viernes 12 de noviembre de 2010

CAMBIO DE AÑO

A veces crees que Dios no existe, porque parece que no te escuchara. O por lo menos crees que no te escucha. Mi prima Carmen también cree que Dios no la escucha, porque le pide a veces cosas y no se las concede.
Yo creo que hay mucha gente pidiendo cosas, y hay una larga lista de espera. ¿Cómo puede uno exigir que lo atiendan primero si hay una cola de gente esperando?
Carmen se rió mucho de mí cuando se lo dije. Ella cree que eso lo pienso porque sólo estoy en segundo grado, que cuando llegue a tercero, como ella, veré que no es así.
-¿Acaso te crees que el cielo es un megarmercado?”- me dijo. Y se echó a reír como se ríe ella a veces, con todos sus dientotes grandototes.

Pero yo le he ido pidiendo cosas a Dios y me las ha ido dando poco a poco. Cuando estaba en Preparatorio le pedí un perro . Y lo conseguí, aunque fue después de un año, cuando ya estaba en primero. Sobre todo me encanta que Dios me haya escuchado en eso, porque mi perro es un amigo de verdad. Es casi como si tuviera un hermano.
A veces creo que Dios prefiere conceder peticiones que se refieran al alma. El alma, según dice la maestra, es eso que llevamos por dentro, entre el cerebro y el corazón, una chispita que Dios nos da cuando nacemos.
Si en vez de pedirle un perro, yo le hubiese pedido ser más feliz, o algo así, tal vez no habría tenido que esperar tanto.
Así me pasó con lo del Año Viejo. No tuve que esperar mucho para que se me espantara la tristeza del alma.
Carmen se burlaba de mi porque me daba lástima el Año Viejo. Es que cuando llega diciembre, casi todas las canciones hablan de que si “muere un año”, “un año se nos va”, “qué te pasa viejo año”. Me imaginaba al Año Viejo como un viejecito mendigo, encorvado, pesaroso, que se encaminaba arrastrando los pies hacia su propia destrucción, cada 31 de diciembre. Hasta me daba rabia con el año joven y feliz que viene después.
En eso también me ayudó Dios. Toda mi pena desapareciò cuando supe lo del cambio de año. ¿Quieres saber de qué se trata?
¡Espera! Antes déjame contarte cómo fue que me enteré de eso. Resulta que mi amigo Carlos cumple años precisamente el 31 de diciembre, y en la tarde le hicieron una fiesta grande con piñata y todo. Ya sé, parece que no tuviera mucho que ver, pero es que todo ocurrió justamente por eso, por un globo de cumpleaños. Al final de la fiesta rifaron los globos, que eran enormes y estaban pegados cada uno a una varillita de plástico. Yo me gané el más grande de todos.

Era rojo y brillante. Pero cuando me lo dieron, como soy pequeño y flaquito, el globo se elevó conmigo....
Y así me fui elevando con él... y seguí subiendo y subiendo.
Claro, la gente abajo gritaba, todos estaban asustados, hasta mi prima Carmen. Yo también estaba asustado, pero a la vez… me sentía feliz. Nunca había imaginado lo agradable que era volar. El globo seguía elevándose por el cielo y yo subiendo con él, eso sí, bien agarrado de la varillita.

Vi dos colibríes que peleaban en vuelo, sólo por una flor, y sus picos chocaban como dos espadas. Me entretuve observando el brillo metálico de sus plumas y de pronto, cuando pasé junto a ellos, temí que fueran a pinchar el globo. Pero nada pasó. Menos mal. Sin embargo sentía frío, cada vez más frío… y un vacío en el estómago, a medida que el globo subía más y más, hasta llegar a las nubes lejanas, indiferentes.
De pronto, entramos en una nube distinta, más cómoda, tibia…un grato calor me llenó de una felicidad inesperada. Todo estaba cálido, todo era bueno y suave.
El calor venía de un halo de luz, que parecía como un chorro de fuegos artificiales. Pensé que sería un cohete de los que encienden los muchachos en diciembre. Pero no. Aquella luz era más brillante aún, y sin embargo no quemaba. Al rato me di cuenta que la luz venía de una persona que subía también hacia las nubes, como yo.
Era un hombre de pelo gris, sonriente, que me saludó con alegría. Vestía un hermoso traje: ¡un traje maravilloso! Estaba hecho de rostros, ríos, palabras, montañas, aromas, playas, recuerdos, risas, canciones, historias. Su traje estaba hecho con todas esas cosas lindas y tenía todos los colores y brillos del mundo.

Aquel hombre de pelo gris subía como un cohete hacia las nubes, dejando a su alrededor un brillo resplandeciente, multicolor, como su traje.
En aquel momento mi globo se detuvo, quizás porque chocó con una nube más pesada, no sé. Y el hombre del traje hermoso se detuvo también. Se mantuvo derechito, en el aire.
En eso se oyó un rumor extraño, como un tropel de alas. Allí fue cuando vimos venir desde el interior de las nubes a un niño como de mi edad. Se restregaba los ojos. Creo que estaba dormido y lo despertamos.Vestía también un traje hermoso y brillante, pero blanco, completamente en blanco, como la primera página de un cuaderno sin empezar.
-¿Quién eres tú, y por que estás aquí tan alto?- me preguntó el niño.
-Me trajo un globo de cumpleaños.-contesté.
El hombre alegre del traje multicolor y el niño preguntón del traje blanco se miraron sorprendidos, me miraron a mí... y después se encogieron de hombros.
Entonces se dieron la mano, muy solemnes y corteses. Después se hicieron una reverencia. Luego el hombre del traje colorido subiò aún más y desapareció entre las nubes, no sin saludarnos con la mano, mientras gritaba alegre:
-¡Feliz Año Nueevoooo!
-¡Feliz Año Vieeejoooo!- le respondió el niño, con igual entusiasmo.
Como vio que yo estaba tan asombrado, me dijo:
-Acabas de presenciar la ceremonia del cambio de año. Ya el Año Viejo cumplió su misión, ahora vengo yo. Ahora vamos a bajar. ¡Ven conmigo!
Solté el globo y me agarré de la mano que me tendía el Año Nuevo, que aunque preguntón y todo, parecía incapaz de dejarme caer. Sobre todo porque tenía unas enormes alas de oro, y volaba con ellas sobre los campos, las casas y los ríos.

Mientras bajábamos, yo recordaba la expresión alegre del Año Viejo. ¡Qué tontas me parecieron aquellas canciones tristes del año que muere y todas esas cosas! ¡Sólo hay un cambio de año!
El año Viejo no muere, sólo sube más allá de las nubes, hacia lo más alto del cielo. Me imagino cómo se pondrá Dios de contento cuando le vea ese traje de todos colores, hecho de lágrimas, lluvias, besos, sorpresas, carcajadas, cuentos, cascadas, alegrías, versos, olores y sabores de la Tierra. ¡Todo lo que pudo ver en el mundo, durante su paso por él!
El Año Viejo sube a llevarle a Dios ese retrato del mundo estampado en su traje. Y sólo entonces, el Año Nuevo baja a la Tierra.
Así bajé yo, con él... y llegué a tiempo de ver las luces de los cohetes y fuegos artificiales que saludan la llegada de un Año Nuevo, ¡nuevecito! con su traje blanco.... Listo para que escribamos en él sonrisas, frases, ladridos, colores, paisajes, juegos, abrazos, trinos, risas.... Todas esas cosas que él le llevará después a Dios, cuando venga .... ¡otro cambio de año!



MERCEDES FRANCO. (Página curricular)

Profesora universitaria, escritora, autora de varios libros de literatura infantil, guionista radial. Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela, cursó estudios superiores de Literatura Norteamericana en la Universidad de Pennsylvania, Philadelphia. Columnista de prensa del diario “El Nacional”, con la sección de crónicas “Cantos de Sirena”, durante diez años (1980-90) Ha sido correctora de estilo de la Revista Nacional de Cultura y ha diseñado manuales para la Universidad Nacional Abierta.
Nació En El Tejero, Edo. Monagas, pasó su infancia en Puerto La Cruz, Edo. Anzoátegui, y llega a Caracas en 1965, para entrar a la UCV pocos años después. Se dedicó durante mucho tiempo a la docencia, en liceos y en la UCV, así como en la UNA.
Su novela histórica La Capa Roja, tema del Postgrado de la Universidad de Carabobo, le valió en 1993 la Mención de Honor de Narrativa del Premio Municipal. Su libro infantil Vuelven los Fantasmas, premio IBBY, es texto obligado en varios colegios de Venezuela.
Alterna su trabajo literario con artículos de prensa en diarios y revistas. Produce los programas “Cosas de Venezuela”, y “Enigmas del poder” en la Radio Nacional. Ha representado a Venezuela en la Feria del Libro de Santo Domingo, en mayo de 2007 y en la Feria de La Habana, febrero de 2009. Ha sido postulada por el Banco del Libro al Premio de literatura Infantil Astrid Lindgren Actualmente dicta talleres en La Casa de las Letras Andrés Bello y en Monte Avila Editores , los cuales alterna con su trabajo literario y el de proomoción cultural a través de su blog "KALAFIA".

Publicaciones:
La capa roja
. (Novela). Editorial Planeta. 1992. Mención Honorífica del Premio Municipal ISBN: 980-271-172-1
¡Vuelven los Fantasmas!, Monte Avila Edit. 1996. Lista de honor del IBBY. ISBN:980010879-3
La Piedra del Duende, Alfaguara, Caracas, 2000..Edit. Santillana.
ISBN: 980-275-422-6
Cuentos para Gatos. Playco editores. Caracas 2001-ISBN 980-6437-23-3
Diccionario de Fantasmas, Misterios y Leyendas de Venezuela. Editora “El Nacional” 2000
El Arreo y otros cuentos. Cuento Ganador del Premio UNELLEZ 2000
Cuentos de la Noche:. II Premio de Narrativa Salvador Garmendia. 2002
Criaturas Fantásticas de América. Playco 2004. ISBN 980-6437-57-8
Simón coleccionaba tortugas. Monte Avila Editores. 2005. Colección Pequeños Héroes.
Crónica Caribana. (Novela) Edit. Alfaguara. 2006

Fantasmas de la noche. Editorial Cadena Capriles.
Antonio José y las Sirenas. Monte Avila Editores. 2006
Coleción Wepia: Monagas y Cojedes. Alfaguara 2007
Josefa peleaba con los Cardones.Monte Avila Editores 2007
Mi amiga Juanita. Monte Avila Editores 2007
Así Somos. Ediciones "B" Caracas 2008
La luna de Churuguara y otras Leyendas de Venezuela. Editorial Gente Nueva, La Habana 2009
Cambio de año. Fondo Editorial del Caribe. Puerto La Cruz 2009
La guerra de Venezuela. El Perro y la Rana Editores. Caracas 2009
Una marcha de Fantasmas. Alfaguara. Caracas 2010
Monstruos que nadan. Alfaguara Caracas 2010
Dirección: Edif.. Brasil. Ap.105. Bulevar Brasil. La Pastora, Caracas.
Tlf. 8608541- 0424-1558400
E-mail:
mercedesfranco@cantv.net
mercedesfrancoster@gmail.com

domingo 31 de octubre de 2010

LA LUNA DE LOS MUERTOS


La Condenada

Dicen que la luna de noviembre, es la luna de los muertos, grande y harinosa como un gran rostro fantasmal. Bajo el influjo de su luz ultraterrena, salen de sus tumbas miles de fantasmas que buscan divertirse un rato en su mes, aterrando a los humanos. Uno de los fantasmas más típicos de este mes es la Condenada, que vaga por las calles de Dolores y Libertad, dos pueblos de Barinas,. En noches claras de se pasea por las orillas de la laguna de Dolores y deja oir su risa que quiere ser coqueta, pero es siniestra, para atraer a los hombres trasnochadores, a quienes embruja y les quita la razón.
Cuentan que esta aparición data de principios de siglo, cuando Carmen Camacho, dueña de una gran hacienda en Barinas, mató a dos esclavos que dejaron escapar uno de sus caballos favoritos. Por su crimen, su alma no encuentra paz y anda erante con su malévola risa, por las noches de Barinas, durante la luna espectral.

El entierro de Bergantín.

En Bergantín, fresco pueblo anzoatiguense, los vecinos aseguran que en algunas noches oscuras se ve pasar por las calles un entierro fantasmal. Adelante va un sacerdote, atrás el féretro cargado por seis hombres trajeados de negro y más atrás un grupo de casi cincuenta personas, todas de negro, rezando y llorando. El entierro recorre algunas calles y luego desaparece junto a una ceiba grande que está a la salida del pueblo.
Todos al ver esta aparición se persignan y rezan un Credo, para después cerrar fuertemente puertas y ventanas. Pero un día, llegó un hombre aventurero y descreído llamado Arturo Salazar, que venía medio borracho de una fiesta. Cuando vio el entierro pasar a lo lejos se fue en la comitiva, riendo, ya que se burlaba siempre de los cuentos del más allá. Medio en broma medio en serio, preguntó quién iba en aquella urna negra,
" Arturo Salazar"..-fue la respuesta de una dama, cubierto el rostro por un velo negro.
¡Pero si Arturo Salazar soy yo! Imposible..¿Qué broma es esta?-tronó el hombre.-A menos que el muerto se llame como yo.
Seguidamente Arturo se abrió paso entre el cortejo fúnebre y desenfundó su pistola. Ordenó con furia que abrieran inmediatamente el ataúd.
Casi se muere de espanto al ver su propio cuerpo en aquella urna.
Salió corriendo despavorido y unas calles más arriba se topó con el mismo entierro, esta vez de frente. Arturo cayó de rodillas implorando misericordia a la Virgen. El entierro pasó sobre él ingrávido, flotante, sin tocarlo siquiera, y se deshizo en el aire frío de la noche.

jueves 16 de septiembre de 2010

UN TALLER INFINITO

Infinito es el recuerdo que crece con el tiempo, como esperamos que crezca la semilla plantada en esos días en que los hijos de los trabajadores de la UNEFA asistieron a un Taller de Iniciación literaria para Niños, y dejaron sus hermosas producciones en narrativa y poesía.
Infortunadamente, y a espaldas de las autoridades de la UNEFA que tenían la mejor voluntad para auspiciar este trabajo, nos topamos con un muro de incomprensión y envidia. Como si fuesen duendes de la amargura, brotaron pequeños espíritus de las cuevas de Curimagua, pero en vez de luz, llenos de resentimiento y dolor, nos impidieron seguir desarrollando esta hermosa labor de estimulación de la lecto-escritura y de siembra de valores.
Pero algo quedó, estoy segura.
Desde el tiempo el afecto, la fantasía, las ganas de hacer patria.
Un saludo entrañable y muchas felicitaciones por su talento a los jóvenes de este taller de Literatura Infantil.
Todos tan maravillosos, plenos de fantasía y creatividad.

Durante 15 tardes en el 2007 y en el 2008 compartieron afinidades, crearon cuentos y poemas y encontraron esa vena de escritores que todos llevamos dentro. Ellos son:
Mariana Coromoto Valderrama.
Eduardo Andrés Valderrama
Jhonn Arturo Arguinzones.

Jhois Ayrtón Arguinzones.
Roberth Ernesto Angel
Grecia Villanueva
Leudys Rodríguez
Britani Angelivette Ibarra
Miguelangel Adrián Torrealba Díaz
Angel Emilio González
Ana María Rodríguez Coronil
María Fernanda Torrealba,
Anderson Zambrano.

Karen Zambrano
Ninoska Salazar.
Dubravska Gonzalez
Audrey Gonzalez

Ramón Roa.
Maria Laura Curcho
Yaicely Salazar

Leudys Rodríguez.

A continuación, algunas de las más bellos trabajos literarios de estos inteligentes niños y niñas.


UNA FLOR

Ayer corté una flor y vi hacia el cielo.
Pensé que era Dios quien esa rosa me dio
No me di cuenta de que una estrella me sonrió
Y apenas la vi cantó una canción.

Al escuchar cantar al océano,
Su voz quise imitar
Mas no puedo imitar una voz tan celestial.

Después fui corriendo en mi corcel,
Para poder ver el milagro de
Ver otra flor crecer.

María Laura Curcho.

Los Fantasmas de las Batallas.

Un día que llegamos de vacaciones a la finca de mi tío nos fuimos a un río y cuando llegamos sonaban los trotes de muchos caballos y soldados. Entonces nos fuimos de ese lugar, y nos bañamos en otro pozo del río. Cuando llegamos a la finca todo estaba muy oscuro y a los lados parecía que pasaban caballos y esclavos fantasmas.
Y de golpe llegó la luz.
Entramos a la casa y se escucharon pasos y ruidos extraños. Cuando fuimos a los corrales había cadenas oxidadas con sangre y vimos en los árboles soldados sin cabeza.

Grecia Villanueva


Las Hadas luminosas
Un día la reina de las hadas vio que el día estaba nublado, las nubes tapaban el sol y su precioso bosque estaba muy oscuro.
Se puso a llorar, en ese momento su Pegaso la acercó y la abrigó con sus alas en una especie de abrazo.
Luego la reina tuvo una idea. Subió al Pegaso y recorrió todo el mundo en busca de hadas que hicieran algo para que su bosque estuviera iluminado.
Después de muchos días de volar encontró a cinco hadas-luciérnagas que le prometieron ayudarla.
La reina las llamó hadas luminosas. Luego muy contenta las llevó a su bosque y ellas lo iluminaron todo.

María Laura Curcho.

La vida
La vida es el sol
La vida es la luna
Y si todos cantáramos
Todos los días muy alegres
La vida sería
Más segura.

María Laura Curcho



La estrellita
Había una vez una estrellita que era muy chiquitica. Cuando veía a las demás estrellas decía :
-¿Por qué Dios me hizo tan chiquitica?
Y entonces un día le pidió a Dios:
-Señor, hazme más grande y te prometo que seré feliz.
Desde entonces fue la estrella más grande y más feliz del cielo.

Karen Zambrano
Los hermanos Tigres

Había una vez una familia de tigres que vivían en el bosque. En total eran cuatro, los padres, tigre y tigrito. Un día unos cazadores mataron a sus padres, y ellos lograron escapar pero tenían que seguir solos.
Tenían mucha hambre y vieron un filete en medio del bosque . Pero cuando fueron a comer los atrapó una red, eran cazadores. Los pequeños tigres trataron de escapar pero no podían, pasaron días y los separaron Tigre fue a las peleas de tigres y Tigrito fue al circo.
Pasaron diez años. Un día había un concurso de peleas de tigres. Tigre iba a participar y el dueño del circo estaba orgulloso.
Ya estaba todo listo para las batallas, la primera entre Tigre y Tigrito.
Y cuando los dos se vieron a los ojos rompieron la jaula de los tigres
La gente corría asustada. Pero ellos escaparon y vivieron felices.

Jhois Arguinzones.

El barco hechizado.

Una vez en el mar había un capitán pirata demasiado malo, que robaba barcos a los demás capitanes. Una noche en el mar ocurrió una tormenta y el barco de los piratas se hundió. Entonces el capitán bravo, decidió vengarse de la naturaleza.



Donde él navegaba pasaban muchos barcos y todos iban desapareciendo en una neblina oscura. Aparecían después los barcos en una isla perdida, llena de fantasmas, y también estaban las almas de los piratas.
Un día el espíritu del pirata decidió robar otra vez, pero un padre de la isla de Margarita fue hasta la isla donde se veía a veces el pirata y le arrojó agua bendita a las olas, bendiciendo el mar. Entonces el capitán malvado descansó en paz y regresaron todos los barcos que habían desaparecido.

Roberth Angel.


El Angel que pintaba estrellas

Erase una vez un angelito que se llamaba Gabriel. A él le gustaba pintar estrellas porque quería que los niños creyeran en él, qué mejor manera que pintando estrellas. Un día Dios le encargó una misión: que pintara a estrella más brillante, grande y más bonita que se pudiera ver en todo el universo y sobre todo que le gustara a los niños
El ángel Gabriel empezó con su misión: hizo una estrella grande, bonita, pero sin luz. El Señor le dijo:
-Gabriel, te mandé que hicieras un estrella grande, bonita y brillante, esta estrella es bonita, grande, pero no tiene nada brillante, así que vuelve a intentarlo.
Gabriel se puso triste, con el corazón en mil pedazos agarró sus pinceles y sus pinturas y comenzó a pintar estrellas de todos los tamaños y en su mente decía:
- Mmmm....pero....algo me falta en esta estrella.
En ese momento pasó una luz tan brillante como la escarcha, la luz le dijo:
-Gabriel, úsame para que hagas la estrella perfecta.
El inmediatamente hizo lo que la luz le ordenó, pintó la estrella más grande, más hermosa y que alumbrara todo el cielo.
-He aquí tu estrella, Señor.
Dios se sorprendió y le dijo con una gran sonrisa:
-Ahora sí pusiste empeño y corazón, te felicito.
El ángel al escuchar esto se alegró mucho y le dijo:
-Ahora todos los niños podrán ver mi creación y creerán en mí.

Britany Ibarra y
Mariana Valderrama.


La niña de la luna

Había una vez una luna que se sentía ignorada porque sus amigos no podían estar con ella.
Un ángel le apareció y le dijo:
-¿Tienes un deseo, luna?
Ella pidió que pudiera hablar con una persona. El angel se lo concedió. Le dijo:
-Hablarás con una niña de nombre Estrella.
La niña escuchó una voz. Era la luna. Estrella se asutó pero la luna le dijo:
- No te asustes soy yo, la luna, que quiero conversar contigo.
La niña creció y después de muchos años murió y su espíritu ahora permanece dentro de la luna. Y por eso se dice que en las noches, se ve en las manchas que tiene la luna ,el rostro de la niña que todavía permanece allí, hablando con la luna.

Ana María Rodríguez Coronil

El Conejito mentiroso

Había una vez un conejo que era muy mentiroso y un día le dijo a su mamá que quería ir al campo. Se fue a una granja donde había zanahorias y robaba 5 zanahorias y le dijo a su mamá que las encontró por ahí.
Otro día el conejo se fue al bosque, se metió en una siembra de lechugas y dos amigos del conejo lo escucharon decir:
-Le diré a mi mamá que le conseguí estas lechugas.
Y los amigos se fueron a la casa del conejo y le dijeron a su mamá que el conejito estaba robando
Cuando llegó su mamá lo regañó. Después le pidió al conejito que no volviera a robar más. Le explicó que a las personas les cuesta conseguir sus alimentos y sus cosas y sufren mucho cuando alguien se las roba.
Y él comprendió, entonces no volvió a robar más.

Jhonn Arturo Arguinzones











La tortuguita que buscaba el mar.
Un día una tortuguita acababa de nacer y buscaba el mar, pero se confundió y se adentró en el bosque.
Y pasando el tiempo la tortuguita fue creciendo, ella no sabía si tenía familia, se sentía muy sola. Se preguntaba dónde estaría el mar.
Pasaron muchos días hasta que encontró una amiga, era una hermosa pajarita, ella acompañó a la tortuguita, en su búsqueda del mar.
La tortuguita hablaba y hablaba con la pajarita, le decía que no sabía si tenía familia, ella, muy optimista le decía que seguramente la tenía.
Seguían buscando el mar y después de tanto tiempo lo encontraron.
Era hermoso, azul y tranquilo. Allí la tortuguita se despidió de su amiga y se sumergió en el mar donde encontró a su familia y vivieron mucho tiempo felices y unidos. Pero siempre salía a saludar a su amiga la pajarita.
Ramón Francisco Roa Camacho.

La rosa pretenciosa
Erase una vez en un rosal una rosa llamada Rosángela. Ella era muy pretenciosa. Todos los días pasaba por la fuente y decía:
-Qué bella soy.
Todo el tiempo coqueteaba en las narices de las rosas y les decía.
-Miren ustedes son todas unas descoloridas son todas unas feas, y lo peor de todo es que tienen espinas, en cambio yo, soy de varios colores tengo ojos azules y no tengo espinas. Bueno me voy, porque debo ir a la peluquería. A arreglarme para verme más bella aún.Así que diós, rosas, feas.
Rosángela eguía criticando y coqueteando.
Un día fue a la fuente como lo hacía cada día y cuando fue a ver su reflejo un hombre la agarró justo por el tallo. Rosángela trató de escaparse, pero no pudo, el hombre la apretaba demasiado fuerte, ella gritaba:
-¡Auxilio, auxilio!
Y nadie la ayudó en su tragedia. Luego pensó: "Yo criticaba a las otras rosas por su belleza común y sus espinas. Si hubiese tenido espinas lo habría pinchado, y si no hubiera sido tan linda no me habrían capturado.
Anderson Zambrano.


El árbol que hablaba.
Había una vez un árbol viejo que hablaba, pero tenía mucho miedo que una persona lo descubriera porque lo podrían talar. Entonces un niño lo escuchó hablar, y el árbol le pidió que no le contara a nadie, para que no lo fueran a cortar. El niño le dijo:
-No te preocupes porque mi sueño era encontrarte.
Y el árbol le dijo:
-¿Para qué me buscabas?
El niño contestó.
-Porque yo sabía que existe un árbol que habla.
El árbol dijo:
-¿Me guardas mi secreto?
El niño respondió:
-Claro, amigo.
El niño guardó el secreto del árbol y fueron grandes amigos.
Un día, otros amigos del niño lo vieron hablando con el árbol. El niño les dijo:
-No tengan miedo, recuerden que ustedes también soñaban con encontrar este árbol. Y los niños también guardaron el secreto.
Un mes después el árbol se estaba secando y los niños le dieron más de 40 cubetazos de agua. El arbol les contó que en poco tiempo moriría, pero su espíritu volvería más joven, en sus retoños, y serían amigos por mucho tiempo más.
Angel.

El unicornio y la sirena.
Miguelangel Torrealba

Había una vez un unicornio llamado Félix, sus padres eran los reyes de ese gran bosque de unicornios. El pequeño príncipe Felix vivía feliz porque tenía todo lo que quería. Un día, cuando Felix estaba jugando, sus padres le dijeron que tenían que dejar el reino y evacuar la ciudad.
¿Por qué?- dijo Felix.
La mamá le respondió que era porque los humanos los estaban buscando para atraparlos o matarlos y por eso todos se tenían que ir.
-¡Yo no me quiero ir!- dijo Felix. Yo me quiero quedar.
-Si te quedas te van a matar, pequeño.
-Entonces déjame buscar mis juguetes.
-No, Félix, el tiempo se agota, vamos, en el camino te sigo, explicando.
-Corre, Félix, corre, apresúrate, te van a atrapar si no corres. Ya tu papá se adelantó con todos los demás unicornios. Tenemos que alcanzarlos.
-Mamá no puedo más, deja que me atrapen.
-No, tienes que seguir, ya vamos a llegar a nuestro escondite, allí podrás descansar, pero apúrate, estamos cerca.
Al fin llegaron a una cueva llenade flores y ramas en el corazón del bosque.
-Pequeño Felix, aquí podrás descansar pero sólo una hora. Porque cuando los soldados humanos escuchen el ruido que hacen nuestras patas al correr se darán cuenta y buscarán hasta debajo de las piedras y si nos encuentran aquí nos llevarán ante el rey humano y todos moriremos enjaulados.Así que descansa, nadie te va a molestar, duerme, pequeño Félix.
Atardecía cuando la reina madre despertó a su hijo:
-Levántate Félix, ya pasó la hora y todos los unicornios están afuera esperándonos.
Cuando salieron todos los unicornios se habían ido, sólo quedaba uno, tan joven como Félix, y cuando ese unicornio vio a la reina salir de esa cueva quedó impresionado pensó que todos se habían ido pero la reina y el príncipe estaban allí. La reina le preguntó
-¿Porque aún estás aquí?.
-Bueno, majestad, me dijeron que me quedara para recoger algunas frutas para comer y que me esperaban en lo alto de la montaña.
-Podemos ir con él, ¿verdad mamá?
-No hijo, es peligroso.
-Mamá , desde que salimos del reino sólo hemos sufrido y ahora si no nos vamos con él perderemos a nuestra familia y amigos.
-No hijo si vamos con él corremos el riesgo de perder nuestras vidas. Bien. Tú te quedarás aquí con él y yo llevaré la comida a los demás unicornios, a lo alto de la montaña.
-Pero entonces tú corres peligro mamá. Mejor vamos todos juntos a esa montaña.
-Bien. Pero…Eso sí, tenemos que ir muy rápido.
-Está bien mamá, correré lo más rápido posible.
Los cascos de Félix eran aún pequeños, por más que corría no avanzaba muy rápido.
-Estamos llegando, mamá.
-Sí hijo, estamos llegando.
La mamá había escuchado unos pasos y le dijo a Félix que se escondiera con el otro unicornio. Cuando los pequeños se escondieron vino un humano y mató a la reina. En ese momento Félix quería salir pero el otro unicornio no lo dejó le dijo que si salía lo iban a matar.
Félix empezó a llorar y su nuevo amigo le dijo que tenía que calmarse. Cuando llegaron a lo alto de la montaña no había ni un solo unicornio.
Se pusieron muy tristes.
El otro unicornio le dijo al príncipe Félix que corriera lo más fuerte que pudiese y se escondiera en el bosque. El pequeño unicornio se escondió por muchos años.
Al tiempo, Félix fue creciendo, creciendo, hasta ser un gran unicornio, como su padre el rey. Un día cuando fue al río a tomar un poco de agua se encontró a una sirena muy hermosa, cuando la vio se enamoró de ella. El único problema era que el unicornio no hablaba el idioma de las sirenas.
Recordó que todos los unicornios tienen un hada madrina. Pasó una semana tratando de recordar cómo llamarla, y al fin lo logró.
-¿Qué deseo pides, hijo.?
-Quiero hablar con la sirena.
El deseo fue concedido y el unicornio y la sirena se hicieron amigos, jugaban en el río y se contaron sus vidas. Un día Félix le dijo a la sirena que si quería ser su esposa.
-Pero estás loco, tú eres un unicornio.
En el fondo la sirena estaba muy feliz pero ¿cómo se iba a casar con un unicornio?.
Félix estaba muy triste. Llamó al hada para pedirle otro deseo.
Fue al bosque y el hada apareció de inmediato, diciéndole que le concedería el deseo.
-Madrina, el problema es que ella es una sirena.
-No puedo salir del agua-dijo ella.
-No importa. ¿Para qué son las varitas mágicas.? Vamos, manos a la obra. Y en un abrir y cerrar de ojos la sirena se convirtió en una bella unicornia. Félix estaba muy feliz. Se reinició con ellos el linaje real de los unicornios del bosque.





jueves 8 de abril de 2010

La Poza de “El Paují”.

En la antigua hacienda “El Paují”, junto al bullicio caraqueño, sólo dos viejos campesinos permanecen aún, desafíando al tiempo.
Lo que queda de la vieja hacienda apenas se ve, en medio de la urbanización caraqueña de Los Naranjos. Hoy, ávidos comerciantes se disputan el valioso terreno. Pero aún defienden su tierra ancestral Justino y Otilio, los últimos descendientes del venerable patriarca Modesto Reyes, de origen canario, fundador del hato, quien se instalara allí a fines del siglo diecinueve, con su familia y su ganado. Los abundantes paujíes de aquellos montes le dieron el nombre a la finca, desde el siglo dieciséis, cuando poblaran la zona los españoles. Aunque algunos trataban de ahuyentar los paujíes, por creer que su canto anunciaba desgracias, en tiempos de don Modesto los indígenas del lugar los protegían, teniéndolos por emisarios de un mundo mágico, celeste, que está más allá de nuestra comprensión.
Había allí muchos peones criollos e indígenas que laboraban en el próspero fundo agrícola y Don Modesto poseía grandes sembradíos de frutas y verduras, que se vendían muy bien en los mercados de Caracas y en los pueblos aledaños de Petare, Baruta y Antímano.
Cruzaba las tierras del fundo “El Paují” un torrentoso río, de aguas aromadas. La impetuosa corriente se arremansaba en hondas pozas, donde bebían los pájaros, los paujíes y guacharacas, y se bañaban los hijos de los campesinos. Pero una de esas pozas, la que quedaba junto al gran flamboyán, estaba prohibida: se decía que un raro hechizo se cernía sobre ella. Quienes se bañaban allí, desaparecían para siempre.
Corría el 1901, cuando llegó al fundo “El Paují”, junto con su esposa , suegra e hijos, Felipe Bellorín, un joven y osado visitante. Le hablaron de la poza embrujada y le advirtieron que no se bañara en ella. Pero el muchacho era audaz y deseoso de aventuras: no soportó la curiosidad.
Cuando nadie lo esperaba, se puso su morral a la espalda y de un salto se lanzó a las aguas.
Cantó el paují con su silbido fino y prolongado. Don Modesto y sus hijos se hicieron la señal de la cruz.
Felipe tardaba en salir. Ya todos lo daban por perdido. Anocheció y después de rezar un rosario en memoria del difunto, todos en la hacienda se fueron a dormir. Pensaban llamar a las autoridades, apenas amaneciera.
En realidad ocurrió que al sumergirse, el joven Felipe sintió que era arrastrado hacia lo más profundo. Luego de unos minutos, salió a la superficie y pudo respirar. Sin embargo, se dio cuenta de que aquel era un lugar distinto, extraño y fabuloso. Extrañado, Felipe miró a todas partes.
Nadó hasta la orilla de aquella región de ensueño. Se encontró en un paraje ideal, con suaves senderos llenos de alegres flores, y pudo divisar a lo lejos altos pinares y grandes prados. de un verde intenso. Junto a él, una fuente inmensa señalaba el camino a un castillo de pétreos muros. En los amplios patios jugaban decenas de niños.
Entró al castillo, y lo encontró lleno de gente, varias parejas danzaban en un salón, entusiastas músicos tocaban melodías nunca oídas y en el inmenso comedor, elegantes invitados cenaban gratísimos manjares.

El que parecía ser el anfitrión alzó su copa de vino y brindó por el recién llegado. Todos lo imitaron y le preguntaron sobre su procedencia.
-Vengo de El Paují, aunque yo soy en realidad del pueblo de Cabudare.
Mientras saboreaba aquellas exquisitas preparaciones, Felipe fue a su vez preguntando:
-¿Cuál es su nombre, amigo?
-Mi nombre es Ramón Pérez de la Huerta, llegué también del Paují pero en 1522, en el siglo dieciséis. Vengo prófugo de Andalucía y ya ve usted, aquí tengo mis propias tierras.
-Yo llegué de la Toscana hace muchos años, y vine como invitada al Paují, me arrojé a la poza por un desencanto amoroso. -sonreía una simpática italiana.- Aquí me casé con un buen caballero y tengo ya varios hijos.
-Yo en cambio siempre fui peón de la finca –dijo un indígena- y hace más de cien años, cuando El Paují no era de don Modesto sino de Rafael Calcagno, un italiano de muy mal carácter. Huyendo precisamente de su látigo me zambullí y ahora vivo feliz aquí con mi nueva familia.
-Amigo don Felipe -dijo el anfitrión- aquí tenemos nuestro propio tiempo, mucho más largo y denso que el suyo. Un día nuestro son cincuenta años de ustedes. Usted es libre de marcharse, pero casi nadie lo hace. Le aseguro que si se queda, no se arrepentirá.
El joven se dedicó a pensarlo, mientras paladeaba un delicioso licor. La verdad es que su esposa a veces lo molestaba, instigada por su suegra. Pero ¿Cómo dejar a sus hijos?
Luego recorrió las amplias y lujosas habitaciones, donde admiró deslumbrantes tesoros. ¿Cómo sería quedarse, permanecer allí? Seguramente maravilloso. Sobre todo por algunas bellas damiselas que lo miraban con simpatía. Lo meditó por varias horas. Al fin tomó una decisión. Regresaría al mundo real, con sus niños.
Todos lo comprendieron y lo invitaron a volver alguna vez con su gente. Asombrado vio como le llenaron el morral que llevaba a la espalda de piedras preciosas y monedas de oro. Luego de despedirse y de contemplar una vez más aquel mundo perfecto, el fiel Felipe se zambulló de nuevo en la poza y volvió a salir al fundo “El Paují”, para sorpresa de todos.
Amanecía en la finca y asombradísimos lo recibieron con un aplauso y lo abrazaron emocionados.
-¡Amigo, te creímos ahogado! ¿dónde estuviste?-dijo don Modesto sacando su chimó del bolsillo.
¡Felipe era el primero que había salido vivo de la poza!
Un paují lejano dejó escuchar su canto y otro le respondió desde el monte cercano.
El muchacho regaló a Don Modesto y a su familia varias monedas de oro y refirió a todos la increíble travesía, las maravillas que había visto.
-No es que se ahogan, Don Modesto, ¡es que se quedan allá! ¡Es un mundo encantador, fabuloso!
La familia de Felipe se negó a lanzarse con él a la Poza del Paují, por más que intentó convencerlos.
Al poco tiempo se fueron de nuevo a Antímano, donde compraron una excelente finca, al vender el montón de oro obtenido de la Poza
Han pasado muchos años. Ya no cantan en Caracas los paujíes. Pero nadie, en muchos años, ha logrado repetir la hazaña de asomarse a aquel mundo alterno, a través de las aguas de la “Poza del Paují”.



Pozas: Pozos profundos y grandes que forma el río cuando se arremansa en algún lugar.
Paují: Ave gallinácea, grande y de plumaje negro azulado. Su canto es fuerte y prolongado y ostenta una hermosa cresta fina y negra.
Chimó: Mezcla de tabaco que muchos ancianos campesinos mastican.
Nota: Antes, la ciudad de Caracas era sólo el centro, alrededor de la Plaza Bolívar. Las Mercedes, Altamira y todo el este eran haciendas. Petare y Antímano eran pueblos distantes.

miércoles 7 de abril de 2010

martes 12 de mayo de 2009

SERE LA GATA BAJO LA LLUVIA...

Si hay algún animal con el que nos identificamos las niñas, las adolescentes y las

mujeres en general, son los gatos. Nos gusta que nos traten con delicadeza, que nos

hablen con suavidad. Y si no sentimos protección ni afecto, sencillamente..nos

vamos a otro lado donde lo podamos encontrar. Pero este no es el caso de GLAKE la

gatita que soñaba con ser modelo...¡o actriz!



Una historia de pasarela


Glake era hermosa, de habado pelaje a franjas. Parecía una tigresita. Todos los gatos
la piropeaban cuando andaba por los tejados. Pero ella no quería casarse, desde muy
pequeñita soñaba con ser modelo de comida para gatos, de tiendas de mascotas.
Modelo o actriz. Ese era su sueño. Y como tal dormía horas enteras soñándolo.


Un día, sin permiso de su dueña la poeta Gladys, que la quería mucho y jasta le había
compuesto canciones, resolvió irse sola a Hollywood, y probar suerte como modelo,
como extra o como actriz...
Se encontró con que había llegado el invierno, y con ese frío tuvo que comprarse una
bufanda. Bueno, eso le daba un aire a lo Greta Garbo..

Despues de muchos castings, y horas de maquillaje, logró un papelito en una película,
un remake de "la gata sobre el tejado caliente", reemplazando a Liz Taylor que estaba
muy viejita. Y cuando fue a cobrar, nada. Nada de dólares. Potque era acriz novata solo Le
pagaron en sardinas. Que ofensa,,,
Decepcionada del ,mundo de la actuación, decidió volver al regazo de Gladys y dijo como Dorothy en el mago de OZ "No hay
lugar como el hogar"

lunes 9 de marzo de 2009

CATALOGO FANTASTICO




FURUFUJUÉ

"Esta historia ocurriò en el aire"
Antonio Trujillo

En los altos páramos de la Cordillera Andina, al sur de nuestro continente, se halla el altiplano boliviano, lo que antes se llamaba el Alto Perú. En esas alturas hay interminables punas, llanuras casi desiertas donde solo el waira, el helado viento de las llamas y vicuñas, conversa con la mínima hierba gris.
En estas desoladas altiplanicies dicen que habita Furufujué, el ave fiera e inasible con rostro de mujer, que tiene por morada el cielo. Sus plumas estàn hechas de viento lluvioso, su cola de largas nubes. Vuela por sobre los viajeros que recorren esos caminos antiguos y con sus alas translúcidas golpea amenazante sus cuerpos, tratando de ahuyentarlos.
Furufujuè ama la soledad, protege con amor a los còndores, Antes solìa tener amigos humanos, los divertìa con historias de estrellas fugaces, les cantaba las canciones del aire y la lluvia. Pero intentaron darle caza, Primero con una jaula de plata y luego con una red. Ahora detesta la compañía de la gente. Por eso no se le puede ver sino cuando se coloca contra el sol, entonces aparece en toda su extraña majestad alada y humana.


Una vez un hombre que venía del Norte se internó por aquellas soledades, en compañía de su amigo, un colla o indígena de la región, que le servía de guía. El ambicioso aventurero se proponía buscar el oro de los aimara, sin saber que era una empresa inútil, se sabe que el bello metal huye del hombre blanco, buscando siempre el centro de la tierra.


Al rebasar un picacho salió a su encuentro Furufujué. Sólo sintieron una ràfaga imponente, un viento punzante y extraño, Desde el aire, alas invisibles los acosaban llevándolos hasta un inmenso precipicio.
Al colocarse contra el sol, por escasos segundos, el hombre pudo ver al ave y cayò en el amor màs desgarrador que se haya visto. Tratò de atraer al leve ser aèreo con las màs bellas canciones, le ofreciò lucientes monedas y despuès devoción eterna.
Pero Furufujué leyò en su corazón y pudo ver la ambición que lo llevaba por aquellas tierras altas. Desde allì lo despeñó de un aletazo, lanzándolo al vacìo .
Sólo quedaron el guìa y las dos llamas que llevaban. Permanecieron allí impávidos, los tres, contemplando por largas horas el abismo con ojos indolentes, antes de buscar su guarida en las montañas.
A sus espaldas el viento contaba la historia.