontas todas las mentiras que se le habían ocurrido. Por eso, dijo la verdad.&lt;a name="ID1706"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdone, mi hijo tiene que empezar mañana a ir a la escuela y le gustaría repasar antes los libros de texto. Como su hija también está en la segunda clase, pensé si sería tan amable de prestárselos por esta tarde. Yo se los devolveré a la noche.&lt;a name="ID1709"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor y la señora Rusika eran personas bien educadas, y como las personas bien educadas tienen por costumbre, no preguntaron mucho. Claro que parecían bastante confusos y asombrados, pero dijeron a coro:&lt;a name="ID1712"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, sí, con mucho gusto.&lt;a name="ID1715"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti Rusika era una niña bien educada, pero todavía no lo era tanto como una persona mayor. En los siete años que llevaba en el mundo, aún no había llegado a comprender todas las formas de la buena educación, y por eso preguntó:&lt;a name="ID1718"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tiene usted un hijo, señora Bartolotti?&lt;a name="ID1721"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Chsss! —susurró la señora Rusika, y añadió en voz más baja— No se preguntan esas cosas.&lt;a name="ID1724"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti asintió, corrió a su cuarto y trajo el libro de lectura y el libro de aritmética. La señora Bartolotti cogió los dos libros, dio las gracias y se fue escalera arriba. El señor Rusika cerró la puerta de su casa.&lt;a name="ID1727"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No se han sorprendido nada —se dijo la señora Bartolotti, mientras abría su puerta—. ¿Y por qué habrían de sorprenderse? Al fin y al cabo es una cosa de lo más normal que una señora tenga un hijo.&lt;a name="ID1730"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero si la señora Bartolotti hubiera podido ver a través del suelo, habría descubierto que, al parecer, había muchas cosas en ella y en su hijo que causaban asombro. La familia Rusika seguía en el vestíbulo, junto a la puerta de entrada. Los tres Rusika miraban la puerta embobados y murmuraban:&lt;a name="ID1733"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Tiene un hijo! ¡Un hijo de siete años! Es cosa de locos ¡Tiene un hijo!&lt;a name="ID1736"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Entonces, la señora Rusika resopló por la nariz escandalizada y dijo:&lt;a name="ID1739"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Si ella tiene un hijo, yo soy cura.&lt;a name="ID1742"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y el señor Rusika dijo:&lt;a name="ID1745"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y si es verdad, ¿cómo es que no tiene libros de texto? Y si tiene siete años, ¿cómo es que empieza mañana a ir a la escuela?&lt;a name="ID1748"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y Kitti Rusika dijo:&lt;a name="ID1751"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Puedo subir luego a ver al hijo?&lt;a name="ID1754"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tú no puedes ir a casa porque ella no te ha invitado —dijo la señora Rusika.&lt;a name="ID1757"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Puedo ir a recoger mis libros —respondió Kitti Rusika.&lt;a name="ID1760"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, esa es una posibilidad —dijo el señor Rusika—. Pero no muy pronto. Parecería curiosidad. A la tarde puedes subir.&lt;a name="ID1763"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se alegró mucho de poder ver el libro de lectura y el libro de aritmética. Pero se quedó aterrado cuando vio los monigotes y florecillas que Kitti había pintado en los márgenes del libro de aritmética.&lt;a name="ID1766"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y en el libro de lectura, todas las O mayúsculas estaban pintadas de colores.&lt;a name="ID1769"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Pueden hacer ésto los niños? —preguntó.&lt;a name="ID1772"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti no estaba segura. En su época, dijo, los niños no podían hacerlo.&lt;a name="ID1775"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero de ésto hace ya mucho tiempo —dijo—. Quizá, desde entonces, haya cambiado todo en la escuela.&lt;a name="ID1778"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Será eso —respondió Konrad.&lt;a name="ID1781"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti trajo a Konrad un lápiz, una pluma estilográfica y mucho papel rayado y cuadriculado, y Konrad se puso a hacer cuentas, a hojear los libros, a leer en voz alta y en voz baja, a anotar palabras y frases, mientras hacia gestos de asentimiento con la cabeza.&lt;a name="ID1784"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti empezó a sentirse inútil y decidió irse a tejer el largo fleco de la alfombra verde. Hacía ya dos semanas que tenía que haber entregado esa alfombra. Tejer flecos era un trabajo aburrido y por eso, la señora Bartolotti lo aplazaba de un día para otro y de una semana para otra. Aplazaba los trabajos aburridos hasta que necesitaba con urgencia dinero. ¡Y ahora lo necesitaba con mucha urgencia! &lt;a name="ID1787"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se había gastado todo su dinero en ropa para Konrad.&lt;a name="ID1790"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti fue a buscar un ovillo de lana verde y una tabla. Enrollaba la lana en torno a la tabla y, con las tijeras grandes, cortaba todas las hebras. Así conseguía un grueso manojo de hebras, todas igual de largas.&lt;a name="ID1793"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Criatura, coge ahora la aguja de gancho y empieza a introducir los flecos —dijo para sí la señora Bartolotti.&lt;a name="ID1796"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En seguida, madre —contestó Konrad.&lt;a name="ID1799"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pasó un rato hasta que la señora Bartolotti hubo explicado a Konrad que no se refería a él con lo de «criatura», y cuando Konrad acababa de comprenderlo sonó el timbre de la puerta. Konrad corrió a abrir y volvió con el señor Egon.&lt;a name="ID1802"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tú? —exclamó la señora Bartolotti— ¿qué haces tú aquí?&lt;a name="ID1805"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo? —preguntó el señor Egon—. Espero que no os estorbaré.&lt;a name="ID1808"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Claro que no estorbas —dijo la señora Bartolotti—, pero sábado fue ayer y martes es pasado mañana.&lt;a name="ID1811"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso ya no importa. Ahora soy el padre —explicó el señor Egon.&lt;a name="ID1814"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Ah! Sí, sí, es por eso —murmuró la señora Bartolotti, tosiendo ligeramente—. Por favor, ¿con qué frecuencia tiene que venir un padre? —preguntó luego.&lt;a name="ID1817"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Siempre que pueda.&lt;a name="ID1820"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti pensó que el señor Egon, aparte de tener que estar en la farmacia durante ocho horas, no tenía otra cosa que hacer. No tenía una mujer, ni un amigo, ni hijos —excepto Konrad—, no jugaba al tenis, no iba al fútbol, no leía, no veía la televisión, no paseaba y no jugaba al ajedrez.&lt;a name="ID1823"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues tú puedes con mucha frecuencia —dijo la señora Bartolotti sin mostrar mucho entusiasmo.&lt;a name="ID1826"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Naturalmente —clamó el señor Egon, mostrando mucho entusiasmo—, estaremos juntos todos los minutos libres. Claro está que sólo cuando Konrad no esté durmiendo. Mientras duerme no necesita en absoluto a su padre.&lt;a name="ID1829"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mientras introducía un fleco tras otro en el grueso borde de la alfombra con ayuda de la aguja de gancho, la señora Bartolotti deseaba con fervor que Konrad tuviera un sueño bueno, profundo y, sobre todo, muy largo.&lt;a name="ID1832"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon examinó a Konrad de aritmética. No sólo le preguntó los ejercicios de las primeras páginas, sino también los difíciles de las últimas. Konrad sabía hacer todas las operaciones. La mayoría de las veces obtendría el resultado más rápido incluso que el señor Egon. Konrad sabía leer como una persona mayor, e igualmente sabía escribir de modo irreprochable.&lt;a name="ID1835"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—El niño no debe ir a la primera clase, ni a la segunda clase —exclamó el señor Egon lleno de entusiasmo—, el niño debe ir a la tercera o a la cuarta clase.&lt;a name="ID1838"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Un niño de siete años no puede ir a la cuarta clase —dijo la señora Bartolotti, mientras, llena de irritación, tiraba de una hebra de lana que no quería pasar por el borde de la alfombra.&lt;a name="ID1841"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Si es tan inteligente como mi Konrad, sí!&lt;a name="ID1844"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti soltó la hebra de lana.&lt;a name="ID1847"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tu Konrad? ¿Cómo que tu Konrad?&lt;a name="ID1850"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdona, quise decir nuestro Konrad.&lt;a name="ID1853"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mi Konrad, me parece a mí —gritó la señora Bartolotti en un tono bastante mordaz.&lt;a name="ID1856"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No vamos a reñir, y menos delante del niño, Bertita —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID1859"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti asintió, volvió a agarrar la hebra de lana y tiró.&lt;a name="ID1862"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—A pesar de todo, un niño de siete años, por muy inteligente que sea, no puede ir a la cuarta clase. No lo admiten.&lt;a name="ID1865"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces tendrán que darle una clase especial. Para inteligencias excepcionales tiene que ser posible una cosa así.&lt;a name="ID1868"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Por favor —dijo Konrad—, por favor, yo no quiero una clase especial. Sin duda eso no es correcto. Me adaptaré muy bien a la segunda clase. En la escuela no sólo enseñan a leer, a escribir y a hacer cuentas. También enseñan a adaptarse a una comunidad, y enseñan a cantar y a dibujar y a hacer gimnasia. Todavía no he hecho nada de eso. Me gustaría mucho hacerlo.&lt;a name="ID1871"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, si tú lo crees así —dijo el señor Egon—, pues a mí me parece bien.&lt;a name="ID1874"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En el libro de lectura descubrió Konrad algunas cosas de las que no tenía idea. No sabía qué era una campanilla de invierno, no sabia qué era un San Nicolás, ni un Niño Dios, y tampoco sabía qué era una rosa o un clavel. Ni había oído hablar nunca de una iglesia.&lt;a name="ID1877"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En primer lugar, el señor Egon disertó sobre San Nicolás y sobre el Niño Dios. Konrad escuchaba atentamente. Cuando el señor Egon terminó su discurso, Konrad miró el papel en el que había estado todo el tiempo tomando notas, y dijo:&lt;a name="ID1880"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ahora, yo lo repito. El Niño Dios tiene alas, viene del cielo y desciende volando para traer regalos, los niños pobres reciben pocos y los muy pobres no reciben nada. San Nicolás no tiene alas, sino un báculo de oro. El llega tres semanas antes que el Niño Dios y reparte de modo parecido. ¿Es así?&lt;a name="ID1883"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti contenía la risa. El señor Egon tartamudeó:&lt;a name="ID1886"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues.... pues mira, Konrad, yo creo..., creo que no lo he explicado con claridad, ¿sabes?... verás...&lt;a name="ID1889"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No cuentes patrañas, Egoncito —le interrumpió la señora Bartolotti que se puso a explicar a Konrad—: Nada de lo que ha dicho, absolutamente nada, es cierto. No hay un Niño Dios, ni un San Nicolás y tampoco hay una liebre de Pascua.&lt;a name="ID1892"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdón, ¿una qué? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID1895"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Una liebre de Pascua! —clamó la señora Bartolotti—. Todo eso son cosas que los padres, o los abuelos, o los tíos cuentan a los niños.&lt;a name="ID1898"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y ¿por qué hacen eso?&lt;a name="ID1901"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se encogió de hombros.&lt;a name="ID1904"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Pues qué sé yo! Creo que a las personas mayores les satisface enormemente embaucar a los niños. Entonces se creen muy inteligentes y muy astutos...&lt;a name="ID1907"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, Bertita, tengo que rogarte... —trató de interrumpir el señor Egon.&lt;a name="ID1910"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Déjame terminar —gritó la señora Bartolotti—. Lo que digo es la pura verdad. Los mayores continuamente quieren engañar a los niños. Siempre les están haciendo ver qué formidables y qué inteligentes, qué astutos y qué buenos son...&lt;a name="ID1913"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Vamos, Bertita, ya está bien! Así no se habla delante de los niños —dijo en voz baja el señor Egon—. Modérate, por favor, Berti.&lt;a name="ID1916"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lo que es verdad, es verdad —bufó la señora Bartolotti—, ¡y también es verdad para los niños!&lt;a name="ID1919"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Vamos, Bertita, tengamos paz —rogó el señor Egon.&lt;a name="ID1922"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Me crispas los nervios —resopló la señora Bartolotti&lt;a name="ID1925"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon lanzó un suspiro y decidió ir a dar un paseo con Konrad.&lt;a name="ID1928"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Primero iremos a ver una iglesia y luego a una tienda de flores a ver si hay en el escaparate rosas, claveles y campanillas de invierno. Venga, Konrad, coge tu gorra y vámonos, que mamá no está hoy de muy buen humor.&lt;a name="ID1931"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad cogió su gorra y dijo:&lt;a name="ID1934"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya estoy dispuesto, padre. Hasta luego, madre.&lt;a name="ID1937"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y se marchó con el señor Egon.&lt;a name="ID1940"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti les miró enfurecida e irritada. Después de cerrarse la puerta de la calle, se dijo a sí misma:&lt;a name="ID1943"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Encontrarse con un hijo, bueno, está bien. No tengo nada en contra. Pero el padre me da rabia. A él no lo necesito. ¡Y tampoco lo he buscado!&lt;a name="ID1946"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ese día ya no ocurrió mucho más. Kitti Rusika vino a pedir sus libros y le decepcionó mucho que el hijo de la señora Bartolotti se hubiera ido de paseo con su padre. Se quedó un rato en casa de la señora Bartolotti porque penso que quizá volviera pronto su hijo. Después de haber estado una media hora sentada en el cuarto de estar con la señora Bartolotti, y de haber mirado y leído el libro con ilustraciones de Konrad. y de haber peinado los rubios cabellos de la preciosa muñeca, volvió a sonar el timbre de la puerta. Esta vez era la señora Rusika, que dijo:&lt;a name="ID1949"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Le pido mil perdones por el rato que lleva molestándole mi hija. Sólo le dimos permiso para recoger sus libros.&lt;a name="ID1952"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Esto lo dijo con voz almibarada y luego, con voz airada, dijo a Kitti:&lt;a name="ID1955"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ven inmediatamente. La cena se está enfriando. No hay que quedarse tanto tiempo cuando uno no ha sido invitado.&lt;a name="ID1958"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti aseguró que en su casa se podía estar todo el tiempo que uno quisiera, aunque no hubiera sido invitado.&lt;a name="ID1961"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No, no, esos no son modales —dijo la señora Rusika, de nuevo con voz almibarada.&lt;a name="ID1964"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti quería regalar a Kitti la muñeca rubia, pero la señora Rusika manifestó que no se deben aceptar regalos tan caros.&lt;a name="ID1967"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Ni se te ocurra! —gritó a Kitti, que quería coger la muñeca.&lt;a name="ID1970"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti dijo:&lt;a name="ID1973"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero es que nosotros no la necesitamos.&lt;a name="ID1976"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti exclamó:&lt;a name="ID1979"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Por favor, mamá, por favor!&lt;a name="ID1982"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Rusika respondió:&lt;a name="ID1985"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No puede ser. Yo no puedo aceptarlo, de veras que no, esto no puede ser.&lt;a name="ID1988"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Unas trece veces se repitió este ir y venir y toma y daca, hasta que a la señora Bartolotti se le acabó la paciencia y soltó:&lt;a name="ID1991"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Usted no tiene que aceptar nada, es su hija, ¡y ella sí quiere!&lt;a name="ID1994"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y entonces Kitti chilló:&lt;a name="ID1997"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Eso es, claro que sí! ¡Yo quiero!&lt;a name="ID2000"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID2043"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y se apoderó de la muñeca. Tan apretada la abrazaba Kitti que la señora Rusika comprendió que no la devolvería. Por eso dijo, con su voz almibarada:&lt;a name="ID2003"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En ese caso Kitti, expresa tu agradecimiento.&lt;a name="ID2006"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti expresó su agradecimiento, puesto que dijo «Muchas gracias» y la señora Rusika empujó a Kitti hacia fuera. Al salir, dijo por tercera vez:&lt;a name="ID2009"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero de verdad que no era necesario.&lt;a name="ID2012"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti cerró la puerta y pensó que la gente era, en realidad, muy complicada y muy, muy molesta.&lt;a name="ID2015"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;De pronto recordó que tenía que hacer la cena y que no tenía nada en casa para cenar. Y se le ocurrió que podían salir a cenar fuera, por ejemplo steak a la Pimienta con setas y patatas. Pero cayó en la cuenta de que esto era imposible porque ni en la cartera, ni en la bolsa de piel, ni en el estuche, ni en el monedero quedaba dinero. La señora Bartolotti ya estaba acostumbrada a tales situaciones. No le importaba quedarse una noche sin cenar. Pero las cien mil observaciones de Egon volvieron a darle vueltas en la cabeza.&lt;a name="ID2018"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Criatura —se dijo—, como buena madre tendrías que tener para tu querido Konrad una cena sabrosa, adecuada y como es debido.&lt;a name="ID2021"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se sentó en la mecedora del cuarto de estar. Encendió un cigarro y esperó que a la tercera vez de hacer una triple aspiración del humo, se le ocurriera algo. Al mismo tiempo se mecía. Sólo se le ocurrió algo a la quinta triple aspiración. Y fue lo siguiente: El bueno de Egon quería ser padre a toda costa. Ahora era ya el padre de Konrad. Un padre tiene que costear los gastos de su hijo. ¡Pues bien! Eso se llama alimentos. Egon tiene que pagar los alimentos, y precisamente esta tarde. Yo cogeré el dinero y nos iremos a cenar.&lt;a name="ID2024"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Esto es lo que se le ocurrió a la señora Bartolotti. Y cuando Egon y Konrad volvieron a casa después de su paseo, la señora Bartolotti en seguida le comunicó a Egon su idea. Egon puso una cara un tanto cómica, luego tartamudeó que no estaba preparado para eso, que no llevaba tanto dinero encima.&lt;a name="ID2027"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Dame al menos un anticipo —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2030"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon sacó doscientos chelines y la señora Bartolotti se contentó con ello, pues, por doscientos chelines, se podían tomar dos steaks a la pimienta con setas y patatas princesa y, después, dos helados de frambuesa con almíbar de manzana.&lt;a name="ID2033"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Así que la señora Bartolotti y Konrad se fueron al restaurante «La gamuza infatigable», y el señor Egon se marchó a su casa.&lt;a name="ID2036"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En cuanto volvieron del restaurante, Konrad se fue a la cama. La señora Bartolotti aún se quedó tejiendo un metro del fleco de la alfombra verde.&lt;a name="ID2046"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Gracias a ésto, mañana volveremos a tener dinero en casa —dijo.&lt;a name="ID2049"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y ese día ya no ocurrió nada más. Pero al día siguiente, lunes, ocurrieron toda clase de cosas.&lt;a name="ID2052"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, la señora Bartolotti se despertó a las cuatro y media. Era la primera vez en su vida que se despertaba tan temprano. Se levantó sin hacer ruido para no despertar a Konrad, pero Konrad ya estaba despierto.&lt;a name="ID2055"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya no puedo dormir más —dijo—, porque estoy deseando que llegue el momento de ir a la escuela.&lt;a name="ID2058"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti fue al cuarto de baño, se miró al espejo y decidió que no tenía un buen día.&lt;a name="ID2061"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No se puede estar más vieja y más fea —murmuró a su imagen en el espejo.&lt;a name="ID2064"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y pensó: en la escuela, los que no crean que soy su madre, me tomarán por su abuela o por su bisabuela.&lt;a name="ID2067"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Durante el desayuno, la señora Bartolotti rompió una huevera y una taza de café, de tanto como le temblaban las manos.&lt;a name="ID2070"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero, ¿qué te pasa? —preguntó Konrad— ¿Estar nervioso es estar como tú estás ahora?&lt;a name="ID2073"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti le dijo que sí, que estaba muy nerviosa porque no sabía cómo iba a explicar en la escuela que Konrad tenía siete años, pero nunca había ido a la escuela y, a pesar de ello, quería empezar en la segunda clase.&lt;a name="ID2076"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En la tercera —dijo Konrad—. Lo he pensado bien esta noche. La segunda clase no es apropiada para mí. Me resultaría demasiado aburrida.&lt;a name="ID2079"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Pero es necesario un certificado de examen de la segunda clase! ¡Sin este requisito, no te admiten en la tercera!&lt;a name="ID2082"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se dirigió al aparador de la cocina y sacó de un cajón el sobre de plástico azul, en el que estaban sus documentos. El sobre tenía un bolsillo lateral, que la señora Bartolotti no había visto. Konrad sacó de ese bolsillo lateral una cartulina de color verde claro.&lt;a name="ID2085"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Aquí está el certificado de examen —dijo.&lt;a name="ID2088"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿De qué clase? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2091"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—La clase tengo que ponerla yo —explicó Konrad y entregó la hoja de estudios a la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2094"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la cartulina, con letras negras mayúsculas, ponía: CERTIFICADO DE EXAMEN. Y debajo: de Konrad Bartolotti. Todo lo que había después era sobresalientes. Sobresaliente en gimnasia, canto, dibujo, comportamiento, lectura, escritura, aritmética, ciencias naturales y lengua.&lt;a name="ID2101"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la parte posterior de la cartulina verde claro, ponía:&lt;a name="ID2104"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El alumno Konrad Bartolotti está ... ... ... capacitado para pasar a la ... ... ... clase.&lt;a name="ID2109"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y debajo de esto había una firma bastante ilegible, pero que con seguridad decía otra vez «Hunbert», «Honbert» o «Monbert».&lt;a name="ID2112"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sobre la firma habían estampado un sello redondo, que tampoco se podía leer.&lt;a name="ID2115"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿De qué escuela es este certificado? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2118"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Volvió la cartulina verde y vio, encima de las gruesas letras de CERTIFICADO DE EXAMEN, otra línea en letra también grande:&lt;a name="ID2121"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;COLEGIO ALEMAN DE CAIRE (CONGO) — (OFICIALMENTE RECONOCIDO)&lt;a name="ID2124"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Absurdo —lanzó en voz baja la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2127"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué absurdo? ¿Por los sobresalientes? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID2130"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero tú nunca has estado en el Congo, ¿no? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2133"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Desgraciadamente, no —dijo Konrad—. Pero puedes estar tranquila, el certificado es válido a pesar de todo. La escuela de la fábrica era una filial de la escuela de Caire. Eso ya está arreglado —Konrad carraspeó y siguió hablando—: En Caire existe la enseñanza obligatoria desde los cuatro años. Por eso, mi edad no es problema para asistir a la tercera clase.&lt;a name="ID2136"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A pesar de esto, la señora Bartolotti no estaba segura de que se hubiera arreglado todo. Pero si estaba más tranquila, porque podía presentar en la escuela un certificado. Aunque, como no estaba del todo tranquila, preguntó:&lt;a name="ID2139"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, y ¿si en la escuela te preguntan por Caire? ¿Qué vas a decir tú?&lt;a name="ID2142"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad afirmó que estaba mejor informado sobre Caire que cualquier maestro de primera enseñanza. Tenía muy buena preparación.&lt;a name="ID2145"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues entonces, vamos —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2148"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Guardó los documentos, los certificados de vacunación y el certificado de examen en el bolso, y se puso el sombrero y el abrigo de piel de liebre.&lt;a name="ID2151"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Un momento, mamá —exclamó Konrad—. Dame el certificado.&lt;a name="ID2154"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti lo sacó del bolso.&lt;a name="ID2157"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y una pluma estilográfica —dijo Konrad.&lt;a name="ID2160"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti le entregó la suya. Konrad escribió en la cara posterior de la cartulina, en la línea de puntos y delante de capacitado, «muy bien», y en la línea de puntos anterior a clase, escribió «tercera». Con lo cual ya se podía leer en el reverso del certificado:&lt;a name="ID2163"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El alumno Konrad Bartolotti está muy bien capacitado para pasar a la tercera clase.&lt;a name="ID2168"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad esperó a que estuviera seca la tinta y se lo devolvió a la señora Bartolotti, que lo guardó en el bolso. Konrad se puso la gorra azul con el cascabel y la chaqueta de patch-work.&lt;a name="ID2171"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la escalera, cuando estaban llegando a la planta baja, les alcanzó Kitti Rusika. Llevaba una cartera a la espalda y miró a Konrad con curiosidad.&lt;a name="ID2174"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tú estás también en la segunda clase? —preguntó.&lt;a name="ID2177"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad negó con la cabeza.&lt;a name="ID2180"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—He decidido ir a la tercera.&lt;a name="ID2183"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Esta respuesta asombró de tal modo a Kitti Rusika que no pudo seguir andando. Se quedó parada en la escalera, mirando fijamente a Konrad y a la señora Bartolotti hasta que desaparecieron.&lt;a name="ID2186"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Para llegar a la escuela había que bajar por la estrecha calle en la que vivía la señora Bartolotti hasta desembocar en la calle principal, subir después por ésta siete manzanas y luego volver a girar por otra calle estrecha.&lt;a name="ID2189"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad y la señora Bartolotti iban ya por la calle principal, cuando la señora Bartolotti dijo:&lt;a name="ID2192"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mira, Konrad, yo creo que fue una imprudencia que dijeras a Kitti Rusika que tú...&lt;a name="ID2195"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad le interrumpió:&lt;a name="ID2198"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya lo sé, me he dado cuenta. A partir de ahora no seré tan imprudente.&lt;a name="ID2201"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando después de la séptima manzana entraron en la calle estrecha, Konrad dijo:&lt;a name="ID2204"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Sabes una cosa, madre? A mí no me resulta nada agradable ser tan... tan... —buscaba una palabra apropiada y la encontró en el momento en que llegaban a la puerta del colegio— tan poco corriente —prosiguió—. Me gustaría más decir la verdad a todo el mundo, pero las cosas extraordinarias requieren medidas extraordinarias, nos decía siempre el jefe de la sección de puesta a punto.&lt;a name="ID2207"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sin duda, ese señor tenía razón —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2210"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y hasta cierto punto, yo soy un caso extraordinario, creo, puesto que la mayoría de los niños aún se hacen de otro modo. Por eso pienso que las medidas extraordinarias también están justificadas.&lt;a name="ID2213"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Claro —dijo la señora Bartolotti, abriendo la puerta de la escuela—. No te disgustes, pero me parece que aún tienes que adoptar otra medida extraordinaria. Habla de un modo más infantil, cuando estemos con el director.&lt;a name="ID2216"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Hablo de un modo poco infantil? ¿Qué es poco infantil? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID2219"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En realidad, no lo sé muy bien, porque apenas conozco a los niños —dijo la señora Bartolotti mientras subían al primer piso—, pero creo que los niños de siete años hablan de una manera más sencilla porque todavía no conocen tantas palabras como tú.&lt;a name="ID2222"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué palabras?&lt;a name="ID2225"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti no llegó a responder, porque ya estaban delante de una puerta que ponía DIRECCIÓN.&lt;a name="ID2228"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y junto a la puerta estaba esperando el farmacéutico Egon. Se había puesto el traje negro, una corbata negra y llevaba una cartera negra bajo el brazo.&lt;a name="ID2231"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Egon, Egoncito, ¿cómo es que estás aquí? —exclamó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2234"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon dijo «chsss», para que la señora Bartolotti hablase más bajo y añadió en un susurro:&lt;a name="ID2237"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Después de todo, soy el padre y creo que, si se presentaran dificultades, me ibais a necesitar. Debo estar a vuestro lado.&lt;a name="ID2240"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti lanzó un suspiro tan fuerte que el señor Egon volvió a chistar.&lt;a name="ID2243"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Egon, te ruego que te vayas a casa o a la farmacia —lanzó la señora Bartolotti—. Vete donde quieras, ¡pero Vete!&lt;a name="ID2246"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ni soñarlo —repuso en el mismo tono el señor Egon—. Yo soy el padre y me quedo.&lt;a name="ID2249"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y el señor Egon llamó a la puerta.&lt;a name="ID2252"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Pase! —dijo dentro una voz femenina.&lt;a name="ID2255"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID2301"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon abrió la puerta y entró en el despacho de la Dirección. Konrad y la señora Bartolotti le siguieron. Konrad se agarraba a la mano de la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2258"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué desean ustedes? —preguntó una señora bastante vieja y bastante gorda, que no estaba sentada detrás de la mesa, sino de pie delante de ella, sosteniendo entre las manos un montón de cuadernos.&lt;a name="ID2261"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Deseamos matricular a nuestro hijo en la escuela —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID2264"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora vieja y gorda dejó el montón de cuadernos sobre la mesa del despacho.&lt;a name="ID2267"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Matricularlo ahora? Pero ¿cómo? ¿Para la primera clase? Eso tenían que haberlo hecho en la primavera. Ahora ya ha empezado el curso. Además, son las ocho menos un minuto y, como mi colega, la señorita Stainz, está enferma, tengo que sustituirla en la 3-A. ¡Y ya están a punto de llamar a clase!&lt;a name="ID2270"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdone, pero no viene a la primera, sino a la segunda clase —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID2273"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Viene a la tercera! —Intervino la señora Bartolotti, instándole a callarse con una mirada—. ¡A la tercera! Ya pasó la segunda —miró al señor Egon, aún más imperativa—. En Caire, en Ca-i-re. La segunda clase la hizo en Caire.&lt;a name="ID2276"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon no comprendía lo que la señora Bartolotti le quería dar a entender, pero sí comprendió que debía mantener la boca cerrada.&lt;a name="ID2279"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sonó el timbre de la escuela. La directora puso cara de desesperación.&lt;a name="ID2282"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y ¿qué hago yo ahora con ustedes? —preguntó—. La 3-A no se puede dejar mucho tiempo sola, es una clase terrible. ¡Tengo que irme!&lt;a name="ID2285"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti dijo que no podría llevar mucho tiempo matricular a un muchacho en la tercera clase. La directora replicó que había que rellenar con detalle una cantidad enorme de formularios. Pero se sentó detrás de la mesa y consintió que la señora Bartolotti le entregara los documentos, los certificados de vacunación y el certificado del último curso. El señor Egon, impresionado, tenía la vista clavada en el certificado del «Colegio Alemán de Caire». La señora directora, igualmente impresionada, tenía también clavada la vista en los certificados. Le alegraba muchísimo contar con un alumno tan excelente, llegado de una escuela tan lejana, y dijo:&lt;a name="ID2288"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Realmente, no entretiene demasiado. Ustedes traen ya todos los documentos y papeles necesarios, así que no habrá dificultades.&lt;a name="ID2291"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después, la señora directora llevó a Konrad a la 3-A. Le prestó un lápiz, un bolígrafo y un cuaderno, porque Konrad no tenía ningún material escolar.&lt;a name="ID2294"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti y el señor Egon se quedaron mirando cómo Konrad y la directora subían al segundo piso. La señora Bartolotti estaba tranquila, porque la inscripción se había efectuado sin dificultades. Pero el señor Egon se quejaba en voz baja. Le dolía el dedo gordo del pie izquierdo. Y es que la señora Bartolotti, un rato antes, en el despacho de la directora, se lo había pisado tres veces. Con toda intención y siempre en el momento en que la señora directora se dirigía al señor Egon con un «Querido señor Bartolotti», y el señor Egon trataba de contestar «Por favor, yo no me llamo Bartolotti», era cuando la señora Bartolotti le pisaba el dedo gordo y el señor Egon se quedaba con la palabra en la boca.&lt;a name="ID2304"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Es impropio de ti que me hayas dado esos pisotones! —dijo el señor Egon, cuando bajaban la escalera.&lt;a name="ID2307"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento, pero era necesario —respondió la señora Bartolotti».&lt;a name="ID2310"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En realidad no lo sentía. Incluso le habría gustado pisar otra vez al señor Egon. Le parecía que se había entrometido demasiado en su vida y en la de Konrad.&lt;a name="ID2313"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon se sentía ultrajado y se fue corriendo. Cojeando a la farmacia. Vaya, quizá esté tan ofendido que no vuelva a aparecer hoy, pensó, enconada, la señora Bartolotti. Pero estaba equivocada.&lt;a name="ID2316"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las doce en punto del mediodía la señora Bartolotti se dirigía a la escuela a recoger a Konrad.&lt;a name="ID2319"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A la puerta de la escuela se hallaba el señor Egon. Todavía estaba ofendido y explicó a la señora Bartolotti que, a fin de cuentas, él no podía saber que ella iría a recoger a Konrad.&lt;a name="ID2322"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Además, eres siempre muy poco puntual —dijo.&lt;a name="ID2325"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aquello enfureció a la señora Bartolotti. Porque ella casi nunca era poco puntual. Cuando se trataba de algo importante, la señora Bartolotti siempre era muy puntual.&lt;a name="ID2328"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡La gente como tú —gritó— siempre le echan a una la culpa de todo! Sólo porque una trabaja en sus alfombras, porque no tiene marido y porque lleva muchos colores en la cara, ya tiene una que ser poco puntual. Es una injusticia increíble.&lt;a name="ID2331"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Más bajo, por favor, más bajo, la gente nos mira —dijo el señor Egon y, sacando unos billetes, añadió—: Esto es lo que faltaba para la manutención de Konrad. A primeros de mes volveré a darte dinero.&lt;a name="ID2334"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti metió el dinero en el bolsillo y trató de sonreír. No le resultó fácil. Dentro de la escuela sonó el timbre.&lt;a name="ID2337"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En seguida saldrá —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID2340"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Espero que le haya gustado —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2343"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Seguro que ya el primer día trae algún sobresaliente —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID2346"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Me importa un comino —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2349"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Primero salió una multitud de muchachos de la escuela, luego una multitud de muchachas, después un grupo de niñas y niños y, luego, salió Konrad.&lt;a name="ID2352"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad vio a la señora Bartolotti y al señor Egon y se dirigió hacia ellos. Detrás de Konrad, un niño iba gritando:&lt;a name="ID2355"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Bartolotti, tonti, tonti! ¡Bartolotti, tonti, tonti! Konrad no se volvió.&lt;a name="ID2358"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Te ha gustado? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2361"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Te han puesto algún sobresaliente? —preguntó el señor Egon.&lt;a name="ID2364"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad sacudió la cabeza.&lt;a name="ID2367"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Que no? ¿Cómo que no? —el señor Egon estaba desilusionado—. ¿Prefieres ir a la segunda clase? —preguntó.&lt;a name="ID2370"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ná, hombre, ná —dijo Konrad—. Ni hablar. Todo eso que estudian es apestoso. No enganché un sobresaliente, porque no he dicho ni mu...&lt;a name="ID2373"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero, Konrad, ¿qué manera de hablar es esa? —el señor Egon estaba tan sorprendido que se le hicieron siete arrugas en la frente.&lt;a name="ID2376"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hablo de un modo infantil —dijo Konrad—. Exactamente como los otros —se dirigió a la señora Bartolotti—. Me parece que he comprendido lo que querías decir esta mañana y creo que ya hablo regular —se dirigió al señor Egon—. Por eso, todavía no he dicho nada hoy, porque antes tenía que conseguir la dicción exacta. Mañana... —Konrad sonrió al señor Egon—, mañana hablaré y conseguiré algún sobresaliente, si tanto te satisface.&lt;a name="ID2379"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad caminaba a lo largo de la calle principal entre el señor Egon y la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2382"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero es muy difícil distinguir qué es infantil y qué es impertinente. Lo tengo que estudiar con más detalle.&lt;a name="ID2385"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando torcieron la esquina de su calle, Kitti Rusika, que venía corriendo tras ellos, hizo una seña con la mano a Konrad. La señora Bartolotti se detuvo.&lt;a name="ID2388"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿No es esa niña tan maleducada que vive debajo de tu casa? —preguntó el señor Egon y, al afirmar la señora Bartolotti, añadió—: No quiero que Konrad se relacione con esa niña. Me ha sacado la lengua varias veces.&lt;a name="ID2391"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti encontró, de pronto, a Kitti Rusika más simpática.&lt;a name="ID2394"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hijo mío, tienes que ser muy amigo de esta niña.&lt;a name="ID2397"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y yo opino que no —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID2400"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti Rusika se acercaba, Konrad preguntó:&lt;a name="ID2403"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Por favor, ¿qué debo hacer? ¿Tengo que ser su amigo o no?&lt;a name="ID2406"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Debes... —dijo el señor Egon e inmediatamente gritó—: ¡Ay!&lt;a name="ID2409"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti había vuelto a pisarle el dedo gordo.&lt;a name="ID2412"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Lo ves? Tu padre dice que debes serlo —aclaró irónicamente la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2415"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti había llegado ya junto a Konrad y dijo:&lt;a name="ID2418"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Buenos días, señora Bartolotti —hizo un saludo con la cabeza al señor Egon y sonrió a Konrad—. Hoy es mi cumpleaños y doy una fiesta. Me gustaría mucho que vinieras tú también. Empieza a las tres. Bueno, adiós, chao, hasta las tres.&lt;a name="ID2421"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti Rusika se fue corriendo. Probablemente iba tan de prisa porque tendría que terminar un montón de cosas antes de las tres. Konrad y sus padres siguieron andando tras ella más lentamente.&lt;a name="ID2424"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo estoy en contra —dijo el señor Egon—. No es una niña de buenos modales.&lt;a name="ID2427"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡No hagas dramas! —gritó la señora Bartolotti—. Es una niña completamente normal. Y, además, es guapa.&lt;a name="ID2430"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tienes mucho interés en ir? —preguntó el señor Egon.&lt;a name="ID2433"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad reflexionó. Luego dijo que él no sabía muy bien si le interesaba mucho, pero que Kitti Rusika no le resultaba en absoluto desagradable. Y, además, Konrad suponía que le sería de mucha utilidad ir a casa de Kitti para aprender a hablar mejor de un modo infantil.&lt;a name="ID2436"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon dio un suspiro. En primer lugar, porque no quería prohibir nada a Konrad, y en segundo lugar, porque tenía miedo por su dedo gordo. La señora Bartolotti ya le estaba lanzando una mirada furibunda.&lt;a name="ID2439"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, la cosa es muy sencilla: Cuando vayas esta tarde a casa de Kitti, eres hijo mío; y cuando a la noche estés acostado en tu camita, eres hijo suyo.&lt;a name="ID2442"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, mamá —dijo Konrad.&lt;a name="ID2445"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el señor Egon no se dio por vencido. Cuando llegaron a la puerta de la casa, dijo que a él se le había ocurrido llevar aquella misma tarde a Konrad a la noria gigante del Prater.&lt;a name="ID2448"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Egon, vete a la farmacia! —gritó, airada, la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2451"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon no quería irse a la farmacia. Era la hora del almuerzo y la farmacia no se abría hasta las dos. Quedaba aún una hora y Egon quería pasarla en casa de la señora Bartolotti. Pero ella se defendió con energía.&lt;a name="ID2454"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tenemos que hacer —gritó—. Tenemos que encontrar un regalo de cumpleaños. No tenemos comida para tí. Y queremos estar solos, ¿comprendes?&lt;a name="ID2457"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hasta la vista —dijo Egon y se fue, triste, en dirección a la farmacia.&lt;a name="ID2460"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad le siguió con la mirada. También él tenía la cara triste.&lt;a name="ID2463"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Me da pena el padre —dijo Konrad.&lt;a name="ID2466"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No hay ningún motivo para que te dé pena —la señora Bartolotti tiró de Konrad y lo metió en casa—. ¡Es un viejo plasta!&lt;a name="ID2469"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Es mi padre y le quiero.&lt;a name="ID2472"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad tenía una cara muy triste. Por eso, la señora Bartolotti se apresuró a asegurarle que ella también quería a Egon sinceramente. Esto tranquilizó a Konrad.&lt;a name="ID2475"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después de comer, mientras la señora Bartolotti buscaba un regalo de cumpleaños para Kitti y encontraba una vajilla de juguete, que había encargado en una ocasión, percibió que Konrad deseaba hablar sobre el señor Egon. Había lanzado indirectas del tipo de «Los padres deben llevarse bien, es mejor para los hijos» y «Cuando los padres riñen, la mayoría de las veces la culpa es de los dos» y también «Todas las personas son distintas, hay que respetar el carácter de cada uno».&lt;a name="ID2478"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti lavó el polvoriento juego de tacitas y murmuró «¡Ajá!», al tiempo que pensaba: No voy a hablar una palabra sobre Egon, porque, si lo hago, me voy a poner furiosa y a insultarle, y Konrad volverá a entristecerse.&lt;a name="ID2481"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se propuso no decirle palabras ofensivas al señor Egon en presencia de Konrad. Y no darle pisotones más que cuando Konrad no pudiera verlo.&lt;a name="ID2484"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las tres menos cinco, Konrad estaba en el vestíbulo, junto a la puerta, dispuesto a salir. Se había lavado tres veces y peinado dos veces. Llevaba los zapatos recién limpios. En la caja de sus zapatos iba la vajilla de juguete. La caja estaba envuelta en papel de seda, color rosa, y adornada con doce lazadas de cinta verde. Sobre el papel de seda rosa la señora Bartolotti había puesto minuciosamente diminutos corazones rojos.&lt;a name="ID2487"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Venga, Konrad —dijo la señora Bartolotti—, ya puedes bajar.&lt;a name="ID2490"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Todavía no son las tres en punto —titubeó Konrad.&lt;a name="ID2493"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Un par de minutos no tienen importancia —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2496"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad vacilaba. De fuera, de la escalera, llegaba un ruido de pasos y risas. Risas infantiles.&lt;a name="ID2499"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Los otros invitados a la fiesta ya están llegando —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2502"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad asintió, pero siguió sin moverse.&lt;a name="ID2505"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Florian también está invitado —dijo.&lt;a name="ID2508"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Es un chico amable? —se interesó la señora&lt;a name="ID2511"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Es el que venía gritando detrás de mí «Bartolotti, tonti», el gordo y alto.&lt;a name="ID2514"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Seguro que sólo quería gastarte una broma —la señora Bartolotti sonrió para resultar más persuasiva. Quería ahorrarle preocupaciones a Konrad.&lt;a name="ID2517"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Lo crees de verdad? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID2520"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Miraba tan grave a la sonriente señora Bartolotti que ella dejó de sonreír y movió tristemente la cabeza.&lt;a name="ID2523"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué dijiste eso, si no lo creías?&lt;a name="ID2526"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Quería ahorrarte preocupaciones.&lt;a name="ID2529"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí me mientes, no me ahorras preocupaciones —pero Konrad quería saber por qué hay niños que se burlan de otros niños sin motivo, y le pidió a la señora Bartolotti—: Eso no me lo explicaron en la fábrica, explícamelo tú.&lt;a name="ID2532"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti no se lo podría explicar, al menos no tan rápidamente. Sin embargo, prometió a Konrad pensar sobre ello y darle una respuesta después de la fiesta.&lt;a name="ID2535"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Palabra de honor —dijo la señora Bartolotti— que pensaré en ello.&lt;a name="ID2538"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Sin mentiras? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID2541"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Palabra de honor —volvió a prometer la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2544"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, me voy —dijo Konrad.&lt;a name="ID2547"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti abrió la puerta y se quedó mirándole. Cuando Konrad ya estaba en la escalera, le dijo:&lt;a name="ID2550"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí ese Florian, si ese bocazas se vuelve a burlar de tí, arréale.&lt;a name="ID2553"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se quedó parado.&lt;a name="ID2556"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Arréale? —preguntó—. ¿Qué es eso?&lt;a name="ID2559"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti, asomándose a la puerta, le gritó:&lt;a name="ID2562"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo creo que pegarle una bofetada. Asústale, atízale, dale una paliza que vea mil y una estrellas, hijo mío.&lt;a name="ID2565"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad movió la cabeza.&lt;a name="ID2568"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso tampoco me lo han enseñado —dijo, mientras seguía bajando la escalera.&lt;a name="ID2571"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti ya no le podía ver pero le oyó tocar el timbre de la puerta de los Rusika e inmediatamente la voz de Kitti, que gritaba:&lt;a name="ID2574"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Hola, Konrad! ¡Es estupendo que hayas venido! ¡Pasa! Pero que paquete tan bonito... Seguro que es el regalo más bonito de mi cumpleaños.&lt;a name="ID2577"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Luego, la señora Bartolotti oyó cerrarse la puerta. Ella también cerró la suya, se fue al cuarto de baño y se puso nuevos colores en la cara. Mucho azul en los párpados, mucho rojo en los labios y mucho rosa en las mejillas. Después, se fue al cuarto de trabajo, se sentó ante el telar y siguió tejiendo la alfombra. Tejió una flor roja, jaspeada de rosa sobre un fondo azul. La flor no resultaba tan bonita como de costumbre, porque la señora Bartolotti no pensaba en la flor, sino en los niños, en esos niños que se burlaban de otros. Al principio encontró una explicación bastante sencilla. Esos son, sencillamente, niños malos. Pequeños y vulgares apestosos. También vienen al mundo niños así. Pero, entonces, la señora Bartolotti recordó que su madre, cuando ella era pequeña, le solía decir:&lt;a name="ID2580"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Criatura, sigue el ejemplo de tu prima Luisa, que es mucho más educada que tú.&lt;a name="ID2583"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A la niña Berti Bartolotti no le hacía gracia oír eso y, cuando se encontraba con su prima Luisa, le sacaba la lengua y le hacía «Beeee». También recordó que por aquel entonces le gritaba siempre al pequeño Hansi, el hijo de los vecinos, «¡cagueta, cagueta!».&lt;a name="ID2586"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti pensó: ¿Por qué haría yo eso? No hay duda de que yo no era una niña mala, una apestosa. Probablemente, en aquellos tiempos yo estaba muy orgullosa de no hacerme ya la caca encima. Y en ese instante, la señora Bartolotti suspiró, al darse cuenta de que el asunto de las burlas no eran tan sencillo y que iba a ser muy difícil explicárselo bien a Konrad.&lt;a name="ID2589"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mientras, en el cuarto de los niños de la casa de Kitti Rusika, Konrad, sentado a la mesa, estaba merendando. Había cacao, tarta de frutas, fiambres y zumo de manzana. Sobre la mesa colgaba un gran farol veneciano a rayas. Además de Konrad y de Kitti, había otros cuatro niños: Florian, Anton, Gitti y Michi. Florian y Gitti estaban en la tercera clase, en la 3-A. Anton y Michi iban con Kitti a la segunda clase. Florian le sacaba la cabeza, de alto, a Konrad y estaba sentado junto a él. Hasta entonces no le había dicho a Konrad ni una sola vez «Bartolotti, tonti», es más, hasta entonces no le había dicho absolutamente nada. Konrad se alegraba de ello. Gitti y Michi eran simpáticas; sentían gran curiosidad y continuamente querían saber por qué Konrad no había ido a vivir con su madre hasta ahora, y por qué si el farmacéutico era su padre no estaba casado con la señora Bartolotti. Konrad no sabía lo que debía responder y le alegraba mucho que Kitti interrumpiera constantemente las preguntas y gritara:&lt;a name="ID2592"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Dejadle en paz de una vez!&lt;a name="ID2595"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Anton no era simpático con Konrad. Le hacía muecas y, por debajo de la mesa, le daba patadas en las espinillas. Anton estaba siendo tan antipático con Konrad, precisamente porque Kitti se mostraba muy simpática con él. Anton amaba a Kitti. Estaba celoso. Pero, naturalmente, eso lo ignoraba Konrad. No tenía ni idea de lo que eran «celos».&lt;a name="ID2598"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Anton, al ir a servirse un trozo de tarta de la bandeja que había en el centro de la mesa, empujó con el codo la taza de chocolate de Konrad. La taza se volcó, el chocolate se derramó sobre el mantel rosa, hasta el borde de la mesa, y goteó sobre la moqueta blanca.&lt;a name="ID2601"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Mamá, mamá, rápido..., el cacao ... ! —gritó Kitti, asustada, pues su madre estimaba sobremanera la moqueta blanca. Era su orgullo.&lt;a name="ID2604"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Rusika llegó corriendo con un trapo húmedo. Enjugó y limpió la mancha de cacao, mientras se lamentaba:&lt;a name="ID2607"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero ¿es que no podéis tener cuidado? Ya no sois unos bebés.&lt;a name="ID2610"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La mancha de cacao no desaparecía.&lt;a name="ID2613"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo no he sido, yo no he sido —gritaba Anton— ¡ha sido él! —y señalaba a Konrad.&lt;a name="ID2616"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué cinismo! —gritó Kitti—. Anton está mintiendo.&lt;a name="ID2619"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Basta de riñas —resopló la señora Rusika.&lt;a name="ID2622"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Frotaba infatigable y secaba con esmero, hasta que poco a poco su cara se dulcificaba, porque la mancha de cacao se iba aclarando.&lt;a name="ID2625"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Marchaos al cuarto de estar —dijo—. La mancha tiene que secarse. Además, allí tenéis más sitio y podéis hacer carreras de sacos y de huevos. Pero no cojáis más que los huevos duros, que están sobre la mesa de la cocina.&lt;a name="ID2628"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID2665"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los niños se fueron al cuarto de estar, empujaron la mesa grande hasta un rincón y retiraron las sillas. Así tenían bastante sitio para las carreras de sacos y de huevos y para llevar agua. Konrad nunca había jugado a estas cosas, pero era muy hábil. Llegó el primero en su saco a la puerta del dormitorio y fue el único que consiguió llevar el huevo duro en la cuchara hasta la puerta de la cocina. También fue el único que pudo llevar, sin verter una gota, el vaso lleno de agua hasta la puerta del cuarto de baño. A Florian se le cayó el huevo de la cuchara nada más empezar, vertió la mitad del agua antes de acercarse a la puerta del cuarto de baño, y llegó el último en la carrera de sacos a la puerta del dormitorio. Esto le puso furioso y empezó a gritar otra vez «Bartolotti, tonti» y Anton gritaba con él «Bartolotti, tonti, tonti».&lt;a name="ID2631"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Si no dejáis inmediatamente de decir eso —gritó Kitti—, os echo a la calle.&lt;a name="ID2634"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Anton y Florian se callaron, pero miraban a Konrad con mala cara.&lt;a name="ID2637"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A Kitti le habían regalado por su cumpleaños un juego de adivinanzas. Propuso que jugasen con él y cogió las tarjetas de las adivinanzas y las instrucciones. Anton y Florian miraron las tarjetas.&lt;a name="ID2640"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Estas preguntas son muy tontas —dijo Florian.&lt;a name="ID2643"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué juego más estúpido! —dijo Anton.&lt;a name="ID2646"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Nosotros no jugamos a esto —dijeron ambos.&lt;a name="ID2649"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero sólo lo decían porque no sabían las respuestas de las preguntas y, cuando Konrad miró las tarjetas Y dijo que las preguntas no eran nada tontas, se dieron con el codo, se llevaron un dedo a la frente y se rieron de Konrad. Konrad quiso explicarles las preguntas.&lt;a name="ID2652"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—La capital de Polonia —dijo— es Varsovia; la torre inclinada está en Pisa y la raíz cuadrada de ciento cuarenta y cuatro es doce.&lt;a name="ID2655"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Bah, bah, bah, soplón! —le gritó Anton.&lt;a name="ID2658"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Todo mentira, no sabe absolutamente nada. ¡Acusica! —gritó Florian, pegándole un puñetazo a Konrad en la tripa.&lt;a name="ID2661"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Dale una bofetada —dijo Gitti a Konrad al oído&lt;a name="ID2668"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad sacudió la cabeza.&lt;a name="ID2671"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Es un cobarde, no se atreve —dijo Florian—. ¡Cobarde, cobarde!&lt;a name="ID2674"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pégale de una vez —volvió a decirle Gitti en voz baja y, como Konrad a pesar de todo no le pegaba, Gitti se volvió y dijo a Michi—: Oye, éste es de verdad un cobarde, se deja insultar sin hacer nada.&lt;a name="ID2677"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Michi era la mejor amiga de Gitti y siempre le daba la razón.&lt;a name="ID2680"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, claro que es un cobarde, aguanta todo —dijo Michi.&lt;a name="ID2683"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—A nosotras nos parece un idiota —dijeron Michi y Gitti, y se sentaron junto con Florian y Anton a la mesa grande del cuarto de estar y se pusieron a jugar a «todo lo que tiene alas vuela».&lt;a name="ID2686"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Jugamos nosotros con mi muñeca? —preguntó Kitti a Konrad.&lt;a name="ID2689"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Muy bien —dijo Konrad—, pero tienes que enseñarme cómo se juega. Sólo sé jugar con el tren y con las construcciones y mirar libros con láminas.&lt;a name="ID2692"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti fue a buscar su nueva muñeca rubia, el cochecito y la vajilla que le había regalado Konrad.&lt;a name="ID2695"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Despejó un rincón de la habitación, puso allí el cochecito, colocó el servicio sobre una mesita e hizo como que servía café de la cafetera en las tazas.&lt;a name="ID2698"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tú eres el padre —dijo a Konrad—, yo soy la madre y en el cochecito está nuestra hija, ¿comprendes el juego?&lt;a name="ID2701"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad comprendió el juego en seguida.&lt;a name="ID2704"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo soy el farmacéutico Egon y tú la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2707"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti asintió. Konrad en seguida jugó muy bien a los padres, las madres y los hijos. Kitti le aseguró que no conocía a nadie que jugara tan bien a ese juego. Pero a los tres minutos Anton empezó a molestarles. Anton, que seguía sentado con los otros tres junto a la mesa, se había puesto a comer nueces y les tiraba las cáscaras. Al mismo tiempo, gritaba:&lt;a name="ID2710"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Guerra eterna!&lt;a name="ID2713"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad miró desesperado a Kitti y le preguntó:&lt;a name="ID2716"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Quieres tú también que le atice un golpe?&lt;a name="ID2719"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sólo si a tí te apetece mucho —dijo Kitti, y eso le gustó a Konrad—. Lo que hacemos es jugar a que es un verano muy caluroso, que estamos en el campo y hay muchas moscas; así, siempre que venga volando una cáscara, para nosotros es una mosca.&lt;a name="ID2722"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad estuvo de acuerdo y, cuando una cáscara pasaba silbando por el aire, Konrad y Kitti gritaban:&lt;a name="ID2725"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya, otra mosca! Este año hay muchas moscas.&lt;a name="ID2728"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al mismo tiempo, contenían la risa. Eso puso a Anton de tan malhumor que se marchó a su casa. Al despedirse, gritó aún:&lt;a name="ID2731"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Enemigos para siempre!&lt;a name="ID2734"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Con esto se refería no sólo a Konrad, sino también a Kitti. Había decidido dejar de amar a Kitti.&lt;a name="ID2737"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las seis vino la señora Rusika al cuarto de estar, conectó el televisor y dijo que la fiesta de cumpleaños había terminado. Kitti acompañó a sus invitados hasta la puerta. Michi y Gitti preguntaron al despedirse:&lt;a name="ID2740"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Oye, Kitti ¿qué es lo que te gusta de ese cobarde?&lt;a name="ID2743"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ha sido una fiesta aburrida —dijo Florian— y la culpa la tiene ese estúpido enano —y volvió a lanzar un directo a la tripa de Konrad.&lt;a name="ID2746"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ahora estaba seguro de que Konrad no devolvería el golpe. Pero no había contado con Kitti, que gritó:&lt;a name="ID2749"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya estoy harta! —al tiempo que atizaba un directo a Florian en la barriga con un puño y con el otro le daba un golpe en la cabeza, mientras que con un pie le arreaba una patada en la espinilla.&lt;a name="ID2752"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Florian salió de la casa gritando:&lt;a name="ID2755"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡No volveré más a tu casa! ¡Te prometo que me vengaré!&lt;a name="ID2758"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué barbaridad! —dijo Gitti—. Hasta se pelea por ese cobarde.&lt;a name="ID2761"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Me parece que es su nuevo amor —dijo Michi. &lt;a name="ID2764"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y Gitti y Michi se marcharon juntas.&lt;a name="ID2767"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti acompañó a Konrad al segundo piso, hasta la puerta de la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2770"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Esa niña ha dicho que cree que yo soy tu nuevo amor —dijo Konrad en voz baja.&lt;a name="ID2773"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y así es —dijo Kitti también en voz baja.&lt;a name="ID2776"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿De verdad?&lt;a name="ID2779"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—De verdad —asintió Kitti solemne.&lt;a name="ID2782"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad vaciló antes de preguntar:&lt;a name="ID2785"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Oye, Kitti, ¿no dirás eso sólo porque quieres ahorrarme preocupaciones?&lt;a name="ID2788"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Ni pensarlo! —Kitti se echó a reír—. De verdad te quiero, te quiero mucho. Me gustas más que todos los otros chicos.&lt;a name="ID2791"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso es muy agradable —dijo Konrad en voz baja.&lt;a name="ID2794"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mañana iremos juntos a la escuela —decidió Kitti—, y también volveremos juntos a casa. Y por la tarde iremos al parque. Y si alguno quiere hacerte daño, tendrá que vérselas conmigo. Tendrán que ir con cuidado, porque yo soy muy fuerte.&lt;a name="ID2797"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Gracias —dijo Konrad.&lt;a name="ID2800"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Llamó al timbre y Kitti bajó corriendo por la escalera. Mientras bajaba, todavía le dijo adiós con la mano.&lt;a name="ID2803"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Estuvo bien la fiesta? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2806"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Algunas cosas no estuvieron bien —contestó Konrad—, pero otras fueron estupendas.&lt;a name="ID2809"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Así sucede la mayoría de las veces en la vida, hijo mío —dijo la señora Bartolotti y se llevó a Konrad a la cocina.&lt;a name="ID2812"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;De cena había atún y pan de pasas, barritas de regaliz y rosquillas saladas. A la señora Bartolotti se le había vuelto a olvidar hacer la compra. Mientras Konrad extendía el atún sobre el pan de pasas, preguntó:&lt;a name="ID2815"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Está bien que una niña de siete años proteja a un chico de su edad? ¿No tendría que ser al revés?&lt;a name="ID2818"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti estaba chupando una barra de regaliz y contestó sin dejar de chupar:&lt;a name="ID2821"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso no tiene importancia, Konrad, da lo mismo. Lo importante es que sea protegido el que lo necesite.&lt;a name="ID2824"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿No crees —siguió preguntando Konrad— que la gente podría reírse de eso?&lt;a name="ID2827"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se sacó de la boca la barra de regaliz, la mojó en la salsa del atún, se relamió y dijo:&lt;a name="ID2830"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mira, Konrad... Tienes que tener presente una sola cosa, porque es mucho más importante que las otras: No hay que preocuparse de lo que dicen los demás.&lt;a name="ID2833"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti volvió a mojar la barra de regaliz en la salsa del atún, removió en ella ensimismada y continuó:&lt;a name="ID2836"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Si piensas siempre en lo que dicen los demás y luego haces siempre lo que hacen los demás, acabarás siendo exactamente igual que ellos y ya no podrás soportarte a tí mismo.&lt;a name="ID2839"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti dejó de remover la salsa con el regaliz, miró a Konrad y le preguntó:&lt;a name="ID2842"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Lo comprendes?&lt;a name="ID2845"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento, pero no lo comprendo —dijo Konrad, mientras mordía el pan de pasas con atún—. Sin embargo, Kitti me ama.&lt;a name="ID2848"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Vaya!, ¿de modo que se trataba de eso? —exclamó satisfecha la señora Bartolotti—. Tenemos que echar un trago para celebrarlo.&lt;a name="ID2851"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Pero, mamá! —dijo Konrad, meneando la cabeza.&lt;a name="ID2854"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdón —se excusó la señora Bartolotti—. Quise decir que tengo que echar un trago para celebrarlo —sacó la botella de whisky del aparador y se sirvió uno doble—. ¡A tu salud, hijo mío! —dijo y vació el vaso de golpe.&lt;a name="ID2857"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En el momento en que la señora Bartolotti dejaba el vaso vacío sobre la mesa de la cocina, sonó el timbre de la puerta. Fueron dos suaves toques, corto y largo. La señora Bartolotti dio un suspiro.&lt;a name="ID2860"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién vendrá ahora? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID2863"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se puso en pie lentamente y se dirigió a la puerta.&lt;a name="ID2866"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Corto, largo y suave, hijo mío —dijo—, siempre es el farmacéutico Egon.&lt;a name="ID2869"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El farmacéutico Egon entró en la cocina detrás de la señora Bartolotti. Traía una enorme cartera de plástico. La dejó junto a la puerta de la cocina, clavó la mirada en los restos de la cena e hizo una mueca de repugnancia.&lt;a name="ID2872"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Hay quizá algo que no te gusta? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2875"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon levantó el dedo índice de la mano derecha, lo hizo oscilar delante de la nariz de la señora Bartolotti y dijo:&lt;a name="ID2878"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Proteínas, proteínas animales es lo que necesita un niño de siete años y no barras de regaliz. Y vitamina A y B y C y D. Eso es lo que necesita un muchacho de siete años.&lt;a name="ID2881"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Lo tendrá mañana! —resopló la señora Bartolotti, apartando de un golpe el dedo índice del farmacéutico.&lt;a name="ID2884"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Lo tendrá hoy! —dijo el señor Egon, agarrando la enorme cartera de plástico y sacando de ella un paquete con pan crujiente, una manzana y un trozo de queso—. Mira, hijo mío, esto es una cena como es debido para un muchacho.&lt;a name="ID2887"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Muchas gracias —dijo Konrad, sin entusiasmo, ya que, al fin y al cabo, tenía en la tripa cuatro grandes rebanadas de pan de pasas con atún y tres barras de regaliz.&lt;a name="ID2890"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—El niño ha cenado ya —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2893"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso no era una cena, sino una ocurrencia como para coger una indigestión, criatura —el señor Egon puso delante de Konrad el queso y el pan—. Aquí tienen que cambiar muchas cosas, criatura —añadió.&lt;a name="ID2896"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti le miró amenazadora.&lt;a name="ID2899"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué, según tú, debe cambiar?&lt;a name="ID2902"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon apartó varias cosas —horquillas, cuchara, cascarón de huevo, algunas briznas de cebolleta y unas tijeras de uñas— del taburete de la cocina y tomó asiento. Se veía que se preparaba para un largo discurso. Y también se podía ver que tenía un poco de miedo de comunicar los cambios a la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2905"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, ¿qué es lo que hay que cambiar? —volvió a preguntar la señora Bartolotti, mirándole aún más agresiva.&lt;a name="ID2908"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El farmacéutico Egon parpadeó agitadamente, se frotó las manos y habló:&lt;a name="ID2911"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Criatura, tú eres muy gentil y amable, pero muy poco adecuada para educar a un niño de la calidad de Konrad. Por eso, he decidido hacerme cargo de la educación del niño.&lt;a name="ID2914"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se echó a reir. Pero no reía con gusto, sino con irritación. Y, de pronto, empezó a lanzar improperios.&lt;a name="ID2917"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Así que tú has decidido ya. Bueno, muy bien. ¡Pues pon tu decisión en conserva! ¡Consíguete un niño o lo encargas y haces con él lo que quieras! ¡Por mí puedes educarle como te salga de las narices!; pero deja en paz a mi Konrad, frasco de farmacia anémico! ¡Medicamento bilioso, machacador de polvos, esencia de ungüento pringoso!&lt;a name="ID2920"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon parpadeó, pero siguió sentado en el taburete de la cocina.&lt;a name="ID2923"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Criatura —declaró—, puedes insultarme todo lo que quieras que ni retrocedo ni vacilo cuando se trata de mi hijo.&lt;a name="ID2926"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se puso en pie de un brinco, corrió al aparador, sacó el sobre azul con los documentos de Konrad, revolvió con dedos temblorosos en el sobre y extrajo de él la partida de nacimiento.&lt;a name="ID2929"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Aquí está —gritó—. ¡Lee lo que pone! Por casualidad ¿pone farmacéutico Egon? ¡Pone August Bartolotti! ¡El padre se llama August Bartolotti!&lt;a name="ID2932"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero el señor Egon no se dejó impresionar. Declaró que Konrad le había elegido libremente como padre y él había aceptado la elección. Además, August Bartolotti hacía años que estaba Dios sabe dónde, por lo que como padre no estaba disponible en absoluto. Y por si fuera poco, hasta la señora Bartolotti le había reconocido como padre, al exigirle el pago de la manutención.&lt;a name="ID2935"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Quién paga los alimentos es el padre! —clamó el señor Egon.&lt;a name="ID2938"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Berti Bartolotti quería seguir insultando al señor Egon. Quería incluso echarle de casa. Sencillamente, cogerlo por el brazo y arrastrarlo a través de la cocina y el vestíbulo, y ponerlo de patitas en la calle. Pero no tuvo tiempo, porque el señor Egon agarró la enorme cartera de plástico y sacó una pluma estilográfica, cuadernos, lápices de colores, rotuladores y una cartera de tela.&lt;a name="ID2941"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué bonito, qué estupendo! —exclamó Konrad.&lt;a name="ID2944"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cogió todo el material escolar y lo contempló asombrado. Desenroscó la pluma estilográfica y escribió en el recuadro de la tapa del cuaderno: KONRAD BARTOLOTTI.&lt;a name="ID2947"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Te ha comprado ya tu madre útiles escolares? —preguntó con sorna el señor Egon—. Una buena madre no olvida esas cosas.&lt;a name="ID2950"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No, todavía no le he comprado nada —dijo la señora Bartolotti y se le puso la cara terriblemente roja de vergüenza; como estaba tan avergonzada, se puso más furiosa—. ¡Los estúpidos trastos escolares! —exclamó—. Como si no hubiera nada más importante que los dichosos cuadernos, los lápices de colores y una cartera roja.&lt;a name="ID2953"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Pero, madre —dijo Konrad consternado—, no debes decir esas cosas! —Konrad tenía lágrimas en los ojos.&lt;a name="ID2956"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Quiero que Konrad venga a vivir conmigo —dijo el señor Egon—. Yo tengo más sentido de la responsabilidad y más dinero que tú. Puedo contratar a una niñera de primera calidad para él y enviarle a un colegio particular de primera calidad y...&lt;a name="ID2959"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Un imbécil de primera calidad es lo que tú eres —le interrumpió la señora Bartolotti.&lt;a name="ID2962"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad lloraba ya a lágrima viva. Los gruesos lagrimones rodaban por sus mejillas y goteaban sobre el pan con queso. El señor Egon sacó un pañuelo limpio del bolsillo de la chaqueta, sonó la nariz a Konrad, le secó las lágrimas de las mejillas, le acarició la barbilla y dijo:&lt;a name="ID2965"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿No te das cuenta de lo poco apropiada que resultas para criar a un niño? —y después preguntó a Konrad—: Vamos a ver, hijo mío, ¿estás de acuerdo en vivir conmigo de ahora en adelante?&lt;a name="ID2968"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad, inmóvil, miraba fijamente la mesa de la cocina. El señor Egon esperaba. Parpadeaba nervioso y las siete arrugas de su frente también daban sacudidas nerviosas.&lt;a name="ID2971"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero yo no sé lo que es justo —dijo Konrad en voz baja—. Nadie había supuesto en la fábrica que yo iba a caer en semejante ambiente familiar.&lt;a name="ID2974"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hijo mío —la señora Bartolotti respiró profundamente, tratando de hablar con lentitud y con tranquilidad; al fin, lo consiguió—. Hijo mío, escucha dentro de tí mismo; tienes que percibir qué es lo que prefieres.&lt;a name="ID2977"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Claro que Konrad percibía algo. Sentía que quería mucho a la señora Bartolotti y que quería también mucho al señor Egon. Sentía que se ponía triste, cuando se peleaban. Sentía no poder decidirse entre la señora Bartolotti y el señor Egon.&lt;a name="ID2980"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti cogió su cartera y buscó la caja de cigarros. Sacó el cigarro más grueso y más largo. Tenía mucha necesidad de fumar. Encendió el cigarro y pensó: ¿Cómo conseguiría yo que Konrad se decidiera por mí? La señora Bartolott aspiró tres veces profundamente el humo y el señor Egon apartó la humareda del rostro de Konrad, abanicándole con el pañuelo húmedo de lágrimas.&lt;a name="ID2983"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Contaminas el aire —dijo—. En mi casa Konrad tendrá una atmósfera sin nicotina.&lt;a name="ID2986"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti volvió a aspirar otras tres veces el humo y entonces se le ocurrió cómo podía forzar a Konrad a tomar partido por ella.&lt;a name="ID2989"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Egon —dijo la señora Bartolotti, como una mosquita muerta—, ¿qué te parece a ti Kitti Rusika?&lt;a name="ID2992"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Es una niña terriblemente mal educada! —exclamó el señor Egon—. El otro día en la farmacia estuvo dando saltos sin cesar de la báscula al suelo y ya me ha sacado la lengua varias veces. Hay que evitar que se acerque a Konrad.&lt;a name="ID2995"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y si quiere hacerse amiga suya? —preguntó la señora Bartolotti, aún más hipocritona.&lt;a name="ID2998"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya sabré yo impedirlo —dijo, excitado, el señor Egon.&lt;a name="ID3001"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mientras el señor Egon hablaba, Konrad se había ido poniendo muy pálido y suponiendo que las barras de regaliz con atún le habían sentado mal.&lt;a name="ID3004"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No me encuentro mal —dijo Konrad—, pero siento que quiero quedarme con mi madre.&lt;a name="ID3007"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti suspiró aliviada. Al señor Egon se le entristeció la cara.&lt;a name="ID3010"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Ya no me quieres? —preguntó.&lt;a name="ID3013"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues claro que sí, querido padre —dijo Konrad—. Te quiero mucho, te quiero de verdad. Siempre me alegraré cuando vengas a visitarnos, puedes creerme.&lt;a name="ID3016"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon creía a Konrad, pero no estaba contento. Estaba bastante amargado y se fue pronto a casa.&lt;a name="ID3019"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad llevaba ya unas tres semanas en casa de la señora Bartolotti. Todos los días laborables Kitti le esperaba en la barandilla de la escalera del primer piso a las ocho menos cuarto y se iban juntos a la escuela. Y casi todas las mañanas, Anton estaba esperándoles en la esquina. Echaba a correr tras ellos, gritando:&lt;a name="ID3022"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Enemigos para siempre!&lt;a name="ID3025"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la esquina de la calle principal esperaba Florian. Se ponía a caminar al lado de Anton y lanzaba insultos a Konrad en orden alfabético:&lt;a name="ID3028"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Acusica, burro, cagón, chivato, dumbo, espantajo, fantoche, gargajo, hipócrita, idiota, judas, king-kong, lameculos, llorica, majadero, necio, ñoño, obtuso, pintamonas, rata, soso, tontaina, usurero, vaina, water, xilofón, yogur, zopenzo.&lt;a name="ID3031"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero Florian y Anton se mantenían a distancia y tampoco les arrojaban cáscaras de nueces, ni huesos de frutas. Por miedo a Kitti.&lt;a name="ID3034"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti también custodiaba a Konrad al volver a casa, cuando ella salía al mismo tiempo de la escuela. Pero como Kitti iba un curso más atrás que Konrad, los lunes, miércoles y viernes terminaba una hora antes. A Kitti no le habría importado esperar a Konrad en el cuarto de los abrigos o en la puerta de la escuela. Ya lo había hecho en dos ocasiones, pero la señora Rusika se había puesto furiosa y había armado un escándalo tremendo.&lt;a name="ID3037"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tienes que llegar a casa lo más tarde quince minutos después de acabar las clases —gritaba la señora Rusika— y ni un solo minuto más tarde, de lo contrario te puedes preparar.&lt;a name="ID3040"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Rusika dijo también que era ridículo que una niña protegiera a un muchacho.&lt;a name="ID3043"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Yo no tengo nada en contra de ese Konrad —afirmó—. Es un muchacho muy bien educado, de buenos modales y prudente. Incluso, sabe todas las respuestas del juego de las adivinanzas y siempre saluda muy cortés. Pero debería defenderse solo —y añadió—: Por otra parte, es asombroso que una señora tan rara tenga un niño tan bien educado, y sobre todo, me gustaría saber de dónde lo ha sacado de repente.&lt;a name="ID3046"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti sabía de dónde había venido Konrad. Él se lo había contado y ella había prometido no decir una palabra a nadie. Tampoco dijo una palabra a su madre.&lt;a name="ID3049"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID3101"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Así que los lunes, miércoles y viernes Konrad tenía que volver solo de la escuela a casa. «Solo» no era muy exacto. La mitad de la 3-A venía corriendo tras él. Cuando Kitti no estaba, Florian no tenía miedo. Le tiraba piedrecitas a Konrad, le ponía la zancadilla y le atizaba puñetazos en la tripa. O le daba una patada en el trasero. Los demás niños no ponían reparos. Encontraban muy antipático a Konrad. La profesora, la señora Stainz, decía a los niños tres veces, por lo menos, durante cada clase:&lt;a name="ID3052"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Tomad ejemplo de Konrad!&lt;a name="ID3055"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Esto no les gustaba nada a los niños. Además, cuando nadie había entendido una operación aritmética, la señora Stainz decía:&lt;a name="ID3058"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Seguro que Konrad sí lo ha comprendido.&lt;a name="ID3061"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y, efectivamente, Konrad había comprendido la operación. Esto tampoco les gustaba a los niños. Konrad también sabía cómo escribir cada palabra, tenía una letra preciosa, al leer en voz alta sabía acentuar cada parte de la oración, permanecía sentado en su sitio muy formal, no hablaba, no comía durante la clase, tampoco masticaba chicle y, por lo tanto, nunca sacaba largas hebras de chicle de la boca, miraba sin interrupción a la señora Stainz y escuchaba atentamente. Como es natural, todo ésto molestaba mucho a los otros niños. Al menos, podía haber sido torpe en gimnasia, cosa que les ocurría con frecuencia a los alumnos aventajados. Pero no. Era también el único en la clase que podía subir la cuerda hasta el techo del gimnasio en un santiamén, y tenía una voz de la que decía la profesora Stainz:&lt;a name="ID3064"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Angelical y argentina; cuando él canta se siente una gran emoción.&lt;a name="ID3067"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Además, Konrad dibujaba tan bien que se podía distinguir claramente, en un coche dibujado por él, si se trataba de un Renault 16 o de un Renault 17.&lt;a name="ID3070"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡No nos faltaba más que este niño modelo! —comentaban sus compañeros de clase— ¡No necesitamos a ese maldito empollón pelotillero!&lt;a name="ID3073"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y Konrad, en su ignorancia e inexperiencia, cometía un montón de faltas con los niños normales. Precisamente el segundo día, en la tercera clase, tenían que hacer un ejercicio de cálculo. El compañero de banco de Konrad, Fredi, le preguntó en voz baja:&lt;a name="ID3076"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Doce por doce, menos diecisiete, mas treinta y seis, ¿cuánto es?&lt;a name="ID3079"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero Konrad no le contestó porque la señora Stainz había dicho antes:&lt;a name="ID3082"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Ni una palabra durante el ejercicio!&lt;a name="ID3085"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y cuando Fredi, que era muy malo en cálculo, le había preguntado ya tres veces, Konrad respondió:&lt;a name="ID3088"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Creo que no está permitido que te dé la solución.&lt;a name="ID3091"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fredi se puso furioso y, a partir de ese momento, empezó a odiar a Konrad tanto como Florian.&lt;a name="ID3094"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, Anneliese dio un golpe con la regla en un cristal de la ventana, y el cristal se rajó. La profesora había salido un momento de la clase y cuando regresó y vio el cristal roto, quiso saber de inmediato quién lo había hecho. Nadie contestó y Anneliese revolvía en su cartera, haciendo como que no tenía nada que ver en el asunto. La señora Stainz preguntó a varios niños:&lt;a name="ID3104"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién ha sido?&lt;a name="ID3107"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Todos hacían como que no sabían nada. Pero luego, la profesora preguntó a Konrad:&lt;a name="ID3110"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, ¿has visto tú quién ha sido? Si lo has visto, tienes que decírmelo; es tu deber.&lt;a name="ID3113"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y Konrad contestó que había sido Anneliese.&lt;a name="ID3116"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Fuera! —gritaba toda la clase.&lt;a name="ID3119"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero la señora Stainz estaba muy satisfecha. Al quinto día de clase, la profesora Stairiz nombró a Konrad su suplente. Cada vez que salía, en los intervalos, «un momento al despacho», o a ver a otra profesora, Konrad tenía que sentarse en su sillón y vigilar la clase. Tenía que cuidar de que no se acercaran a la ventana abierta, de que no salieran al pasillo, de que no hablaran en voz muy alta y de que nadie peleara con el de al lado.&lt;a name="ID3122"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al principio, los chicos no se tomaban en serio a Konrad como suplente. Se acercaban a la ventana abierta, se peleaban, salían al pasillo y hablaban a gritos. Pero cuando vieron que Konrad tomaba nota de todos los que no se comportaban según las instrucciones y recibieron después los castigos de la profesora, se pusieron furiosos y empezaron, con razón, a despreciar a Konrad.&lt;a name="ID3125"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El farmacéutico Egon, que el día de reunión de los padres con los profesores estuvo hablando con la profesora Stainz, se puso muy orgulloso cuando le dijo que Konrad era «un verdadero tesoro» y un alumno «como sólo en sueños se puede imaginar».&lt;a name="ID3128"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero la señora Bartolotti no tenía la menor idea de lo que Konrad hacía en la escuela, ni de lo que los otros chicos pensaban de él. No se interesaba por la marcha del curso. Todos los días preguntaba a Konrad durante la comida:&lt;a name="ID3131"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué tal, cómo te ha ido hoy?&lt;a name="ID3134"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad respondía siempre:&lt;a name="ID3137"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Todo fue bien, gracias. La profesora me quiere.&lt;a name="ID3140"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Con esto se contentaba la señora Bartolotti y no seguía quebrándose la cabeza por las cuestiones escolares de Konrad.&lt;a name="ID3143"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti Rusika, como es lógico, si sabía cómo se comportaba Konrad en la escuela. Él se lo contaba y los otros niños se lo contaban también.&lt;a name="ID3146"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Sabes lo que ha vuelto a hacer hoy ese asqueroso? —le decían los otros niños.&lt;a name="ID3149"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y por las tardes, cuando Kitti estaba en casa de Konrad o Konrad en casa de Kitti, ella le repetía:&lt;a name="ID3152"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, ¿Por qué no le dijiste a Fredi cuánto es doce por doce, menos diez y siete, mas treinta y seis? —Y—: Konrad, ¡no se delata a los compañeros! —Y—: Konrad, no debes apuntar los nombres de los que salen de clase.&lt;a name="ID3155"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero Konrad movía la cabeza y decía:&lt;a name="ID3158"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Kitti, a mí no me gusta hacerlo, de verdad que no. Pero, cuando ellos hacen cosas prohibidas, mi deber es dar parte; lo ha dicho la profesora. ¡Yo tengo que cumplir con mi deber!&lt;a name="ID3161"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti trataba de explicarle que, si seguía comportándose así, los compañeros nunca llegarían a estimarle. Se lo decía en el tono en que se habla a un caballo enfermo, pero Konrad seguía moviendo la cabeza preocupado.&lt;a name="ID3164"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Kitti —decía—, no es posible, me han hecho así. En el departamento de puesta a punto me educaron en esas costumbres escolares. ¡No puedo cambiar!&lt;a name="ID3167"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero inténtalo al menos una vez, hazlo por mí —rogó Kitti, pues para ella tampoco resultaba fácil tener un amigo al que nadie podía tragar.&lt;a name="ID3170"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad lo intentó por Kitti. Fue en la clase de gimnasia. Los niños querían columpiarse en las anillas. La profesora quería que los niños hicieran equilibrios en los bancos suecos vueltos del revés.&lt;a name="ID3173"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Arriba! —gritó la profesora.&lt;a name="ID3176"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero los niños se negaron y se decían unos a otros en voz baja:&lt;a name="ID3179"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Nos declararemos en huelga, no queremos hacer esa bobada de los bancos suecos.&lt;a name="ID3182"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se sentaron en el suelo, cruzaron las piernas y se quedaron inmóviles. También Konrad se sentó en el suelo y cruzó las piernas.&lt;a name="ID3185"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Arriba, arriba! ¡Venga, venga! —gritaba la señora Stainz.&lt;a name="ID3188"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los niños no se movieron. Konrad tampoco se movió. Pensó: Kítti quiere que lo haga así y también los demás niños. Pero entonces la profesora miró a Konrad, le miró severamente a los ojos y dijo:&lt;a name="ID3191"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, ¿qué comportamiento es ese? Nunca hubiera esperado esto de tí.&lt;a name="ID3194"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad deseaba realmente seguir sentado. Pero fue imposible. Era como si alguien le agarrase y le levantara. No podía resistirse.&lt;a name="ID3197"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Pffii, pffii! —silbaron todos los niños.&lt;a name="ID3200"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad estaba ya en posición.&lt;a name="ID3203"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Esquirol, miserable! —-gritaban.&lt;a name="ID3206"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se balanceaba en equilibrio sobre los bancos suecos.&lt;a name="ID3209"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bien, Konrad —le elogiaba la profesora.&lt;a name="ID3212"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Canalla! —murmuraban los chicos.&lt;a name="ID3215"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Todos los alumnos, menos él, fueron castigados a correr en círculo durante diez minutos. Konrad pasó esos diez minutos sentado en la barra fija. Los niños jadeaban y le miraban, furiosos, al pasar frente a él, y Konrad tenía los ojos llenos de lágrimas.&lt;a name="ID3218"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Nada más salir de la escuela, fueron todos a decirle a Kitti:&lt;a name="ID3221"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿No te da vergüenza tener un amigo tan asqueroso como ése, que es un miserable saboteador?&lt;a name="ID3224"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No es malo, ¡de verdad que no! —le defendía Kitti—. ¡Tenéis que creerme! —gritaba.&lt;a name="ID3227"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero como no podía explicarles de dónde había venido Konrad y por qué había llegado a ser así, los niños no le creían. Kitti comprendía muy bien a los chicos. Pensaba: si yo hubiera conocido a Konrad sólo en la escuela, tampoco podría soportarlo.&lt;a name="ID3230"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti decía a Konrad todos los días:&lt;a name="ID3233"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, ¡tienes que cambiar!&lt;a name="ID3236"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Una tarde estaban sentados Kitti y Konrad, con la señora Bartolotti, en el cuarto de estar. Kitti había traído el juego de las adivinanzas y, como tanto Kitti como Konrad se las sabían de memoria, empezaron a preguntar a la señora Bartolotti. Estaba sentada en la mecedora, comiendo rollos de arenque en escabeche en un gran frasco de pepinillos, meciéndose suavemente, mientras se pintaba las uñas de los pies de azul celeste y no sabía ni una sola respuesta correcta.&lt;a name="ID3239"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti se retorcía de risa, al oír decir a la señora Bartolotti: &lt;a name="ID3242"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Así que la torre inclinada? Seguro que está en el país del tentetieso, allí todo está inclinado— y acerca de la raíz de un número, Berti Bartolotti no tenía la menor idea—. Los árboles tienen raíces, las flores tienen raíces —gritó escandalizada—, y de las raíces de la genciana amarilla se hace aguardiente de genciana —se pintó una uña del pie, suspiró porque se había pintado medio dedo y opinó—: Y ¿tiene que haber también una raíz de ciento cuarenta y cuatro? ¿Se puede sacar también de ella aguardiente?&lt;a name="ID3245"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—La raíz cuadrada de cuatro es dos —le explicó Konrad— y la de nueve es tres y la de dieciséis es cuatro.&lt;a name="ID3248"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, el dos, el tres y el cuatro están bajo tierra —gritó regocijada, la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3251"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad quería seguir explicando las raíces, pero sonó el timbre de la puerta. Tres toque largos. Era el cartero, que traía una carta urgente y certificada. El sobre era grande, rígido, azul celeste. Era igual que el sobre que vino en la lata de conservas de Konrad. En la solapa no figuraba ningún remitente.&lt;a name="ID3254"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti miró la carta, miró a Konrad y miró otra vez la carta.&lt;a name="ID3257"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién os escribe? —preguntó Kitti con curiosidad.&lt;a name="ID3260"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti guardó la carta en el bolsillo de su bata y comentó por lo bajo:&lt;a name="ID3263"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡ Bah!, será una carta de propaganda.&lt;a name="ID3266"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡La propaganda no la mandan urgente y certificada! —exclamó Kitti.&lt;a name="ID3269"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Madre —dijo Konrad—, la carta viene de la fábrica. Delante de Kitti puedes hablar tranquila. Está enterada de todo.&lt;a name="ID3272"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Vamos, abra usted ya la carta! —gritó Kitti.&lt;a name="ID3275"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti dudaba.&lt;a name="ID3278"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y ¿si hay algo desagradable dentro? —preguntó.&lt;a name="ID3281"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti evitaba enfrentarse a las cosas desagradables. Tampoco abría nunca las cartas de Hacienda.&lt;a name="ID3284"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Olvidemos la carta —propuso—. Quemémosla, como si nunca la hubieran traído.&lt;a name="ID3287"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Quizá diga algo agradable —opinó Kitti—. A lo mejor le ha tocado a Konrad una herencia instantánea, o algo parecido.&lt;a name="ID3290"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti tocó el sobre en el bolsillo de su bata.&lt;a name="ID3293"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Niños, niños —murmuró—, siento en la punta de los dedos que no trae nada agradable. Se le nota que es mala.&lt;a name="ID3296"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, con más motivo tenemos que abrirla —dijo Kitti.&lt;a name="ID3299"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti opinaba que las cosas malas que se conocen son menos malas que las que no se conocen.&lt;a name="ID3302"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti sacó el sobre azul del bolsillo y se lo dio a Kitti.&lt;a name="ID3305"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lee tú, Kitti —susurró—, yo no me atrevo.&lt;a name="ID3308"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti Rusika rasgó el sobre azul claro, sacó un pliego azul doblado, lo desdobló y leyó:&lt;a name="ID3311"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;«Distinguida Señora Bartolotti:&lt;a name="ID3314"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hemos descubierto al revisar nuestro departamento de distribución que cometimos un lamentable error. Por equivocación de nuestra computadora se le entregó a usted un muchacho de siete años que de ningún modo le corresponde. Por ello, le rogamos se sirva devolvérnoslo sin pérdida de tiempo.&lt;a name="ID3317"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La tarjeta de pedido, oportunamente rellenada por usted, se refería a dos modelos de ayuda mnemotécnica, marca «Memoria», cuya producción hace tiempo hemos suspendido y, por tanto, ya no podemos suministrar.&lt;a name="ID3320"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Le rogamos prepare sin demora al niño, que será recogido muy en breve por nuestro servicio de asistencia técnica para entregárselo a sus auténticos padres.&lt;a name="ID3323"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Llamamos su atención sobre el extremo de que los niños-instantáneos, en cualquier circunstancia y .en cualquier época de su vida, continúan siendo propiedad de la fábrica y sólo son entregados a los padres, igual que el aparato telefónico, a título de préstamo, para su crianza y disfrute.&lt;a name="ID3326"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cualquier objeción por su parte será completamente inútil, estando totalmente excluida la vía judicial.&lt;a name="ID3329"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Con reiterado pesar y nuestra distinguida consideración ... »&lt;a name="ID3332"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti dejó de leer, se acercó la carta a los ojos y dijo:&lt;a name="ID3335"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—La firma pone Honbert o Monbert, no puedo distinguirlo claramente.&lt;a name="ID3338"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Importa un comino cuál sea la condenada firma —dijo Berti Bartolotti, con voz trémula.&lt;a name="ID3341"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aunque llevaba la cara tan coloreada de azul, rojo y rosa, parecía tenerla completamente verde. Y, además de la voz, también le temblaban las manos. Y parecía más pequeña y más débil que en general.&lt;a name="ID3344"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—O sea que en los próximos días —susurró—, en los próximos días...&lt;a name="ID3347"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero ¡no tendrá usted intención de entregárselo...! —exclamó Kitti.&lt;a name="ID3350"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti sacó un pañuelo del bolsillo de la bata, se sonó, gimió y dijo en voz baja:&lt;a name="ID3353"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Es que no me pertenece, no tengo ningún derecho y, además, yo encargué ayudas mnemotécnicas.&lt;a name="ID3356"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Volvió a sonarse y a gemir, y prosiguió:&lt;a name="ID3359"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y, encima, yo no cocino como es debido, llevo demasiados colores en la cara y Egon afirma que no soy una buena madre.&lt;a name="ID3362"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hasta ese momento Konrad había permanecido sentado, taciturno, silencioso y grave. Pero en ese momento se puso en pie de un salto y gritó tan alto como nunca había gritado:&lt;a name="ID3365"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Tú eres mi madre y eres una buena madre!!&lt;a name="ID3368"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya lo oye —exclamó Kitti—. Konrad sólo la quiere a usted.&lt;a name="ID3371"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti volvió a sonarse con el pañuelo y a gimotear. Lanzó unos breves sollozos, mientras decía:&lt;a name="ID3374"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero es que podrías tener una madre que te diera vitaminas, que supiera canciones adecuadas para niños, que estuviera enterada de las raíces y que tuviera un auténtico marido, un padre para tí.&lt;a name="ID3377"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad sacudió negativamente la cabeza:&lt;a name="ID3380"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya me he acostumbrado a quererlos a ti y a Egon, y si me voy a otro sitio también me separaré de Kitti —Konrad movió la cabeza enérgicamente—. No, deseo quedarme, eso es lo que quiero.&lt;a name="ID3383"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Quieres realmente eso? —exclamó Berti Bartolotti.&lt;a name="ID3386"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se levantó de un salto de la mecedora y ya no parecía tan débil, ni tan pequeña, ni tan verde su cara. Cogió a Konrad entre sus brazos y le besó en la mejilla, en el cuello, en la frente y en las orejas. Le besó por todas partes donde encontraba piel que besar. Luego, dejó a Konrad en el suelo y dijo:&lt;a name="ID3389"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, ahora tiene que ocurrírsenos algo para defendernos de esos gángsters. ¡Tenemos que intentarlo!&lt;a name="ID3392"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Escríbeles una carta amable, diciéndoles que yo quiero quedarme —propuso Konrad.&lt;a name="ID3395"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso es ridículo —dijo Kitti—. La gente que escribe tales cartas... —cogió de la mesa el pliego azul y lo rompió en cuatro pedazos— ...a esa gente no le preocupa lo que tú sientes, Konrad.&lt;a name="ID3398"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Kitti tiene razón —dijo Berti Bartolotti—. Se nos tiene que ocurrir algo muy astuto.&lt;a name="ID3401"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad puso cara triste.&lt;a name="ID3404"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero si es algo que está prohibido, yo no podré tomar parte. Kitti, tú sabes que no puedo.&lt;a name="ID3407"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Prohibido, prohibido... —dijo la señora Bartolotti—. ¿Qué nos importa a nosotros lo que quiera esa estúpida fábrica?&lt;a name="ID3410"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—A vosotros, no —dijo Konrad en un murmullo—, pero a mí, sí. Ellos me hicieron así.&lt;a name="ID3413"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti encendió un gran cigarro. Repitió tres veces las tres profundas aspiraciones y lanzó tres veces al aire los anillos de humo azul.&lt;a name="ID3416"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Está pensando —dijo Konrad.&lt;a name="ID3419"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya he terminado de pensar, hijo mío —la señora Bartolotti saltó de la mecedora, señaló el dormitorio y añadió—: Anda, Konrad, vete allí. Tengo que hablar con Kitti.&lt;a name="ID3422"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero ¿por qué...?&lt;a name="ID3425"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti interrumpió a Konrad:&lt;a name="ID3428"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No preguntes por qué. Obedece a tu madre. Tú has aprendido a ser bien educado y obediente. Tenemos que hablar de algo que no deben oír los niños que no pueden hacer nada prohibido.&lt;a name="ID3431"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se fue al dormitorio y cerró la puerta. Pero la señora Bartolotti, inclinándose hacia Kitti, le explicó en voz baja lo que se proponía hacer. El rostro de Kitti empezó a resplandecer y, al terminar la señora Bartolotti su explicación, Kitti exclamó:&lt;a name="ID3434"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Su plan es muy bueno. ¡Yo le ayudaré!&lt;a name="ID3437"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Apenas una hora después de llegar la carta urgente, bajaba corriendo Kitti al piso de abajo a rogar a su madre:&lt;a name="ID3440"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— Mamá, por favor, ¿puedo ayudar a la señora Bartolotti a llevar la alfombra grande a la tintorería para que la limpien?&lt;a name="ID3443"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Rusika se opuso. Ella quería ir al fotógrafo con Kitti. Necesitaba una foto de Kitti para el cumpleaños de tia Emma.&lt;a name="ID3446"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Al fotógrafo podemos ir mañana. Por favor —rogó Kitti—. La alfombra pesa tanto que la pobre se va a matar arrastrándola.&lt;a name="ID3449"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y ¿por qué no le ayuda Konrad? —preguntó la señora Rusika, y se quedó durante un minuto con la boca abierta de asombro cuando Kitti dijo:&lt;a name="ID3452"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Konrad? Pero mamá, si él ya no está en casa de la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3455"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— ¿ No? —Y, ¿ cómo es eso?&lt;a name="ID3458"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues yo tampoco lo sé, mamá; pero si ayudo a la señora Bartolotti a llevar la alfombra, seguro que me lo dice.&lt;a name="ID3461"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Rusika era tan curiosa como la mayoría de las personas. En realidad, al fotógrafo podían ir al día siguiente. Y a la pobre señora Bartolotti había que ayudarle a llevar la alfombra.&lt;a name="ID3464"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, vete hija mía —dijo la señora Rusika—, pero no preguntes por Konrad de un modo muy directo, eso no estaría bien.&lt;a name="ID3467"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando Kitti ya estaba en la puerta, la señora Rusika preguntó:&lt;a name="ID3470"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero esta mañana todavía estaba; ha ido contigo a la escuela. &lt;a name="ID3473"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Te equivocas, mamá —respondió Kitti—. He ido con Anton.&lt;a name="ID3476"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Antes de que la señora Rusika pudiera seguir preguntando, Kitti salió corriendo.&lt;a name="ID3479"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Corrió escalera arriba. La señora Bartolotti la esperaba detrás de la puerta de su casa.&lt;a name="ID3482"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ahora hay que darse prisa —dijo—. Es posible que a esos granujas se les ocurra venir hoy.&lt;a name="ID3485"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fueron al cuarto de estar, retiraron la alfombra de debajo de la mecedora y la arrastraron hasta el dormitorio. Allí estaba Konrad sentado en el borde de la cama.&lt;a name="ID3488"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Puedo volver a escuchar ya? —preguntó.&lt;a name="ID3491"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Puedes tumbarte sobre la alfombra —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3494"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se tendió sobre la alfombra y la señora Bartolotti lo enrolló en ella. La alfombra le daba tres vueltas a Konrad. Kitti y la señora Bartolotti cargaron con la alfombra. La señora Bartolotti agarró un extremo bajo el braso y Kitti se puso el otro extremo sobre el hombro.&lt;a name="ID3497"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Te llega bien el aire? —gritó Kitti dirigiéndose a la alfombra.&lt;a name="ID3500"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, bien —se oyó la voz sofocada de Konrad.&lt;a name="ID3503"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, en marcha —dijo Kitti—. Pero, por favor, dé usted pasos pequeños, porque si no, perderemos el compás, la alfombra se bamboleará y Konrad lo pasará mal.&lt;a name="ID3506"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—All right —contestó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3509"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID3606"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Marchando acompasadas, salieron de la casa y caminaron por la calle en dirección al tinte, que ponía «Limpieza de alfombras, trajes y cuero».&lt;a name="ID3512"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Rusika estaba asomada a la ventana, mirando y dijo para sí:&lt;a name="ID3515"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues es verdad que van sin Konrad.&lt;a name="ID3518"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y corrió a casa de su vecina, la señora März, a contarle:&lt;a name="ID3521"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Figúrese usted. Konrad, el de la vieja Bartolotti, hace días que se ha marchado.&lt;a name="ID3524"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero si yo le vi esta mañana...&lt;a name="ID3527"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Ese era Anton! —dijo la señora Rusika.&lt;a name="ID3530"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La tintorería era el local de al lado de la farmacia del señor Egon. Kitti y la señora Bartolotti entraron con la alfombra en la tintorería.&lt;a name="ID3533"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Buenas tardes —dijo la señorita que les atendió.&lt;a name="ID3536"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuánto cuesta la limpieza de esta alfombra? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3539"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señorita agarró un extremo de la alfombra y palpó las hebras de lana y la trama.&lt;a name="ID3542"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Doce cincuenta el metro cuadrado —contestó.&lt;a name="ID3545"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Demasiado caro —dijo Kitti y guiñó un ojo a la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3548"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En ese caso, perdone la molestia —dijo la señora Bartolotti a la señorita; y dirigiéndose a Kitti, añadió—: Vámonos a casa.&lt;a name="ID3551"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;De nuevo en marcha con el rollo de la alfombra, atravesaron la tienda, pero no hacia la puerta de la calle, sino hacia la puerta posterior que daba al portal de la casa.&lt;a name="ID3554"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Oiga, ¿adónde van ustedes? —preguntó la señorita.&lt;a name="ID3557"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Vivimos en esta casa, en el tercer Piso —respondió Kitti—. Por aquí nos pilla más cerca.&lt;a name="ID3560"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sólo hacía tres semanas que la señorita trabajaba en esa sucursal y aún no conocía a los habitantes de la casa. Así que abrió la puerta y las dejó pasar al portal con el rollo de la alfombra. Como acababa de entrar otra cliente, la empleada cerró en seguida la puerta y no pudo ver que la señora Bartolotti y Kitti no subían al tercer piso, sino que pulsaban ruidosamente el timbre de la puerta posterior de la farmacia.&lt;a name="ID3563"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti daba unos timbrazos no sólo muy fuertes, sino también muy largos. Claro que el señor Egon se hallaba en la parte de la farmacia que daba a la calle, despachando píldoras. Oyó el timbre de la puerta trasera, pero pensó: Quienquiera que sea, que entre por la puerta de la calle.&lt;a name="ID3566"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero cuando los largos y fuertes timbrazos pusieron nervioso al señor Egon, dijo a la señora que estaba atendiendo:&lt;a name="ID3569"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Un momento, señora, alguien está llamando por la puerta de atrás.&lt;a name="ID3572"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Atravesó corriendo la primera trastienda, la segunda trastienda y la tercera trastienda, en la que estaba la puerta trasera. Llevaba la intención de decirle al que llamaba que era una impertinencia dar tales timbrazos. Pero no llegó a hacerlo. Al abrir la puerta, la señora Bartolotti le empujó hacia un lado, tiró hacia dentro del rollo de la alfombra, Kitti empujó desde atrás y cerró después de entrar. La señora Bartolotti apartó cajas de cartón vacías y cajones con alimentos infantiles, para poder desenrollar la alfombra.&lt;a name="ID3575"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué significa esto? —preguntó, consternado, el señor Egon.&lt;a name="ID3578"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hay que esconderlo —dijo la señora Bartolotti, empezando a desenrollar la alfombra.&lt;a name="ID3581"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y por qué tengo yo que esconder la alfombra de tu cuarto de estar?&lt;a name="ID3584"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No es la alfombra, sino a Konrad a quien tienes que esconder.&lt;a name="ID3587"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y dónde está Konrad?&lt;a name="ID3590"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se lamentó de tanta dureza de mollera.&lt;a name="ID3593"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Pues en la alfombra, tonto!&lt;a name="ID3596"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Acabó de desenrollarla y Konrad apareció. Estaba bastante cansado y tremendamente polvoriento, porque a la alfombra en realidad le hacía falta una limpieza a fondo.&lt;a name="ID3599"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— Siéntate aquí, que te lo explico todo —dijo la señora Bartolotti al señor Egon.&lt;a name="ID3602"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Criatura, la farmacia está llena de gente! —gritó el señor Egon.&lt;a name="ID3609"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Échalos y cierra —exigió la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3612"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti intervino:&lt;a name="ID3615"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero, señora Bartolotti, eso sería demasiado raro. Una farmacia no se puede cerrar por las buenas. La gente se preguntaría por qué el farmacéutico ha cerrado de repente.&lt;a name="ID3618"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pues esta Kitti no es tan tonta como yo creía, pensó el señor Egon.&lt;a name="ID3621"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A través de las dos primeras trastiendas llegaban desde la farmacia murmullos de indignación y una voz de señora llamó:&lt;a name="ID3624"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Señor farmacéutico, tengo mucha prisa, ¿ dónde está usted?&lt;a name="ID3627"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon corrió hacia la tienda.&lt;a name="ID3630"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Si no puede hablar conmigo aquí —dijo la señora Bartolotti—, tendré que hablar con él fuera.&lt;a name="ID3633"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Agarró una bata blanca de farmacéutico, que colgaba de una percha, y se la puso. Sobre los rizos amarillos se colocó un gorro blanco, que había sobre una caja de cartón.&lt;a name="ID3636"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad seguía acurrucado en el centro de la alfombra y tosía a causa de la cantidad de polvo que había tragado mientras le transportaban. Intentaba limpiarse la cara y las manos con un pañuelo.&lt;a name="ID3639"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero, criatura, ahora no es posible... —cuchicheó el señor Egon, cuando la señora Bartolotti, ataviada de blanco, se colocó junto a él detrás del mostrador.&lt;a name="ID3642"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Todo es posible —le respondió en un susurro la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3645"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Agarró un mortero y empezó a triturar aplicadamente, como si tuviera que transformar unas píldoras muy duras en un polvo muy fino. Y mientras el señor Egon recogía recetas y dinero y entregaba píldoras y cambio, ella le hablaba en voz baja:&lt;a name="ID3648"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Nos entregaron a Konrad por un error de reparto. ¡Y ahora quieren llevárselo!&lt;a name="ID3651"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡De ninguna manera!&lt;a name="ID3654"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon estaba tan agitado que lo gritó con voz estentórea y el señor que acababa de entregarle una receta, creyendo que se dirigía a él, preguntó:&lt;a name="ID3657"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y por qué no quiere darme esa medicina para la tensión? ¿Es perjudicial?&lt;a name="ID3660"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdón —dijo Egon al otro señor y, en voz baja a la señora Bartolotti—: Pero ¿tú lo has pagado?&lt;a name="ID3663"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No —respondió la señora Bartolotti y, siempre en voz baja, le contó lo que decía la carta azul.&lt;a name="ID3666"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los clientes conocían al señor Egon como un hombre tranquilo y amable. Pero en ese momento estaban bastante sorprendidos, porque el señor Egon se limitaba a arrojarles sobre el mostrador medicamentos y monedas de cambio, y no les saludaba, ni les preguntaba por su importante estado de salud. Cuando una señora quiso que la pesara en la báscula grande, hizo un simple gesto negativo, y cuando un señor preguntó si la medicina que le había recetado el médico realmente no era amarga, el señor Egon ni le oyó.&lt;a name="ID3669"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al terminar la señora Bartolotti su explicación susurrante, dejó al mismo tiempo de machacar ruidosamente y preguntó:&lt;a name="ID3672"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, ¿me ayudarás?&lt;a name="ID3675"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Claro que sí —exclamó el señor Egon y, como en ese momento la estaba despachando a una madre un frasco de jarabe para la tos de su hijo, la madre se alegró mucho, porque ella acababa de opinar que «el jugo de las plantas naturales es lo mejor contra la tos».&lt;a name="ID3678"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti puso el mortero en un estante y dijo en voz baja:&lt;a name="ID3681"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lo llevaré arriba.&lt;a name="ID3684"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Atravesó corriendo las trastiendas hasta llegar junto a Konrad y Kitti.&lt;a name="ID3687"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Todo all right! —gritó.&lt;a name="ID3690"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la tercera trastienda había una escalera de caracol, de hierro, que conducía directamente al piso del señor Egon, en la primera planta.&lt;a name="ID3693"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti subió con Kitti y Konrad la escalera de caracol.&lt;a name="ID3696"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Dios mío, qué horrible —dijo Kitti, en voz baja, cuando vio el cuarto de estar del señor Egon.&lt;a name="ID3699"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El cuarto de estar se hallaba abarrotado de muebles viejísimos. En las ventanas colgaban gruesas cortinas, raídas, de terciopelo rojo, y sobre la mesa había un tapete de seda negra con largas borlas.&lt;a name="ID3702"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mamá —preguntó Konrad—, ¿qué hacemos aquí?&lt;a name="ID3705"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Nosotras —dijo la señora Bartolotti— nos vamos ahora y tú te quedas aquí y esperas al señor Egon. Vendrá en cuanto cierre la farmacia.&lt;a name="ID3708"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Crees que vas a poder aguantar en este caserón? —preguntó Kitti.&lt;a name="ID3711"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Un muchacho de siete años tiene que ser ya capaz de entretenerse solo durante un par de horas —dijo Konrad, con valor, y se acercó a la librería a coger un tomo del diccionario, concretamente el de ESK-HG—. Hay algunas palabras con hache que todavía no conozco.&lt;a name="ID3714"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se sentó en un sillón vetusto y empezó a leer.&lt;a name="ID3717"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti y Kitti corrieron escalera de caracol abajo, enrollaron apresuradamente la alfombra y la arrastraron hasta el portal. Kitti llamó a la puerta trasera del tinte. La empleada abrió la puerta.&lt;a name="ID3720"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, ¿qué es lo que desean ahora? —preguntó.&lt;a name="ID3723"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lo he estado pensando —explicó la señora Bartolotti— y he decidido dejársela para limpiar.&lt;a name="ID3726"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Le dio la alfombra a la señorita y, atravesando la tintorería con Kitti, salieron por la puerta de la calle.&lt;a name="ID3729"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La dependienta ató un número a la alfombra, la apoyó contra la pared, en un rincón, y se dijo:&lt;a name="ID3732"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hay personas que resultan curiosas.&lt;a name="ID3735"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En el momento en que la señora Bartolotti salía con Kitti de la tintorería, la señora Rusika estaba mirando otra vez por la ventana. Las vio a las dos y pensó: Han estado mucho tiempo en el tinte. Y luego volvió a pensar: Espero que Kitti haya logrado enterarse de por qué Konrad ya no está en casa de la vieja Bartolotti.&lt;a name="ID3738"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti se fue a su casa y le contó a su madre que Konrad había desaparecido sin dejar rastro hacía cuatro días. Probablemente se había ido con su padre real y verdadero, que vivía en el quinto pino. El caso es que no se le podía encontrar en ninguna parte.&lt;a name="ID3741"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti también se fue a su casa. Se sentó a tejer, pero tenía que pensar tanto en Konrad que no podía trabajar. Estuvo sentada junto al telar hasta las siete. Fumaba y pensaba y cada media hora anudaba un pequeñísimo hilo negro.&lt;a name="ID3744"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hacia las siete de la tarde la señora Bartolotti se levantó de un salto, corrió al cuarto de baño y se lavó para quitarse todos los colores de la cara. Se ató un pañuelo gris sobre los cabellos amarillos y revolvió en el armario grande del vestíbulo, en busca de la chaqueta de punto gris que le había regalado el señor Egon por Navidad. Nunca se había puesto la chaqueta gris, porque no podía soportar ese color. Pero se la puso y, mirándose al espejo, le dijo a su imagen:&lt;a name="ID3747"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Criatura, ahora estás gris y fea como un piojo. Pero, al menos, es seguro que así no te reconocerá nadie.&lt;a name="ID3750"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente, nadie reconoció a la señora Bartolotti. Cuando salía del portal, la portera estaba chismorreando con la lechera. La portera ni siquiera miró a la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3753"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti fue calle abajo hasta la casa de la farmacia. Se cruzó con algunas personas conocidas. Ninguna la miró. Ni siquiera el señor Egon reconoció a la señora Bartolotti, cuando le abrió la puerta de la casa. La miró fijamente durante algunos segundos e, incluso, llegó a preguntarle:&lt;a name="ID3756"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué desea?&lt;a name="ID3759"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero cuando reconoció a la señora Bartolotti, se puso muy contento.&lt;a name="ID3762"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Criatura, hoy sí que me gustas —dijo.&lt;a name="ID3765"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Tipico de tí! —increpó la señora Bartolotti al señor Egon—. En cuanto una parece un viejo piojo a ti te gusta.&lt;a name="ID3768"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Prefiero los viejos piojos a los papagayos —murmuró el señor Egon, mientras acompañaba a la señora Bartolotti al cuarto de estar, donde se hallaba Konrad.&lt;a name="ID3771"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad estaba sentado junto a la mesa del tapete de seda negra. Delante de él había abiertos varios tomos del diccionario.&lt;a name="ID3774"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mamá —dijo—, ya conozco sesenta y siete nuevas palabras extranjeras. Papá me las acaba de tomar.&lt;a name="ID3777"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti cerró de golpe todos los diccionarios y de un empujón los tiró al suelo, con estrépito. Luego, quitó de la mesa el tapete de seda negra, porque, según explicó, el color negro la enfermaba, se sentó, puso los brazos sobre la mesa y dijo:&lt;a name="ID3780"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bien, ahora voy a exponeros mi grandioso plan.&lt;a name="ID3783"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon se sentó en el sillón y esperó el grandioso plan, pero Konrad, con aire desalentado, dijo:&lt;a name="ID3786"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdona, mamá, yo creo que cualquier plan es inútil. Los de la fábrica son muy astutos. Me encontrarán en cualquier parte que esté. Conocen mil trucos.&lt;a name="ID3789"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No te encontrarán —dijo la señora Bartolotti—, porque hasta que te encuentren necesitan cierto tiempo y, cuando te hayan encontrado, ya no serás tú.&lt;a name="ID3792"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué quiere decir eso? —el señor Egon saltó del sillón.&lt;a name="ID3795"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Haz el favor de sentarte y escucharme! —exigió Berti Bartolotti y siguió hablando, mientras el señor Egon volvía a sentarse en el sillón—: A grandes males, grandes remedios —el señor Egon y Konrad asintieron con una inclinación de cabeza—. ¡Ahora bien! —la señora Bartolotti levantó el índice de la mano derecha y lo movió triunfante—, ahora bien, el servicio de asistencia técnica busca a un muchacho-instantáneo muy cortés, servicial y dócil. Precisamente el producto que ellos han entregado —el señor Egon y Konrad asintieron de nuevo—. Por consiguiente —la señora Bartolotti movía el índice con gran excitación—, ¡tenemos que cambiar a Konrad de tal modo que esa gente no reconozca su propio producto!&lt;a name="ID3798"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Quieres teñirle el pelo? —preguntó el señor Egon.&lt;a name="ID3801"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Idiota! —-Betti Bartolotti miró al señor Egon, meneando la cabeza, y luego se volvió hacia Konrad— ¿Qué es lo contrario de bien educado?&lt;a name="ID3804"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Mal educado —respondió Konrad.&lt;a name="ID3807"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y ¿lo contrario de obediente?&lt;a name="ID3810"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Desobediente.&lt;a name="ID3813"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Lo contrario de sosegado?&lt;a name="ID3816"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ruidoso.&lt;a name="ID3819"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Lo contrario de amable?&lt;a name="ID3822"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Insolente.&lt;a name="ID3825"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y de dócil?&lt;a name="ID3828"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Rebelde.&lt;a name="ID3831"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Comprendes? —dijo la señora Bartolotti al señor Egon—, así tiene que ser para que no le reconozcan.&lt;a name="ID3834"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡No! —gritó estremecido el señor Egon.&lt;a name="ID3837"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, ¿quieres que se lo lleven?&lt;a name="ID3840"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡No! —gritó el señor Egon, más estremecido aún.&lt;a name="ID3843"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces tienes que acceder a la transformación total del producto.&lt;a name="ID3846"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tiene que ser auténtica? —preguntó el señor Egon con tristeza. &lt;a name="ID3849"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tiene que serlo —determinó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3852"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad tosió ligeramente.&lt;a name="ID3855"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Por favor —dijo en voz baja—, el plan es realmente muy bueno. Pero tú sabes, madre, que yo no puedo llegar a ser distinto de como soy. Ya lo he intentado. Lo he intentado por Kitti y no resultó.&lt;a name="ID3858"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eso es una tontería —resopló la señora Bartolotti, y explicó a Konrad que ya lo había discutido con Kitti minuciosamente—. Eso de que no puedes cambiar son bobadas. No te han creado así, sino que te han adiestrado así en el departamento de puesta a punto. Y ahora Kitti te va a adiestrar de otra manera.. Kitti te va a desacostumbrar de todas tus costumbres.&lt;a name="ID3861"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Crees de verdad que dará resultado? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID3864"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Vamos a intentarlo —dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID3867"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se despidió de Egon y de Konrad, a quien dio tres besos en cada mejilla, porque era posible que transcurriese mucho tiempo sin verle.&lt;a name="ID3870"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti pasó una noche muy tranquila. Soñó cosas terribles. Soñó con dos gigantescos hombres grises que querían coger a Konrad. Konrad intentaba huir corriendo, los hombres extendían las manos para agarrarle y todo el suelo estaba lleno de chicle blando. Konrad no podía correr, porque se quedaba pegado al chicle. La señora Bartolotti quería acudir en su ayuda, pero también se pegaba al chicle y no adelantaba un paso.&lt;a name="ID3873"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después de tener este horrible sueño diez veces seguidas, la señora Bartolotti decidió levantarse. Se puso la bata y fue al cuarto de baño. Fuera todavía estaba oscuro. La señora Bartolotti se embadurnó la cara de colores. Se puso una cantidad enorme, esperando que los colores la pusieran de mejor humor. Se preparó una cafetera llena, encendió un cigarro, se sentó a la mesa de la cocina y esperó. Miraba a través de la ventana y advertía cómo el cielo se iba aclarando lentamente. Al principio, había un gran silencio abajo, en la calle, y luego, cuando el cielo ya estaba bastante luminoso, rosado y con líneas verde manzana, empezaron a oírse en la calle los coches, con sus cláxons y el chirrido de los neumáticos al doblar la esquina. Cada vez que oía los pasos de alguien que pasaba delante de la puerta de su piso, la señora Bartolotti se sobresaltaba. Y cada vez que los pasos se alejaban de su puerta, respiraba aliviada.&lt;a name="ID3876"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando iba por la séptima taza de café, oyó que unos pasos se acercaban, pero esta vez no se alejaron, sino que se detuvieron delante de su puerta. Sonó un estridente timbrazo. La señora Bartolotti habría preferido esconderse debajo de la mesa o en el rincón de la nevera.&lt;a name="ID3879"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero se dio ánimos y pensó: Si no voy a abrir ahora, vendrán más tarde.&lt;a name="ID3882"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El hombre que estaba ante la puerta era delgado y muy bajito. Llevaba un mono azul claro. Junto al hombre, sobre el felpudo, había una enorme lata de conservas plateada, con una tapa de rosca.&lt;a name="ID3885"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ahí dentro se habría llevado a mi Konrad, pensó la señora Bartolotti. Ese pensamiento la enfureció tanto que dejó de sentir miedo.&lt;a name="ID3888"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué desea? —preguntó.&lt;a name="ID3891"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y como era un buen palmo más alta que el hombre vestido de azul celeste, le miró desde arriba con irritación.&lt;a name="ID3894"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Vengo a recoger la entrega equivocada —dijo el enano azul celeste.&lt;a name="ID3897"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lo siento —dijo la señora Bartolotti—, pero la entrega equivocada se largó hace tres días sin dejar rastro. Estará ya en el quinto pino.&lt;a name="ID3900"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Dónde?&lt;a name="ID3903"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En el quinto pino. Allí es donde vive el padre que menciona su partida de nacimiento.&lt;a name="ID3906"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El enano azul celeste se irguió, pero su estatura no aumentó mucho.&lt;a name="ID3909"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No debió usted permitirlo —exclamó—. Al fin y al cabo, es propiedad de mi fábrica.&lt;a name="ID3912"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Permitir, permitir —resopló Berti Bartolotti—. ¡Haga el favor! Primero me mandan ustedes una cosa que no necesito y que no quiero tener. Y luego viene usted y me la organiza.&lt;a name="ID3915"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Ha denunciado usted la pérdida a la policía? —preguntó el enano.&lt;a name="ID3918"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, oiga usted, enano azul celeste —dijo Berti Bartolotti con firmeza al hombrecillo—, ¿quién denuncia a la policía la pérdida de algo que no quiere tener? Y ahora, ¡lárguese a su maldita fábrica, estúpido!&lt;a name="ID3921"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El hombrecillo retrocedió un paso, agarró la lata de conservas y se precipitó a la escalera.&lt;a name="ID3924"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Tendrá noticias nuestras!, puede estar segura —gritó, mientras corría escaleras abajo.&lt;a name="ID3927"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti cerró la puerta, se fue a la ventana del cuarto de estar y miró a la calle. Vio al del traje azul celeste salir corriendo de la casa con su gran lata, subir a una camioneta de reparto azul celeste y partir.&lt;a name="ID3930"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero volverán, criatura —habló para sí la señora Bartolotti—. Seguro que volverán.&lt;a name="ID3933"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A mediodía, al salir de la escuela, Kitti Rusika explicó a su madre que tenía mucha prisa, porque tenía que ir a casa de su amiga Ann Meier. Anni, dijo Kitti, estaba tan terriblemente mal en aritmética que tenía que enseñarle la tabla de multiplicar.&lt;a name="ID3936"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Está muy bien que le ayudes —dijo la señora Rusika.&lt;a name="ID3939"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Creyó en seguida lo que Kitti le decía, porque era cierto que Anni Meier iba muy mal en aritmética y, además, Kitti casi nunca mentía.&lt;a name="ID3942"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero no vengas muy tarde —pidió la señora Rusika.&lt;a name="ID3945"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Cuando Anni se haya aprendido el tres y el cuatro, serán ya las seis o seis y media —dijo Kitti.&lt;a name="ID3948"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad había pasado la noche en la cama del señor Egon y el señor Egon había dormido en el sofá del cuarto de estar. Durante la mañana, Konrad aprendió nuevas palabras, esta vez del tomo BUSI-DEUS. Luego, aprendió a multiplicar de memoria el 49 y el 63, hasta 49 por 49 y 63 por 63. A mediodía el señor Egon cerró la farmacia, subió a casa por la escalera de caracol y preparó papilla de sémola con canela y azúcar. Con ella, bebieron jugo de zanahoria vitaminado.&lt;a name="ID3951"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después, el señor Egon se bajó a la farmacia. Kitti se sentó con Konrad junto a la mesa grande del cuarto de estar.&lt;a name="ID3957"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad —dijo Kitti— esto es muy sencillo. En cuestiones de educación todo funciona según el principio de que, cuando el niño hace algo bien, se le alaba, y cuando hace algo mal, se le reprende o no se le hace caso. O sea, que ser bueno representa alabanza y ser malo, castigo. ¿Lo comprendes?&lt;a name="ID3960"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad lo comprendía.&lt;a name="ID3963"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En esta readaptación —explicó Kitti— vamos a hacer exactamente eso, sólo que al revés. O sea, ser malo representa alabanza y ser bueno, castigo.&lt;a name="ID3966"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad también comprendía eso.&lt;a name="ID3969"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y como la reeducación tiene que ir muy rápida hay que emplear incluso los métodos extraordinarios...&lt;a name="ID3972"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—...que exigen las circunstancias extraordinarias —le interrumpió Konrad.&lt;a name="ID3975"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Exacto! —aprobó Kitti.&lt;a name="ID3978"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué es lo que tengo que hacer yo? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID3981"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Di todas las palabras feas que conozcas.&lt;a name="ID3984"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No conozco ninguna.&lt;a name="ID3987"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Claro que sí! —exclamó Kitti—. Florian ha ido tantas veces detrás de ti insultándote que tienes que haber aprendido algo de lo que decía.&lt;a name="ID3990"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A Konrad se le puso la cara completamente roja.&lt;a name="ID3993"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sí, claro, pero yo no puedo decir esas palabras. Se me quedan atragantadas y no me salen.&lt;a name="ID3996"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues, alterna una palabra educada con una palabra fea —propuso Kitti.&lt;a name="ID3999"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Distinguida señora —dijo Konrad y luego gritó—: ¡Ay! —pues Kitti le había pinchado con un alfiler en el brazo.&lt;a name="ID4002"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Esto formaba parte del sistema de reeducación.&lt;a name="ID4005"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Imbé... —dijo Konrad y no pudo seguir, porque se le había atragantado—. Imbé... —volvió a intentarlo Konrad, mientras Kitti le animaba con un gesto.&lt;a name="ID4008"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Prueba hasta que lo consigas —le susurró Kitti&lt;a name="ID4011"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Imbé..., imbé..., imbé..., ¡imbécil! —Konrad, tartamudeando, lo había soltado al fin.&lt;a name="ID4014"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti se inclinó hacia él y le dio un beso en la mejilla. Konrad se puso muy contento.&lt;a name="ID4017"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Y ahora, alterna imbécil y distinguida señora —ordenó Kitti&lt;a name="ID4020"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad lo hizo. A cada «distinguida señora», Kitti le pinchaba con el alfiler en el brazo, y a cada «imbécil» le besaba en la mejilla.&lt;a name="ID4023"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Diez minutos después Konrad ya no quería decir «distinguida señora». Sólo seguía diciendo «imbécil, imbécil, imbécil» y recibía un beso tras otro.&lt;a name="ID4026"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Bravo, Konrad! —Kitti estaba entusiasmada—. Aprendes con una rapidez fantástica.&lt;a name="ID4029"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y entonces llegó el momento de que Konrad pasara el primer examen. Se dirigió al teléfono y eligió un número al azar, el 25-79-51. «Huber», contestó una voz de hombre. Konrad tragó saliva, se atragantó y aparecieron en su frente pequeñas gotas de sudor.&lt;a name="ID4032"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Venga, dilo! —apremió Kitti.&lt;a name="ID4035"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdone usted —dijo Konrad al auricular.&lt;a name="ID4038"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti le puso el alfiler delante de la nariz. Konrad cerró los ojos, volvió a tragar saliva y habló de nuevo por el auricular: —¡Imbécil!&lt;a name="ID4041"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después soltó el teléfono.&lt;a name="ID4044"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Como recompensa, Kitti besó a Konrad en las dos mejillas y dijo que por hoy ya había aprendido bastante y podían jugar.&lt;a name="ID4047"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Has traído el juego de las adivinanzas?&lt;a name="ID4050"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No, jugaremos a pintar paredes —dijo Kitti y puso a Konrad en la mano una tiza roja y otra verde.&lt;a name="ID4053"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Naturalmente, Konrad no quería pintar las paredes. Suponía que el señor Egon no estaría conforme.&lt;a name="ID4056"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No pienses en el señor Egon —le distrajo Kitti—. Es mejor que pienses cómo sería la flor que quieres pintar.&lt;a name="ID4059"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tiene que tener un tallo como éste —dijo Konrad y se quedó horrorizado, porque había pintado una raya verde en la pared.&lt;a name="ID4062"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bravo, estupendo, muy bien, Konrad —elogió Kitti, poniéndole en la boca un bombón de menta.&lt;a name="ID4065"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los bombones de menta le gustaban a Konrad de un modo especial.&lt;a name="ID4068"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las seis de la tarde Konrad se había comido una caja de bombones de menta y todos los trozos de pared del cuarto de estar en los que no había cuadro, estaban adornados con flores.&lt;a name="ID4071"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al señor Egon casi le dio un ataque, cuando, después de cerrar la farmacia, subió por la escalera de caracol y se encontró la habitación floreada.&lt;a name="ID4074"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Circunstancias excepcionales —le recordó Kitti—, querido señor farmacéutico...&lt;a name="ID4077"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—...exigen medidas excepcionales. Ya sé, ya sé —suspiró el señor Egon.&lt;a name="ID4080"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En ese momento Konrad le recitó tres veces «imbécil», como el que recita una lección.&lt;a name="ID4083"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tiene usted que elogiarlo —cuchicheó Kitti al oído del señor Egon—, si no, mi esfuerzo sería inútil.&lt;a name="ID4086"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID4090"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon no había tenido que hacer en su vida nada tan difícil como esto. Se inclinó hacía Konrad y dijo:&lt;a name="ID4093"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Querido hijo, estupendo que ya puedas decir «imbécil». ¡Estoy orgulloso de ti!&lt;a name="ID4096"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Por razones de seguridad, Kitti había decidido no visitar más a Berti Bartolotti y, por las mismas razones, la señora Bartolotti había decidido no visitar a Kitti, ni al señor Egon. A pesar de ello, Kitti y la señora Bartolotti se comunicaban perfectamente. Se hablaban a través de la instalación de ventilación del cuarto de baño. El cuarto de baño de los Rusika estaba justo debajo del cuarto de baño de la señora Bartolotti. En ambos, junto a la bañera había un orificio cuadrado con rejilla. Cuando se hablaba por este orificio, se podía oír muy bien en el otro piso. Kitti y Berti Batolotti habían fijado unas horas para comunicarse. A la una y media en punto del mediodía y a las siete en punto de la tarde. Para comunicaciones imprevistas o urgentes, habían convenido lo siguiente: en caso de que la señora Bartolotti tuviera algo que comunicar, clavaría tres clavos en la pared de la cocina. Y en caso de que fuera Kitti, tocaría su armónica. Tanto los golpes en los clavos como el sonido de la armónica se oían bien en una casa y en otra.&lt;a name="ID4099"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las siete en punto Berti Bartolotti fue al cuarto de baño, se agachó junto al orificio de la ventilación y llamó:&lt;a name="ID4102"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— Kitti, ¿estás ahí ya?&lt;a name="ID4105"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Aquí estoy —retumbó en el conducto de la ventilación.&lt;a name="ID4108"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Este tubo alteraba considerablemente las voces. La voz de Kitti sonaba como la de un viejo duende.&lt;a name="ID4111"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo está mi Konrad? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID4114"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Muy bien, aprende muy de prisa!&lt;a name="ID4117"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Los del servicio técnico estuvieron aquí. Un enano estúpido. Lo eché con cajas destempladas.&lt;a name="ID4120"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti esperaba una respuesta, que no llegó. Pegó la oreja a la rejilla del orificio y oyó la voz malhumorada del señor Rusika:&lt;a name="ID4123"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Maldición!, ¿qué demonios haces tanto tiempo en el cuarto de baño?&lt;a name="ID4126"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se levantó, suspiró tristemente porque le habría gustado hablar más tiempo con Kitti y se fue a la cocina a prepararse unos huevos revueltos con un solo huevo. Estaba pensando si un rollo de arenque escabechado, picado menudito, podría mejorar el huevo, cuando sonó el timbre de la puerta. Sonó dos veces largo. Berti Bartolotti bajó al mínimo la llama del gas donde se hacía el huevo y se acercó de puntillas a la puerta. En la puerta había una mirilla. El agujero de la mirilla estaba cubierto por una tapa móvil de latón. La señora Bartolotti apartó suave y cuidadosamente la tapa de la mirilla. Quería echar una ojeada fuera y se llevó un susto enorme, pues se encontró con un ojo saltón azul celeste. Del susto dio un salto hacia atrás. Pero el que se hallaba ante la puerta, al cual pertenecía el ojo saltón azul celeste, debía de ser mucho menos asustadizo que la señora Bartolotti, porque no saltó hacia atrás. Su ojo seguía en el agujero de la mirilla.&lt;a name="ID4129"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Señora Bartolotti, abra la puerta —gritó una voz grave.&lt;a name="ID4132"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sabemos que está ahí —gritó una voz intermedia.&lt;a name="ID4135"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Está visto que no abre por las buenas —dijo una voz aguda.&lt;a name="ID4138"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¡Dios mío, tres hombres!, pensó Berti Bartolotti y miró a ver si la cadena de seguridad estaba bien enganchada, el cerrojo bien corrido y la cerradura también cerrada.&lt;a name="ID4141"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Volvieron a tocar el timbre. Tres veces. La voz aguda, la media y la profunda dijeron al mismo tiempo:&lt;a name="ID4144"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Abra inmediatamente, señora Bartolotti!&lt;a name="ID4147"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es lo que quieren? —preguntó Berti Bartolotti y tuvo buen cuidado de que su voz sonara fuerte y sin temor.&lt;a name="ID4150"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Queremos hablar con usted —dijo la voz aguda.&lt;a name="ID4153"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Sobre la entrega equivocada, que usted nos ha estafado —dijo la voz mediana.&lt;a name="ID4156"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Si no nos abre en seguida, forzaremos la puerta de su casa .&lt;a name="ID4159"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La puerta de la casa de Berti Bartolotti era de viejo roble, el cerrojo de grueso metal y la cadena de seguridad del más fino acero.&lt;a name="ID4162"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Inténtelo! —gritó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID4165"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La voz aguda, la mediana y la profunda cuchichearon al otro lado de la puerta. Pesados pasos se alejaron y, después, la señora Bartolotti los oyó por la escalera. Suspiró aliviada. Pensó que los pasos se alejaban escalera abajo.&lt;a name="ID4168"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ahora necesito una triple dosis de licor estomacal —se dijo la señora Bartolotti.&lt;a name="ID4171"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El licor estomacal estaba un estante de la cocina. Cuando la señora Bartolotti llegó a la cocina, vio que el huevo se había quemado. Olía horriblemente mal. La señora Bartolotti apagó el gas y tiró el huevo, junto con la pequeña sartén, al cubo de la basura, porque la sartén se había puesto negra y a la señora Bartolotti le desagradaba fregar sartenes negras. Abrió la ventana de la cocina, para que saliera el mal olor del huevo quemado y cogió el frasco de licor estomacal. Lo abrió y se lo llevó a la boca. Cuando Berti Bartolotti bebía del frasco, siempre tenía que cerrar los ojos. Al terminar de beber, puso el frasco sobre la mesa, volvió a abrir los ojos y miró hacia la ventana de la cocina. Y allí vio tres pantalones azul celeste, y tres pares de botas azul celeste, balanceándose en el oscuro cielo del crepúsculo. Al principio, las botas estaban arriba, en la parte superior del marco de la ventana; un poco después, ya estaban en el centro y los pantalones se iban alargando; y luego, tres hombres, con uniformes azul claro, se hallaban ya de pie sobre el alféizar de la ventana. Llevaban cascos protectores azul celeste en la cabeza y guantes de boxeo plateados en las manos. En torno a la cintura llevaban cartucheras plateadas y las culatas de las pistolas plateadas sobresalían de las plateadas pistoleras, colgadas de sus cinturones.&lt;a name="ID4174"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti se asustó aún mucho más que cuando había abierto la lata de conservas de Konrad. Cayó pesadamente sobre una silla de la cocina. La cocina entera, con los tres hombres en el alféizar de la ventana, empezó a dar vueltas a su alrededor.&lt;a name="ID4177"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los tres hombres hablaron a coro:&lt;a name="ID4180"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Nos podría usted haber ahorrado la molestia de trepar al tejado.&lt;a name="ID4183"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Lentamente la cocina dejó de girar.&lt;a name="ID4186"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Se puede saber quiénes son ustedes? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID4189"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—La brigada de la fábrica —gritaron los tres hombres, saltando de la ventana al interior de la cocina.&lt;a name="ID4192"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Registraron primero la cocina, después fueron al cuarto de estar, al cuarto de trabajo y al dormitorio. Registraron también el retrete y el cuarto de baño. Incluso registraron el armario del vestíbulo.&lt;a name="ID4195"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti continuaba sentada en la silla de la cocina, insultando a los hombres. Les increpaba:&lt;a name="ID4198"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Testarudos, ya les he dicho que se escapó, que se fue hace cuatro días. ¡Lárguense! ¡Esto es un allanamiento de morada! ¿Quién les da derecho a hacer una cosa así?&lt;a name="ID4201"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ellos no se preocupaban de sus improperios. Estaban registrando la casa tan a fondo, como si buscaran un diminuto diamante de gran valor. A veces, la señora Bartolotti oía decir a la voz grave:&lt;a name="ID4204"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué casa tan sucia!&lt;a name="ID4207"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y a la voz mediana:&lt;a name="ID4210"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué indecente galpón!&lt;a name="ID4213"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y a la voz aguda:&lt;a name="ID4216"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Realmente es para echar a correr.&lt;a name="ID4219"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces la voz grave exclamó:&lt;a name="ID4222"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Caramba, ¿qué es lo que veo?&lt;a name="ID4225"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los tres hombres volvieron a la cocina. Pusieron ante las narices de la señora Bartolotti un cuaderno de Konrad abierto. Allí estaban los deberes del día anterior, con la fecha.&lt;a name="ID4228"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Así que hace cuatro días desapareció? —preguntó con sarcasmo el de la voz aguda.&lt;a name="ID4231"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡La hemos descubierto! —gritó el de la voz mediana, agarrando por un hombro a la señora Bartolotti.&lt;a name="ID4234"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ella no podía tolerar eso y mordió en el brazo al de la voz grave. Él gritó y la soltaron.&lt;a name="ID4237"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Vámonos! —dijo el de la voz aguda—. Ya tenemos bastantes pruebas. La vieja le ha hecho desaparecer, después de recibir la carta de la fábrica.&lt;a name="ID4240"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El de la voz mediana cerró de golpe el cuaderno y se lo guardó en la chaqueta del uniforme. Salieron de la cocina y atravesaron el vestíbulo hacia la puerta.&lt;a name="ID4243"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti oyó cómo desenganchaban la cadena de seguridad, descorrían el cerrojo y giraban la llave. La puerta se cerró de golpe. Los pasos de los tres hombres se alejaron.&lt;a name="ID4246"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Berti Bartolotti agarró el martillo y clavó tres grandes clavos en la pared. Luego, corrió hacia el cuarto de baño y llamó por el agujero de la ventilación:&lt;a name="ID4249"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Kitti, Kitti, ¿me oyes?&lt;a name="ID4252"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti no contestó. Dormía ya. Pero el señor Rusika, que estaba aún sentado en el cuarto de estar leyendo el periódico, dijo a su mujer:&lt;a name="ID4255"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué frescura!, ¿no puede la vieja clavar sus malditos clavos durante el día?&lt;a name="ID4258"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, a eso de las doce, Kitti Rusika volvió a salir de su casa, para enseñarle a Anni Meier la tabla de multiplicar. La señora Rusika estaba orgullosa de su hija.&lt;a name="ID4261"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Eres una niña muy generosa —alabó a Kitti.&lt;a name="ID4264"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti movió la cabeza afirmativamente. No tenía mala conciencia. Daba lo mismo que ayudara a Anni Meier que a Konrad Bartolotti.&lt;a name="ID4267"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Para esa tarde Kitti había ideado un programa superespecial. Llegó por la escalera de caracol.&lt;a name="ID4270"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo está mi madre? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID4273"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hoy estoy sorda —dijo Kitti—. Haz el favor de escribir la pregunta.&lt;a name="ID4276"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Le dio a Konrad un pedazo de papel arrugado, con manchas de grasa, y un lápiz mordido y sin punta. A Konrad le horrorizaban papeles arrugados y los lápices mordidos, pero como le urgía saber cómo estaba la señora Bartolotti, se sobrepuso y escribió sobre el asqueroso papel:&lt;a name="ID4279"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo está mi madre?&lt;a name="ID4284"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Entregó el trozo de papel a Kitti, que miró lo escrito y exclamó:&lt;a name="ID4287"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No puedo leer estas letras tan simétricas y rectas. Son tan iguales que dan asco. ¡Un poco más torcidas, por favor! Una inclinada hacia delante, otra hacia atrás y el renglón no tan derecho.&lt;a name="ID4290"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad quería saber sin falta cómo estaba la señora Bartolotti y se esforzó por escribir mal y torcido. Gastó nueve trozos de papel manchado y arrugado, hasta que Kitti le parecieron las letras suficientemente mal escritas.&lt;a name="ID4293"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Gracias; la señora Bartolotti está bien —dijo Kitti, cuando leyó el noveno papel.&lt;a name="ID4296"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ahora ya había dejado de estar sorda y ordenó a Konrad cantar, Konrad cantó:&lt;a name="ID4299"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ven, mes de mayo, ven...&lt;a name="ID4302"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti sacó del bolsillo un cencerro y lo agitó. A Konrad le hizo daño en los oídos y dejó de cantar. Kitti dejó de cencerrear. Konrad cantó de nuevo:&lt;a name="ID4305"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Todos mis patitos...&lt;a name="ID4308"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti volvió a agitar el cencerro. También cuando entonó:&lt;a name="ID4311"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Linda luna,que avanzas silenciosa,&lt;a name="ID4317"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti agitó la campana, como si fuera un coche de bomberos.&lt;a name="ID4320"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Kitti! —gritó Konrad—, con ese ruido no se puede cantar.&lt;a name="ID4323"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Canta la canción del soldado —ordenó Kitti.&lt;a name="ID4326"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad no quería.&lt;a name="ID4329"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No es una canción decorosa —dijo.&lt;a name="ID4332"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero cántala —ordenó Kitti.&lt;a name="ID4335"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad empezó:&lt;a name="ID4338"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Un soldado en un cuartel...&lt;a name="ID4341"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti no agitó el cencerro; tarareaba también en voz baja. Konrad estaba tan contento de que hubiese cesado el desagradable ruido y de que Kitti tararease tan dulcemente, que siguió cantando:&lt;a name="ID4344"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;... en la cama se meóy quedó tan inundadaque allí un barco naufragó.&lt;a name="ID4353"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad estaba loco por cantar. Después de esa canción del naufragio, quiso cantar:&lt;a name="ID4356"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Vuela, escarabajo, vuela,&lt;a name="ID4359"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;pero Kitti volvió a tocar la esquila. También la agitó, de un modo frenético con&lt;a name="ID4362"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;¿Adónde vamos, Annemarie?&lt;a name="ID4365"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sólo cuando cantó:&lt;a name="ID4368"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando la suegra se puso a cantar,Ni el mismo diablo la hizo callar,&lt;a name="ID4374"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti no agitó el cencerro, sino que la tarareó con voz angelical. Y cuando Konrad cantó:&lt;a name="ID4377"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Duerme, mi niño, duermeque sea un carnero tu padre¿qué culpa tienes?,y tu madre una camella,mi niño duerme,&lt;a name="ID4392"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti le acompañó de un modo tan maravilloso que Konrad se dio cuenta de lo hermosa que era en realidad esa canción. La cantó diez veces seguidas.&lt;a name="ID4395"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después de cantar, Konrad y Kitti jugaron a despedazar periódicos, a untar nata debajo de la mesa y a mezclar espinacas con el pudding de frambuesa. Y para terminar la lección de reeducación, Konrad tuvo que cortar todas las borlas del tapete de seda negra. Al principio le resultó muy difícil. A cada borla que cortaba gemía y suspiraba. Cuando cortó las del primer lado, sólo suspiraba ya bajito. Después del segundo lado, ya no suspiraba; el tercero le resultó muy fácil, y el cuarto fue en realidad coser y cantar. Cuando la última borla cayó al suelo, Konrad contenía la risa. En recompensa Kitti le dio tres besos en cada mejilla. Tuvo que arrojar las borlas negras por la ventana.&lt;a name="ID4398"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Está nevando nieve negra! —y lanzaba risitas ahogadas.&lt;a name="ID4401"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las siete de la tarde Kitti pudo comunicar a la señora Bartolotti, a través del agujero de la ventilación, que Konrad progresaba a pasos agigantados.&lt;a name="ID4404"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Es un cambio fabuloso —ponderó Kitti.&lt;a name="ID4407"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Espero que salga bien —murmuró la señora Bartolotti.&lt;a name="ID4410"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Desde que los tres hombres de azul estuvieron en su casa, se hallaba bastante desalentada. Tampoco estaba Kitti tan optimista como fingía aparentar. Kitti era buena observadora y, cuando regresó esa tarde de la farmacia, vio a un hombre de azul celeste junto a la puerta de la calle. El hombre leía un periódico. Pero ¿quién en un oscuro anochecer se planta junto a un portal a leer un periódico? A Kitti le había parecido muy sospechoso. Y después, en casa, mientras cenaban, la señora Rusika contó:&lt;a name="ID4413"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Figuraos que hoy ha estado aquí una asistenta social. Pedía informes sobre Konrad.&lt;a name="ID4416"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Del susto, el puré de patatas se le cayó a Kitti del tenedor y el señor Rusika gritó:&lt;a name="ID4419"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Niña, come como es debido!&lt;a name="ID4422"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Quería la dirección del padre de Konrad —siguió contando la señora Rusika.&lt;a name="ID4425"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Pero si está en el quinto pino! —exclamó Kitti&lt;a name="ID4428"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Rusika explicó que ella había dado a la asistenta social la dirección del señor Egon.&lt;a name="ID4431"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué importa el verdadero padre? —dijo la señora Rusika—. Konrad siempre se refería al farmacéutico Egon como a su padre.&lt;a name="ID4434"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A Kitti se le cayó el tenedor de la mano.&lt;a name="ID4437"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Come como es debido! —volvió a gritar el señor Rusika.&lt;a name="ID4440"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti recogió el tenedor del suelo.&lt;a name="ID4443"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo iba vestida esa señora? —preguntó.&lt;a name="ID4446"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No se sorprendió, cuando su madre dijo:&lt;a name="ID4449"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues llevaba un vestido azul celeste con botones plateados.&lt;a name="ID4452"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En un principio, Kitti pensó en tocar su armónica y contarle todo a la señora Bartolotti, pero creyó que la pobre ya tenía bastantes preocupaciones y no podría cambiar las cosas. Lo único posible es que yo cambie a Konrad, decidió.&lt;a name="ID4455"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti tomó la resolución de no ir al día siguiente a la escuela, sino correr muy temprano junto a Konrad para salvar lo que aún pudiera salvarse. (A Kitti no le gustaba hacer novillos. Kitti no era de esa manera. Pero se dijo: «Circunstancias excepcionales requieren medidas excepcionales».)&lt;a name="ID4458"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las ocho en punto el señor Egon levantó el cierre de la farmacia. Allí delante estaba Kitti.&lt;a name="ID4461"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero, Kitti —dijo el señor Egon en voz baja—, no debes venir aquí de un modo tan público y notorio.&lt;a name="ID4464"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya no tiene sentido disimular —dijo Kitti—. Mire hacia la cabina telefónica. ¿Quién hay allí?&lt;a name="ID4467"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Un hombre con uniforme azul celeste —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID4470"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y quién hay en la parada del tranvía?&lt;a name="ID4473"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Una mujer con un vestido azul celeste.&lt;a name="ID4476"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y delante de la tienda de flores?&lt;a name="ID4479"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Un hombre con un traje azul celeste.&lt;a name="ID4482"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Demasiado azul celeste para una mañana con tantas nubes, ¿no le parece? —preguntó Kitti.&lt;a name="ID4485"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon asintió preocupado. Kitti tiró de él hacia el interior de la farmacia.&lt;a name="ID4488"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, ¿todo está perdido? —se lamentó el señor Egon.&lt;a name="ID4491"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En absoluto —repuso Kitti—. Ahora me voy con Konrad a poner en marcha el programa intensivo. Será un poco ruidoso.&lt;a name="ID4494"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué hago yo? —preguntó el señor Egon—. Iría a buscar a Berti. Creo que ella es más valiente que yo.&lt;a name="ID4497"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A Kitti le pareció una buena idea. El señor Egon cogió un papel y escribió:&lt;a name="ID4500"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Bertita, ¡ máximo peligro! i Ven en seguida!&lt;a name="ID4505"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon dobló el papel. Delante de la farmacia, la portera estaba barriendo la acera.&lt;a name="ID4508"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Señora Schnurpfeil! —llamó el señor Egon, asomándose a la puerta—. Señora Schnurpfeil, ¿tendría usted la bondad de llevarle esta nota a la señora Bartolotti? —la señora Schnurpfeil tenía la bondad y tomó la nota—. Si se le acerca un hombre vestido de azul celeste, no se deje quitar esta nota.&lt;a name="ID4511"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Puede usted contar con ello —afirmó la señora Schnurpteil y se fue caminando pesadamente.&lt;a name="ID4514"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon y Kitti la siguieron con la mirada. La señora Schnurpfeil pasó junto a la parada del tranvía, donde estaba la mujer de azul celeste.&lt;a name="ID4517"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Le va a arrebatar el mensaje! —gimió el señor Egon.&lt;a name="ID4520"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En efecto, la mujer de azul celeste agarró por el brazo a la señora Schnurpfeil, pero ésta le dio un golpe con la escoba en la cabeza y empezó a dar voces:&lt;a name="ID4523"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Socorro, que me atacan!&lt;a name="ID4526"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La de azul celeste salió corriendo.&lt;a name="ID4529"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—La señora Schnurpfeil ha conseguido que no le quite la nota —dijo Kitti satisfecha y, atravesando las trastiendas, se dirigió a la escalera de caracol.&lt;a name="ID4532"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad estaba duchándose en el cuarto de baño. Se alegró mucho de que Kitti llegara tan temprano. Desde que daba las clases de readaptación con Kitti, ya no le hacía gracia aprender palabras en el diccionario.&lt;a name="ID4535"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, se han enterado de que estás aquí. Es tu última oportunidad.&lt;a name="ID4538"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, entonces, ¡manos a la obra! —exclamó Konrad.&lt;a name="ID4541"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y trabajó de muy buena gana.&lt;a name="ID4544"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las ocho y media llegó Berti Bartolotti a la farmacia. Ese día había aumentado especialmente los colores en su cara y se había puesto unos pantalones violeta y una blusa amarilla. Mientras el señor Egon, detrás del mostrador, despachaba medicamentos, la señora Bartolotti hacía que limpiaba el polvo. Pasó el plumero al marco de la ventana y echó un vistazo a los de azul celeste. Reconoció al de la cabina telefónica como el de la voz aguda. Y junto a la tienda de flores estaba el hombre de la voz mediana. El que se hallaba en ese momento en la esquina leyendo un periódico era el de la voz grave. La señora Bartolotti contó en total siete personas vestidas de azul celeste en los alrededores de la farmacia.&lt;a name="ID4547"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hacia las nueve, la señora de azul de la parada del tranvía cruzó la calle y entró en la farmacia.&lt;a name="ID4550"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué desea? —preguntó el señor Egon, con voz trémula.&lt;a name="ID4553"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora le entregó una receta, en la que se mencionaba un medicamento que sólo se vendía muy raramente y que el señor Egon no tenía en la farmacia.&lt;a name="ID4556"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Esto tengo que encargarlo —dijo el señor Egon.&lt;a name="ID4559"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pues encárguelo, por favor —respondió la señora de azul, al tiempo que levantaba los ojos al techo asombrada, porque las tres lámparas oscilaban impetuosamente.&lt;a name="ID4562"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor Egon llamó al servicio urgente y le prometieron traer el medicamento en dos horas.&lt;a name="ID4565"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Si vuelve usted dentro de dos horas —dijo el señor Egon—, ya estará aquí.&lt;a name="ID4568"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero la señora de azul celeste no quería marcharse. Prefería esperar. Se sentó en el banco y miró las lámparas, que seguían oscilando, y observó atónita que los cristales de las vitrinas también se movían y tintineaban.&lt;a name="ID4571"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sobre las nueve y cuarto entró en la farmacia un hombre de azul celeste, que traía también una receta especial y también quería esperar. Se sentó en el banco junto a la señora y miró, sorprendido, una mancha de humedad en el techo, que lentamente se iba agrandando y oscureciendo. (Encima de la tienda estaba el dormitorio del señor Egon y allí se hallaba Konrad ejercitándose en el riego de alfombras.)&lt;a name="ID4574"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las diez llegó la señora Schnurpfeil bastante irritada.&lt;a name="ID4577"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Señor Egon —dijo—, figúrese usted que en el portal hay dos hombres de azul claro y en el patio, junto al cubo de la basura, hay otros dos. Por más que grito que se larguen, los tipos ni se mueven.&lt;a name="ID4580"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Estamos cercados! —dijo en voz baja la señora Bartolotti.&lt;a name="ID4583"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al tiempo, las lámparas oscilaban y trepidaban con tal fuerza y los cristales de las vitrinas tintineaban tanto, que la señora Schnurpfeil preguntó:&lt;a name="ID4586"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Es que hay un terremoto?&lt;a name="ID4589"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No, no —dijo el señor Egon—, es que tengo obreros en casa.&lt;a name="ID4592"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Eso tranquilizó a la señora Schnurpfeil, que salió de la farmacia. Se iba a seguir dando gritos a los hombres de azul claro.&lt;a name="ID4595"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;A las diez y media se presentó un señor, que llevaba un abrigo azul claro, gafas plateadas sobre la nariz y un maletín de documentos, plateado, en la mano. Detrás de él, venía un individuo con uniforme azul claro y detrás, un matrimonio vestido de gris. La mujer tenía una diminuta nariz puntiaguda y el hombre, una enorme calva.&lt;a name="ID4598"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El matrimonio se sentó en el banco. El señor de las gafas plateadas les dijo:&lt;a name="ID4601"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pronto podrán abrazar a su hijo.&lt;a name="ID4604"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya era hora —dijo el hombre de la calva.&lt;a name="ID4607"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hace semanas que nos están dando largas —dijo la mujer de la nariz puntiaguda.&lt;a name="ID4610"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Además de todos los de azul claro y del matrimonio, había en la farmacia dos clientes normales. El que llevaba uniforme gritó, mientras mantenía abierta la puerta de la farmacia:&lt;a name="ID4613"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Peligro agudo de contagio! ¡Desalojen la farmacia!&lt;a name="ID4616"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los dos clientes normales se asustaron.&lt;a name="ID4619"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Márchense ya! —gritó el señor de las gafas plateadas, señalándoles la puerta.&lt;a name="ID4622"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Es mentira! ¡No hay contagio por ninguna parte! —gritó el señor Egon.&lt;a name="ID4625"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Quédense! —gritó la señora Bartolotti a los clientes normales&lt;a name="ID4628"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero el hombre del uniforme azul claro los agarró y les hizo salir. Después cerró la puerta y giró el letrero que colgaba del cristal del escaparate. CERRADO, se podía leer desde la calle.&lt;a name="ID4631"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Me van a dar, por fin, a mi precioso niñito? —preguntó la mujer de la nariz puntiaguda.&lt;a name="ID4634"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—En seguida, señora mía —replicó el hombre de las gafas plateadas, que dijo al señor Egon—: ¡Devuélvanos al chico! Es de mi propiedad, usted no tiene ningún derecho sobre él —y, luego, volviéndose hacia la señora Bartolotti le gritó—: ¡Y usted tampoco, estrafalaria señora!&lt;a name="ID4637"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El señor de las gafas plateadas y el hombre del uniforme se dirigieron a la puerta de la trastienda.&lt;a name="ID4640"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Sólo pasarán sobre mi cadáver! —clamó el señor Egon, con voz trémula, cuyo tono sonó apenas perceptible y lastimero.&lt;a name="ID4643"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡No le dejes pasar! —gritó la señora Bartolotti ¡Dale una patada en la espinilla!&lt;a name="ID4646"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No es necesario que vaya a buscarle —dijo, sonriendo, el señor de las gafas plateadas—. Mis niños-instantáneos obedecen ciegamente —el señor de las gafas plateadas colocó las manos en forma de embudo delante de la boca y gritó—: ¡Konrad!&lt;a name="ID4649"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Volvió a gritar tres veces «¡Konrad!» y otras tres veces, «¡Konrad, ven aquí inmediatamente!». Pero ningún Konrad se presentó. Las lámparas seguían oscilando, los cristales de las vitrinas tintineaban y la mancha de humedad se había hecho gigantesca.&lt;a name="ID4652"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo es que no viene? —preguntó el hombre calvo—. ¡Nosotros hemos encargado un niño obediente!&lt;a name="ID4655"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La señora Bartolotti intervino:&lt;a name="ID4658"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Ya sabe, oír oye, pero no presta atención. Actualmente los niños son así. Ya puede una cansarse de repetirle algo, que nunca presta atención.&lt;a name="ID4661"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La de la nariz puntiaguda se puso en pie de un salto y chilló:&lt;a name="ID4664"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pero el niño que hemos encargado nosotros ¡presta atención en seguida!&lt;a name="ID4667"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—También él, también él —la tranquilizó el señor de las gafas plateadas—. Probablemente alguien le impide bajar. Seguro que le está reteniendo esa chica.&lt;a name="ID4670"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El de las gafas plateadas se dirigió al hombre del uniforme azul y dijo:&lt;a name="ID4673"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Usted se queda aquí y vigila esta salida. Nosotros asaltaremos la casa.&lt;a name="ID4676"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y aunque el señor Egon se interpuso con valentía en su camino y la señora Bartolotti, no menos valiente, quiso agarrar por los pelos a la mujer de azul celeste, el señor de las gafas plateadas, con todos los de azul y el matrimonio vestido de gris, penetró en la trastienda. Atravesaron corriendo la primera, la segunda y la tercera trastienda. Llegaron al pie de la escalera de caracol. Konrad, entonces, gritó desde arriba:&lt;a name="ID4679"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya voy, idiotas!&lt;a name="ID4682"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Puesto de bruces y con las piernas encogidas, Konrad se deslizó por la barandilla de la escalera. Como la señora de la nariz puntiaguda se hallaba justo al final de la barandilla, recibió una doble patada en el estómago.&lt;a name="ID4685"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Perdón, vejestorio —dijo Konrad—. Lo malo es que ha sido a propósito —luego, miró a su alrededor y preguntó—: ¿Y quién es el cerdo sarnoso que me ha estado gritando con voz de puerco degollado?&lt;a name="ID4688"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La de la nariz puntiaguda se sujetó la tripa y chilló:&lt;a name="ID4691"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Señor director, ¿no pretenderá usted que éste es el chico que yo le encargué?&lt;a name="ID4694"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El director de la fábrica se ajustó las gafas y miró fijamente a Konrad.&lt;a name="ID4697"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tío —gritó Konrad—, tío, me sé una canción fenómena.&lt;a name="ID4700"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Y Konrad cantó:&lt;a name="ID4703"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Duerme, mi niño, duerme,que sea un carnero tu padre¿qué culpa tienes?,y tu madre una camella...&lt;br /&gt;—¡Inaudito! —exclamó el calvo—. ¿Esto es un niño bien educado? Son ustedes una empresa de impostores, una sociedad de estafadores.&lt;a name="ID4718"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—No te sulfures, abuelo —dijo Konrad—, o te corto el bigote y así ya no te queda ningún pelo.&lt;a name="ID4721"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti apareció en lo alto de la escalera. Se inclinó sobre la barandilla y chilló:&lt;a name="ID4724"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Konrad, ¿tienes hambre?&lt;a name="ID4727"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—La tira... —gritó Konrad.&lt;a name="ID4730"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué es lo que quieres?&lt;a name="ID4733"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Puding de frambuesa con espinacas! —gritó Konrad hacia arriba.&lt;a name="ID4736"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—All right —vociferó Kitti.&lt;a name="ID4739"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los de azul celeste, su director y el matrimonio vestido de gris tuvieron que ponerse a cubierto, cuando Kitti empezó a arrojar puding de frambuesa con espinacas.&lt;a name="ID4742"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Siempre lo hacemos así! —explicó Kitti—.&lt;a name="ID4745"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Yo me pongo arriba y él abajo; tiro la comida y él abre la boca.&lt;a name="ID4748"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Lo peor es que casi siempre tiene mala puntería —aclaró Konrad.&lt;a name="ID4751"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El director de la fábrica se quitó las gafas, porque ya no podía ver con ellas. El cristal izquierdo estaba lleno de frambuesa y el derecho, de espinacas. El director miró a Konrad, achicando sus ojos miopes.&lt;a name="ID4754"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Este muchacho no puede ser producto de mi fábrica —dijo—. Es imposible.&lt;a name="ID4757"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Los de azul celeste se sacudieron sus uniformes y trajes, que estaban muy manchados. El matrimonio vestido de gris se encontraba acurrucado detrás de un montón de cajas de cartón vacías.&lt;a name="ID4760"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué niño más horrible! —dijo el hombre de la calva.&lt;a name="ID4763"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Prefiero que nos compremos un perro —dijo la de la nariz puntiaguda.&lt;a name="ID4766"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se pusieron de pie y, sin decir adiós al director de la fábrica, ni a ninguno de los de azul celeste, se marcharon, a través de la tienda, a la calle.&lt;a name="ID4769"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es lo que pasa, jefe? —gritó el que vigilaba la puerta de la tienda—. ¿Cómo es que se van los señores sin el niño? ¿Por qué dicen que somos una sociedad de estafadores? Pero, jefe, ¿qué está pasando?&lt;a name="ID4772"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La voz del vigilante de la puerta sonó muy desesperada.&lt;a name="ID4775"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El director de la fábrica había limpiado sus gafas y los de azul habían hecho desaparecer los grumos de espinacas y de frambuesa.&lt;a name="ID4778"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Vámonos —dijo el director de la fábrica, poniéndose las gafas.&lt;a name="ID4781"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué pasa conmigo? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID4784"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Tú no me interesas en absoluto, niño del demonio —gruñó el director.&lt;a name="ID4787"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Es maravilloso oír eso! —exclamó la señora Bartolotti, abriendo la puerta trasera—. ¡Señores, señora, fue una buena diversión! —les dijo, mientras salían, uno tras otro, el director de la fábrica y todos los de azul celeste.&lt;a name="ID4790"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Hagan ustedes el favor de llevarse a sus vigilantes del patio —ordenó el señor Egon—, porque, si no, se pondrá furiosa la señora Schnurpfeil.&lt;a name="ID4793"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti cerró la puerta trasera.&lt;a name="ID4796"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Konrad se sentó en una caja de botes de alimentos infantiles. Estaba muy pálido.&lt;a name="ID4799"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Caramba! —dijo—. Esto ha resultado terriblemente penoso.&lt;a name="ID4802"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pobrecito.... tesoro mío —dijo la señora Bartolotti, acariciándole la mejilla derecha.&lt;a name="ID4805"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Pobrecito..., tesoro mío —dijo el señor Egon, acariciándole la mejilla izquierda.&lt;a name="ID4808"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Estuviste espléndido! —vitoreó Kitti, saltando desde la escalera de caracol y dándole un beso en la boca.&lt;a name="ID4811"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tengo que seguir siendo así siempre? —preguntó Konrad.&lt;a name="ID4814"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Dios nos libre! —exclamó el señor Egon.&lt;a name="ID4817"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¿Tengo que volver a ser como antes? —volvió a preguntar Konrad.&lt;a name="ID4820"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Díos nos libre! —exclamó la señora Bartolotti.&lt;a name="ID4823"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Kitti le pasó el brazo por los hombros y dijo: —Mira, Konrad, ya lo arreglaremos.&lt;a name="ID4826"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/trabajos_ilce/konrad/konrad.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/trabajos_ilce/konrad/konrad.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/trabajos_ilce/konrad/toc.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/trabajos_ilce/konrad/sec_1.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/trabajos_ilce/konrad/sec_3.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/buscar/buscar.html"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-3745211424731985247?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/3745211424731985247/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=3745211424731985247&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/3745211424731985247'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/3745211424731985247'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/02/konrad-parte-ii.html' title='KONRAD (Parte II)'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R6kFVJc4lhI/AAAAAAAAA_s/IcIJm0Kdfzg/s72-c/chicos_ronda.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8585217746453255847</id><published>2008-01-19T16:53:00.000-08:00</published><updated>2008-01-19T17:09:30.038-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chiristine Nostlinger. Literatura Infantil'/><title type='text'>KONRAD</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R5Ke9fIHU3I/AAAAAAAAA8g/H3HGaape_Lc/s1600-h/ni%C3%B1o.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5157359302457381746" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R5Ke9fIHU3I/AAAAAAAAA8g/H3HGaape_Lc/s320/ni%C3%B1o.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Berti Bartolotti se sentó en la mecedora y empezó a desayunar. Se tomó cuatro tazas de café, tres panecillos con mantequilla y miel, dos huevos pasados por agua, una rebanada de pan negro con jamón y queso y una rebanada de pan blanco con foie-gras de ganso. Como s mecía mientras comía y bebía —al fin y al cabo las mecedoras son para mecerse—, su bata azul celeste acabó llena de manchas marrones, de café, y amarillas, de huevo. Además, gran cantidad de migas de pan le cayeron por el cuello de la bata. &lt;/span&gt;&lt;a name="ID139"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti se levantó y empezó a saltar sobre un pie por el cuarto de estar hasta que todas las miguitas hubieron caído de la bata. Después se chupó los dedos pegajosos de miel. Entonces se dijo a sí misma: &lt;/span&gt;&lt;a name="ID142"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—¡Criatura!Ahora vas a lavarte y a vestirte como es debido y a ponerte a trabajar, ¡pero rápido!&lt;/span&gt;&lt;a name="ID145"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Cuando la señora Bartolotti hablaba consigo misma, siempre se decía «criatura». &lt;/span&gt;&lt;a name="ID148"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En la época en que la señora Bartolotti era realmente una criatura, su madre le decía constantemente:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID151"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Criatura, que hagas los deberes en seguida. Criatura, que seques la vajilla. Criatura, cállate.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID154"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y más tarde, cuando la señora Bartolotti ya no era una niña, su marido, el señor Bartolotti, siempre le decía:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID157"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Criatura, que prepares pronto la comida. Criatura, que me cosas un botón de los pantalones. Criatura, que friegues el suelo.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID160"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti se había acostumbrado a cumplir las órdenes y los encargos sólo cuando le llamaban «criatura». Su madre hacía tiempo que había muerto y el señor Bartolotti hacía tiempo que se había ido a vivir a otra parte; a nadie le interesaba por qué, era un asunto privado. En todo caso, la señora Bartolotti no tenía a nadie más que a sí misma que le llamara «criatura».&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;a name="ID163"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti entró en el cuarto de baño. Le apetecía un baño bien caliente. Lo malo era que en la bañera nadaban los peces dorados. Eran siete carpas doradas pequeñas y cuatro grandes, y la señora Bartolotti las había sacado el día anterior de la pecera y las había echado en el baño porque le pareció que los peces necesitaban un cambio de agua. Todo individuo, pensó la señora Bartolotti, toma sus vacaciones y se marcha de viaje. Solamente las pobres carpas doradas se pasaban todo el año dando vueltas y vueltas en su redonda pecera.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID166"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti decidió contentarse con una ducha bien caliente. (Tenía una cabina de ducha aparte en el cuarto de baño). Desgraciadamente la puerta plegable de la ducha no cerraba bien. En realidad no es que no cerrara bien, sino que no se abría, porque la señora Bartolotti había extendido una cuerda que cruzaba cuatro veces el cuarto de baño de la ventana a la ducha, para tender sus vaqueros y su suéter de lana. Y en el lavabo estaban los vaqueros y el suéter, que aún no había lavado.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID169"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—¡Pues te lavarás en seco ahora mismo, criatura! —dijo a su imagen en el espejo y cogió un trozo de algodón y un frasco grande del armario del cuarto de baño.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID172"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Vertió un poco de líquido rosa en el algodón y se frotó a fondo la cara. El algodón se volvió multicolor. Rosa de maquillaje, rojo de barra de labios, negro de rimmel, marrón de lápiz de ojos, verde de sombra de párpados y azul marino de línea de cejas.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID175"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—¡Se ha puesto magnífico! —dijo la señora Bartolotti al ver el algodón y lo tiró justo al lado de la papelera, debajo del lavabo.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID178"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Después sacó varios tubos, frascos y lápices del armario y volvió a ponerse la cara rosa, roja, negra, marrón, verde y azul marino. Entonces descubrió que el frasquito de la pintura de las pestañas estaba casi vacío, así es que escribió con la barra de labios en los azulejos de la pared del cuarto de baño:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID181"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¡¡¡COMPRAR PINTURA DE PESTAÑAS!!!&lt;/span&gt;&lt;a name="ID184"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Después, con la esponja del baño, borró de los azulejos COMPRAR PAPEL TOILETTE, escrito igualmente con lápiz de labios, porque ya lo había comprado el día anterior.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID187"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Antes de salir del cuarto de baño, la señora Bartolotti se miró en el espejo del lavabo para averiguar si su aspecto era juvenil o no. O sea, que tenía días jóvenes y días viejos. Ese día la señora Bartolotti tenía un día joven. Quedó complacida de su cara.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID190"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Tan joven como se puede, tan guapa como es posible —murmuró para sí, aprobadora. Todas las arrugas en torno a los ojos y a la boca estaban disimuladas con maquillaje rosa.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID193"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti nunca decía su edad, por lo tanto nadie la sabía. Por eso tenía diversas edades.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID196"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La anciana señora Meier, su vecina, cuando hablaba de la señora Bartolotti, decía:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID199"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—La joven señora Bartolotti.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID202"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El nieto de la anciana señora Meier, el pequeño Michi, decía:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID205"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—La vieja señora Bartolotti.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID208"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El señor Egon, que vendía en su farmacia polvos, supositorios y pomadas, y que se le habían formado dos pliegues en la frente de leer tantas recetas, decía:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID211"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Berti Bartolotti es una mujer en la mejor edad.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID214"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;III &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;También el señor Egon estaba en la mejor edad. Tenía cincuenta y cinco años. Se trataba familiarmente con la señora Bartolotti dos veces por semana. Una vez él la visitaba a ella, y otra vez ella le visitaba a él. Iban al cine o al teatro, después a cenar, luego tomaban una copa o tomaban un café. Dos veces por semana el señor Egon llamaba a la señora Bartolotti «Bertita» y dos veces por semana la señora Bartolotti llamaba al señor Egon «Egoncito». Pero el resto de los días de la semana, si la señora Bartolotti iba a la farmacia a comprar jarabe para la tos o se encontraban en la calle, ella le llamaba «señor» y él la llamaba «señora». En general no solían hablar los demás días.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID217"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Los días de familiaridad eran siempre los martes y los sábados.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID220"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti volvió al cuarto de estar, después de haberse observado durante un largo rato en el espejo. Se sentó de nuevo en la mecedora, encendió un cigarro y empezó a considerar si se ponía a trabajar, se iba de compras o mejor se volvía a la cama. Justo cuando se había decidido por la cama, sonó el timbre de la puerta. Sonó fuerte y largo. La señora Bartolotti se llevó un susto de muerte. Sonó como cuando llamaba el cartero, el repartidor de telegramas o los bomberos.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID223"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti dejó el cigarro en un platillo floreado y se dirigió a la puerta Esperaba que quien había llamado tan fuerte y largo fuera el cartero con un giro postal. La señora Bartolotti siempre esperaba al cartero con un giro, y de vez en cuando venía realmente el cartero y traía dinero. Mil chelines o dos mil chelines o, incluso, cinco mil chelines. Según hubiera sido de grande la alfombra que la señora Bartolotti había vendido. En la orden de pago ponía:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID226"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;CASA BARTOLOTTI &amp;amp; COMPANY &lt;/span&gt;&lt;a name="ID229"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;ALFOMBRAS DE ARTESANÍA&lt;/span&gt;&lt;a name="ID232"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La firma comercial Bartolotti &amp;amp; Company era la señora Berti Bartolotti. La Company se la había inventado para que su tarjeta comercial pareciera más importante y sólida.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID235"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti hacía las más bellas y coloreadas alfombras de nudo de toda la ciudad. Los comerciantes que vendían sus alfombras decían a sus clientes:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID238"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—La señora Bartolotti es una artista, ¡una verdadera artista! Sus alfombras son pequeñas obras de arte. ¡Por eso son tan caras!&lt;/span&gt;&lt;a name="ID241"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;(Los comerciantes de alfombras pedían a los clientes tres veces o más de lo que pagaban a la señora Bartolotti. Por eso resultaban tan caras las alfombras.)&lt;/span&gt;&lt;a name="ID244"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El que había llamado tan fuerte e insistentemente, el que estaba en la puerta, no era el cartero de los giros. Era el cartero de los paquetes postales. El cartero de los paquetes postales respiraba con dificultad y se secaba el sudor de la frente.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID247"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—¡Condenado chisme! —dijo, señalando el enorme paquete envuelto en papel blanco—. Pesa por lo menos veinte kilos.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID250"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y el hombre arrastró el paquete por el pasillo hasta la cocina; la señora Bartolotti firmó un recibo y dio al cartero cinco chelines de propina. El cartero dijo:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID253"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Hasta otra vez.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID256"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y la señora Bartolotti dijo:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID259"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Hasta luego —Y acompañó al cartero hasta la puerta.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID262"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Luego recogió su cigarro del cuarto de estar y fue a sentarse en una silla de la cocina frente al gran paquete blanco. Se palpó el pelo teñido de rubio, se pasó las uñas pintadas de azul cielo entre los mechones endurecidos por la laca y meditó.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID265"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Lana, pensó, lana seguro que no es. La lana no pesa tanto. Un paquete de lana de este tamaño pesa a lo sumo cinco o seis kilos.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID268"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID281"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti se levantó y giró en torno al paquete. Buscó algún remitente y no encontró ninguno. Tampoco lo halló cuando con grandes dificultades lo tumbó y miró en la parte de abajo.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID271"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Criatura —se dijo severamente la señora Bartolotti—, ¡examina a fondo tu conciencia!&lt;/span&gt;&lt;a name="ID274"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La verdad era que la señora Bartolotti tenía una manía: era aficionada a los cupones y a los boletines de pedido, le gustaban las ofertas rebajadas y las ofertas especiales más que nada en el mundo. Cuando en un periódico, o en un catálogo, o en una revista encontraba una tarjeta de pedido o cupón, lo arrancaba, lo rellenaba y lo enviaba. Era hasta tal punto aficionada a los boletines de pedido que nunca se paraba a pensar si el objeto le era útil. Por su manía de hacer pedidos, la señora Bartolotti había llegado ya a las mayores rarezas: una enciclopedia universal de animales en diecisiete tomos, una partida de calcetines de hilo para caballero, un servicio de té de plástico para veinticuatro personas, una suscripción a una revista de piscicultura y otra a una publicación de desnudismo. Además: un molinillo turco de café (pero no para moler café, sino como lamparita de noche), diez calzoncillos de angora de una talla enorme y nueve máquinas budistas de oración. Pero sin ninguna duda lo más singular que la señora Bartolotti había encargado y recibido era una alfombra. Cuando el repartidor trajo la carísima y horrible alfombra floreada, la señora Bartolotti lloró, con razón, por su manía y se juró no volver a encargar nada nunca, nunca más.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID284"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;IV&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pero, como ocurre cuando se tiene una auténtica manía, la señora Bartolotti volvió a rellenar una tarjeta al día siguiente:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID287"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y encargo por la presentecontra reembolso y a porte pagado144 (en letras: CIENTO CUARENTA YCUATRO)Cucharillas de té plateadas.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID312"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Por consiguiente, la señora Bartolotti examinó a fondo su conciencia. Su conciencia estaba casi limpia. Salvo un pedido de un paquete gratuito de una muestra de..., sólo recordaba una oferta especial de automáticos cromados con pinzas y punzón. Pero esa oferta especial era imposible que pesara cerca de veinte kilos. Y la muestra de prueba y el paquete gratuito ella sabía que a lo sumo podían pesar cien gramos.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID315"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Quizá, pensó la señora Bartolotti, me envie este paquete mi buen tío Alois. Quizá sea un regalo por mi cumpleaños. Al fin y al cabo hace treinta años que el buen hombre no me ha enviado ningún regalo. Si ahora quiere repararlo, bien podrían llegar a juntarse veinte kilos.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID318"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti tomó las tijeras de picar cebolletas y cortó el cordón del paquete. Luego, rasgó el papel y levantó la tapa de grueso cartón que había debajo. Dentro había virutas azul celeste y entre las virutas un sobre azul, en el que se podía leer:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID321"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Para la señora Berti Bartolotti.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID326"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Había sido escrito de modo simétrico, con una cinta nueva y en máquina eléctrica. El buen tio Alois no tenía máquina de escribir y, además, siempre escribía Berti con «th».&lt;/span&gt;&lt;a name="ID329"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti abrió el sobre, sacó una hoja de papel doblada y leyó:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID332"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Distinguida señora Bartolotti,le adjunto la entrega solicitada. Sentimosmucho habernos retrasado tanto, pero,motivadas por una reorganización en nuestrosistema de producción, se presentaroninesperadas dificultades que hasta ahora nohemos podido solventar.En caso de que nuestra mercancía —cosa queno esperamos— ya no le sea de utilidad,puede usted devolvérnosla por el mismoporte pagado a vuelta de correo; a cuyo efectole hacemos observar que, por supuesto y por motivos de higiene, sólo podemos admitir la devolución de la lata siempre que esté cerrada.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID408"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Aún había una firma debajo, que decía «Hunbert» o «Honbert» o «Monbert». Y aún más abajo:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID411"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;LA MERCANCÍA HA SALIDODE NUESTRA FÁBRICA EN PERFECTOESTADO Y HA SIDO REVISADAVARIAS VECES.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID432"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;V&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti dejó la carta sobre la mesa de la cocina, se inclinó encima de la caja de cartón y empezó a escarbar entre. las virutas azul celeste. Percibió algo liso, duro y frío. Apartó las virutas y vio entonces una gran lata de conservas de brillo plateado. La lata era más o menos tan alta como un paraguas de caballero y tan voluminosa como el tronco de una haya de treinta años. La lata de conservas no tenía etiquetas; sólo había en ella un punto azul celeste, aproximadamente del tamaño de una moneda de diez chelines. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Una de las tapas de la lata llevaba el rótulo ARRIBA y la otra, ABAJO. En el centro de la lata se leía: Documentos en la pared interior.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID438"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti hizo rodar la lata fuera de la caja de cartón y la puso de pie. Así, el ARRIBA estaba arriba y el ABAJO estaba abajo. Golpeó con los nudillos en la lata; sonó bastante hueco.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID441"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Esto no es macedonia de frutas —murmuró.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID444"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Quizá palomitas de maíz —se dijo a continuación.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID447"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Las palomitas de maíz le gustaban a la señora Bartolotti, pero cuando examinó más de cerca la lata comprendió que dentro no podía haber palomitas de maíz. Nada líquido o que se pudiera derramar era posible que contuviese, pues era una de esas latas que en el centro, todo alrededor, tiene una cinta de chapa con una anilla metálica. Al tirar de la anilla, se desprende la cinta de chapa todo alrededor y, entonces, queda la lata dividida en dos partes. Por lo tanto, en la lata tenía que haber algo compacto.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID450"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Corned beef —dijo para sí la señora Bartolotti, extendiendo la mano para agarrar la anilla.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID453"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El corned beef le gustaba más aún que las palomitas de maíz. Veinte kilos de corned beef son sin duda un pedazo bastante grande y veinte kilos de corned beef seguro que no iban a caber en su nevera, pero la señora Bartolotti pensó: Bueno, le regalo un kilo a Egon y a la anciana Meier otro kilo y dos al pequeño Michi y al buen tío Alois le envío un paquete con tres kilos. Al menos, así se dará cuenta de que yo le recuerdo más a él, que él a mí. Y, además, pensó la señora Bartolotti, no necesito hacer compra en toda la semana. Comeré corned beef en el desayuno, en la comida y en la cena. La señora Bartolotti agarró la anilla.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID456"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Criatura, déjalo, puede salirte mal —susurró una voz en su oído izquierdo.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID459"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Criatura, abre de una vez esa extraña lata —susurró una voz en su oído derecho.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID462"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pero como ambas eran su propia voz, la señora Bartolotti no las hizo caso. Además, era demasiado tarde. Ya había desprendido unos cinco centímetros de la cinta de chapa. La señora Bartolotti siguió tirando. Se oía un extraño ruido silbante. Cuando la señora Bartolotti acabó de desprender la cinta de chapa, la mitad superior de la lata quedó ladeada sobre la inferior y el silbido cesó. Se desprendía un olor a fenol y a hospital y había una fragancia de ozono y aire fresco.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID465"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Así no huele el corned beef, de no ser un corned beef asqueroso —murmuró la señora Bartolotti al levantar la parte superior de la lata de conservas.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID468"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Resultó muy oportuno que la silla de la cocina se hallara exactamente detrás de ella, pues la señora Bartolotti se llevó un susto tremendo. Empezó a temblar desde la punta de los oxigenados cabellos hasta las uñas de los pies pintadas de verde claro, se sintió un poco mareada, se tambaleó y cayó pesadamente sobre la silla de la cocina. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Lo que estaba acurrucado dentro de la lata de conservas, dijo:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID471"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Buenos días, querida madre —e hizo un cariñoso gesto de saludo con la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID474"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Cuando la señora Bartolotti se llevaba un susto tremendo, no sólo temblaba y se mareaba. Cuando se llevaba un susto tremendo, la señora Bartolotti también veía ante sus ojos estrellitas doradas y detrás un fino velo violeta.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID477"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En ese momento, la señora Bartolotti estaba terriblemente asustada. Veía las estrellitas y detrás el dorado velo violeta, y detrás de él, la mitad inferior de una lata y, dentro, una especie de enanito encogido. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Veía una cabeza encogida y con mil arrugas, brazos apergaminados, un cuello apergaminado y un pecho encogido. Luego vio también un vientre apergaminado y el enano, que al parecer había permanecido sentado en la lata, se puso de pie. La arrugada boca del encogido enano, dijo:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID480"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Querida madre, la disolución nutritiva está en la tapa.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID483"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti agitó la cabeza y abrió y cerró los ojos varias veces. Quería hacer desaparecer las estrellitas y el velo violeta. En efecto, las estrellitas desaparecieron y, a través del velo violeta, pudo distinguir en el interior de la tapa del bote una bolsa azul claro. En la bolsa se podía leer: DISOLUCION NUTRITIVA. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y debajo, en letras, más pequeñas:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID486"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Disolver el contenido de la bolsa en cuatro litros de agua templada e inmediatamente después de abrir la lata, verterlo sobre el contenido de la misma.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID506"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En un ángulo de la bolsa decía: «Cortar por aquí», subrayado por una flecha. La señora Bartolotti cortó la esquina de la bolsa justo por la flecha.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID509"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Sería conveniente que te dieras prisa —dijo el enano—. Sin la disolución nutritiva no puedo conservarme mucho tiempo al aire libre.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID512"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti se levantó de la silla de la cocina. Se tambaleó. Sacó el barreño de plástico rosa de debajo del fregadero, lo puso bajo el grifo y giró el pulsador rojo del calentador de agua hasta «caliente». (El calentador era ya muy viejo y en la posición de caliente daba un agua templada). Cogió un jarro, en el que cabía medio litro, y vertió ocho jarros de agua en el barreño junto con la solución nutritiva. La solución nutritiva era de un color marrón oscuro. La señora Bartolotti removió este contenido con un cucharón y el agua se puso parduzca.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID515"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Entonces, la señora Bartolotti vertió lentamente el agua parduzca sobre la cabeza del enano arrugado. A decir verdad, ella esperaba que el agua cayera sobre el enano como un ducha y que se vertiera parte en la lata y parte en el suelo. Pero no sucedió así. El enano absorbía toda el agua marrón y se iba poniendo cada vez más terso, hasta que ya no pareció un enano, sino un niño bastante normal.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID518"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Cuando la señora Bartolotti acabó de verter los cuatro litros, halló en la lata un muchacho al que se le podían calcular unos siete años de edad. Tenía un sano color, tostado por el sol, una piel de niño tersa y delicada, mejillas sonrosadas, ojos de color azul claros, blanca dentadura y rizos rubios. Naturalmente, estaba desnudo.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID521"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El muchacho salió de la lata de conservas y entregó un sobre azul claro a la señora Bartolotti. La señora Bartolotti tomó el sobre, que era de plástico con sus bordes soldados herméticamente. Impreso en letras negras decía: DOCUMENTOS.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;VI&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;a name="ID524"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti tomó las tijeras de cortar cebollines y rasgó el sobre por la línea de puntos. En el sobre había una partida de bautismo, un documento de ciudadanía y algunos certificados de vacunación. En la partida de bautismo decía:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID527"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Padre: Konrad August BartolottiMadre: Berti BartolottiNacido el: 23-10-1967Lugar de nacimiento: desconocido&lt;/span&gt;&lt;a name="ID551"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En el documento de ciudadanía se afirmaba que Konrad Bartolotti, hijo de Konrad August y de Berti Bartolotti, poseía nacionalidad austríaca. Y de los certificados de vacunación se desprendía que Konrad Bartolotti había sido vacunado contra la escarlatina, la tos ferina, el sarampión, la tuberculosis, el tifus, la disentería, la difteria, el tétanos y la viruela.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID554"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Aún encontró en el sobre la señora Bartolotti un papel duro, con los bordes recortados en pico. En él, con letras adornadas y en tinta azul claro, estaba escrito:&lt;/span&gt;&lt;a name="ID557"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Queridos padres,acaba de hacerse realidad vuestro másferviente deseo.Nosotros, los fabricantes, les deseamosfelicidad y satisfacciones con su retoño.Que sea siempre fuente de alegría para ustedesy colme las esperanzas que han puesto en él yen nuestra empresa.Nos hemos esforzado por garantizarles undescendiente agradable, simpático y con ungran porvenir.¡Acéptenlo de buen grado!No les resultará difícil esta aceptación, ya quenuestros productos son sumamente fáciles demanejar y de cuidar. Los defectos,imperfecciones, impuestos por la naturaleza,no existen en nuestros acabados productos dealta perfección técnica.Y por último, un ruego.Este retoño está construido de tal modo que,además de la vigilancia y cuidados normales,necesita afecto.¡Les rogamos que no lo olviden!Mucha felicidad para un largo futuro les desea,&lt;/span&gt;&lt;a name="ID678"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="ID682"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;De nuevo la firma podía decir «Hunbert» o «Honbert» o «Monbert».&lt;/span&gt;&lt;a name="ID685"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El muchachito de siete años, que según la fe de bautismo se llamaba Konrad Bartolotti, castañeteaba los dientes y se le había puesto carne de gallina.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID688"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—¿No tienes ropa? —preguntó la señora Bartolotti.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID691"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—La ropa me la tienen que dar aquí, así está convenido —dijo Konrad.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID694"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti sacó su gruesa chaqueta de punto del armario del vestíbulo y se la puso a Konrad por los hombros. Konrad dejó de castañetear los dientes.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID697"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Nos han explicado —dijo— que la moda cambia muy rápidamente. Sería absurdo que nos mandaran vestidos. Cada año se lleva algo distinto y no sería lógico que nos dieran ropas de antemano —Konrad contempló las larguísimas mangas de la chaqueta de punto y preguntó— ¿Es ésta ahora la moda para los chicos de siete años?&lt;/span&gt;&lt;a name="ID700"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—No, no —dijo la señora Bartolotti—. Los pequeños llevan otras cosas. La chaqueta es mía. Yo no sabía...&lt;/span&gt;&lt;a name="ID703"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—¿Qué no sabías? —preguntó Konrad.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID706"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—Pues que te enviaban.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID709"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—¡Sólo nos envían por encargo!&lt;/span&gt;&lt;a name="ID712"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti creyó percibir en la voz de Konrad un tono de reproche.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID715"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—O ¿es que se ha equivocado de dirección el servicio de ventas?&lt;/span&gt;&lt;a name="ID718"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Ahora, la señora Bartolotti creyó percibir en la voz de Konrad un tono triste.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID721"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—No, no —se apresuró a decir la señora Bartolotti—. El servicio de ventas no se ha equivocado, claro que no, sólo.... sólo que..., yo no sabía que llegabas hoy; pensaba que no llegaría hasta dentro de una o dos semanas.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID724"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;—¿Estás contenta de que haya llegado, madre? —preguntó Konrad.&lt;/span&gt;&lt;a name="ID727"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La señora Bartolotti contempló a Konrad. El niño necesitaba afecto, pensó. Claro, todos necesitamos afecto. Y también pensó que era un niño muy agradable. Seguro que es tan agradable como Egon, y tan agradable como la anciana Meier. Y, con toda seguridad, más agradable que Michi, el nieto de la anciana Meier. Además, en algún momento le habré encargado. Ahora está aquí y necesita afecto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;NO TE PIERDAS LA CONTINUACIÓN DE ESTE CUENTO DE CHRISTINE NOSTLINGER, UNA ESCRITORA AUSTRIACA QUE LE FASCINA ESCRIBIR PARA TI.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La próxima semana seguirá ¿Qué le ocurrirá a KONRAD?&lt;/span&gt;&lt;a name="ID730"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-8585217746453255847?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/8585217746453255847/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=8585217746453255847&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8585217746453255847'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/8585217746453255847'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2008/01/konrad.html' title='KONRAD'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R5Ke9fIHU3I/AAAAAAAAA8g/H3HGaape_Lc/s72-c/ni%C3%B1o.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-7953123876688808080</id><published>2007-12-16T09:07:00.000-08:00</published><updated>2007-12-16T09:30:38.819-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Aquiles Nazoa. Navidad campesina'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Año Viejo. Año Nuevo. Narrativa Infantil. Navidad.'/><title type='text'>LA NAVIDAD DE AQUILES</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2Vf5PIHURI/AAAAAAAAA3Q/c6kufyu5_WM/s1600-h/reyes.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5144623586258407698" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2Vf5PIHURI/AAAAAAAAA3Q/c6kufyu5_WM/s320/reyes.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Aquiles Nazoa&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;amaba la Navidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Hoy les traemos &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;a nuestros niños lectores &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;un poema de este &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;poeta, narrador, músico &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y loco que fue el gran &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Aquiles Nazoa, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;el de "las cosas &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;más sencillas"&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;NAVIDAD DE LOS CAMPOS.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Para el pueril pesebre &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;de la pascua en la aldea, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;un Fra Angelico niño &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;juega a pintar la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y con tan dulce apego &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;pintó la navidad, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que la empezó por juego &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y le salió verdad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Arriba, un cielo diáfano &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;con nubes de inocencia &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y un pueblo al horizonte &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;donde las torres sueñan. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;De pascuales colores &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;construyó su pincel&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;una escala de flores &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;para el ángel Gabriel.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Y abajo, en infinita &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;distancia de praderas, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;echadas como lagos, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;las apacibles bestias. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Dos palomitas blancas &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;pintó en vuelo también, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;y eran José y María &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;camino de Belén. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¡Oh campesinas pascuas &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;en que el mundo regresa &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;a los simples colores &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;de un dibujo de escuela!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Navidad de los siete &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;corderitos que van &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;regados por el campo &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¡como migas de pan!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2VeevIHUQI/AAAAAAAAA3I/poGqkSQQ0EQ/s1600-h/belen-2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5144622031480246530" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 211px; CURSOR: hand; HEIGHT: 168px" height="145" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2VeevIHUQI/AAAAAAAAA3I/poGqkSQQ0EQ/s320/belen-2.jpg" width="150" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Aquiles Nazoa (&lt;a title="Caracas" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Caracas"&gt;Caracas&lt;/a&gt;, &lt;a title="17 de mayo" href="http://es.wikipedia.org/wiki/17_de_mayo"&gt;17 de mayo&lt;/a&gt; de &lt;a title="1920" href="http://es.wikipedia.org/wiki/1920"&gt;1920&lt;/a&gt; - entre Caracas y &lt;a title="Valencia (Venezuela)" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Valencia_%28Venezuela%29"&gt;Valencia&lt;/a&gt;, &lt;a title="25 de abril" href="http://es.wikipedia.org/wiki/25_de_abril"&gt;25 de abril&lt;/a&gt; de &lt;a title="1976" href="http://es.wikipedia.org/wiki/1976"&gt;1976&lt;/a&gt;) fue un escritor, periodista, poeta y humorista &lt;a title="Venezuela" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Venezuela"&gt;venezolano&lt;/a&gt;. En su obra se expresan los valores de la cultura popular venezolana.&lt;br /&gt;Luego de ejercer varios oficios comenzó a trabajar en el diario &lt;a title="El Universal" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Universal"&gt;El Universal&lt;/a&gt; como empaquetador. Después fue corrector de pruebas y paralelamente empezó a estudiar francés e inglés, lo que le permitió ser guía de turistas en el &lt;a title="Museo de Bellas Artes" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Museo_de_Bellas_Artes"&gt;Museo de Bellas Artes&lt;/a&gt;. Fue corresponsal de &lt;a title="El Universal" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Universal"&gt;El Universal&lt;/a&gt; en &lt;a title="Puerto Cabello" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Puerto_Cabello"&gt;Puerto Cabello&lt;/a&gt;. Estuvo bajo arresto en 1940 por "difamación e injuria" al criticar a las autoridades del Municipio. Trabajó en &lt;a class="new" title="Radio Tropical" href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Radio_Tropical&amp;amp;action=edit"&gt;Radio Tropical&lt;/a&gt;, tuvo una columna en El Universal titulada “Punta de lanza”, y fue reportero del diario &lt;a title="Últimas Noticias" href="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%9Altimas_Noticias"&gt;Últimas Noticias&lt;/a&gt;. Colaboró en el semanario &lt;a title="El Morrocoy Azul" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Morrocoy_Azul"&gt;El Morrocoy Azul&lt;/a&gt; y en el diario &lt;a title="El Nacional" href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_Nacional"&gt;El Nacional&lt;/a&gt;. Escribió para la revista &lt;a title="Sábado" href="http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%A1bado"&gt;Sábado&lt;/a&gt; de &lt;a title="Colombia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Colombia"&gt;Colombia&lt;/a&gt; y vivió un año en &lt;a title="Cuba" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cuba"&gt;Cuba&lt;/a&gt;. En 1945, asumió la dirección de la revista &lt;a class="new" title="Fantoches" href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Fantoches&amp;amp;action=edit"&gt;Fantoches&lt;/a&gt;. En 1956 fue expulsado del país por el régimen de &lt;a title="Marcos Pérez Jiménez" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marcos_P%C3%A9rez_Jim%C3%A9nez"&gt;Marcos Pérez Jiménez&lt;/a&gt;, pero regresó en 1958.&lt;br /&gt;Nazoa obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en la especialidad de escritores humorísticos y costumbristas en 1948. También recibió en 1967 el Premio Municipal de Literatura del Distrito federal.&lt;br /&gt;Muere en un accidente automovilístico entre Caracas y Valencia el 25 de abril de 1976. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;(Tomado de Wikipedia)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-7953123876688808080?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/7953123876688808080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=7953123876688808080&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/7953123876688808080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/7953123876688808080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2007/12/la-navidad-de-aquiles.html' title='LA NAVIDAD DE AQUILES'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2Vf5PIHURI/AAAAAAAAA3Q/c6kufyu5_WM/s72-c/reyes.gif' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-2553546775871467967</id><published>2007-12-12T16:01:00.000-08:00</published><updated>2007-12-12T16:36:49.575-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Año Viejo. Año Nuevo. Narrativa Infantil. Navidad.'/><title type='text'>EL CAMBIO DE AÑO</title><content type='html'>&lt;div&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿A veces te ha dado un poco de pena la partida del Año Viejo? Te tenemos una sorpresa: ¡El no muere! Sólo ocurre un cambio. ¿Quieres enterarte mejor? Averígualo leyendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;EL CAMBIO DE AÑO&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;A veces crees que Dios no existe, porque no te escucha. O por lo menos crees que no te escucha. Mi prima Carmen también cree que Dios no la escucha, porque le pide a veces cosas y no se las concede.&lt;br /&gt;Yo creo que hay mucha gente pidiendo cosas, y hay una larga lista de espera. ¿Cómo puede uno exigir que lo atiendan primero si hay una cola de gente esperando?&lt;br /&gt;Carmen se rió de mí cuando se lo dije. Ella cree que eso lo pienso porque sólo estoy en segundo grado, que cuando llegue a tercero, como ella, veré que no es así.&lt;br /&gt;-¿Acaso te crees que el cielo es un supermercado?”- me dijo. Y se echó a reír como se ríe ella a veces, con todos sus dientotes grandototes.&lt;br /&gt;Pero yo le he ido pidiendo cosas a Dios y me las ha ido dando poco a poco. Cuando estaba en Preparatorio le pedí que mi mamá aceptara un perro en el apartamento. Y lo conseguí, aunque fue después de un año, cuando ya estaba en primero. Sobre todo me encanta que Dios me haya escuchado en eso, porque mi perro es un amigo de verdad. Es casi como si tuviera un hermano.&lt;br /&gt;A veces creo que Dios prefiere conceder peticiones que se refieran al alma. El alma, según dice la maestra, es eso que llevamos por dentro, entre el cerebro y el corazón, una chispita que Dios nos da cuando nacemos.&lt;br /&gt;Si en vez de pedirle un perro, yo le hubiese pedido ser más feliz, o algo así, tal vez no habría tenido que esperar tanto.&lt;br /&gt;Así me pasó con lo del Año Viejo. No tuve que esperar mucho para que se me espantara la tristeza del alma.&lt;br /&gt;Carmen se burlaba de mi porque me daba lástima el Año Viejo. Es que cuando llega diciembre, casi todas las canciones hablan de que si “muere un año”, “un año se nos va”, “qué te pasa viejo año”. Me imaginaba al Año Viejo como un viejecito mendigo, encorvado, pesaroso, que se encaminaba arrastrando los pies hacia su propia destrucción, cada 31 de diciembre. Hasta me daba rabia con el año joven y feliz que viene después.&lt;br /&gt;En eso también me ayudó Dios. Toda mi pena desapareciò cuando supe lo del cambio de año. ¿Quieres saber de qué se trata?&lt;br /&gt;¡Espera! Antes déjame contarte cómo fue que me enteré de eso.&lt;br /&gt;Resulta que mi amigo Carlos cumple años precisamente el 31 de diciembre, y en la tarde le hicieron una fiesta grande con piñata y todo. Ya sé, parece que no tuviera mucho que ver, pero es que todo ocurrió justamente por eso, por un globo de cumpleaños. Al final de la fiesta rifaron los globos, que eran enormes y estaban pegados cada uno a una varillita de plástico. Yo me gané el más grande de todos.&lt;br /&gt;Era rojo y brillante. Pero cuando me lo dieron, como soy pequeño y flaquito, el globo se elevó conmigo....&lt;br /&gt;Y así me fui elevando con él... y seguí subiendo y subiendo.&lt;br /&gt;Claro, la gente abajo gritaba, todos estaban asustados, hasta mi prima Carmen. Yo también estaba asustado, pero a la vez… me sentía feliz. Nunca había imaginado lo agradable que era volar. El globo seguía elevándose por el cielo y yo subiendo con él, eso sí, bien agarrado de la varillita.&lt;br /&gt;Vi dos colibríes que peleaban en vuelo, sólo por una flor, y sus picos chocaban como dos espadas. Me entretuve observando el brillo metálico de sus plumas y de pronto, cuando pasé junto a ellos, temí que fueran a pinchar el globo. Pero nada pasó. Menos mal. Sin embargo sentía frío, cada vez más frío… y un vacío en el estómago, a medida que el globo subía más y más, hasta llegar a las nubes lejanas, indiferentes.&lt;br /&gt;De pronto, entramos en una nube distinta, más cómoda, tibia…un grato calor me llenó de una felicidad inesperada. Todo estaba cálido, todo era bueno y suave.&lt;br /&gt;El calor venía de un halo de luz, que parecía como un chorro de fuegos artificiales. Pensé que sería un cohete de los que encienden los muchachos en diciembre. Pero no. Aquella luz era más brillante aún, y sin embargo no quemaba. Al rato me di cuenta que la luz venía de una persona que subía también hacia las nubes, como yo.&lt;br /&gt;Era un hombre de pelo gris, sonriente, que me saludó con alegría. Vestía un hermoso traje: ¡un traje maravilloso! Estaba hecho de rostros, ríos, palabras, montañas, aromas, playas, recuerdos, risas, canciones, historias. Su traje estaba hecho con todas esas cosas lindas y tenía todos los colores y brillos del mundo.&lt;br /&gt;Aquel hombre de pelo gris subía como un cohete hacia las nubes, dejando a su alrededor un brillo resplandeciente, multicolor, como su traje.&lt;br /&gt;En aquel momento mi globo se detuvo, quizás porque chocó con una nube más pesada, no sé. Y el hombre del traje hermoso se detuvo también. Se mantuvo derechito, en el aire.&lt;br /&gt;En eso se oyó un rumor extraño, como un tropel de alas. Allí fue cuando vimos venir desde el interior de las nubes a un niño como de mi edad. Vestía también un traje hermoso y brillante, pero blanco, completamente en blanco, como la primera página de un cuaderno sin empezar.&lt;br /&gt;-¿Quién eres tú, y por que estás aquí tan alto?- me preguntó el niño. &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2B6lxa89ZI/AAAAAAAAA14/ufVJzLVDYO4/s1600-h/angelito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5143245563797239186" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 145px; CURSOR: hand; HEIGHT: 114px" height="166" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2B6lxa89ZI/AAAAAAAAA14/ufVJzLVDYO4/s320/angelito.jpg" width="320" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-Me trajo un globo de cumpleaños.-contesté.&lt;br /&gt;El hombre alegre del traje multicolor y el niño preguntón del traje blanco se miraron sorprendidos, me miraron a mí... y después se encogieron de hombros.&lt;br /&gt;Entonces se dieron la mano, muy solemnes y corteses. Después se hicieron una reverencia. Luego el hombre del traje colorido subiò aún más y desapareció entre las nubes, no sin saludarnos con la mano, mientras gritaba alegre:&lt;br /&gt;-¡Feliz Año Nueevoooo!&lt;br /&gt;-¡Feliz Año Vieeejoooo!- le respondió el niño, con igual entusiasmo.&lt;br /&gt;Como vio que yo estaba tan asombrado, me dijo:&lt;br /&gt;-Acabas de presenciar la ceremonia del cambio de año. Ya el Año Viejo cumplió su misión, ahora vengo yo. Ahora vamos a bajar. ¡Ven conmigo!&lt;br /&gt;Solté el globo y me agarré de la mano que me tendía el Año Nuevo, que aunque preguntón y todo, parecía incapaz de dejarme caer. Sobre todo porque tenía unas enormes alas de oro, y volaba con ellas sobre los campos, las casas y los ríos.&lt;br /&gt;Mientras bajábamos, yo recordaba la expresión alegre del Año Viejo. ¡Qué tontas me parecieron aquellas canciones tristes del año que muere y todas esas cosas! ¡Sólo hay un cambio de año!&lt;br /&gt;El año Viejo no muere, sólo sube más allá de las nubes, hacia lo más alto del cielo. Me imagino cómo se pondrá Dios de contento cuando le vea ese traje de todos colores, hecho de lágrimas, lluvias, besos, sorpresas, carcajadas, cuentos, cascadas, alegrías, versos, olores y sabores de la Tierra. ¡Todo lo que pudo ver en el mundo, durante su paso por él!&lt;br /&gt;El Año Viejo sube a llevarle a Dios ese retrato del mundo estampado en su traje. Y sólo entonces, el Año Nuevo baja a la Tierra. &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2B71xa89bI/AAAAAAAAA2I/NsHxKRvs5Ws/s1600-h/a%C3%B1o+viejo2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5143246938186773938" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 151px; CURSOR: hand; HEIGHT: 173px" height="250" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2B71xa89bI/AAAAAAAAA2I/NsHxKRvs5Ws/s320/a%C3%B1o+viejo2.jpg" width="191" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Así bajé yo, con él... y llegué a tiempo de ver las luces de los cohetes y fuegos artificiales que saludan la llegada de un Año Nuevo, ¡nuevecito! con su traje blanco.... Listo para que escribamos en él sonrisas, frases, ladridos, colores, paisajes, juegos, abrazos, trinos, risas.... Todas esas cosas que él le llevará después a Dios, cuando venga .... ¡otro cambio de año!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-2553546775871467967?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/2553546775871467967/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=2553546775871467967&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/2553546775871467967'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/2553546775871467967'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2007/12/el-cambio-de-ao.html' title='EL CAMBIO DE AÑO'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/R2B6lxa89ZI/AAAAAAAAA14/ufVJzLVDYO4/s72-c/angelito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-178238117225862438</id><published>2007-11-10T10:47:00.000-08:00</published><updated>2007-11-10T13:34:58.421-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Olivia Villoria. Talleres. Monte Avila. Literatura Infantil'/><title type='text'>¿DUENDES EN LOS TALLERES?</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/RzX-3L_BqII/AAAAAAAAAvI/9nRnCHk4xIc/s1600-h/Olivia+Villoria.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131287574521948290" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 171px; CURSOR: hand; HEIGHT: 245px" height="225" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/RzX-3L_BqII/AAAAAAAAAvI/9nRnCHk4xIc/s320/Olivia+Villoria.jpg" width="124" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;OLIVIA VILLORIA tiene en sus pasos &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;la leve densidad de un duende. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Sonríe de las cosas del mundo &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;con la misma filosofía de los &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;duendes, con su misma pícara &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;sonrisa, y dice lo hermoso de &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;la vida con su voz breve y mineral, &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;de pozo escondido en la montaña.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Ella escribe sobre duendes y niños, y animales que se asoman al mundo de lo humano para brindarnos su pureza de siempre. Saludamos en ella el brillo de nuestras nuevas voces literarias y les traemos, especialmente para los niños que nos leen, un travieso cuento de Olivia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;EL DUENDE ENAMORADO&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/RzYii7_BqJI/AAAAAAAAAvQ/-y6sRteFuag/s1600-h/duende.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131326809048197266" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/RzYii7_BqJI/AAAAAAAAAvQ/-y6sRteFuag/s320/duende.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dice que el misterio vive en la noche. Se cuenta que los fantasmas y los duendes nos visitan sólo cuando el cielo se cubre de estrellas y se llena de luna. Pero los duendes también salen de día, a pleno sol. Quizás para broncearse. Tal vez para admirar las tonalidades del cielo y las figuras que tejen las nubes. A lo mejor, ¿por qué no?, para enamorarse.&lt;br /&gt;Esta es la historia de Albino, el duende enamorado. No sé qué edad tiene, cómo es su cara, dónde nació ni cuáles son sus pasatiempos. Pero sé que es transparente y delicado. ¿Que cómo lo sé? Por la manera como se comporta conmigo desde que me vio por primera vez.&lt;br /&gt;Albino y yo nos conocimos un 10 de junio, cuando yo regresaba del colegio. Bajo el sol furioso del mediodía, mi cuerpo ardía por el calor. Mi cara estaba encendida como una vela de cumpleaños y mi frente se parecía a las rosas del jardín recién regadas. De pronto sentí una deliciosa sensación de frescura, como cuando nos asomamos a la ventana, tempranito en la mañana. Fue Albino, quien sopló su aliento en mi cara y despeinó mis cabellos.&lt;br /&gt;A partir de ese día, Albino hacía de todo por llamar mi atención. Tanto, que a cada rato sentía su presencia. El día que tenía cita con el odontólogo, se sentó conmigo en la silla del terror. Escuché que me dijo:&lt;br /&gt;-No hay nada que temer, todo va a salir muy bien.&lt;br /&gt;Lo dijo con una voz tan dulce, tan convincente, que confié de inmediato. Albino tenía razón. La vez que se enfermó mi perra Dalila yo estaba muy triste. Ella no quería comer ni jugar, pero el duende se llevó mi tristeza con suaves palmadas en la espalda. Me sentí mejor y Dalila se recuperó pronto.&lt;br /&gt;Albino es muy generoso y atento. Comenzó a hacerme muchos regalos y así comprendí que estaba enamorado de mí. (Lo digo porque mi hermano actuaba de una manera similar con su novia). De pronto aparecía un puñado de estrellas sobre mi mesa de noche. Algunas veces escribía mi nombre en el espejo con un pedazo de cielo negro. Otras veces traía trozos de luna blanca para decorar mi peinadora.&lt;br /&gt;Él también es travieso y juguetón. Qué digo: muy travieso y muy juguetón. Una vez estaba trotando en el parque con mis primos y el duende desamarró las trenzas de mis zapatos y me hizo caer. Todos se rieron de mí, principalmente el causante de mi caída. Supe que se había recostado de una cayena de flores rojas para reírse, porque ésta se movía como si hubiera soplado un ciclón. Aunque parezca mentira fue una caída agradable. Sentí como que me elevaba del suelo a más de un metro de altura y luego caí suave y lentamente, como caen las flores del apamate sembrado a la puerta de mi casa. Me reí muchísimo, con una dicha que subía por mis pequeños pies y llegaba hasta mi cabeza color chocolate.&lt;br /&gt;Más tarde comenzó a hacerme bromas en mi casa. Un día estaba haciendo las tareas y el lápiz comenzó a volar como una mariposa alocada por todo mi cuarto. En otra oportunidad investigaba sobre historia nacional: el libro se cerró de repente con un ruido seco, corrió por toda la mesa, y cuando estuve a punto de atraparlo se lanzó al suelo.&lt;br /&gt;Las travesuras se hicieron tan frecuentes que toda mi familia se dio cuenta de que me estaba ocurriendo algo inusual. Yo reía y reía en voz alta y hablaba sola. La dulce Emilia, la tía cariñosa que hace el quesillo más rico del mundo y me consiente como nadie, dijo:&lt;br /&gt;-Esta casa está embrujada. Debemos llamar al Padre Andrés.&lt;br /&gt;El Padre Andrés nos fue a visitar, rezó mucho y regó agua bendita por todos los rincones, sobre todo en mi cuarto. Yo le aconsejé a mi amigo, para protegerlo:&lt;br /&gt;-Pórtate bien, quédate quieto un rato. Mira que todos están preocupados porque dicen que me he vuelto muy extraña.&lt;br /&gt;Él se calmó por un tiempo. Pero sólo por un tiempo, porque después regresó con más fuerza. Tanto que mis padres decidieron que era mejor mudarnos para deshacernos de esa presencia que nos inquietaba. Será a ellos, pensaba yo.&lt;br /&gt;Tardaron varias semanas en vender la casa y comprar otra. Envolvimos cuidadosamente cada objeto delicado. Embalamos cada libro. Recogimos aquí y allá. Se botaron unas cosas, se vendieron otras. En todo ese tiempo no volví a sentir a Albino. Quién sabe qué estaba tramando.&lt;br /&gt;Un domingo todo estaba listo para que partiéramos. Ya había salido el camión de la mudanza con las pertenencias de la familia. Mis padres, mi hermano mayor, la tía Emilia, Dalila y yo, nos quedamos un rato en el jardín despidiéndonos de la casa. Mirábamos la fachada con nostalgia. Aspirábamos el fragante olor del pino que solíamos decorar en Navidad. Contemplábamos admirados las rosas de todos colores que cultivaba mi mamá. Mis padres estaban tristes y no era para menos. Después de todo, vivieron allí por casi 20 años. Yo también estaba triste. No iba a volver a ver a mi amigo. Salimos, cerramos la reja y subimos a la camioneta. Habíamos andado unos treinta minutos cuando grité, llorando:&lt;br /&gt;-¡Devuélvete, devuélvete, papá… Se me quedó sobre la cama… Mi muñeca, mi muñeca... La que me regalaron ustedes cuando cumplí nueve años!&lt;br /&gt;Por un rato todos permanecieron callados, refugiados en sus pensamientos. Mi papá, siempre tan impaciente, quizás pensaba: qué fastidio, ahora me tengo que devolver. Chasqueando la lengua, mi hermano parecía decirse: esta muchacha, siempre tan distraída. Mi mamá, muy práctica, a lo mejor razonaba: es preferible continuar viajando y luego comprarle otra muñeca a Sara. La tía Emilia, comprensiva, seguro estaba de mi lado: mi pobre niñita, qué triste está. Tenemos que devolvernos, no hay dudas.&lt;br /&gt;Luego de un silencio que se me hizo tan largo como el tiempo que sentimos que falta para irnos de vacaciones, escuché estas palabras, susurradas a mi oído:&lt;br /&gt;-No… yo te la traje. Aquí está… mírala.&lt;br /&gt;En el piso, con un ceñido vestido rojo de lunares negros, botines de altos tacones, cabello castaño peinado a la moda y ojos de almendra, mi muñeca favorita me miró y me sonrió con complicidad. Sentado a mi lado, secando de mis mejillas todo resto de lágrimas, iba Albino, el duende enamorado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131327144055646370" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/RzYi2b_BqKI/AAAAAAAAAvY/yboCiWRoi2g/s320/duende15.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;¿QUIERES SABER MÁS DE OLIVIA?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella es una psicóloga caraqueña, graduada en la Universidad Central de Venezuela. Magister Scientiarum en Psicología, por la UCV. Profesora Asociada de la Escuela de Psicología de la UCV. Egresada del Programa Superior en Escritura Creativa, del Instituto de Creatividad y Comunicación (ICREA). Cursó el Taller de Narrativa dictado por Antonio López Ortega, en ICREA. Cursó el taller de Ensayo Literario dictado por Catalina Gaspar en Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Tesista de la Maestría en Literatura Venezolana, UCV. Cursando el Taller de Literatura Infantil dictado por Mercedes Franco en Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A. Publicación de artículos científicos en revistas arbitradas de Venezuela. Publicación de artículos en revistas impresas de Caracas y del Estado Nueva Esparta. Articulista de revistas digitales de Venezuela y España. Finalista del VII Concurso Internacional de Poesía y Narrativa 2005, Argentina; los cuentos concursantes aparecen en la Antología de ese año. Es autora de muchos cuentos y ensayos inéditos.&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131327526307735730" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/RzYjMr_BqLI/AAAAAAAAAvg/lM38Vgkz_tA/s320/Ceret%C3%B3n.gif" border="0" /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3991330677924878191-178238117225862438?l=lapiedradelduende.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/feeds/178238117225862438/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3991330677924878191&amp;postID=178238117225862438&amp;isPopup=true' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/178238117225862438'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3991330677924878191/posts/default/178238117225862438'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lapiedradelduende.blogspot.com/2007/11/duendes-que-asisten-talleres.html' title='¿DUENDES EN LOS TALLERES?'/><author><name>mercedes franco</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15436661340215273128</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/RzX-3L_BqII/AAAAAAAAAvI/9nRnCHk4xIc/s72-c/Olivia+Villoria.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3991330677924878191.post-8169458869769920876</id><published>2007-10-26T15:29:00.000-07:00</published><updated>2007-10-27T07:55:06.589-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Robinson'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Alfabetizar el espíritu.'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Simon Rodríguez'/><title type='text'>EL CUMPLEAÑOS DEL MAESTRO</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5125783759547549394" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 199px; CURSOR: hand; HEIGHT: 274px" height="320" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_YpjTYrGONqY/RyJxK_dMRtI/AAAAAAAAAso/xnbv2nIDgWA/s320/bellomonte.jpg" width="199" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;SIMON &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;RODRIGUEZ &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;EL &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;MAESTRO&lt;br /&gt;DE &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;MAESTROS,&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;CUMP
